Una foto del siglo pasado

No sé si les he contado, pero una de las grandes felicidades de mi vida es que sigo manteniendo una relación bien bonis con mis amigas de la secundaria (donde «de la secundaria» es un decir, porque algunas son mis amigas desde la primaria y otras, ¡desde el kinder!). Y bueno, mi amiga Heis nos mandó al grupito de whatsapp (sí, tenemos un grupito de whatsapp) una foto de sus XV años.

Uff.

La de recuerdos que me generó la fotito, caray.

(Sí, se las voy a compartir, pero luego de echar mi choro. Y espero que el morbo no les gane y primero lean mi choro y luego vean la foto).

Ahí tienen que aparecemos Lupita, Maribel y yo, en el chisme total. Lupita, aunque está como de ladito, tiene clarísima una expresión que conserva a la fecha: inclinada ligeramente hacia adelante, con el índice levantadito, a punto de hacer una observación. Casi me atrevo a pensar que es una confidencia o, probablemente, un comentario ingenioso sobre la apariencia de alguien, quizá de alguna persona en la pista de baile. Maribel, junto a ella, está como camino a una sonrisa. Yo, con el vaso en la mano, como a la fecha acostumbro (je). Muy probablemente era refresco, como ya no acostumbro (osh, malpensados: es de que ahora tomo agua mineraltz). Estoy inclinada hacia ellas como para no perderme del chisme, pero miro hacia donde discretamente señala Lupita, así que sí: probablemente estamos apreciando el desempeño o atuedo de alguien en la pista, jeje. Por cierto, mi expresión es idéntica a la que ponía mi mamá a la hora de las maledicencias, qué bárbara.

A mi lado está Eréndira, a quien hace mil años no veo. Me caía muy bien aunque me intimidaba un poco: era explosiva, extrovertida, malhabladísima y con novio (todo lo contrario a mí, jajaja. Imagínense que empecé a usar malas palabras hasta la universidad, ¡demoños!). En la foto se ve como perdida en sus pensamientos, pero con la expresión firme, decidida, que le recuerdo. Por cierto, me encantaba su cabello.

Junto a Eréndira está Jessica con cara de aburrida. Bonita como ella sola, justo como la recuerdo, aunque lo de verla aburrida -¡y en una fiesta!- sí me sorprende. También que esté al otro extremo de donde está Lupita, porque normalmente estaban juntas. En una reunión normal, el acomodo habría sido: Jessica – Lupita – Maribel – Yo – Heidi – Eréndira, creo. O no: en un acomodo normal seríamos una bolita y no una línea.

Vuelvo a mí (ash, egocéntrica que es una). O, mejor dicho, a mi vestido. No había pensado en él en años pero al verlo me acuerdo perfecto: pocos meses antes de la fiesta, mi mamá había ido, por trabajo, a Chetumal. Que yo recuerde, fue la primera o segunda vez que salió de viaje sin nosotros. Y me acuerdo que, de regalo, me trajo esa tela a rayas azul con negro. Era como satinada. «Para hacerte un vestido de noche», dijo. «Yo no salgo de noche», debo haber respondido. A mí me gustaba más la tela que trajo para ella misma, una pieza de georgette en tonos morados. Súper quiut. «Ah, pero ya vienen los quince años de tus amigas», dijo mi mamá. «Okei cool», dije yo en tono de Batman Lego (mentira vil, pero seguro dije algo por el estilo). Y pos mandó a hacer el vestido, que es ese de la foto y que yo aluciné de inmediato porque sentía que era demasiado vistoso y notorio y qué oso porque yo quería que nadie me volteara a ver nunca, ¿me escuchan?, NUNCAAAAAA.

(Está bonito el vestido. Bien de la época, jejeje, pero bonito. Mi mamá tenía buen gusto y una cultura de la modistería que yo no heredé, pero que envidio).

Y que llego a la fiesta con el chingado vestido.

Y que veo a la quinceañera… ¡de jeans!

Me quería morir, claro.

O eso recordaba yo. Que me la había pasado incómoda y fuera de lugar y sacada de onda.

