Algún tiempo después…

Esta es la primera nota en este sitio en un buen rato, pero ahora tengo la intención de publicar más aquí. No en abundancia, pero sí con un poquito más de frecuencia, para compartirles alguna que otra cosilla.

Por ejemplo, este video, que se me había pasado publicar, y en el que Alberto y yo hablamos de nuestros libros más queridos. ¿Cuáles son los de ustedes? ¿Qué historias los han acompañado durante más tiempo?

La foto no me hace la más feliz, pero yo sé que ustedes me quieren como soy. ;)

Gracias a José Ramón Calvo, Marina Taibo y todos nuestros amigos de la Brigada para Leer en Libertad.

También les cuento que seguimos con el canal de nuestros propios videos y que algunos de ellos están ya disponibles en formato de podcast (los pueden hallar en los podcasts de Apple). ¿Nos acompañan en ese proyecto?

Señoras que…

1. Desde hace algunos años existe la moda en las redes sociales. Se trata de ridiculizar o denunciar alguna actitud que cae gorda. Pero el modo de hacerlo es comenzar diciendo «señoras que hacen tal» o «señores que hacen cual». «Señora» o «señor» ahí no es respeto, es insulto.

2. Aparecen de tanto en tanto fotos de «antes» y «después» de actrices, cantantas y hasta políticas. Que si eran bellísimas y ahora son monstruosas por las operaciones y el botox. «Se arruinaron la jeta», dice alguien en un comentario bajo una de las fotos. «¿Por qué no pueden envejecer con dignidad?».

3. Pero también vemos de tanto en tanto fotos de actrices, cantantas y hasta políticas que se dejan las arrugas en su sitio. O las canas. O las arrugas y las canas. Y no falta el que dice «tan guapa que era antes, ¿qué le pasó?».

3.1 ¿Qué le pasó? Que envejeció. Como todos. Que hasta el que se lava la cara con evian y duerme en un refri, tarde que temprano pierde la batalla contra la entropía y, sorry, envejece.

3.1.1 O quizá no debería decir «el que se lava»: un hombre con arrugas está bien, un hombre con canas es sexy, un hombre «mayorcito» puede seguir siendo galán. Una mujer de la misma edad, no. Por ejemplo, las telenovelas: la que primero era pareja del galán, luego es la mamá y luego la nana. En menos de veinte años. Y en ese mismo tiempo, él tiene chance de seguir siendo «el galán».

3.1.2 Aunque tarde o temprano también ellos sucumben. Dejan de ser galanes para ser señores que.

2.1 ¿Por qué no pueden envejecer con dignidad? A lo mejor porque necesitan trabajo. O porque durante toda la vida las bombardearon con que la única fuente de valor que tenían era su apariencia física. O porque sin la piel lisita y las curvas pronunciadas no saben quiénes son. Quizá enfrentan tanta presión que ni siquiera creen tener otra opción. A lo mejor les prometieron otra cosa y, ya hecho el daño, ni modo de dejar el botox y el silicón en casa. O no salir.

2.1.1 Hay quienes preferirían que no salieran. Que la gente mayor se tarda en cruzar las calles, maneja despacio, «afea el paisaje». «Vi a unos viejitos besándose, guácala», escuché decir a una mujer de unos treinta. ¿Neto no se da cuenta de que está más cerca de los 60 que de volver a los veinte? Ojalá entonces siga amando y besando.

1.1 «Señoras que se quejan porque no entienden. Equis, somos chavos», dice una mujer de más de veinticinco. Ya no es chava, lo siento. Ya no es una morra. Es una mujer y, nada más por cómo funciona nuestro universo, está más cerca de los 60, 70, 80, que de volver a los 20, insisto. Porque el tiempo no va en la otra dirección.

1.1.1 O pensarán que cuando les toque encontrarse la primera cana o la primera arruga, la ciencia ya habrá avanzado lo suficiente como para revertir esas señales del envejecimiento «con buen gusto y dignidad». «Y a un precio accesible para todos», pienso.

3.2 ¿Por qué decimos «perder la batalla» o «sucumbir» cuando hablamos de envejecer? ¿Por qué decimos «dio el viejazo»? ¿Por qué le tenemos tanto miedo al tiempo, que tratamos de ser adolescentes hasta los cuarenta, hasta los cincuenta, hasta los mil?

3.2.1 Claro que me da miedo a veces. Veo mis fotos de hace veinte años y sé que no estoy como entonces. Y sé, nomás por ver las fotos de mis tías y mi abuela, que me arrugaré, la piel se me llenará de manchas, que tendré que poner atención para no engordar mórbidamente o para que no se me disuelvan los huesos de las piernas cuando llegue la osteoporosis. Que si no me cuido los dientes, se irán como las flores de verano; que el cabello se irá haciendo ralo y que no falta tanto para que necesite los anteojos de tiempo completo.

3.2.2 Pienso que uso tinte en el cabello porque me gusta el cabello de colores, y que uso botas altas porque me gustan las botas altas. Pienso que no tendría que renunciar a eso cuando «dé el viejazo», pero no sé.

1.1.2 Me pregunto si me metería botox o me restiraría la piel si, cuando me sienta arrugada y cansada, el precio es accesible.

2.1.2 Me gustaría pensar que llegaré a los sesenta, setenta, ochenta, con suficiente calcio en los huesos como para caminar por la calle, aunque sea despacio, y besar al hombre que amo, aunque las treintañeras piensen que guácala.

2.1.3 Sin que mi identidad dependa del hombre que amo.

4 Sobre todo, me gustaría pensar que la educación está cambiando y que seremos las últimas generaciones en sufrir estos miedos y estas presiones.

4.1 No porque el botox y el silicón sean accesibles para cualquier presupuesto, sino porque educaremos a las nuevas generaciones a pensar que la vejez es un premio para quien vivió bien.

4.2 Que, como sociedad, pensaremos que «vivir bien» no tiene que ver con la apariencia física.

1.2 Quizá lo primero que tendríamos que hacer es asumir la edad que tenemos. No como una condena, sino como una realidad.

