Festín de muertos: una antología de cuentos mexicanos de zombis

festin de muertos

Desde que me acuerdo, cada vez que me gustaba un mueble en una tienda, pero que por algún motivo no ajustaba del todo a nuestras necesidades, mi papá me decía: «haz el diseño y se lo pedimos a tu tío Miguel». (Sí, mi tío Miguel es carpintero). Por su parte, mi mamá tenía una costurera de confianza y, cada vez que nos gustaba un vestido en una tienda, pero por alguna razón no era perfecto (estaba muy corto o muy largo, no había en el color que me gustaba o le sobraba encaje) me decía: «fíjate bien cómo es para que compremos la tela y vayamos con la modista». No pasaba todo el tiempo y también teníamos muebles y ropa de tienda, que conste. Pero la idea era que siempre existía un modo de obtener las cosas, incluso si no las había. Con el paso de los años se me quedó la costumbre.

pvz2-iconPor eso, cuando Rafa Villegas y yo nos pusimos a platicar de una pasión compartida, los zombis, y vimos que no había una buena antología de cuentos mexicanos de muertos vivientes, me pareció lo más natural del mundo la conclusión a la que llegamos: armarla nosotros. Al principio parecía sencillo: hicimos una lista de autores a los que les teníamos  la suficiente confianza como para pedirles un texto sin tener una editorial interesada o un pago de por medio y abrimos una cuenta de correo para escribirles. Luego la cosa se complicó: ¿incluiríamos cuentos nuestros en la antología? Los dos nos moríamos de ganas, pero decidimos que no estaba chido: aparte de que se ve mal siempre queda la duda de cómo se eligieron los cuentos de los antologadores (suena un poco a dedazo, ¿no?).

marioz

Una vez resuelto el tema, la cosa se complicó todavía más: queríamos que hubiera equilibrio entre la presencia de autores y autoras, y también que hubiera representatividad de diversas regiones del país; pero también queríamos que hubiera calidad en los textos… y no teníamos nada qué ofrecer a los autores: ni una garantía de que la colección fuera a publicarse. Hubo autores que de plano nos ignoraron el mail, otros que de plano nos dijeron que no podían entrarle, otros que dijeron que sí pero al final dijeron que no y otros que nos mandaron sus cuentos. La primera versión de la antología nos parecía sensacional y estábamos súper emocionados porque de pronto teníamos mucho material de lectura zombi, inédito o poco conocido, sólo para nuestros ojos. Aquello era un festín.

zombie_bunny_logo_by_screwless_skeleton-d312ako

Pero entonces la cosa se complicó más: después de proponer correcciones a los autores (esta parte es siempre muy delicada, porque a veces se trata de dedazos o inconsistencias, pero a veces implica meterse con la estética del autor o con la estructura de la historia, gulp), nos pusimos a buscarle casa a la antología. No les voy a contar cuántos «no» recibimos ni cuántos mensajes quedaron sin respuesta, porque eso es normal en el proceso de buscarle casa a un libro y nadie en su juicio debería tomárselo personal. Además, porque al final tuvimos una respuesta de ensueño: Editorial Océano se interesó. Nos dio el sí, como quien dice.

oscuro

Pro antes de brincar para festejar, la cosa volvió a complicarse: nosotros habíamos armado una antología de zombis pensando sólo en nosotros como lectores. La editorial nos abrió las puertas en su división juvenil. Nos vimos en la tarea ingrata y terrible de dejar fuera algunos textos que, por tono, temática, extensión o desarrollo, no iban con el perfil. Yo creo que fue la parte que más nos dolió a Rafa y a mí, sobre todo porque, de entrada, los autores nos habían dado sus textos con entusiasmo, profesionalismo y confianza, y venir a decirles «fíjate que siempre no» fue muy canijo. Muy. Hubo reacciones diversas, desde las más cálidas y comprensivas, que guardo como un tesoro en mi corazón (perdonen la cursilería, pero es neta) y que espero poder emular las próximas veces que vuelva a verme yo, como autora en esa misma situación (nadie que escribe está exento del «no») hasta unas que todavía me duelen cuando las recuerdo, aunque las comprendo y no las juzgo, pero ya mejor voy a cambiar de tema porque me estoy poniendo chípil.