Pero en la foto me veo a gusto y divertida, con mis amigas. Así que quizá mis recuerdos estaban desbalanceados, uy. Además, ahora recuerdo que hasta bailé. Con mis amigas (Jessica era la que nos sacaba a bailar, recuerdo, y nos animaba a que no estuviéramos aplatanadas; por eso me extraña que en la foto sea ella la que se ve aburrida) y ¡con el maestro de biología! (con razón, cada vez que escucho el «Rap de mi Bella Genio» -el original en inglés de Dimples D, no el de Memo Ríos- me acuerdo del Chinchulín (como le decíamos, de cariño, al maestro César).

Heidi cumplió quince años el 26 de junio de 1991 Imagino que su fiesta fue el 29, sábado. Yo tuve mi festejo alrededor del 13 de agosto , probablemente el 17, sábado también (el 10 seguro que no, porque ese día fui al teatro con un grupo de la Escuela Bíblica de Vacaciones. Lo recuerdo perfeeeecto porque fue el día que empecé a andar con mi primer novio). Mi mamá murió el 25 de noviembre de ese mismo año. No sé qué habrá pasado con el vestido: estoy casi segura de que nunca lo volví a usar. Pero a mis amigas Heidi, Lupita, Maribel y Jessica las sigo teniendo cerca, familiares y cercanas y admirables y sorprendentes (en serio: pese al tiempo que llevamos de conocernos, todavía dicen y hacen cosas que me sorprenden).

Y bueno, como les prometí, he aquí el video de Dimples D:

Jajajaja. ¿Qué dijeron? ¿Que mi memoria, como mi vieja mula, ya no es lo que era? Pues sí pero pues no. Acá va la foto. Nomás no se rían de mis anteojos, porque de eso hablaré en otra ocasión :)

 

 

 

No te enojes con la gente bienintencionada

Antier, 19 de septiembre de 2017, hubo un temblor muy fuerte en México. Afectó a la capital y a varios estados vecinos. Hemos visto mucha solidaridad por parte de la gente pero también hay, obviamente, desazón y reacciones violentas. Pensando en ello publiqué esto en mi pared de Facebook hoy en la mañana; pero como ese medio tiene sus restricciones y su temporalidad, lo pongo también acá.

Equipos de rescate y voluntarios buscan supervivientes entre los escombros. (fuente)
Equipos de rescate y voluntarios buscan supervivientes entre los escombros. (fuente)

No te enojes con la gente bienintencionada

Me ha tocado ver muchos posts enojados. Con el ejército, que no permite que los rescatistas aficionados armen caos. Con los rescatistas aficionados que arman caos. Con los conductores de auto, que contribuyen al tráfico. Con los que siguen haciendo sándwiches cuando ya no hace falta comida. Con los reporteros que se equivocan. Con los tuiteros que dan información «vieja». Con los que corrigen a los que dan la información vieja. Con los que se preocupan por las mascotas. Con los que no se preocupan por las mascotas….

Amigues:
Tiene largo tiempo que somos una sociedad enojada. Y el enojo es una fase del duelo, así que es probable que en estos días nos sintamos más irritados al ver que algunas personas, en su afán por ayudar, hacen cosas de un modo distinto al nuestro. A lo mejor algunas de esas cosas están mal, sí. Pero quizá nos serviría tratar de meter el freno de mano a nuestro enojo y pensar si no lo harán pensando que está bien o si estarán tan desorientados, asustados y confundidos (como nosotros) que toman decisiones de pobre juicio.

Si nos da la ira, peguémosle a la almohada. Pero tratemos de no derramarla en nuestros posts. Señalemos con amabilidad los errores. Evitemos las discusiones estériles. Refrenemos la gana de insultar. Ese «imbécil» que sale a las calles podría estar buscando a un familiar desaparecido. Esa «inútil» que da información vieja podría pensar que es actual y que es su única manera de contribuir. El «esnob» que corrije un dato podría tener una fuente más fidedigna.