1.2.1 Y que evitemos usar las palabras relacionadas con la edad como insultos.

5 Señoras cuarentonas que se pintan el pelo y usan botas altas y quieren seguir besando al hombre que aman hasta los noventa aunque a las adolescentes de treinta les dé asco.

5.1 Señoras que piensan que debe ser posible estar a gusto con su autoimagen sin ser esclavas de su autoimagen.

5.2 Señoras que quieren ser como las vuvalini cuando sean (más) grandes.

vuvalini

Las canciones que me gustan

Hace poco me quejaba en Facebook de que, cuando me gusta mucho una rola y la quiero compartir, de pronto siento que no puedo decir realmente lo que pasa por mi cabeza a la hora de pegar la liga. Temo que lo escribí muy mal y se interpretó como que estaba haciendo berrinche del tipo “como ustedes no me apapachan ya no les voy a recomendar canciones”. Me dio mucha pena que se leyera así, porque realmente no iba por ahí la cosa. Más bien, pensaba yo, que las palabras (las mías, que conste: seguro hay gente que las maneja mejor y que no tiene este problema) son muy pobres a la hora de querer usarlas para hablar de lo que me pasa al escuchar una canción. O me tardaría horas en bajarlo a texto, y sólo sería un pálido reflejo, un eco distorsionado, de la experiencia base. Pero, por no quedarme con la duda, haré el experimento.
Ahora bien: hay dos tipos de rolas que comparto, las que acabo de descubrir y me encantaron y las que conozco desde hace mucho y que me encantan. Para el experimento elegí una de las que me gustan de hace tiempo. Y dice así:

1. Me acuerdo de una canción que me gusta desde hace mucho tiempo. En este caso, “Love to hate you”, de Erasure. Por suerte me acuerdo del título y la banda: a veces sólo recuerdo una de ambas o, peor, un trozo de letra. O, mucho más peor, un fragmento de tonada.

2. Busco la canción en youtube o spotify y la pongo. Una vez más tengo suerte: es una canción popular y hay varios videos de ella. En este caso elijo el video oficial, pues qué caray.

3. La repito dos o tres veces. Mientras la escucho, me acuerdo de por qué me gusta. En este caso, es una rola que me recuerda cuando estaba en la prepa. De hecho, estaba en 6º de prepa, así que debe haber sido 1993-1994. El maestro de Geografía, Alor, nos llevó a tres excursiones dizque de trabajo en las que no trabajamos nada, pero en las que el grupo se volvió muy unido. A esas salidas les debo que mi amistad con Mar y Mondra se fortaleciera, y fue en uno de esos viajes donde hice migas con Tania y Uriel, de los que nunca volví a saber nada pero que son importantes para esta historia.

Fue en el viaje a Ixtapa. Fuimos a una disco en la parte vieja de la ciudad, todos en bola. Yo me sentía, como es usual, fuera de lugar, un poco desfasada. A ratos me daba de topes por haber ido al viaje: demasiados días de convivencia grupal (ya desde entonces, desde antes, esas cosas me dejaban exhausta, tensa, ansiosa). Y en la disco ponían música horrible, punchis punchis, It’s my life. Lo mejor en dos horas había sido Ace of Base, con eso explico todo. Yo llevaba un short negro (había sido un pantalón de mezclilla pero lo había pasado por la tijera porque me recordaba a un novio que me cortó el día que lo traía puesto) y una blusa negra de terciopelo (de manga larga. Ideal para la playa, ja) que me encantaba. Y unos tenis converse que eran mi pasión.

Ese es el short, ese es el viaje, pero no es el atuendo completo ni el día del que hablamos.
Ese es el short, ese es el viaje, pero no es el atuendo completo ni el día del que hablamos.

De pronto, empezó “Tainted love”. Y luego, “I love to hate you”. Uriel y Tania bailaban, pero no como se baila el punchis punchis. Ahora sería muy fácil decir “eran darks y bailaban como darks”, pero en ese momento no tenía yo esas palabras. Así que eran dos vatos que vestían de negro estando en la playa, como yo, y bailaban como si la pista fuera solo de ellos, como si nadie los mirara. Como si el punchis punchis de fondo de la canción fuera a otra velocidad. Y entonces mi amigo Mondra me jaló a bailar con él, con ellos. La rola dura 3.52 minutos, pero a lo mejor era una versión extendida, no sé. Porque en mi recuerdo fue un rato largo, en el que dejé de sentirme sola y ansiosa y fuera de lugar.

No me acuerdo del resto de la noche. A lo mejor continuó un rato la bonita barra dark (no puedes pedir Sisters of Mercy en una disco playera, pero todo eso lo aprendí mucho después), a lo mejor nos fuimos a caminar a la playa (recuerdo haber caminado en la playa y recuerdo haber estado a la orilla del mar, con Mondra y Mar y Uriel y Tania, con Ramsés y otros compas que me caían muy bien y cuyos nombres ahora se me escapan; pero no podría jurar que fue el mismo día). Me acuerdo que en ese viaje sufría porque un vato me gustaba un montón y era mi amigo (¡muy mi amigo!), pero nomás no daba color y nunca dio color, así que nunca pasó nada. Ahora tiene años que no lo veo más que en Facebook y supongo que no éramos tan buenos amigos donde no sólo no pasó nada en terrenos del corazón sino que dejamos de procurarnos (las últimas veces que hablamos en estos veinte años fui yo quien le llamó, quien investigó su mail, quien lo localizó en FB, y un día me dio oso estar tan cerca de un estólquer y decidí que no tenía caso seguir buscando una amistad que murió hace tanto). Además, ¿qué peso debería tener esa pérdida, si a mar y a Mondra aún los tengo cerca? No tan cerca como debería, pienso, y apunto mentalmente que debo mandarles un mail a cada uno.

parte de mi grupo de 6o de prepa. ¿Dónde andarán? (No, no sale el vato del que hablé hace un momento)
Parte de mi grupo de 6o de prepa. ¿Dónde andarán?

[La rola sigue en repeat. Normalmente es menos tiempo que hoy, porque generalmente recuerdo con la cabeza y no tecleando. Pero el proceso es, en general, el de siempre con una rola que me gusta]

4. Ya que termino de recordar, busco la letra de la canción.

5. La vuelvo a escuchar mientras voy leyendo la letra. A veces la letra me proyecta a otros recuerdos y pensamientos, pero en este caso no. Me acuerdo, eso sí, de unos esquites deliciosos, al horno, con queso, que comí en ese viaje. Pero nada de revelaciones profundas o mensajes certeros en la letra. Eso está bien.

