Algún tiempo después…

Esta es la primera nota en este sitio en un buen rato, pero ahora tengo la intención de publicar más aquí. No en abundancia, pero sí con un poquito más de frecuencia, para compartirles alguna que otra cosilla.

Por ejemplo, este video, que se me había pasado publicar, y en el que Alberto y yo hablamos de nuestros libros más queridos. ¿Cuáles son los de ustedes? ¿Qué historias los han acompañado durante más tiempo?

La foto no me hace la más feliz, pero yo sé que ustedes me quieren como soy. ;)

Gracias a José Ramón Calvo, Marina Taibo y todos nuestros amigos de la Brigada para Leer en Libertad.

También les cuento que seguimos con el canal de nuestros propios videos y que algunos de ellos están ya disponibles en formato de podcast (los pueden hallar en los podcasts de Apple). ¿Nos acompañan en ese proyecto?

Un año nuevo diferente (#Escritura 2018)

Por cuestiones de trabajo, estoy revisando las efemérides en Wikipedia y me encontré con que mañana es el Año Nuevo de los bereberes, un grupo de etnias del norte de África. «Bereber» viene de la adaptación árabe del término griego «bárbaros» así que, como ustedes imaginarán, no es como se llaman ellos a sí mismos. En su idioma, el gentilicio es amazigh (en singular) e imazighen (plural), que significa más o menos «hombres libres». La cosa es que como su cultura era de transmisión oral, lo que se sabe de ellos es gracias a los registros de otros pueblos (como los griegos -que los llamaban «libios»-, romanos y fenicios) y no tanto desde su propia visión del mundo. El simple hecho de que alguien te diga «bárbaro» cuando tú te autonombras «persona libre» dice muchísimo, ¿no creen?

Bueno, la cosa es así: mañana, 12 de enero, se celebra el Yennayer, o año nuevo bereber. Pueden buscar en wikipedia los detalles sobre la fiesta (está súper interesante) pero, en resumen, pasa que, al establecer su calendario (hace bien poquis, en 1980) eligieron como fecha de inicio de su cronología el año 980 antes de la era común, porque fue cuando el rey bereber Sheshonq accedió al trono como Faraón de Egipto y fundó una dinastía. Este rey incluso aparece en la biblia judía (y cristiana, pues), con lo que se vuelve el primer bereber mencionado en forma escrita.

Y eso nos lleva al ejercicio que quiero proponer:

1. Reflexionar en cómo cambia una narración dependiendo del punto de vista que elegimos para contarla. Así como para la biblia es un dato apenas poco más que trivial todo lo de Sheshonq y para los bereberes es el inicio mismo de su historia, ¿qué hecho podría ser totalmente trivial para un personaje y absolutamente relevante para otro?
2. A partir de esa reflexión, escribir esa historia, contada primero desde la visión del personaje para el que el hecho es intrascendente y luego contada desde el otro. No es necesario que sean en primera persona (puede ser un narrador omnisciente, pues) pero sí que los detalles en los que se fijan y las maneras en que cada uno percibe su alrededor debe ser consecuente.

(Y bueno, si quieren, podemos festejar el Yennayer, ¡claro!)

Una foto del siglo pasado

No sé si les he contado, pero una de las grandes felicidades de mi vida es que sigo manteniendo una relación bien bonis con mis amigas de la secundaria (donde «de la secundaria» es un decir, porque algunas son mis amigas desde la primaria y otras, ¡desde el kinder!). Y bueno, mi amiga Heis nos mandó al grupito de whatsapp (sí, tenemos un grupito de whatsapp) una foto de sus XV años.

Uff.

La de recuerdos que me generó la fotito, caray.

(Sí, se las voy a compartir, pero luego de echar mi choro. Y espero que el morbo no les gane y primero lean mi choro y luego vean la foto).

Ahí tienen que aparecemos Lupita, Maribel y yo, en el chisme total. Lupita, aunque está como de ladito, tiene clarísima una expresión que conserva a la fecha: inclinada ligeramente hacia adelante, con el índice levantadito, a punto de hacer una observación. Casi me atrevo a pensar que es una confidencia o, probablemente, un comentario ingenioso sobre la apariencia de alguien, quizá de alguna persona en la pista de baile. Maribel, junto a ella, está como camino a una sonrisa. Yo, con el vaso en la mano, como a la fecha acostumbro (je). Muy probablemente era refresco, como ya no acostumbro (osh, malpensados: es de que ahora tomo agua mineraltz). Estoy inclinada hacia ellas como para no perderme del chisme, pero miro hacia donde discretamente señala Lupita, así que sí: probablemente estamos apreciando el desempeño o atuedo de alguien en la pista, jeje. Por cierto, mi expresión es idéntica a la que ponía mi mamá a la hora de las maledicencias, qué bárbara.