No nos ataquemos entre nosotros. No llenemos de (más) odio las redes sociales. Pensemos que si le gritamos a alguien una mentada en la calle, es molesto, cada quien se va por su lado y la mentada se la lleva el viento. En las redes, la mentada se queda. Hiere. Lastima. Ofende.

Y lo que necesitamos es sanar.

Les mando abrazos a todas las personas que se sienten enojadas a ratos (largos o cortos). Yo me siento igual. Pero, en serio, lo que necesitamos es sanar.

Estrenando

beso en tu futuro collage

 

Ayer fue la primera presentación de mi nueva novela, Un beso en tu futuro. El libro está recién salidito de la imprenta, apenas empieza a llegar a librerías y yo sigo en la fase wow, no me lo creo. Aunque, para serles bien sincera, estoy en esa fase desde 2012, cuando Ojos llenos de sombra ganó el Gran Angular, porque cada vez que empiezo a asimilar las cosas buenas que me ocurren, pasa una nueva que me hace volver a decir wow.

Por ejemplo, la presentación de ayer, que fue en una escuela en el oriente de la ciudad.

Salí con tiempo, acompañada por Alberto y nuestro amigo José Luis Zárate; pero nuestro GPS se volvió loco y, en vez de llevarnos a la escuela, nos dirigió a un panteón. La calle tenía el evocador nombre de Fuego fatuo y, por suerte, estaba a diez minutos de la escuela, así que no llegamos tan tarde (y tuvimos ocasión de inventar algunas historias que, pienso yo, deberían ser escritas). Lo malo es que llegamos derrapando, directo a la charla.

Como cada vez que me toca participar en una presentación, conferencia o similar, estaba muy nerviosa. Hay un momento en el que siento una punzada en la panza y mi síndrome de la impostora me susurra al oído a ver qué babosadas sueltas esta vez; pero ya aprendí a no hacerle demasiado caso. Hablé de mi paradoja: escribo porque hablar me pone nerviosa, pero luego me invitan a hablar de lo que escribo. Hablé de mis novelas anteriores y las preocupaciones que me hacían retorcerme con cada una, y cómo, pese a eso, todas me han hecho sentir muy satisfecha. Hablé del chico que me gustaba cuando tenía doce años y cómo odiaba que, siendo mi mejor amigo, me contara de las niñas que le gustaban. Hablé de cómo esa anécdota fue la semilla de Un beso en tu futuro, y de cómo convierto en ficción esas semillitas de realidad. Es decir, hablé un montón.

Y entonces siguió la parte chida: habló la muchachada. Desde la primera pregunta me cayeron rebién: ¿qué consejos nos das a los que queremos escribir? Buenísimo cuando, estando en secundaria, quieren escribir y están dispuestos a escuchar consejos. Yo no era así y perdí mucho tiempo, la verdad.

Luego me preguntaron sobre la manera en que me ha cambiado el hecho de publicar lo que escribo (ájale: buen momento para hablar de la responsabilidad que estoy convencida que tenemos al comunicarnos con otros) y cómo combato yo el bloqueo. Al final, una chica me preguntó qué había pasado con aquel muchachillo que había sido mi mejor amigo y crush entre los doce y los quince años.

Mi intención era contarle, muy casual y chacotera –así como soy, ja–, que finalmente él se había dado cuenta de mi simpatía y particular encanto y que, un par de meses después, se dio cuenta también de mi neurosis y obsesividad; pero me ganó la emoción y sólo pude responder: bueno, pues fue mi primer novio.

No sé explicarles por qué, pero fue un momento muy especial y mejor ya no hice bromas ni añadí nada de lo que se me había ocurrido en el momento (por ejemplo, que a la fecha nos vemos poco pero nos queremos mucho y que no va uno a comparar tres años de crush y dos meses de novios con veinticinco años de amistad).

Y bueno, luego de eso, la gran sorpresa: varios de los asistentes ¡compraron el libro! Esto no es poca cosa, banda: uno a la secundaria no lleva dinero como para tirar al cielo, así que separar del fondo de emergencia, o pedir prestado, o usar los ahorros… para comprar un libro es una chingonería, con perdón.