6. La pongo de nuevo en repeat, pero esta vez, atendiendo al tiempo. Por ejemplo, cuando empieza, se escucha de fondo, muy sutil, el rugido de una multitud, que sube por ahí del segundo 18 y luego, cuando entra una percu más vigorosa, baja a casi desaparecer. Es justo, porque ahí entra la voz de Andy Bell (¿y un coro?) con el estribillo. Luego, por el segundo 35, Bell comienza, ahora sí, con la letra. Mientras, los sonidos graves en el sinte de Vincent Clarke repiten ciertos acordes que pegan directo en el pecho.

Y en el segundo 54 empieza un agudo desde el teclado, que es como un hilo de plata que se desenrollara desde el golpe del pecho y subiera por la garganta. En el 1.10, el hilo de plata se esfuma en la atmósfera y deja que la voz tome el control… Sí, el sinte continúa, pero ya no es tan agudo. Suena como una voz, como si fuera un teremín. Sigue sonando, eso sí, a órgano Lili Ledy, lo que le da un aire retrísimo, y por un instante me acuerdo de la peli de El Santo contra las Momias.

El pecho descansa, a pesar de que los graves siguen con su ¿progresión armónica? y en el 1.24 comienza el “I love to hate you”, que se repite en un tono más alto cada vez, tensando el drama (o la emoción), hasta que en el 1.28 se convierte en un grito (Ai-lof-tu-heeit-yuuuuuu!) como una explosión que deja estelas de luces de colores (como el rastro que deja un avión cuando pasa, o los listones chispeantes que quedan tras la explosión de un fuego artificial. Esas estelas son la melodía del teclado que se oye a partir del grito, en el 1.30,  que, además, suenan como a “I will survive” de Gloria Gaynor, que es otra canción que me encanta.  Además, para darle más emoción, vuelve a subir de volumen el rumor de la multitud enardecida, aplausos y gritos y todo.

Al 1.46, volvemos a empezar con la voz, quizá en un tono un poco más alto (¿para no sentir que estamos de regreso en la casilla 1?) pero lo suficientemente vuelta a la calma como para recuperar el aliento -y volver a recordar Ixtapa, la disco (¿Crystal, se llamaba?), la blusa de terciopelo (¡tan bonita y tan talla M!), la pulserita de cuero que me regaló en otro viaje el amigo aquel (con el que no pasó nunca nada). Al 2.08 regresa la melodía que antes sonaba a teremín, pero que ahora, seguro, son voces de mujeres un poquito procesadas, pero humanas a fin de cuenta. Pero ahora, lo que cantaba el vocal no es igual que en la primera estrofa: se alarga un poco, por ahí del 2.20, rompiendo la simetría con muy buena fortuna, porque suena a que no se conforma con lo que tenía que decir.

Luego el coro, que no ofrece nada nuevo, pero que no importa porque el sinte suena rebién y porque estamos esperando el “i love to hate you” in crescendo, que llega en el 2.36 y que explota en el 2.41
Nomás que aquí nos cambian los listones de fuego artifical por un cencerrito que suena a Miami Sound Machine, que no me encanta y me hace arrugar la nariz, aunque de fondo haya otra vez rumor de multitud y sampleos como de sci fi. Por suerte dura poco: en el minuto 3.00 recapacita y vuelve al coro, como para decir hey, el cencerro fue un error, fue para que los fresas de Ixtapa tuvieran su momento punchis punchis, hagamos como que nunca pasó, y en el 3.11 tenemos otro “I love to hate you” pero se interrumpe antes de la explosión y vuelve el coro: ¿acaso está jugando con mis sentimientos? (¿Acaso el amigo aquel, con el que nunca pasó nada, jugaba también con mis sentimientos? ¿O de veras nunca se dio cuenta de nada?)

Y llegamos de nuevo al “I love to hate you” en el 3.27, que ahora sube, y sube, y sube, acompañado del rumor de multitud, hasta llegar al mejor Ai-lof-tu-heeei-yuuuuu en el 3.39, para luego bajar el volumen y terminar sin una frase de conclusión, nomás bajando el volumen hasta el silencio en el 3.44

7. Busco la historia de la canción. Quiero saber si cuando la escuché por primera vez era nueva o vieja, si tiene mucha historia o es importante sólo para mí. “Love to hate you” es del 91. Considerando que era un tiempo previo a Internet, no era una canción vieja cuando la escuché, aunque tampoco era “del momento”. Me entero de que, efectivamente, la parte que suena a “I will survive” es un sampleo de “I will survive”. Ya sé, no es la gran ciencia, pero yo no estaba 100% segura. Es bueno saber que sí. Y veo que no parece que haya dado pie a miles de covers o un culto, pero que hay una versión en español y otra en italiano, hechas por ellos mismos.

8. Pongo alguno de los covers o versiones. En este caso, “Amor y odio”, que es la versión en español. Nunca la había escuchado. Al minuto 1:00 ya sé que no le llega a la original, pero no la quito, por si hubiera alguna sorpresa. Al 1.37, lo mejor que ha pasado es el grito “A-mor-y-ooo-dioooo”, pero ño. Aunque me gusta lo de “Ojalá que el viento sople contra ti”. Menos afortunado es lo de “y congele tu sonrisa de delfín”. Casi que da risa. Ah, pero esta versión no tiene cencerrito. Por lo menos eso. Y el en grito final hay un “y” que tiembla bonito. Pero nada más.
Pongo la italiana. Parece que está mejor la métrica que la de español. “Io amo odiarti” suena… no sé. Creo que también puedo vivir sin ésta.

9. Cuando, después de escuchar así, con atención, la rola, pienso que sí vale la pena, pongo la liga en Facebook. Pero ni modo de poner todo lo que acabo de escribir aquí arriba, uff. Así que nomás pongo “chulada de rola”, “una que me gusta”, “chequen el banjo” o cualquier cosa así. En este caso pondría “hoy puse esta canción que me recuerda un viaje a Ixtapa cuando estaba en prepa”. Y luego, en las ligas, las versiones en español e italiano, con un “para los morbosillos y los amantes de los covers”.