A mi lado está Eréndira, a quien hace mil años no veo. Me caía muy bien aunque me intimidaba un poco: era explosiva, extrovertida, malhabladísima y con novio (todo lo contrario a mí, jajaja. Imagínense que empecé a usar malas palabras hasta la universidad, ¡demoños!). En la foto se ve como perdida en sus pensamientos, pero con la expresión firme, decidida, que le recuerdo. Por cierto, me encantaba su cabello.

Junto a Eréndira está Jessica con cara de aburrida. Bonita como ella sola, justo como la recuerdo, aunque lo de verla aburrida -¡y en una fiesta!- sí me sorprende. También que esté al otro extremo de donde está Lupita, porque normalmente estaban juntas. En una reunión normal, el acomodo habría sido: Jessica – Lupita – Maribel – Yo – Heidi – Eréndira, creo. O no: en un acomodo normal seríamos una bolita y no una línea.

Vuelvo a mí (ash, egocéntrica que es una). O, mejor dicho, a mi vestido. No había pensado en él en años pero al verlo me acuerdo perfecto: pocos meses antes de la fiesta, mi mamá había ido, por trabajo, a Chetumal. Que yo recuerde, fue la primera o segunda vez que salió de viaje sin nosotros. Y me acuerdo que, de regalo, me trajo esa tela a rayas azul con negro. Era como satinada. «Para hacerte un vestido de noche», dijo. «Yo no salgo de noche», debo haber respondido. A mí me gustaba más la tela que trajo para ella misma, una pieza de georgette en tonos morados. Súper quiut. «Ah, pero ya vienen los quince años de tus amigas», dijo mi mamá. «Okei cool», dije yo en tono de Batman Lego (mentira vil, pero seguro dije algo por el estilo). Y pos mandó a hacer el vestido, que es ese de la foto y que yo aluciné de inmediato porque sentía que era demasiado vistoso y notorio y qué oso porque yo quería que nadie me volteara a ver nunca, ¿me escuchan?, NUNCAAAAAA.

(Está bonito el vestido. Bien de la época, jejeje, pero bonito. Mi mamá tenía buen gusto y una cultura de la modistería que yo no heredé, pero que envidio).

Y que llego a la fiesta con el chingado vestido.

Y que veo a la quinceañera… ¡de jeans!

Me quería morir, claro.

O eso recordaba yo. Que me la había pasado incómoda y fuera de lugar y sacada de onda.

Pero en la foto me veo a gusto y divertida, con mis amigas. Así que quizá mis recuerdos estaban desbalanceados, uy. Además, ahora recuerdo que hasta bailé. Con mis amigas (Jessica era la que nos sacaba a bailar, recuerdo, y nos animaba a que no estuviéramos aplatanadas; por eso me extraña que en la foto sea ella la que se ve aburrida) y ¡con el maestro de biología! (con razón, cada vez que escucho el «Rap de mi Bella Genio» -el original en inglés de Dimples D, no el de Memo Ríos- me acuerdo del Chinchulín (como le decíamos, de cariño, al maestro César).

Heidi cumplió quince años el 26 de junio de 1991 Imagino que su fiesta fue el 29, sábado. Yo tuve mi festejo alrededor del 13 de agosto , probablemente el 17, sábado también (el 10 seguro que no, porque ese día fui al teatro con un grupo de la Escuela Bíblica de Vacaciones. Lo recuerdo perfeeeecto porque fue el día que empecé a andar con mi primer novio). Mi mamá murió el 25 de noviembre de ese mismo año. No sé qué habrá pasado con el vestido: estoy casi segura de que nunca lo volví a usar. Pero a mis amigas Heidi, Lupita, Maribel y Jessica las sigo teniendo cerca, familiares y cercanas y admirables y sorprendentes (en serio: pese al tiempo que llevamos de conocernos, todavía dicen y hacen cosas que me sorprenden).