Así las cosas. Por supuesto, salí feliz, feliz, feliz. O sea: ¿saben lo que vale que alguien aprecie tus consejos? Seguro que muchísimo más que el mejor de los consejos, ¿no? ¿Cuánto vale que te escuchen con atención, que dediquen un rato de su tiempo a lo que uno tiene que decir, que se rían de los chistes –algunos francamente malones– que uno pueda hacer?

¿Se dan cuenta de mi gran trampa? Me invitan a una escuela a dar una charla y la que recibe un montonal de cosas ¡soy yo!

Y apenas es la primera presentación del libro. Ya les iré contando qué más pasa.

beso en tu futuro 1

Ah, y aprovechando: los invito a leer el libro. No es por nada, pero yo me divertí mucho escribiéndolo y otro tanto corrigiéndolo, así que no sé decirles si es o no bueno, pero les garantizo que le invertí todo el seso y el corazón y que no escatimé recursos en dejarlo lo más chulo posible (y otro tanto hicieron en la editorial, qué bárbaros).

Escritura 2017: Dos ejercicios

sentidos

Afinar los sentidos: dos ejercicios

 

Se dice que vivimos en una era obsesionada con lo visual: lo que percibimos a través de la vista parece ser más importante que lo que escuchamos, olemos, tocamos o paladeamos. Y eso, queridos míos, es un gran desperdicio, al menos desde el punto de vista escritural. Porque nuestros sentidos pueden hacernos evocar diferentes vivencias, lo que se puede traducir en distintas aproximaciones a una historia.

Pensando en ello, propongo estos ejercicios:

 

Tiempo para los sentidos

  1. Necesitas un espacio tranquilo, donde puedes concentrarte un rato sin interrupciones y sin peligro de que te atropellen, asalten, coma un oso, etc. Mi sugerencia es que, al menos las primeras veces, busques un lugar más o menos tranquilo, pero no es indispensable.
  2. Ponte de pie. Cierra los ojos.
  3. Ahora… escucha. Escucha todo lo que suena a tu alrededor. Pon atención. Enlista lo que escuchas. Trata de escuchar qué hay arriba, qué hay abajo, que suena a tu derecha, a tu izquierda, atrás…
  4. Concéntrate en lo que sientes: el roce de tu ropa, del aire, el sol sobre tu piel o el viento helado. Las plantillas de los zapatos, el nacimiento de tu cabello, ¿la sangre fluyendo? Estírate y siente tus músculos. Relájalos. Pasa tus manos sobre tu piel, sobre tu ropa, sobre la pared o el piso.
  5. Ahora céntrate en los olores. ¿A qué huele a tu alrededor? Separa las hebras de diversos olores y trata de distinguirlos por separado.
  6. Pasa de esos olores a los sabores. Una opción para empezar es inhalar con la boca abierta: ¿a qué saben los olores que te llegan? Luego, paladea el propio sabor de tu boca (una versión un poco más elaborada es que tengas contigo muestras con diversos sabores).
  7. Abre los ojos, despacio. Y mira con atención lo que hay a tu alrededor. Fíjate en las formas, en los colores, las texturas. Enfoca lo que está cerca, lo que está lejos, lo que está frente a tu nariz.
  8. Ahora busca donde sentarte y anota todo lo que recuerdes de lo que acabas de percibir, junto con las sensaciones subjetivas: lo que te gustó, lo que te sorprendió, lo que te disgustó, etc.

 

 

Los sentidos y sus recuerdos

 

  1. Elige uno de los sentidos y piensa en algo que lo estimule. De ser posible, no sólo lo evoques: si puedes exponerte al estímulo real, funciona mucho mejor (por ejemplo, si vas a entrarle al sentido del tacto pensando en qué se sentía traer un suéter de lana impuesto por la abuela, una opción es solo recordar, pero una mejor es conseguir una prenda de lana y ponértela, o al menos acariciarla un rato).
  2. A partir de eso, deja que fluyan los recuerdos.
  3. Escribe una breve narración a partir de esos recuerdos.