[Escribir todo esto me tomó alrededor de dos horas. Si lo hiciera con cada canción que me gusta, tendría que vivir sólo para esto, y ya no tendría nuevas experiencias que asociar con otras cancioens, además de que el resultado no es de lo más satisfactorio. ¿Ven por qué la frustración?]

Banffiversario: 6 de noviembre de 2014

6 nov. 2014

Otra vez pesadillas. Esta vez, Manuel nos troleaba a Alberto y a mí, en anónimo, pero lo descubríamos. Y no sabíamos si confrontarlo o qué. Uff. Desperté sacada de onda, pero se me pasó. Fui al gym y, como es usual, hice elíptica mirando el Food Network. Me tocó ver cómo se hace el Ben & Jerry’s de chocolate y se me antojó un montón. Hasta decidí ir por fin a la heladería del pueblo por uno. Ah, pero entonces fui al lunch y, entre los postres, había ¡helado de chocolate con chispas! :)
Comí stir fry de res con brócoli, granitos de elote, espinaca, lechuga, sopa de papa con bluecheese y pedí un té de manzanilla con menta. Riquísimo. (Ah, y un poquito de pollo que estaba meh).
Vine al estudio. Acabo de terminar de leer The magic orange tree, cuentos haitianos recogidos por Diane Wolkstein. Me gustó mucho.
Creo que iré al correo y al thriftstore. Regreso :)

¡Cena!
Coliflor con tumeric
banana custard flan
Tilapia with beurre blanc
Veal al vino tinto
Papas roasted al limón
Pasta (corbatas)
Sopa de papa con bluecheese (crema)

10:58 pm
Llovía cuando salí al Thrift Store. Pero es un bonito paisaje e iba yo preparada. En el camino me crucé con un tipo que iba en sandalias, brrr.
Fui a la tienda, me fue súper. Por 20 dlls compré dos pantalones, una blusa, una sudadera, una falda, cuatro discos y cinco libros :D
Luego caminé un poco y regresé. Cené (ver arriba) y volví al estudio. No creí que pudiera trabajar, pero hice otro cuento. Oh, antes del estudio y después de la cena pasé al Writer’s lounge y saqué dos libros.
Hmmm… Me duele mucho, mucho la cabeza. Creo que paro aquí por hoy y duermo.

banff dia 31

El pie de foto dice:

Día 31 en Banff.
Salí a caminar a eso de las 3 de la tarde. Llovía. Entré a una tienda en el pueblo (sí, la de segunda mano) y al salir parecía ya de noche, pero eran las 4 y media. La noche, en cambio, sí es noche-noche, con luna entre los árboles y toda la cosa.

Banffiversario: 19 de octubre de 2014

Un día en el que hablo de un problema que me aqueja con frecuencia, Banff o no Banff… (y es entrada larga)

19 oct

Son las 12 del día y voy despertando. Por segunda vez. hoy. Y es que estaba molida. Pero vamos por partes: ayer, luego de escribir aqupi, me fui al primer piso (planta baja) de Lloyd Hall, que es donde quedamos de vernos con Carlos. Llegué unos diez minutos tarde y no había nadie.
Luego llegaron Pascale y Anna. Pascale es artista visual de Quebec. Llegó con un ucraniano, Alex, que se presentó como «just a random guy». pero luego resultó que hace música y explora bosques y trabaja en una compañía constructora, creo. Anna es sueca y es pianista. Luego llegó Adrien, que es alemán y vive en Nueva zelanda y es compositor. Mucho después llegó Carlos, crudísimo. Y entonces nos fuimos, primero al súper y luego a carretera. No nos pararon por no llevar el permiso forestal. Nos detuvimos en Lake Louis Village al baño y seguimos al lago. Estaba chispeando y hacía frío. Y el lafo se veía increíble. Una pareja con paraguas paseaba en el embarcadero, era una imagen hermosa y nostálgica.
Empezamos nuestro paseo a un lado del hotelazo de Lake Louise (el Fairmont) y caminamos primero al lado del lago, luego por una especie de puente de madera junto a un mini-lago (del otro lado estaba un poco de lecho de lago: supongo que en verano crece), por una ladera rocosa, por un bosque y por un caminito al lado de una pared rocosa imponente. Finalmente llegamos al lugar en donde está la casa de té -estaba cerrada, bu. Ahí un pajarraco y unas ardillas le robaban (bueno, mendigaban) comida a la gente. Comimos algo de lo comprado en el súper (yo compré almendras y un chocolate que no me gustó) y volvimos al camino. ¡Qué cosa, el glaciar! Es realmente impresionante. Y el frío que hace no te lo crees. El viento pega con fuerza en la cara, pero sólo a ratos.
Como el caminito final, un sendero de unos 50 centímetros, estaba todo lleno de nieve pisada, era un camino resbaloso y muy preocupante (había rocas sueltas de un lado y una pendiente muy inclinada del otro) pero llegamos al final. Desde donde estábamos se veía, muy a lo lejos, en la cima de una de las montañas, una cabañita. [El lugar se llama Plain of the Six Glaciers y, ahora me entero, es zona de muchas avalanchas. Muchas. Tipo que en verano se pueden escuchar cada hora o algo así. En invierno es un camino cerrado. Creo que nos tocó una de las últimas idas del año].
Al regreso me caí. Nada grave, un sentón por la nueve resbalosa del sendero de 50 centímetros. Así que continuamos por las piedras, que a ratos estraban cubiertas de nieve blanquísima. En el camino platiqué un rato con Anna y Pacale (Alex se regresó por el otro lado del lago) y me sentí un poco fuera de lugar. No sabría decir por qué, pero me sentí vieja y torpe. Así que tratpe de cambiar mi ritmo para no ir con ellas ni con Carlos y Adrien, que venían atrás. Y no es que hayan sido groseras o que me hayan tratado mal. Pero, haciendo memoria, concluí que con mucha frecuencia me siento así, como que no pertenezco, que no encajo con la gente a mi alrededor, que me toleran pero que no soy una compañía grata. Sé que tiene mucho de malviaje pero es una sensación frecuente y desagradable.
En fin.
Llegamos al Fairmont y quisimos tomar el té ahí, pero pasaban de las cuatro y el té es de 12 a 3. Bu. El restaurante les pareció fuera de rango a Pascale y Alex (¿o fue sólo a Pascale?) así que nos fuimos al deli (despupes de esperar 15 minutos por una mesa y estar ya sentados viendo la carta. oso.).
Ahí pedí un té de menta y me quemé la boca bien gacho.
Y de ahí regresamos a Banff. Salió en 7.50 por persona. Como yo pagué la coca de Carlos en el deli, nomás le di cuatro dólatres. usé los dlls gringos que traje de Mx, no creo necesitarlos acá. Y como era su último día en Banff, ¿para qué quería dinero canadiense?
Le pusimos gas al auto y lo entregamos. Pascale y Alex se quedaron en el súper. Adrien y Anna se adelantaron para alcanzar la cena en el Vistas.
llegando al Centro Banff nos topamos con una venada con dos venaditos. Aw. ternurita. Nos despedimos Carlos y yo y llegando al cuarto, mensaje de Camila: Maclab a las 8. Eran 7:30. Así que descansé media hora y bajé al lugar. Comimos pizza (una buenísima de blue cheese con queso de cabra y champiñones) y papas dulces (camotes) a la francesa. me tomé dos cervezas y media y acabé molida.
Me la pasé bien, eso sí, aunque pasado un rato me dio la inquietud, esto de no encajar, de estar con demasiada gente. Porque estaba un compositor taiwanés (Wei Chie Jay Lin), Adrien, anna, Carlos, Alejandro, Gaby, Jimena, y varios más. Y sí, me dio el engente.
llegué al cuarto a la una de la mañana y dormí mal, con pesadillas de mucha gente en casa de mi tía estelita. En el sueño hablaban y hablaban y no me dejaban dormir. Le pedía a mi tía que me cambiara de cuarto y me mandaba a uno donde un gatito jugaba con un rascador con pelota (los llaman turbo)y no me dejaba dormir.
Desperté a las siete, luego platiqué un rato con Alberto, Mary y mi papá, que fueron a desayunar al italiannis, y me volví a dormir. Luego sigo, porque ahora iré al pueblo con Camila. Brb.