Y bueno, como les prometí, he aquí el video de Dimples D:

Jajajaja. ¿Qué dijeron? ¿Que mi memoria, como mi vieja mula, ya no es lo que era? Pues sí pero pues no. Acá va la foto. Nomás no se rían de mis anteojos, porque de eso hablaré en otra ocasión :)

 

 

 

Otra FIL

 

Como en 2016, este año tuve chance de ir a la FIL casi completa y de escribir sobre una de mis pasiones en el suplemento FILIAS, de Milenio (¡No! ¡No escribí sobre gatos ni sobre CandyCrush!). Por supuesto, estoy que no me la acabo de felicidad (eso de que confíen en ti es rebonito) y fue una experiencia muy intensa (eso de escribir un artículo diario…). Me sentí más hábil que Pistachón ZigZag, se los juro :P

La onda de la columna, que se llama «Cosas de niños» es hablar de las cosas de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) que podían encontrarse en la FIL Guadalajara. Por supuesto, me faltó mencionar un montón de cosas (por falta de tiempo o espacio) pero eso también es bueno:así queda la semillita para la siguiente vez.

Y bueno, acá les dejo las ligas a los textos, por si quieren echarles un ojito ;)

Sigue leyendo Otra FIL

No te enojes con la gente bienintencionada

Antier, 19 de septiembre de 2017, hubo un temblor muy fuerte en México. Afectó a la capital y a varios estados vecinos. Hemos visto mucha solidaridad por parte de la gente pero también hay, obviamente, desazón y reacciones violentas. Pensando en ello publiqué esto en mi pared de Facebook hoy en la mañana; pero como ese medio tiene sus restricciones y su temporalidad, lo pongo también acá.

Equipos de rescate y voluntarios buscan supervivientes entre los escombros. (fuente)
Equipos de rescate y voluntarios buscan supervivientes entre los escombros. (fuente)

No te enojes con la gente bienintencionada

Me ha tocado ver muchos posts enojados. Con el ejército, que no permite que los rescatistas aficionados armen caos. Con los rescatistas aficionados que arman caos. Con los conductores de auto, que contribuyen al tráfico. Con los que siguen haciendo sándwiches cuando ya no hace falta comida. Con los reporteros que se equivocan. Con los tuiteros que dan información «vieja». Con los que corrigen a los que dan la información vieja. Con los que se preocupan por las mascotas. Con los que no se preocupan por las mascotas….

Amigues:
Tiene largo tiempo que somos una sociedad enojada. Y el enojo es una fase del duelo, así que es probable que en estos días nos sintamos más irritados al ver que algunas personas, en su afán por ayudar, hacen cosas de un modo distinto al nuestro. A lo mejor algunas de esas cosas están mal, sí. Pero quizá nos serviría tratar de meter el freno de mano a nuestro enojo y pensar si no lo harán pensando que está bien o si estarán tan desorientados, asustados y confundidos (como nosotros) que toman decisiones de pobre juicio.

Si nos da la ira, peguémosle a la almohada. Pero tratemos de no derramarla en nuestros posts. Señalemos con amabilidad los errores. Evitemos las discusiones estériles. Refrenemos la gana de insultar. Ese «imbécil» que sale a las calles podría estar buscando a un familiar desaparecido. Esa «inútil» que da información vieja podría pensar que es actual y que es su única manera de contribuir. El «esnob» que corrije un dato podría tener una fuente más fidedigna.

No nos ataquemos entre nosotros. No llenemos de (más) odio las redes sociales. Pensemos que si le gritamos a alguien una mentada en la calle, es molesto, cada quien se va por su lado y la mentada se la lleva el viento. En las redes, la mentada se queda. Hiere. Lastima. Ofende.

Y lo que necesitamos es sanar.

Les mando abrazos a todas las personas que se sienten enojadas a ratos (largos o cortos). Yo me siento igual. Pero, en serio, lo que necesitamos es sanar.

Estrenando

beso en tu futuro collage

 

Ayer fue la primera presentación de mi nueva novela, Un beso en tu futuro. El libro está recién salidito de la imprenta, apenas empieza a llegar a librerías y yo sigo en la fase wow, no me lo creo. Aunque, para serles bien sincera, estoy en esa fase desde 2012, cuando Ojos llenos de sombra ganó el Gran Angular, porque cada vez que empiezo a asimilar las cosas buenas que me ocurren, pasa una nueva que me hace volver a decir wow.

Por ejemplo, la presentación de ayer, que fue en una escuela en el oriente de la ciudad.