 

Aquí un ejemplo que hice yo a partir del sentido del olfato:

 

Era morra. Terminó mi primer noviazgo serio y, aunque los días y las semanas pasaban, de tanto en tanto me sorprendía el olor de mi ex, flotando a mi alrededor. Debo decir que era un olor muy grato, sí; pero no ayudaba nadita a que superara el rompimiento y, sobre todo, la ausencia. Eso de que alguien se vuelve parte de T O D O y luego T O D O tiene una especie de vacío, de silencio helado, es más pinche cuando un aroma llega de pronto a reafirmarlo.
Pasó el tiempo, cambié algunos hábitos, y un día, años después, encontré en mi peinador una botella casi vacía del perfume que me encantaba usar a los quince. Al ponerme un poco, me envolvió aquel aroma que yo asociaba con el ex. ¡Ah, Raquelita! ¡El olor aquel no era el del ex y no te estaba acechando por embrujo o juego de tu mente!
Sí: era MI olor, y en algún momento yo lo había asociado con él, como quien le cede lo mejor de su propia personalidad a la persona que se fue.
Así que me compré una nueva botella y me dediqué un buen rato a recolonizar el aroma: a asociarlo con nuevas vivencias. Conmigo.
(Se los cuento porque el último mes me dio por usar otro perfume que encontré en mi peinador, pero esta vez se trata de la penúltima botella que queda del que usaba mi mamá. Y, como bien saben los amantes de las magdalenas y los tiempos perdidos, los aromas pueden ser causa de evocaciones bien interesantes…. pero eso se los platicaré en otra ocasión).

Si se animan a hacer sus ejercicios, cuéntenme en los comentarios cómo les fue ;)

Dammit, Janet!

El Show de Terror de Rocky empieza asì: Janet y Brad van a una fiesta y, poco después, quedan varados en un camino desierto, en una noche oscura y tormentosa. Brad y Janet se bajan para pedir ayuda en un castillo y ¡madres! empieza la locura.

rocky locura

Anoche, Alberto y yo tuvimos nuestra propia versión de eso: de regreso de un compromiso ineludible (yo, comenzando a enfermare de gripe; Alberto, más o menos saliendo de una bronquitis), nos quedamos varados en la carretera. No era un camino solitario, pero como si lo fuera: sólo una vez se detuvo un vehìculo para ofrecernos ayuda -y les dijimos que no, gracias, pero ahora llego a eso.

Eran casi las ocho de la noche. El auto decidió no funcionar más y, solo por suerte o buena onda del universo o alguna cosa así, logramos llegar a la entrada de un camino de terracería en el que nos pudimos hacer a un lado para no estorbar al flujo vehicular. Ya deteniditos, abrimos el cofre y…

–¿Le notas algo raro? –preguntó Alberto.
–No veo una rata decapitada, lo que ya es ganancia –dije yo, recordando la última vez que habíamos abierto el cofre (*). Tampoco es que sepamos mucho de coches.

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Nos regresamos al auto e hice lo que toda persona adulta, madura y bien ajustada hace en un caso así: le llamé a mi papá (**). Le pregunté a mi papá si era buena idea llamar al servicio de asistencia vial que pago mes con mes, me dijo que sí.
Así que llamó Alberto al servicio en cuestión y prometieron mandar una grúa en diez minutos.

A los diez minutos…. no, no llegó la grúa. Llamaron para avisar que la grúa tardaría entre 45 y 60 minutos más. Nos pidieron datos precisos de nuestra ubicación.
–Estamos aquí, esquina con acá. O sea, sepa dónde. O sea, esto no aparece en nuestro mapa de google. Pero vamos de A hacia B y ya pasamos por TalLugar.
–Con eso los encontraremos, somos súper chipocludos. ¡Esperen un poco! –nos dijo el operador (***) y colgó.

rocky horror lluvia

Una hora más tarde…
Estaba muy oscuro.
Hacía mucho frío.
Llovía a madres.
Si abríamos el vidrio del auto nos congelábamos, si lo cerrábamos se empañaba todo.
Temíamos que se acabara la batería.
Yo, que no tolero muy bien la inectividad, comencé a golpearme la frente contra el volante (****).