(1 am)
Pues fuimos al pueblo. Compré verduras y sopas. Ella, unos cigarros. Pasamos por una dulcería y Camila me invitó un chocolate con maple y macadamias delicioso. Regresamos al Centro y nos vimos de nuevo a las 3.30 para comer.
Luego, Camila y Jimena se fueron a caminar y yo me metí a la biblioteca. Saqué los tres libros de Alberto que tienen acá y devolví el de Juan José Rodriguez. Comencé el de Mothertalk y me encantó. Está genial. Es una especie de testimonial de una mujer nacida en Japón que emigró a canadá. Me está gustando mucho. Leí un rato en la biblioteca y otro rato en el estudio. A las 9 fui ooootra vez a Maclab: la despedida de Camila. Papas dulces y un café. Y luego, a eso de las 10, a la habitación. Platiqué por Hangout un rato con Alberto. Y ahora muero de hambre :(
Pero más bien creo que es hora de dormir.
Antes: ¡cómo me gusta la biblioteca! ¡Y qué sorpresa encontrar un libro de cómo envolver regalos y varios de Luis Felipe Hernández -quien, por cierto, le copió la dedicatoria a Alberto, hmmm.
Tamañana!

banff dia 13

Pirañas del mundo ¡uníos!

 

PIRANAS_DEL_MUNDO,_UNIOS_-_RAQUEL_CASTRO

 

Estaba yo en la prepa cuando empecé a dibujar mi cómic «La saga de la piraña humaña». Estaba segura de que sería un exitazo, pero me topé con un obstáculo inesperado: no sé dibujar. No sabía entonces, sigo sin saber. Más o menos me salía mona la cara de la Piraña Humaña, pero hasta ahí. Así que la saga quedó inconclusa hasta que decidí intentar de nuevo, esta vez como cuento. La versión más temprana de esa historia debe andar por aquí, en este blog. Pero no me satisfacía del todo, así que la retrabajé mil ochomil veces y finalmente quedé satisfecha :)

Por otra parte, fue una sobredosis de pelis de zombis lo que me hizo escribir «Historia de amor», un cuento que, cuando apareció en mi cabeza la primera vez, fue una pesadilla tremebunda. También es ya un cuento con el que me siento más o menos segura (la verdad es que siempre que veo a alguien leyendo algo que yo escribí me entra la peor de las inseguridades, pero esa es otra historia).

Otra historia mía, «La saga de P. Espín», apareció primero en este blog una vez que estaba yo bien enferma. Se me hace que con fiebre. Pero luego hice lo que con las otras dos: me arremangué las mangas, me apoltroné las poltronas y me puse a trabajar hasta que quedó un cuento que me gustó.

Les cuento esto porque esas tres historias son ahora un libro de cuentos. Mi primer libro de cuentos. Es decir, ya hay cuentos míos en libros, pero nunca habían tenido un volumen para ellos solos. Como si tuvieran su primer depa sin roomies. No es un libro impreso, sino electrónico, lo que me hace la mar de feliz, porque yo soy tan fan de lo impreso como de lo electrónico (empecé a suspirar por los ebooks desde el siglo pasado, imagínense). Por si fuera poco, la idea de este libro no fue mía sino de Salvador Luis Raggio, quien es autor intelectual de la muy bonita colección Absurdia & Suburbia, que vendría a ser el residencial exclusivo donde mis cuentos consiguieron su depa sin roomies. O sea, hay varios motivos para sentirme emocionada y feliz.

Por supuesto, sería todavía mayor mi felicidad si ustedes, que me leen desde hace tanto tiempo (y ustedes, que cayeron por casualidad en este blog buscando otra cosa -capaz que fue el destino el que los trajo acá-), se animaran a descargar el libro. Yo misma acabo de hacerlo, así que les puedo hacer el tutorial paso a paso.