teddy z

Lo que sigue es aburrido de leer, supongo (ilusa de mí, quiero pensar que lo anterior no lo ha sido). Esperar, revisar fichas, proponer últimas modificaciones, esperar, esperar, proponer portada (esperen, esa parte sí está chida: cuando de la editorial nos preguntaron si teníamos propuesta para la portada, me salió lo fan del trabajo de Richard Zela, a quien no conozco en persona, que conste, y lo propuse. El único dato de contacto que tenía de él es el que viene en su página web, pero con eso la banda genial de Oceáno Travesías tuvo, y lo contactó, y le interesó, y tenemos la portadaza de Richard Zela que ilustra esta entrada (acá abajo: una muestra del trabajo de Richard, tomado de su sitio web).

Zombie zela

Y lo que sigue es que ¡ya salió de prensa la antología! Y quedó tan pero tan bonita que me muero de ganas de que esté al fin en librerías, y de que todo mundo la consiga, la lea y la disfrute.

reading_zombie_by_burnrevolver

Y me muero también de gratitud, claro: a Rafa, por no haber quitado el dedo del renglón desde la primera vez que platicamos del asunto; a Alberto, por habernos aconsejado, pasado contactos (de autores y de editoriales), echado porras cuando más falta hacían; a los autores y autoras (los que al final quedaron en la antología y los que no); a Editorial Océano, por haber creído en esto; a los zombis y a sus fans.

zombie1

 

Por cierto: acá, en el blog de Rafa, pueden ver el índice y algunas fotitos de interiores de la antología ;)

 

 

 

Pirañas del mundo ¡uníos!

 

PIRANAS_DEL_MUNDO,_UNIOS_-_RAQUEL_CASTRO

 

Estaba yo en la prepa cuando empecé a dibujar mi cómic «La saga de la piraña humaña». Estaba segura de que sería un exitazo, pero me topé con un obstáculo inesperado: no sé dibujar. No sabía entonces, sigo sin saber. Más o menos me salía mona la cara de la Piraña Humaña, pero hasta ahí. Así que la saga quedó inconclusa hasta que decidí intentar de nuevo, esta vez como cuento. La versión más temprana de esa historia debe andar por aquí, en este blog. Pero no me satisfacía del todo, así que la retrabajé mil ochomil veces y finalmente quedé satisfecha :)

Por otra parte, fue una sobredosis de pelis de zombis lo que me hizo escribir «Historia de amor», un cuento que, cuando apareció en mi cabeza la primera vez, fue una pesadilla tremebunda. También es ya un cuento con el que me siento más o menos segura (la verdad es que siempre que veo a alguien leyendo algo que yo escribí me entra la peor de las inseguridades, pero esa es otra historia).

Otra historia mía, «La saga de P. Espín», apareció primero en este blog una vez que estaba yo bien enferma. Se me hace que con fiebre. Pero luego hice lo que con las otras dos: me arremangué las mangas, me apoltroné las poltronas y me puse a trabajar hasta que quedó un cuento que me gustó.

Les cuento esto porque esas tres historias son ahora un libro de cuentos. Mi primer libro de cuentos. Es decir, ya hay cuentos míos en libros, pero nunca habían tenido un volumen para ellos solos. Como si tuvieran su primer depa sin roomies. No es un libro impreso, sino electrónico, lo que me hace la mar de feliz, porque yo soy tan fan de lo impreso como de lo electrónico (empecé a suspirar por los ebooks desde el siglo pasado, imagínense). Por si fuera poco, la idea de este libro no fue mía sino de Salvador Luis Raggio, quien es autor intelectual de la muy bonita colección Absurdia & Suburbia, que vendría a ser el residencial exclusivo donde mis cuentos consiguieron su depa sin roomies. O sea, hay varios motivos para sentirme emocionada y feliz.

