Sitio personal de Raquel Castro, escritora mexicana
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Dark Doll

   Novela. Ediciones B, México, 2014

Dark-Doll

Isabel ya está cansada de cambiar de escuela a cada rato. No es que la expulsen, sino que el trabajo de su padre los obliga a mudarse de ciudad con demasiada frecuencia. Está acostumbrada a ser la freak del salón y a que le pongan apodos ñoños (como Chilanguita Satánica) sólo porque se viste de negro y le gusta discutir por el puro gusto de discutir. A los amigos los prefiere en la red que en la vida análoga, como RoT, al que conoció en una red social a la que sube las fotos que toma con su smartphone. Un día sus padres le dicen que ahora sí podrá quedarse unos años en un mismo sitio. Eso la lleva a su ciudad de México natal y a casa… ¡de sus abuelos! Entonces la vida de Izzy da varios giros argumentales, no todos para mal.

 


 

Cómo empieza

Oí que tocaban la puerta de mi cuarto pero me hice tonta y hasta me puse a canturrear lo que salía por mis audífonos. Era una rola de Faith and the Muse que ni me va ni me viene, pero el chiste era no hacer contacto con quienquiera que estuviera tocando la puerta, y que no podía ser más que una de dos: mi papá o mi mamá. La cosa es que como toda la semana andan fuera, el finde quieren que convivamos, o sea, que estemos como muéganos viendo películas cursis o de esas aburridísimas a las que mi mamá les dice con mensaje, o haciendo quehaceres que se le ocurren a ella en el momento o que se encontró en alguna de sus revistas.

La verdad es que después de pasar toda la semana sola, estar con ellos tanto tiempo me hostiga un montón. Llega el momento en que necesito ponerme los audífonos y ponerme a escuchar mis cosas o en que de plano mataría por salirme a pasear al parque un rato. A veces puedo: les digo que necesito ir a tomar fotos, y como saben que es mi hobby, hacen tantito drama tipo Pero si es el único rato que podemos estar juntos pero luego me dejan ir, con la condición de que regrese antes de que oscurezca. ¡Como si aquí en Puebloquieto pasara algo jamás!

Pero no es sólo que me aturda que hablen y hablen y hablen… También es que me enoja, caray, porque se nota que ni cuenta se dan de nada que tenga que ver conmigo, que su preocupación es de puro dientes para afuera, como dicen por ahí. Así, pues, evito al máximo la hora del mueganismo. Ahora mismo, por ejemplo, ya habían tocado dos veces más, y yo seguía canturreando, esta vez una rola canción que en la vida había escuchado.

Le piqué al reproductor para ver qué carambas era y leí que la banda se llama Speak of Silence. “Muy a tono con lo que necesito ahorita”, pensé, y de inmediato supe de dónde  salió: es del Heavenly Voices, una compilación gótica que me pasó por la red mi amigo RoT. “Te va a gustar, cuando la escuché pensé en ti”, me puso al compartirme el disco, y yo sentí que me ponía roja. “¿En serio tienes un crush con tu amiguito cibernético?”, me pregunté yo sola, y me reí, también sola, como mensa.

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Notas, reseñas y comentarios [en construcción]

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Presentación de Dark Doll en la Feria del Libro UANLeer en Monterrey (12 de marzo de 2015)

 

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