 

Tutorial paso a paso

 

1. Entran a esta liga de Book Marketplace. (La dirección a la que están dando click es http://books-marketplace.com/fiction/collections/coleccion-absurdia-and-suburbia-editada-por-salvador-luis/piranas-del-mundo-unios-en.html) y se van a encontrar con la opción «add to shopping cart». Le dan click. (Sí, primero pueden leer la sinopsis tan bonita que hizo Salvador Luis o la foto tan favorecedora que me hizo mi hermano. Pero luego de eso, anden, sin pena, denle click a «add to shopping cart»).

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2. (Este es el botón. Arriba pueden ver que son sólo 3.99 dólares, o sea, como 60 pesos al tipo de cambio actual -y esperemos que pare ya el desliz del peso, sniff).

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3. Les va a aparecer un pop-up con dos opciones: seguir comprando («keep shopping») y hacer el check out («check out»). Si quieren comprar más libros de Absurdia &  Suburbia, padrísimo, de verdad. También pueden buscar ahí la novela de Erika Mergruen «La casa que está en todas partes»: no se van a arrepentir, de verdad. Es más, les dejo la liga acá. Pero si por esta vez no quieren comprar nada más, hagan click en «check out».

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4. Si ya han comprado antes en The Book Marketplace no ncesitan el resto de este instructivo. Pero si no, hagan click en «register» para registrarse como cliente nuevo.

 

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5. Van a tener que llenar un formatito pero de verdad que es sencillo y rápido. Yo tardé menos de dos minutos, y eso que al mismo tiempo estaba tomando estas fotos y jugando candy crush :P

 

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6. Como es libro electrónico, verán que no hay gastos de envío, sin importar en qué lugar del mundo estén (¡yei! ¡ventajas del ebook!)

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7. Ahora viene la parte que suele ser más dolorosa: el pago. Pero como son sólo 3.99 dólares, y como los cuentos son relindos, y como ustedes me quieren mucho (¿verdad? ¿verdaaaaad?), no lo va a ser tanto. Además: se paga con paypal, que es facilísimo y segurísimo (yo pago con paypal montones de cosas desde hace años y años y nunca he tenido un solo problema, se los jurito). Si no tienen cuenta de paypal, no hay problema: de todos modos pueden pagar usando este servicio gratis y seguro (eso sí: van a necesitar tarjeta de crédito). [Nota: La flecha roja señala la opción de pago con paypal. La verde señala la instrucción en caso de que no se tenga paypal, pero en cualquier caso se da click abajo, en donde dice «submit my order» -es el botón rojo que olvidé poner en un círculo, pero no hay pierde]

 

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8. No voy a poner fotos de la transacción en paypal pero les juro que es fácil, rápida y en español. Cuando la terminan, les aparece el recibo, que pueden imprimir si quieren.

 

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9. Entonces les va a llegar un mail de The Book Marketplace (bueno, les van a llegar tres: el que dice que bienvenidos como nuevos usuarios, el que  dice que su orden ha sido procesada y el que nos ocupa, que dice el número de su orden y que el acceso electrónico está habilitado («access to electronically distributed product is granted»). Lo abrimos…

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10. …y ahí estará la liga de descarga, en epub y en mobi, que son los dos tipos de archivo de ebook más utilizados (ya de ahí lo pueden pasar a su kindle o leer directo en su pc usando un software especial para ello, como el que pueden bajar acá.

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OJO: También lo pueden bajar directo desde la página de Books marketplace después de haber hecho el pago en paypal. Para ello, la cosa es así:

 

9 del mundo paralelo: Paypal los redireccionará a Book Marketplace (y les dará una liga que dice «si no te redirigimos en automático en diez segundos, da click acá). Cuando regresan, llegan al resumen de la compra. Ahí dan click en «My order details».

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10 del mundo paralelo: Llegarán a otra página donde está la liga «Download page». Click ahí.

 

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11 del mundo paralelo: Les aparece la liga para bajar el libro en epub y en mobi.

 

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En serio que es fácil y bien rápido. Y en serio que me encantará que lo lean y que me cuenten qué les pareció :)

 

 

Bitstripeando, 1

Últimamente he estado jugueteando mucho con una aplicación que se llama Bitstrips. Consiste, básicamente, en hacer viñetas tipo comic a partir de muñequines hechos a imagen y semejanza de uno (y de los amiguis que también le entran al juego).
La verdad es que me divierto mucho con el jueguito. Algunas personas me han preguntado cómo entrarle y se me ocurrió hacer un tutorial. Ya sé que hay varios en la red, incluso unos muy buenos, pero aquí va mi aportación. Como la estoy haciendo por partes, tendrá que ser en capítulos. Aquí va el primero de ellos :)

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La médium, la mesera y el humorista

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A veces pienso que el trabajo del creador (escritor, músico, pintor, cineasta) es similar al del médium: que consiste en darle cuerpo (con ectoplasma o con una obra, según el lado del símil) a elementos etéreos e inasibles, fantasmas o emociones humanas. Cuando se consigue, cuando el espíritu del muertito habla a través del médium (es decir, cuando un lector, escucha, espectador, etc se identifica con la obra) la satisfacción es enorme. De verdad. Y a veces no sabemos muy bien cómo lidiar con satisfacciones enormes, por lo que es fácil perderse y cometer burradas.

Me explico: en la escuela no nos enseñan a lidiar con el éxito, el diez es nuestra obligación y cualquier calificación inferior a esa se tolera mal o bien (dependiendo del profesor y los padres) pero no se festeja. En las justas deportivas se espera que aplastemos al contrario o que inclinemos la frente si perdemos y que aguantemos vara («ser buen perdedor») pero no se nos enseña, por lo general, a ser buenos ganadores también: a ser generosos con el contrario o con la porra que fue a aclamarnos por pura buena onda. Es más: para muchos de nosotros todavía es una bronca complicada aprender que no todo en la vida es competencia: que si X publica un libro no me está arrebatando a mí la publicación, y que si a Y le gusta el libro de X no significa que mi libro haya perdido un lector (eso, para poner el ejemplo literario, pero pasa en todos los niveles: desde los asesores telefónicos hasta los ministros religiosos).