Por supuesto, sería todavía mayor mi felicidad si ustedes, que me leen desde hace tanto tiempo (y ustedes, que cayeron por casualidad en este blog buscando otra cosa -capaz que fue el destino el que los trajo acá-), se animaran a descargar el libro. Yo misma acabo de hacerlo, así que les puedo hacer el tutorial paso a paso.

 

Tutorial paso a paso

 

1. Entran a esta liga de Book Marketplace. (La dirección a la que están dando click es http://books-marketplace.com/fiction/collections/coleccion-absurdia-and-suburbia-editada-por-salvador-luis/piranas-del-mundo-unios-en.html) y se van a encontrar con la opción «add to shopping cart». Le dan click. (Sí, primero pueden leer la sinopsis tan bonita que hizo Salvador Luis o la foto tan favorecedora que me hizo mi hermano. Pero luego de eso, anden, sin pena, denle click a «add to shopping cart»).

pm1

 

2. (Este es el botón. Arriba pueden ver que son sólo 3.99 dólares, o sea, como 60 pesos al tipo de cambio actual -y esperemos que pare ya el desliz del peso, sniff).

pm2

 

3. Les va a aparecer un pop-up con dos opciones: seguir comprando («keep shopping») y hacer el check out («check out»). Si quieren comprar más libros de Absurdia &  Suburbia, padrísimo, de verdad. También pueden buscar ahí la novela de Erika Mergruen «La casa que está en todas partes»: no se van a arrepentir, de verdad. Es más, les dejo la liga acá. Pero si por esta vez no quieren comprar nada más, hagan click en «check out».

pm3

 

 

4. Si ya han comprado antes en The Book Marketplace no ncesitan el resto de este instructivo. Pero si no, hagan click en «register» para registrarse como cliente nuevo.

 

pm4

 

5. Van a tener que llenar un formatito pero de verdad que es sencillo y rápido. Yo tardé menos de dos minutos, y eso que al mismo tiempo estaba tomando estas fotos y jugando candy crush :P

 

pm5

 

6. Como es libro electrónico, verán que no hay gastos de envío, sin importar en qué lugar del mundo estén (¡yei! ¡ventajas del ebook!)

pm6

 

7. Ahora viene la parte que suele ser más dolorosa: el pago. Pero como son sólo 3.99 dólares, y como los cuentos son relindos, y como ustedes me quieren mucho (¿verdad? ¿verdaaaaad?), no lo va a ser tanto. Además: se paga con paypal, que es facilísimo y segurísimo (yo pago con paypal montones de cosas desde hace años y años y nunca he tenido un solo problema, se los jurito). Si no tienen cuenta de paypal, no hay problema: de todos modos pueden pagar usando este servicio gratis y seguro (eso sí: van a necesitar tarjeta de crédito). [Nota: La flecha roja señala la opción de pago con paypal. La verde señala la instrucción en caso de que no se tenga paypal, pero en cualquier caso se da click abajo, en donde dice «submit my order» -es el botón rojo que olvidé poner en un círculo, pero no hay pierde]

 

pm7

 

8. No voy a poner fotos de la transacción en paypal pero les juro que es fácil, rápida y en español. Cuando la terminan, les aparece el recibo, que pueden imprimir si quieren.

 

pm8

 

9. Entonces les va a llegar un mail de The Book Marketplace (bueno, les van a llegar tres: el que dice que bienvenidos como nuevos usuarios, el que  dice que su orden ha sido procesada y el que nos ocupa, que dice el número de su orden y que el acceso electrónico está habilitado («access to electronically distributed product is granted»). Lo abrimos…

pm13

 

10. …y ahí estará la liga de descarga, en epub y en mobi, que son los dos tipos de archivo de ebook más utilizados (ya de ahí lo pueden pasar a su kindle o leer directo en su pc usando un software especial para ello, como el que pueden bajar acá.

pm14

 

OJO: También lo pueden bajar directo desde la página de Books marketplace después de haber hecho el pago en paypal. Para ello, la cosa es así:

 

9 del mundo paralelo: Paypal los redireccionará a Book Marketplace (y les dará una liga que dice «si no te redirigimos en automático en diez segundos, da click acá). Cuando regresan, llegan al resumen de la compra. Ahí dan click en «My order details».

pm9

 

 

 

10 del mundo paralelo: Llegarán a otra página donde está la liga «Download page». Click ahí.