Salí con tiempo, acompañada por Alberto y nuestro amigo José Luis Zárate; pero nuestro GPS se volvió loco y, en vez de llevarnos a la escuela, nos dirigió a un panteón. La calle tenía el evocador nombre de Fuego fatuo y, por suerte, estaba a diez minutos de la escuela, así que no llegamos tan tarde (y tuvimos ocasión de inventar algunas historias que, pienso yo, deberían ser escritas). Lo malo es que llegamos derrapando, directo a la charla.

Como cada vez que me toca participar en una presentación, conferencia o similar, estaba muy nerviosa. Hay un momento en el que siento una punzada en la panza y mi síndrome de la impostora me susurra al oído a ver qué babosadas sueltas esta vez; pero ya aprendí a no hacerle demasiado caso. Hablé de mi paradoja: escribo porque hablar me pone nerviosa, pero luego me invitan a hablar de lo que escribo. Hablé de mis novelas anteriores y las preocupaciones que me hacían retorcerme con cada una, y cómo, pese a eso, todas me han hecho sentir muy satisfecha. Hablé del chico que me gustaba cuando tenía doce años y cómo odiaba que, siendo mi mejor amigo, me contara de las niñas que le gustaban. Hablé de cómo esa anécdota fue la semilla de Un beso en tu futuro, y de cómo convierto en ficción esas semillitas de realidad. Es decir, hablé un montón.

Y entonces siguió la parte chida: habló la muchachada. Desde la primera pregunta me cayeron rebién: ¿qué consejos nos das a los que queremos escribir? Buenísimo cuando, estando en secundaria, quieren escribir y están dispuestos a escuchar consejos. Yo no era así y perdí mucho tiempo, la verdad.

Luego me preguntaron sobre la manera en que me ha cambiado el hecho de publicar lo que escribo (ájale: buen momento para hablar de la responsabilidad que estoy convencida que tenemos al comunicarnos con otros) y cómo combato yo el bloqueo. Al final, una chica me preguntó qué había pasado con aquel muchachillo que había sido mi mejor amigo y crush entre los doce y los quince años.

Mi intención era contarle, muy casual y chacotera –así como soy, ja–, que finalmente él se había dado cuenta de mi simpatía y particular encanto y que, un par de meses después, se dio cuenta también de mi neurosis y obsesividad; pero me ganó la emoción y sólo pude responder: bueno, pues fue mi primer novio.

No sé explicarles por qué, pero fue un momento muy especial y mejor ya no hice bromas ni añadí nada de lo que se me había ocurrido en el momento (por ejemplo, que a la fecha nos vemos poco pero nos queremos mucho y que no va uno a comparar tres años de crush y dos meses de novios con veinticinco años de amistad).

Y bueno, luego de eso, la gran sorpresa: varios de los asistentes ¡compraron el libro! Esto no es poca cosa, banda: uno a la secundaria no lleva dinero como para tirar al cielo, así que separar del fondo de emergencia, o pedir prestado, o usar los ahorros… para comprar un libro es una chingonería, con perdón.

Así las cosas. Por supuesto, salí feliz, feliz, feliz. O sea: ¿saben lo que vale que alguien aprecie tus consejos? Seguro que muchísimo más que el mejor de los consejos, ¿no? ¿Cuánto vale que te escuchen con atención, que dediquen un rato de su tiempo a lo que uno tiene que decir, que se rían de los chistes –algunos francamente malones– que uno pueda hacer?

¿Se dan cuenta de mi gran trampa? Me invitan a una escuela a dar una charla y la que recibe un montonal de cosas ¡soy yo!

Y apenas es la primera presentación del libro. Ya les iré contando qué más pasa.

beso en tu futuro 1

Ah, y aprovechando: los invito a leer el libro. No es por nada, pero yo me divertí mucho escribiéndolo y otro tanto corrigiéndolo, así que no sé decirles si es o no bueno, pero les garantizo que le invertí todo el seso y el corazón y que no escatimé recursos en dejarlo lo más chulo posible (y otro tanto hicieron en la editorial, qué bárbaros).

Escritura 2017: Dos ejercicios

sentidos

Afinar los sentidos: dos ejercicios

 

Se dice que vivimos en una era obsesionada con lo visual: lo que percibimos a través de la vista parece ser más importante que lo que escuchamos, olemos, tocamos o paladeamos. Y eso, queridos míos, es un gran desperdicio, al menos desde el punto de vista escritural. Porque nuestros sentidos pueden hacernos evocar diferentes vivencias, lo que se puede traducir en distintas aproximaciones a una historia.