Esa actitud me incomoda mucho. Para empezar, si alguien nos dice «me identifiqué con tu libro», yo creo que tendríamos que sentirnos agradecidos de que la persona le dedicó tiempo y nos concedió el voto de confianza necesario para quitar sus barreras emocionales y tender un puente de empatía. Sí, fue un chingo de trabajo, yo sé; pero es un chingo de trabajo que no vale de nada si no hay alguien que se le acerque y le dé vida con sus ojos (y/o sus oídos, manos, corazón, cerebro), ¿no?. Vamos, que sí tenemos mérito, pero también el muertito que se manifestó y también la persona que nos dice «¡ey! ¡esa es la voz de mi muertito!». Un espíritu que habla y habla pero al que nadie quiere escuchar es una condena para un médium, pensaría yo…

Claro, también puede ser que me equivoque y que estas ideas les parezcan absurdas a más de dos. Si fuera el caso, me disculpo: como les decía, no es algo que nos enseñen metódicamente y no hay una guía. O hay guías contradictorias: nos dicen que hay que ser modestos pero también nos dicen que hay que cacarear el huevo. Nos dicen que lo importante no es ganar, y nos dicen que la victoria sobre el oponente es lo único que cuenta. Nos dicen que somos parte de un todo y nos dicen que hay que ver por uno mismo y que todo Otro es nuestro contrincante en una lucha inmisericorde por la supervivencia. Está complicado.

Sin embargo, por complicado que esté, tengo la sospecha que uno de los chistes de este asunto es que no hay una verdad absoluta: que lo que le funciona a uno no tiene que funcionarle a otro y que si uno elige la soberbia y la lucha inmisericorde no quiere decir que yo tenga que seguir el mismo camino a la de a hueivo (Claro, tampoco me voy a poner de tapete para esas personas, pero eso es por comodidad, dignididad e instinto de supervivencia). Y si opto por otro camino tampoco tendría que despreciar a quienes no creen en él o que se van por otro lado. Que cada quien lidie con sus poderes mediúmnicos como mejor le resulte.

Ah, pero eso no quita que cuando uno encuentra ciertas guías se sienta inspirado y emocionado. Por ejemplo, ayer me tocó escuchar una anécdota sobre Alice Munro que me encantó: que había una cena de gala, de esas benéficas, y que uno de los asistentes le dijo a la mesera que lo atendía: «Me dijeron que la gran escritora Alice Munro es voluntaria en este evento. ¿Será aquella dama de allá, la del vestido de noche, el cabello esplendoroso, el mentón altivo?» Y que la mesera contestó, amable y sonriente: «Sí, ella debe ser». Luego la mesera terminó de levantar los platos sucios y se fue con ellos a la cocina. Y sólo después se enteró el comensal de que la famosa escritora, que sí era voluntaria, era precisamente aquella mesera que le recogió los platos.

Me gusta esa historia más que todas las historias que me cuentan de escritores ácidos, listos para humillar al pobre mortal que no supo reconocerlos o todas las otras historias de bullying de escritores a sus lectores.

Alguien me dijo que no me confunda: que Munro podía portarse así porque vivió otra época, una era anterior a las redes sociales. Que en la edad de la hiperinformación hay que cacarear el huevo, tomarle foto y subirla a instagram, compartir en youtube el video de cómo lo hicimos tortilla española, pagar un anuncio en facebook para «promover» el comentario de un amigo nuestro sobre qué buen huevo y qué rica tortilla y que luego hay que retuitear cada vez que alguien comparta la foto, el video o el comentario. Yo respondí que seguro habrá a quien eso le funcione, pero que a mí me abruma. Tampoco digo que hay que tirar a la basura el huevo, que conste. Pero ¿no se podría que nomás le compartiera la noticia del huevo a mis amigos para alegrarme con ellos, que si pongo el huevo en venta avise, sí, por si alguien quiere comprarlo, pero que luego pase a otra cosa, por ejemplo a preparar mi siguiente huevo?

No sé, pues. Pero justo hoy en la mañana acabo de recordar un texto buenísimo de Ephraim Kishon acerca de la postura de los escritores ante la actitud de los lectores. Y como está divertidísimo y no lo encontré en la red, lo transcribí para compartirlo acá. Sé que mi choro ya estuvo larguísimo y soporífero, pero de veras, échenle un ojo, no se van a arrepentir):

(Sin título, aparece como introducción a Arca de Noé, clase turista, de Ephraim Kishon)

Estoy sentado en la sala de espera de la estación ferroviaria. Mi mirada escrutradora —la mirada del escritor nato— se pasea sobre las multitudes aglomeradas a mi alrededor. Estoy particularmente interesado en un caballero sentado frente a mí, que lee el diario del día. A la verdad, sólo lo observo a él. Lo que lee es la edición del viernes donde apareció ese relato olvidable que si no me equivoco es creación de mi intelecto.
Por esta vez, experimento una curiosidad auténtica. Conozco cada línea impresa de ese ejemplar y sigo con ansiedad las maniobras que realiza con su diario el lector desconocido. Según lo que escoja en primer término, podré descubrir su nivel de educación, su opinión política y, hasta cierto punto, sus problemas biológicos. Algunas personas empiezan por las noticias, otras por las críticas de cine, otras, en fin, por los suicidios. El lector es para mí como un libro abierto. Hélo ahí: el caballero ha llegado a mi cuento. Salta a la página siguiente…
Este hombre, por ejemplo, es un idiota.
Claro que no espero que lea mi cuento; nadie puede obligarlo a hacer semejante cosa. Algunas personas han sido agraciadas con un sano sentido del humor, otras resultan ser débiles de entendederas, como ésta que tengo frente a mí. ¡No lo lea! Por favor, no necesito favores…
Tengo la penosa sensación de encontrarme en presencia de un individuo cuyas exigencias intelectuales no están por encima de las de un niño de tres años. Debe ser algún pequeño comerciante o mercachifle. Les doy mi palabra de que me inspira compasión. Ahora está hojeando el diario en sentido inverso. Derecho… derecho… hacia mi cuento. ¿Y qué con eso? ¿Ello bastará acaso para que cambie la opinión formada que tengo respecto a él? ¿Sólo porque ha consentido magnánimamente en dedicar un poco de atención a mi cuento? ¿Es así como ustedes creen conocerme? No, damas y caballeros, para mí sigue siendo el mismo tipo repulsivo que siempre ha sido. No me dejo impresionar lo más mínimo por su talento, su excelente aspecto, sus ojos inteligentes…
Naturalmente, no le guardo rencor. Al fin y al cabo, ¿qué daño me ha hecho? Se limitó a hojear con atención todo el diario para volver luego directamente a la sección más escogida del mismo. No hay nada de malo en ello. Por el contrario, revela un juicio metódico y una notable madurez ideológica.
Aunque llegado a este punto debió haberse reído ya.
En la décima o undécima línea está ese chispeante juego de palabras: allí por lo menos debió haber sonreído. Pero se limita a permanecer sentado, con su enorme cabezota calva, como si estuviese en un velorio. Un vulgar vividor. Lo único que le interesa es el dinero. ¡El dinero! ¡El dinero! ¡El dinero! ¡Repugnante! Yo no confiaría ni un centavo a sus manos peludas. ¡Vaya, ahora bosteza! Culpa de estos sujetos padecemos una inflación desenfrenada. Y las autoridades no mueven un dedo. Lindo estado, digo yo.