 

pm alt

 

 

 

11 del mundo paralelo: Les aparece la liga para bajar el libro en epub y en mobi.

 

pm10

 

 

En serio que es fácil y bien rápido. Y en serio que me encantará que lo lean y que me cuenten qué les pareció :)

 

 

Cotorreo zombi

Buscando un archivo que me urge (y que aún no encuentro) me topé en un disco de respaldo este fragmentito de un cotorreo que escribí hace unos años. No lo puse acá en el blog porque me pareció poco ético, dado el trabajo que tenía entonces. Hoy, que ya no trabajo ahí y que el personaje principal del cotorreo ya felpó, se los comparto.

 

Ope

 

 

 

(…)

Sonó una voz en mi walkie-talkie. Era una voz tensa, preocupada. Me costó trabajo reconocer en ella al gran Carlitos. Pero era él, sin duda era él.

—Raquel, necesitamos tu ayuda —me dijo.

—M

aestro, ¿dónde está? ¿sigue en el refugio de la ciudad?

—Claro, no me iba a perder mi homenaje sólo por un ataque de zombies.

Pensé que eso era peor que arrogante, pero no se lo podía decir: era el gran Carlitos.

La civilización había caído, pero la Literatura sigue siendo la Literatura, mientras haya quien recuerde las grandes obras y salgan números de La Revista Liberal (delgados como rebanadas de jamón caro, irregulares como periodo de adolescente, pero aciditos y malaleche como antes del ataque zombie).

—Maestro, ¿cuál es el problema? —le pregunté, omitiendo mis glosas sobre la gran idea de quedarse en medio de una ciudad sobrepoblada durante un ataque zombie.

—Pues nada, que ayer se volvió loco Chris. No soportó ver al cadáver andante del Maestrísimo Ope y se derrumbó.

—¿Vieron al zombi de Ope? Quiero decir, ¿del Maestrísimo Ope? —pregunté, sorprendida.

El gran Carlitos bajó la voz:

—Tú sabes que conmigo no tienes que decirle así. Por mí, dile opito. Sin mayúscula. Pero sí —y volvió a su tono de voz anterior—, lo vimos, arrastrando los pies y gimiendo como todos los otros cadáveres andantes. Por cierto, ¿podrías no decirles zombis?

—Cadáver andante me suena a Quijote Macabro o película de Disney —le contesté—. Si me perdona, zombi es más corto. Y más exacto. Pero dígame, Maestro, ¿qué pasó?

El gran Carlitos suspiró. No estaba en posición de corregirme. A fin de cuentas, yo era su única esperanza: la única sobreviviente con un todo-terreno, un helicóptero, varias ametralladoras, una bazuca, un refugio seguro en la sierra de Puebla y, sobre todo, interés en acudir al rescate de escritores y otros intelectuales incapaces de correr más de cien metros sin perder el aliento. La excepción era, por supesto, Dajota, pero él estaba fuera de peligro en la selva.

El gran Carlitos continuó:

—Pues nada, que Chrissie enloqueció al ver a Oupi y salió corriendo tras él, gritando «vuelve, maestro, vuelve». No nos atrevimos a salir a buscarlo. Supongo que a estas alturas ya es uno de ellos.

—Una gran pérdida para la crítica literaria postapocalíptica —dije, no muy convencida—. Pero mientras nos quede el pequeño… el pequeño… el niño, el criticoncito… el malmodiento, ¿cómo se llama?

—¿El chico ennui? —y soltó una risita—. Lo tenemos amordazado y sin plumas a la mano. Bueno, pero el golpe a la crítica literaria no importa tanto. Digo, no es que importara tanto aún antes de todo esto, ¿no? Lo grave es que Chris dejó la puerta abierta y…

—¿Se metieron los zombies al refugio? —le pregunté casi a gritos.