Pensando en ello, propongo estos ejercicios:

 

Tiempo para los sentidos

  1. Necesitas un espacio tranquilo, donde puedes concentrarte un rato sin interrupciones y sin peligro de que te atropellen, asalten, coma un oso, etc. Mi sugerencia es que, al menos las primeras veces, busques un lugar más o menos tranquilo, pero no es indispensable.
  2. Ponte de pie. Cierra los ojos.
  3. Ahora… escucha. Escucha todo lo que suena a tu alrededor. Pon atención. Enlista lo que escuchas. Trata de escuchar qué hay arriba, qué hay abajo, que suena a tu derecha, a tu izquierda, atrás…
  4. Concéntrate en lo que sientes: el roce de tu ropa, del aire, el sol sobre tu piel o el viento helado. Las plantillas de los zapatos, el nacimiento de tu cabello, ¿la sangre fluyendo? Estírate y siente tus músculos. Relájalos. Pasa tus manos sobre tu piel, sobre tu ropa, sobre la pared o el piso.
  5. Ahora céntrate en los olores. ¿A qué huele a tu alrededor? Separa las hebras de diversos olores y trata de distinguirlos por separado.
  6. Pasa de esos olores a los sabores. Una opción para empezar es inhalar con la boca abierta: ¿a qué saben los olores que te llegan? Luego, paladea el propio sabor de tu boca (una versión un poco más elaborada es que tengas contigo muestras con diversos sabores).
  7. Abre los ojos, despacio. Y mira con atención lo que hay a tu alrededor. Fíjate en las formas, en los colores, las texturas. Enfoca lo que está cerca, lo que está lejos, lo que está frente a tu nariz.
  8. Ahora busca donde sentarte y anota todo lo que recuerdes de lo que acabas de percibir, junto con las sensaciones subjetivas: lo que te gustó, lo que te sorprendió, lo que te disgustó, etc.

 

 

Los sentidos y sus recuerdos

 

  1. Elige uno de los sentidos y piensa en algo que lo estimule. De ser posible, no sólo lo evoques: si puedes exponerte al estímulo real, funciona mucho mejor (por ejemplo, si vas a entrarle al sentido del tacto pensando en qué se sentía traer un suéter de lana impuesto por la abuela, una opción es solo recordar, pero una mejor es conseguir una prenda de lana y ponértela, o al menos acariciarla un rato).
  2. A partir de eso, deja que fluyan los recuerdos.
  3. Escribe una breve narración a partir de esos recuerdos.

 

Aquí un ejemplo que hice yo a partir del sentido del olfato:

 

Era morra. Terminó mi primer noviazgo serio y, aunque los días y las semanas pasaban, de tanto en tanto me sorprendía el olor de mi ex, flotando a mi alrededor. Debo decir que era un olor muy grato, sí; pero no ayudaba nadita a que superara el rompimiento y, sobre todo, la ausencia. Eso de que alguien se vuelve parte de T O D O y luego T O D O tiene una especie de vacío, de silencio helado, es más pinche cuando un aroma llega de pronto a reafirmarlo.
Pasó el tiempo, cambié algunos hábitos, y un día, años después, encontré en mi peinador una botella casi vacía del perfume que me encantaba usar a los quince. Al ponerme un poco, me envolvió aquel aroma que yo asociaba con el ex. ¡Ah, Raquelita! ¡El olor aquel no era el del ex y no te estaba acechando por embrujo o juego de tu mente!
Sí: era MI olor, y en algún momento yo lo había asociado con él, como quien le cede lo mejor de su propia personalidad a la persona que se fue.
Así que me compré una nueva botella y me dediqué un buen rato a recolonizar el aroma: a asociarlo con nuevas vivencias. Conmigo.
(Se los cuento porque el último mes me dio por usar otro perfume que encontré en mi peinador, pero esta vez se trata de la penúltima botella que queda del que usaba mi mamá. Y, como bien saben los amantes de las magdalenas y los tiempos perdidos, los aromas pueden ser causa de evocaciones bien interesantes…. pero eso se los platicaré en otra ocasión).

Si se animan a hacer sus ejercicios, cuéntenme en los comentarios cómo les fue ;)

Una invitación: Escritura 2017

escritura2017

Tenía un buen rato sin publicar nada por acá, pero ya va siendo tiempo de revivir el sitio. Y me parece lindo hacerlo con esta invitación a un pequeño proyecto: Alberto, mi esposo, y yo lo hemos llamado #Escritura2017, y se trata… pues, de eso. Comprometernos a escribir durante el año hasta completar el primer borrador de un proyecto, del tipo que sea. Puede ser un libro, un texto suelto, una colección de textos breves. Como nuestra especialidad es la escritura de narrativa (cuento, novela, etcétera) nos concentraremos en ella, pero cualquier tipo de escritura se vale.