¡Se sonrió!
¡No me cabe la menor duda de que se sonrió! Vi claramente cómo se estremecía la comisura izquierda de sus labios. Es obvio que estos aristócratas son verdaderos expertos cuando se trata de ocultar sus auténticos sentimientos. Tiene un maravilloso dominio de sí mismo. Pero finalmente incluso él debió rendirse a la seducción del buen humorismo. Cada uno de sus movimientos destila dignidad y nobleza. Sabe tanto. ¡Es fabuloso lo que sabe!
Aunque pensándolo mejor, me parece que no se sonrió nada, sino que se limitó a hurgarse los dientes amarillos con sus dedos manchados de nicotina. ¡Santo cielo, qué pedazo de bestia! ¡Un carnicero! Sí, eso es lo que es, un carnicero.
¡Tu lugar, miserable engendro, está en tu tenebrosa covacha, entre las medias reses de las que chorrea sangre inocente! Te imploro que dejes en paz el fruto de mi trabajo, que no lo contamines con tus ojos…

Eso, suponiendo que sepa leer.

¿Por qué no? ¿Y si sólo estuviese simulando leer? Acaso no sea ésta más que una pantalla para disimular el crimen escalofriante que se dispone a cometer. Un tipo de tal especie es capaz de cualquier cosa. Fíjense en sus ojos. Hay algo siniestro en ellos. Su nariz… un pico de buitre. Sus orejas reflejan crueldad. Su cuerpo fofo y rechoncho está podrido hasta la médula. Y ahora que lo pienso mejor, ¿qué estará haciendo en una estación de ferrocarril? ¿Qué estará tramando su cerebro morboso? ¿Será acaso… un espía? Es muy posible. Cualquiera que sea capaz de leer mi cuento, el cuento que yo he escrito, son semblante tan lúgubre… ¡no es judío! ¡Te has disfrazado muy bien, muchacho, pero no podrás engañar a mi instinto! Debo presentar la denuncia a la policía: un sujeto sospechoso está rondando por la estación y no se divierte con mis cuentos; por favor, envíen en seguida un auto patrullero…

¡Epa, se está riendo!
Está siendo literalmente sacudido por las carcajadas. Lo más probable es que hasta ahora no haya concentrado bastante sus pensamientos. Al fin y al cabo también él es humano, ¿no es cierto? Quizá se trata de un profesor distraído, con la cabeza llena de ideas sobre cuestiones nucleares. Aunque, para ser sinceros, su aspecto no es el de un profesor. Me recuerda más a un Juez de la Corte Suprema, o a un almirante, o a alguna otra cosa.
Pero sea lo que fuere, cualquiera que pueda reírse con semejante entusiasmo al leer un cuento tan excelente es un honesto ciudadano, que Dios lo bendiga. Sólo ahora comprendo hasta qué punto pueden ser engañosas las primeras impresiones. ¿Dónde es posible hallar en nuestros días unas facciones de corte clásico como las suyas? Ojos perspicaces, plenos de generosidad y comprensión. Sus dientes inmaculados resplandecen a la luz del sol. Es un poeta. Ser humanitario de corazón ardiente, bienhechor, lector mío, me gustaría besar su frente singularmente ampliar. Quiero a este hombre. Me encanta su risa perlada. Porque es una personalidad. Dicho del país que tiene hijos como él y como yo. Estimado caballero, permitir que os llame Padre…

Se acaba enero

Estaba la Raquelita muy mona en su compu cuando de repente le cayó el veinte: hoy se acaba enero. Quién sabe por qué falla cerebral la Rax pensaba que todavía quedaba como una semana o dos de este mes y la noticia le cayó tan de peso que véanla, hablando en tercera persona. Oso mil. Pero ahorita lo arreglamos y seguirá la nota como se debe:

*ruido de maquinaria que se reinicia, tuercas que chocan, entrada de windows 2.1*

Pues eso, que el fin de mes me cayó de sorpresa porque yo pensaba que todavía quedaba un montonal de días antes de pasar a febrero. Pero pues no, se nos termina enero y, con él, el experimiento de tratar de publicar diario acá en el blog. No cumplí la meta al 100: faltaron dos días. Mi pretexto (o razón o motivo, no sé) es que la última semana he estado primero enferma, luego triste y siempre desorientada (al punto de creer que todavía le quedaba una semana al mes). Pero creo que dos faltas en 31 días no está mal, así que en mis registros personales aparecerá como «prueba superada». Ahora tengo de aquí a mañana para decidir cuál será el quebradero de cabeza para febrero. Mientras, diré que publicar diario en el blog no es una empresa satisfactoria, así que no creo mantener el hábito. Acaso, procuraré publicar una o dos veces a la semana -creo que con eso será suficiente para tratar de mantener la costumbre sin agotarme o hartar a los hipotéticos lectores.

Pues eso. Y para cerrar, una foto de gatos, claro. Es Morris, el sorprendente gato escuadra.

gato escuadra