–Podemos pedir un uber y te vas a la casa –sugirió Alberto.
–¿Cómo crees? De aquí sólo nos iremos juntos.
–Puedo ir a pie al puente peatonal que pasamos hace media hora y cruzar y caminar para ir a la gasolinera y comprarte algo…
–¡Nooooo!
Me daba miedo que una nave extraterrestre se lo robara, la verdad. (*****)

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Así que tras varias llamadas y una hora más, al fin llegó el de la grúa, que nos buscaba del otro lado de la carretera porque Chipocludo NO ENTENDIÓ dónde estábamos y le dio mal los datos. En el ínter llegó el vehículo que nos ofreció ayuda (*6): una patrulla municipal. Pero como creìamos que ya merito llegaba la grúa les dijimos que todo bien y se jueron.

Total que llegó la grúa, trepamos el auto a la grúa, nos trepamos nosotros a la cabina de la grúa (junto con el chofer y su copilota) y dos horas más tarde, o quizá tres (perdí la cuenta) llegamos a casa de mi papá. Cansados. Hambrientos. Adoloridos. Ateridos.
Pero en realidad no nos fue tan mal. Si lo piensan, ni siquiera es una historia emocionante. A lo mejor habría sido distinta si nos hubiéramos ido a buscar un castillo desde dónde llamar a la grúa, pero nuestros celulares tenían batería y señal. Ni modos. Así es como la tecnología arruina una buena historia de terror, pero no me quejo (*7)

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* Esto es una exageración para darle sabor a la narración. Favor de no venir a decirme que la culpa es mía por no abrir nunca el cofre, osh.

** Esto quizá no sea una exageración, en el sentido de que quizá efectivamente lo hice. Pero sé que no toda la gente recurre a mi papá cuando tiene un problema con el auto, no hace falta que me lo aclaren, osh osh.

*** Quizá no usó esas palabras, pero sí dijo que con esos datosa nos encontrarían. Osh osh osh.

**** De nuevo exagero un ppquito. Ningún volante resultó lastimado. Oshx4

***** Una nave, un narco, un policía, un tráiler. Hay muchos peligros en la carretera. Y no quería que se expusiera al frío, así enfermito. Y no me quería quedar solita. Cinco oshes.

*6 La ayuda nos la ofrecieron los tripulantes del vehìculo, por supuesto. ¡No sean puristas, muchachos! Muchos oshes.

*7. Aunque sí me hubiera gustado bailar el baile del sapo, osh al infinito.

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Banffiversario: 18 de noviembre de 2014

Uy, día de berrinche. Lo bueno es que luego se me pasó:

18 nov 2014

Estoy molesta. Me quedan apenas cuatro días acá y hoy me tienen como mensa, esperando. No es justo. Quedamos de vernos a las 12 con mi papá, Mary y Fa. Llegué puntualísima al punto de reunión… y apenas vienen. Me pasé 15 minutos afuera de Front Desk helandome de a gratis.
Y luego, vengo a la biblio, donde quedamos con Alberto (supuestamente tan pronto como recogiera a los otros en Front Desk) ¡y no está! Fue al baño.
uff.

11.43 pm
Ok, el día mejoró. Fa se disculpó por la tardanza y eso ayudó. Antes, en la mañana, Alberto y yo tomamos el desayuno en el estudio (sandwich de jampon y queso, yogurt, zanahorias y chocolate caliente) y alguito trabajamos. Luego fuimos al lunch (stir fry de tofu, sopa de zanahoria, colibrócoli, chícharos, zanahorias, cheesecake y flan de custard con plátano).
Con la fam fuimos a Fenland Loop y a los Vermillion. Mi pappa se bajpo a caminar en el hielo y seguimos su mal ejemplo :)
Fuimos al thriftstore y luego a comer a Grizzly House: steak (de tira), fondue, sopa de tortellini con pollo, chea, vino. De ahí, a rolar en el auto. Fuimos a donde las góndolas y a Base and Cabin (¡Cave and Basin!) De regreso, topamos un elksote! Luego, en el hotel de ellos, tomamos chelas y comimos papas.
De ahí fa nos trajo al Centro Banff.
Estoy tratando se ser más paciente, tolerante y flexible…

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Banffiversario: 17 de noviembre de 2014

La nota del 17 de noviembre se refiere a lo hecho el 16, que fuimos a Lake Luise. ¡Qué ganas tengo de volver a ir, caray!