Cualquier persona interesada puede participar. La etiqueta (hashtag) #Escritura2017 se puede usar para publicar notas sobre su trabajo, compartir sus progresos o pedir ayuda a otros. Durante todo el año, nosotros publicaremos ejercicios, sugerencias y enlaces a recursos útiles en este sitio y en el de Alberto. Además, cada mes haremos una transmisión en Periscope para conversar con quienes estén trabajando en sus proyectos. No será un taller, porque no sería posible leer en vivo el trabajo de todo el mundo, pero un espacio para intercambiar ideas y crear una red de apoyo.

Hay proyectos semejantes, como el llamado NaNoWriMo (National Novel Writing Month, o Mes Nacional de Escritura de Novela, que es una idea de una comunidad virtual de los Estados Unidos). En este caso el objetivo no es completar una novela en un tiempo fijo sino mantener la disciplina de la escritura tanto tiempo como sea posible.

Loinvitamos.

 

Aquí pueden ver el video de nuestra presentación original del proyecto:

Y aquí nuestra primera lista de sugerencias, para definir un proyecto de escritura narrativa.

 

  1. Establecer (y apartar) el tiempo con el que se va a contar. Lo importante no es la cuota sino la CONSTANCIA. Y se debe ser realista con las posibilidades que se tienen.
  2. Establecer una primera idea de la extensión del trabajo. Puede ser novela o libro de cuentos o novela corta. Y es posible cambiar de opinión, pero dependiendo de las necesidades del texto, que sólo se verán a medida que se vaya escribiendo.
  3. Establecer una primera idea de la forma del trabajo. Una novela no sólo es más larga que un cuento, por ejemplo, sino que propone su historia de otra manera, que puede ser más intrincada o más derivativa.
  4. Dividir el año de escritura en etapas y plantearse metas. Metas realizables.
  5. Empezar la “preproducción” tan pronto sea posible. Pero no dejar que esa preproducción consuma el tiempo de escritura.

 

Hay muchos manuales de escritura que les pueden ser de utilidad, y aquí dejamos la referencia a uno que escribió Alberto y que puede descargarse gratuitamente.

Las personas que nunca hayan escrito narrativa pueden hacer primero los ocho ejercicios fundamentales del manual, que están aquí: https://t.co/uMJDPSjcjb

Dammit, Janet!

El Show de Terror de Rocky empieza asì: Janet y Brad van a una fiesta y, poco después, quedan varados en un camino desierto, en una noche oscura y tormentosa. Brad y Janet se bajan para pedir ayuda en un castillo y ¡madres! empieza la locura.

rocky locura

Anoche, Alberto y yo tuvimos nuestra propia versión de eso: de regreso de un compromiso ineludible (yo, comenzando a enfermare de gripe; Alberto, más o menos saliendo de una bronquitis), nos quedamos varados en la carretera. No era un camino solitario, pero como si lo fuera: sólo una vez se detuvo un vehìculo para ofrecernos ayuda -y les dijimos que no, gracias, pero ahora llego a eso.

Eran casi las ocho de la noche. El auto decidió no funcionar más y, solo por suerte o buena onda del universo o alguna cosa así, logramos llegar a la entrada de un camino de terracería en el que nos pudimos hacer a un lado para no estorbar al flujo vehicular. Ya deteniditos, abrimos el cofre y…

–¿Le notas algo raro? –preguntó Alberto.
–No veo una rata decapitada, lo que ya es ganancia –dije yo, recordando la última vez que habíamos abierto el cofre (*). Tampoco es que sepamos mucho de coches.

Shop-For-Classic-Car-Auto-Parts

Nos regresamos al auto e hice lo que toda persona adulta, madura y bien ajustada hace en un caso así: le llamé a mi papá (**). Le pregunté a mi papá si era buena idea llamar al servicio de asistencia vial que pago mes con mes, me dijo que sí.
Así que llamó Alberto al servicio en cuestión y prometieron mandar una grúa en diez minutos.