—Sí… tomaron la planta baja.

—¡Dios!

—¿Dime?

—No le dije «dios» a usted, no se pase de egocéntrico. ¿Volaron las escaleras, como les dije que había que hacer en caso de…

—Sí, sí —me interrumpió—. Usamos la pólvora, casi no hubo bajas…

—¿Casi?

—Raquel, me quiero ir a París. Aunque ya no se haga mi homenaje.

—París también está lleno de zombies, Maestro.

—Pero deben ser más… bueno, más parisinos, ¿no?

—No sé. No he ido últimamente —le dije, cortante—. Maestro… me está irritando. ¿Qué quiere? Y por favor, que no sea que le consiga un boleto en primera clase para ir a París.

No me arrepentí de mi sarcasmo. Una cosa es ser mecenas y otra convertirse en niñera. Eso no va conmigo.

—Lo siento. Quiero… queremos que nos salves. Que vengas por nosotros y nos lleves a tu refugio en la sierra.

Le expliqué que, si iba por ellos, no sacaría del refugio a los jóvenes escritores «emergentes» que habían aceptado mi protección al inicio de la crisis, que el trato sería igualitario y que no aceptaría dividir la casa en derecha e izquierda. Menos aún, en arriba y abajo. El gran Carlitos dudó, pero en segundo plano gritó una voz femenina que todo lo aceptaban.

—Prepárense —le dije—. En unas horas estaré por allá, asegúrese de que nadie más se vuelva loco.

 

Corté la comunicación y bajé al comedor. Sólo estaban D.H. y A., mi marido, platicando animadamente sobre diferencias entre las distintas ediciones de El Quijote.

—Voy a salir. Cayó el refugio de los Maestrotes, los voy a traer.

Ellos asintieron distraídamente, creo que ni me escucharon. Salí y me subí al combi-helicóptero. Pensé en la suerte que habíamos tenido al encontrarlo, con tanque lleno y espacio para veinte personas, pero me estremecí al recordar lo doloroso de aquella aventura.

A. se asomó.

—¡Mi amor! Si pasas por la Biblioteca de la Ciudadela, y no hay muchos muertos redivivos cerca, ¿nos traes unas ediciones críticas de El Quijote? Es que queremos comprobar una cosita…

Pensé en corregirle el término: «muertos redivivos» era largo y medio snob, pero así son los escritores, ése era mi consentido, y, bueno, ya se habían acostumbrado mis inquilinos a ese término. Les asustaba menos que «zombis». Así que sólo asentí y me puse mi traje protector extra-fuerte: tenía el presentimiento de que el viaje no iba a resultar tranquilo.

 

(SIGUIENTE CAPÍTULO: LA TOMA DE LA CIUDADELA).

No te comerás el cerebro de tu espectador

(Escribí este ensayo para un libro electrónico que editó, en 2011, el festival de cine de horror Noctambulante. Ahora lo recupero para ponerlo aquí.)

Kyra Schon en La noche de los muertos vivientes
Karl Hardman y Kyra Schon en La noche de los muertos vivientes de George A. Romero

¿Qué sería del séptimo arte sin el horror? Este género acompaña al cinematógrafo casi desde su invención (o desde su invención misma, si recordamos las anécdotas de cómo se ponía la gente al ver La llegada del tren, primera película de los hermanos Lumière).

Si bien al principio se esperaba que el cine cumpliera con una función meramente documental, pronto, muy pronto, se convirtió en campo fértil para la imaginación, y, en particular, para sus engendros más retorcidos: varios de los monstruos más emblemáticos de la cultura popular encontraron su lugar en el cine en fechas tan tempranas como 1910, año en que se estrenó la primera versión de Frankenstein (dirigida por J. Searle Dawley).

A este pionero pronto lo siguieron el gólem, criatura legendaria de la tradición judía; el jorobado de Notre Dame, engendro creado por el novelista francés Víctor Hugo; y, por supuesto, Nosferatu, el vampiro salido de las páginas de Drácula, de Bram Stoker.

Sin embargo, pocas de estas criaturas han logrado permanecer en el imaginario colectivo, causando el mismo terror que al principio: basta ver las iteraciones más recientes del vampiro (¿vírgenes hasta el matrimonio que irradian chispitas?) o del Jorobado de Notre Dame (¿bailar con las gárgolas, en serio?) para darnos cuenta de que varios de ellos difícilmente podrían hacernos temblar.

Por otra parte, también es interesante que la gran mayoría de estos seres surgieron previamente al cine y que son sólo una adaptación de criaturas surgidas en otros medios, sobre todo en la literatura.

Hay una excepción notable a esta tendencia: el zombie, sin duda el primer monstruo netamente cinematográfico.

Vayamos por partes: el ingreso del zombie al cine sí se debió a un libro, pero no fue una novela o un cuento; sino al tratado antropológico La isla mágica, de William Seabrook, publicado originalmente en 1929.

Estas historias acerca de los falsos muertos, raptados de sus propias tumbas y convertidos en esclavos sin voluntad, llamaron fuertemente la atención del público (primordialmente del anglosajón). Sin embargo, lo mejor ocurrió tres años después, cuando el director de cine Victor Halperin y el guionista Garnett Weston se basaron en La isla mágica para crear la película White Zombie, con Bela Lugosi.

Aunque no le dieron el crédito correspondiente a Seabrook, el éxito de la película se sumó al interés que había despertado el libro y el término “zombie” se convirtió en sinónimo de “muerto viviente obligado a cumplir con los caprichos de gente malvada”, o algo por el estilo.

De haberse quedado en esa acepción, el zombie habría permanecido como un personaje intrascendente, apenas arriba de la utilería en una que otra película exótica sobre magia negra y vudú.

Y es que, al principio –como bien lo ha expresado el escritor y guionista John Skipp en su ensayo “The long and shambling trail to the top of the undead monster heap” (Zombies, encounters with the hungry dead, Black dog and Leventhal Publishers, 2009), los zombies eran “los esclavos definitivos”: carentes de voluntad, ignorantes de su pasado, ajenos a cualquier sentido de identidad individual, estos rebaños de exhombres (y una que otra exmujer) aterrorizaban al público por la perspectiva de la aniquilación total de la voluntad humana.

Pero por suerte (para el zombie y para sus fans) el imaginario colectivo decidió usar esa misma palabra para denominar a otro tipo de muertos vivientes: los ex-seres humanos reanimados cuyo único objetivo es destruir a sus antiguos colegas de especie en la película de un joven director hasta entonces desconocido.

Era, obviamente, George Romero. A sus 28 años, había dirigido sólo comerciales de televisión, pero tenía el firme propósito de hacer una película divertida, interesante. Curiosamente, para el guión se basó en la novela Soy leyenda, de Richard Matheson. Cambió las hordas de vampiros anárquicos por enjambres de muertos vivientes y conservó la atmósfera de desolación de los personajes encerrados, sitiados por los monstruos, aparentemente sin escapatoria. Más importante: introdujo por primera vez el canibalismo en todo su esplendor, rompiendo así uno de los tabúes más estrictos del cine hasta el momento.

Así, a partir del filme de George Romero, la aterradora sumisión del zombie haitiano dio paso a un nuevo horror: el colectivo irracional, con el que no se puede negociar ni pactar, que despoja al individuo no sólo de su voluntad, sino también de su conciencia y hasta del último rastro de humanidad. Estamos ante el monstruo perfecto.

Casualmente, en la primera película de Romero (La noche de los muertos vivientes, 1968) nunca se usa la palabra “zombie”; pero pronto se popularizó el término para designar a sus monstruos. Fue cosa de tiempo (y ni siquiera de mucho tiempo) para que otros guionistas y directores adoptaran y recrearan esta versión del zombie.