A los diez minutos…. no, no llegó la grúa. Llamaron para avisar que la grúa tardaría entre 45 y 60 minutos más. Nos pidieron datos precisos de nuestra ubicación.
–Estamos aquí, esquina con acá. O sea, sepa dónde. O sea, esto no aparece en nuestro mapa de google. Pero vamos de A hacia B y ya pasamos por TalLugar.
–Con eso los encontraremos, somos súper chipocludos. ¡Esperen un poco! –nos dijo el operador (***) y colgó.

rocky horror lluvia

Una hora más tarde…
Estaba muy oscuro.
Hacía mucho frío.
Llovía a madres.
Si abríamos el vidrio del auto nos congelábamos, si lo cerrábamos se empañaba todo.
Temíamos que se acabara la batería.
Yo, que no tolero muy bien la inectividad, comencé a golpearme la frente contra el volante (****).

–Podemos pedir un uber y te vas a la casa –sugirió Alberto.
–¿Cómo crees? De aquí sólo nos iremos juntos.
–Puedo ir a pie al puente peatonal que pasamos hace media hora y cruzar y caminar para ir a la gasolinera y comprarte algo…
–¡Nooooo!
Me daba miedo que una nave extraterrestre se lo robara, la verdad. (*****)

skeleton-in-car

Así que tras varias llamadas y una hora más, al fin llegó el de la grúa, que nos buscaba del otro lado de la carretera porque Chipocludo NO ENTENDIÓ dónde estábamos y le dio mal los datos. En el ínter llegó el vehículo que nos ofreció ayuda (*6): una patrulla municipal. Pero como creìamos que ya merito llegaba la grúa les dijimos que todo bien y se jueron.

Total que llegó la grúa, trepamos el auto a la grúa, nos trepamos nosotros a la cabina de la grúa (junto con el chofer y su copilota) y dos horas más tarde, o quizá tres (perdí la cuenta) llegamos a casa de mi papá. Cansados. Hambrientos. Adoloridos. Ateridos.
Pero en realidad no nos fue tan mal. Si lo piensan, ni siquiera es una historia emocionante. A lo mejor habría sido distinta si nos hubiéramos ido a buscar un castillo desde dónde llamar a la grúa, pero nuestros celulares tenían batería y señal. Ni modos. Así es como la tecnología arruina una buena historia de terror, pero no me quejo (*7)

RockyHorror-large

* Esto es una exageración para darle sabor a la narración. Favor de no venir a decirme que la culpa es mía por no abrir nunca el cofre, osh.

** Esto quizá no sea una exageración, en el sentido de que quizá efectivamente lo hice. Pero sé que no toda la gente recurre a mi papá cuando tiene un problema con el auto, no hace falta que me lo aclaren, osh osh.

*** Quizá no usó esas palabras, pero sí dijo que con esos datosa nos encontrarían. Osh osh osh.

**** De nuevo exagero un ppquito. Ningún volante resultó lastimado. Oshx4

***** Una nave, un narco, un policía, un tráiler. Hay muchos peligros en la carretera. Y no quería que se expusiera al frío, así enfermito. Y no me quería quedar solita. Cinco oshes.

*6 La ayuda nos la ofrecieron los tripulantes del vehìculo, por supuesto. ¡No sean puristas, muchachos! Muchos oshes.

*7. Aunque sí me hubiera gustado bailar el baile del sapo, osh al infinito.

RockyHorrorPictureShow timewarp

Señoras que…

1. Desde hace algunos años existe la moda en las redes sociales. Se trata de ridiculizar o denunciar alguna actitud que cae gorda. Pero el modo de hacerlo es comenzar diciendo «señoras que hacen tal» o «señores que hacen cual». «Señora» o «señor» ahí no es respeto, es insulto.

2. Aparecen de tanto en tanto fotos de «antes» y «después» de actrices, cantantas y hasta políticas. Que si eran bellísimas y ahora son monstruosas por las operaciones y el botox. «Se arruinaron la jeta», dice alguien en un comentario bajo una de las fotos. «¿Por qué no pueden envejecer con dignidad?».

3. Pero también vemos de tanto en tanto fotos de actrices, cantantas y hasta políticas que se dejan las arrugas en su sitio. O las canas. O las arrugas y las canas. Y no falta el que dice «tan guapa que era antes, ¿qué le pasó?».

3.1 ¿Qué le pasó? Que envejeció. Como todos. Que hasta el que se lava la cara con evian y duerme en un refri, tarde que temprano pierde la batalla contra la entropía y, sorry, envejece.