En general, estas películas tienen en común varias cosas:

  • Se centran en un grupo limitado de sobrevivientes que deben enfrentarse a la amenaza zombie
  • Nos presentan a los monstruos como hordas invencibles, más por su número que por sus “poderes especiales”
  • Si bien nos regalan escenas deliciosas de canibalismo o de orgías de sangre, la tensión dramática reside en las diferencias al interior del grupo de sobrevivientes

Lo más sorprendente es que, pese a los años transcurridos desde entonces, a lo limitado de la fórmula y a la gran cantidad de filmes sobre el tema, el interés por los zombies parece no agotarse y, aunque hay muchas películas donde se aborda el asunto en un tono cómico, este monstruo no se ha suavizado al modo del vampiro. Por el contrario, aún en las historias menos sangrientas (me viene a la mente la genial Pontypool, de Bruce McDonald, de 2008) o en las más delirantes (como El desesperar de los muertos, de Edgar Wright, 2004), la presencia zombie resulta aterradora, cuando menos.

Esto se debe, muy probablemente, a que las películas de zombies han sabido combinar el miedo básico a ser devorados o convertidos en parte del ejército de caníbales sin voluntad con otros temores: a la Otredad (como en las películas de Romero), a una guerra nuclear (como El regreso de los muertos vivientes 2, de 1988, dirigida por Ken Wiederhorn; por cierto, es la primera película donde los zombies dicen “Brains!”), a una mutación genética (por ejemplo, Exterminio, de Danny Boyle, 2004), a una madre castrante (se puede ver en Tu mamá se comió a mi perro, de Peter Jackson, 1992), a la discriminación social (Fido, de Andrew Currie, 2006) o al lenguaje mismo (y aquí vuelvo a citar Pontypool).

Lo mejor de todo es que nos encanta horrorizarnos. Mientras esto no cambie, el zombi seguirá siendo una de las grandes amenazas en el cine. Porque, a fin de cuentas, se trata, como los demás monstruos, de la exacerbación de El Otro, el que es distinto a mí como espectador. Pero, dentro de la Otredad, el zombie es el peor escenario posible.

Como dijo en alguna ocasión el escritor de terror Clive Barker, “Los zombies son el monstruo ideal de fines del siglo XX. Un zombie es algo con el que uno no puede lidiar. Sobrevive a todo. Frankenstein y Drácula pueden ser vencidos de muchas formas. Los zombies no. No se puede negociar con ellos. Ellos simplemente continúan persiguiéndote. Los zombies consisten en la necesidad del ser humano de lidiar con la muerte. Representan una cara muy específica de ésta. Y el hecho de que podamos hablar de esto, echa por tierra la teoría de que el género no puede tomarse en serio”.

¡¡¡Día de zombis!!!

Mañana, amigos y amigas, compatriotos y compatriotas, es día de zombis. Y los quiero invitar.

Mañana jueves 11, a las 7:30 PM, estaré en una charla: «Literatura, comics y zombis», en Guadalajara, en la Casa Vallarta (Av. Vallarta 1668, colonia Americana). Hablaremos del tema, supongo que sin gemir ni comerle el cerebro a nadie, Rafael Villegas, Cecilia Eudave y yo. Inmediatamente después de que termine la charla empezará una gran película gran, de las mejores de muertos vivientes y caníbales: Fido (también conocida como Mi mascota es un zombi) de Andrew Currie.

Una escena de Fido

Y además, mañana jueves 11 estaré también en el programa de radio Carpe Noctem, hablando justamente de… zombis. Este programa se transmitirá a las 11:00 PM por Radio UNAM (96.1 FM en la ciudad de México) y se puede escuchar por internet desde la dirección http://www.radiounam.unam.mx/site/wmpfm.html

(En este programa tampoco creo que nadie se coma a nadie. Y si pasa, será sólo un poquito.)

Así que si se animan me gustaría mucho poder verlos por allá en la tardecita o que nos escucharan por la noche. ¡Hasta entonces!

La NASA descubrió… ¡zombis en el espacio!

Mi querido amigo Iván «Malo» Salinas me pasó un link del periódico El Universal en el que se habla de un terrible descubrimiento:
Una tormenta solar frió el cerebro de un astronauta, que ahora es… ¡un zombi!
Bueno, hay que precisar algunas cosas:
1. no fue la NASA, sino Intelsat.
2. el astronauta no es un humano, sino un satélite.
Pero igual…. brrr, miedo!!! Porque ahorita son los satélites pero, ¿y mañana? ¿cómo sabemos que no seremos nosotros los zombis? ¿o los gatos? o… (ni dios lo quiera) ¿los chícharos?

Va la nota, aquí pegada, y luego la liga, por si no me creen, lectores de poca fe:

Cuando Intelsat se enteró que a principios de abril se produciría una tormenta solar comenzó a hacer mil pronósticos sobre las afectaciones en sus satélites y el más sombrío se hizo realidad, a uno de ellos, cual película de terror, se le quemó el cerebro y se convirtió, literalmente, en un satélite zombi.

Según reporta la BBC en su portal, el satélite Galaxy 15 perdió toda noción y ya no responde a las llamadas de los operadores, aún cuando éstos lo bombardean con órdenes; incluso, este lunes, los especialistas de hicieron un último esfuerzo para recuperar el control mandando emisiones de alta potencia pero sin éxito.

El sátelite está totalmente fuera de control; sin embargo, como los instrumentos están encendidos, el zombisat ha empezado a desplazarse. Se encamina hacia la posición 131 grados oeste, actualmente ocupada por otro satélite, el AMC-11. Los expertos calculan que entrará en territorio vecino hacia el 23 de mayo y «robará» la señal de este satélite.

Según un comunicado publicado en el sitio web de Intelsat, la empresa planea pasar todo el tráfico de información a otro satélite, el Galaxy 12, para que sus clientes no se vean afectados.

Hasta el momento, menciona la BBC, los clientes del Galaxy 15 no han sufrido interferencias, pero este panorama podría cambiar en las próximas semanas cuando el aparato se cruce en el camino del AMC-11.

El G-15 provee de capacidad de transmisión satelital a programas de televisión por cable en América del Norte. También retransmite coordenadas de posicionamiento (GPS) a aviones durante el vuelo.

Y la liga, aquí

Lálien

cosbaby-alien-pret

–Doctor, ya arrégleme. ¿Por qué me duele la panza?
–El estómago
–¿Está seguro de que es el estógamo? ¿No podría ser el sarcófago o el duodinámico?
–(Mirada de incomprensión)
–Porque yo sé que en la panza hay muchas otras cosas además del esgótamo.
–(Cara de que quiere llorar)
–Estuve gugleando mi caso y tengo miedo que sea una apendejitis. Eso sólo se cura con cirugía, ¿no? Y qué tal que después de la cirugía quedo como actriz gringa mayor de sesenta años, que ni cerrar los ojos pueden?
–Ay…
–¿O qué tal que se equivoca usted de cirugía y me saca un piñón, o me arruina un pincelín?
–¿Un pincelín?
–Huy, perdón: un plumón. Es que a veces sí me hago un poquito bolas con los términos médicos.
–(Dolor de cabeza intenso)
–Oiga, doctor… el otro día soñé que iba en una nave espacial… ¿y si…? (Silencio dramático)
–(Cayendo en la trampa) ¿Y si…?
–¿Y si hubiera sido cierto? ¿Si de veras viajé al espacio y caí en el planeta de los álienes y se me metió uno y en la panza tengo lálien, questá creciendo, fingiendo que es apendejitis, listo para saltar de mi panza y comerse a alguien?
–…
–¿Eh, si fuera eso?
–(Sollozo)
–(En el cel) ¿Bueno, Alberto? Tengo una buena y una mala… La buena es que el dolor de panza no es que mi estógamo se esté muriendo para revivir como zombi y comerse el resto de mis tripas. La mala es que tengo lálien… ¿Cómo que qué es eso? ¿No viste la peli con Sigurni? ¡Tengo lálien! ¡Sí, me lo acaba de decir el gastroentomólogo!