3.1.1 O quizá no debería decir «el que se lava»: un hombre con arrugas está bien, un hombre con canas es sexy, un hombre «mayorcito» puede seguir siendo galán. Una mujer de la misma edad, no. Por ejemplo, las telenovelas: la que primero era pareja del galán, luego es la mamá y luego la nana. En menos de veinte años. Y en ese mismo tiempo, él tiene chance de seguir siendo «el galán».

3.1.2 Aunque tarde o temprano también ellos sucumben. Dejan de ser galanes para ser señores que.

2.1 ¿Por qué no pueden envejecer con dignidad? A lo mejor porque necesitan trabajo. O porque durante toda la vida las bombardearon con que la única fuente de valor que tenían era su apariencia física. O porque sin la piel lisita y las curvas pronunciadas no saben quiénes son. Quizá enfrentan tanta presión que ni siquiera creen tener otra opción. A lo mejor les prometieron otra cosa y, ya hecho el daño, ni modo de dejar el botox y el silicón en casa. O no salir.

2.1.1 Hay quienes preferirían que no salieran. Que la gente mayor se tarda en cruzar las calles, maneja despacio, «afea el paisaje». «Vi a unos viejitos besándose, guácala», escuché decir a una mujer de unos treinta. ¿Neto no se da cuenta de que está más cerca de los 60 que de volver a los veinte? Ojalá entonces siga amando y besando.

1.1 «Señoras que se quejan porque no entienden. Equis, somos chavos», dice una mujer de más de veinticinco. Ya no es chava, lo siento. Ya no es una morra. Es una mujer y, nada más por cómo funciona nuestro universo, está más cerca de los 60, 70, 80, que de volver a los 20, insisto. Porque el tiempo no va en la otra dirección.

1.1.1 O pensarán que cuando les toque encontrarse la primera cana o la primera arruga, la ciencia ya habrá avanzado lo suficiente como para revertir esas señales del envejecimiento «con buen gusto y dignidad». «Y a un precio accesible para todos», pienso.

3.2 ¿Por qué decimos «perder la batalla» o «sucumbir» cuando hablamos de envejecer? ¿Por qué decimos «dio el viejazo»? ¿Por qué le tenemos tanto miedo al tiempo, que tratamos de ser adolescentes hasta los cuarenta, hasta los cincuenta, hasta los mil?

3.2.1 Claro que me da miedo a veces. Veo mis fotos de hace veinte años y sé que no estoy como entonces. Y sé, nomás por ver las fotos de mis tías y mi abuela, que me arrugaré, la piel se me llenará de manchas, que tendré que poner atención para no engordar mórbidamente o para que no se me disuelvan los huesos de las piernas cuando llegue la osteoporosis. Que si no me cuido los dientes, se irán como las flores de verano; que el cabello se irá haciendo ralo y que no falta tanto para que necesite los anteojos de tiempo completo.

3.2.2 Pienso que uso tinte en el cabello porque me gusta el cabello de colores, y que uso botas altas porque me gustan las botas altas. Pienso que no tendría que renunciar a eso cuando «dé el viejazo», pero no sé.

1.1.2 Me pregunto si me metería botox o me restiraría la piel si, cuando me sienta arrugada y cansada, el precio es accesible.

2.1.2 Me gustaría pensar que llegaré a los sesenta, setenta, ochenta, con suficiente calcio en los huesos como para caminar por la calle, aunque sea despacio, y besar al hombre que amo, aunque las treintañeras piensen que guácala.

2.1.3 Sin que mi identidad dependa del hombre que amo.

4 Sobre todo, me gustaría pensar que la educación está cambiando y que seremos las últimas generaciones en sufrir estos miedos y estas presiones.

4.1 No porque el botox y el silicón sean accesibles para cualquier presupuesto, sino porque educaremos a las nuevas generaciones a pensar que la vejez es un premio para quien vivió bien.

4.2 Que, como sociedad, pensaremos que «vivir bien» no tiene que ver con la apariencia física.

1.2 Quizá lo primero que tendríamos que hacer es asumir la edad que tenemos. No como una condena, sino como una realidad.

1.2.1 Y que evitemos usar las palabras relacionadas con la edad como insultos.

5 Señoras cuarentonas que se pintan el pelo y usan botas altas y quieren seguir besando al hombre que aman hasta los noventa aunque a las adolescentes de treinta les dé asco.

5.1 Señoras que piensan que debe ser posible estar a gusto con su autoimagen sin ser esclavas de su autoimagen.

5.2 Señoras que quieren ser como las vuvalini cuando sean (más) grandes.

vuvalini