17nov

A ver:
Ayer, domingo, nos levantamos tipo 7 y fuimos a desayunar a Vistas: kale, manzanita y jitomate al horno, huevo, birchermuesli y café.
Luego nos fuimos al autitorio Erik Algo, de donde salió el bus. Era un camión escolar :)
Llegamos a Louise a eso de las 10:40, Alberto y yo en la emergencia de correr al baño por tanto café tomado en el desayuno. Moraleja: si vas a carretera, poco café y al baño antes de salir.
En Lago Luisa Valentina se fue hacia el glaciar y nosotros nos guardamos en el hotel: dimos una vuelta por las tiendas, por las cercanías del hotel y nos apuntamos al té de la tarde, que estuvo genial :) (como se puede ver en el menú que ya describí ayer aquí).
Luego paseamos tantito más a la orilla del lago, donde había unas esculturas de hielo padrísimas: una torre eiffel, un innuksuk, un sillón y un cheslong… A las 2.40, maso, reencontramos a Valentina. Fue tan arriba como pudo, pero no llegó a la tea house de los seis glaciares. traía la cara quemadita por el frío y el cabello ¡congelado!
Nos fuimos al punto de reunión y a las 3.30 emprendimos el regreso.
Cenamos en Maclab (ensalada, yo; hamburguesa vegetariana, Alberto; hamburguesa normal, Valentina) (y sweet potato fries todos).
Luego fuimos A y yo a la biblioteca un rato.
Fotocopiamos lo que me faltaba de Gloria Sawai. Y fuimos a la lavandería. Y vimos más IT Crowd. Y nos dormimos, molidísimos. Hopy llegan los Fabianes. A ver qué tal :)

banff dia 41

Banffiversario: 16 de noviembre de 2014

Ni modo, sigo desfasada. A ver si un día me emparejo.

16 nov
Ayer, después de desayunar el licuado, fuimos al gym. Luego quisimos ir a Vistas pero había una fila larguísima de adolescentes: ¡regresaron los de la orquesteena! (Bueno, eran otros, creo, pero la idea es esa). Así que nos fuimos a Maclab y comimos pizza con champiñones, arúgula, blue cheese y queso de cabra. Buenísima, eso sí. Y de ahí, nos lanzamos al Fenland Loopy a conocer los Lagos Bermellones. ¡Qué impresión! El loop, que yo ya había recorrido, es otro con la nieve. Me la pasé emocionándome con la diversidad de huellas de animales en la nieve. Desde huellitas de ave hasta misteriosas huellitas felinas, pasando por pezuñas y patadeperro y a saber qué :)
Los lagos estaban completamente congelados. Wow. Súper Wow. Caminamos un montón. De regreso, comimos un sandwich en The Wild Flour (buenísimo, de queso con manzana) y chocolatito. Luego le compramos una ropita térmica a Alberto y ya era de noche. Nos regresamos a hacer el londres :P y a cenar un café en LeCafé. Nos retachamos al cuarto, molidos, y vimos unos episodios de The IT Crowd.
Alberto anda con un dedo lastimado y se le hinchó el labio. ¿Qué será? Obvio, son cosas independientes (creo). Pero igual, ¿a qué será alérgico? ¿Al queso? ¿A los refrescos? Misteeeerio.
Hoy vamos a Lago Luisa en excursión de Community Services.

banff dia 40

13.44
Estamos en el Fairmont tomando el té.

  • Copa de prosecco Nino Franco ($10)
  • Flight of strawberries
  • Finger Sandwiches
  • Buttermilk scones
  • Homemade pastries and sweets

–> 41.50 p/p

Flight of strawberries
Minted strawberries sip, triple cream brie with strawberry gelee and balsamic reduction, fresh strawberry.

Finger sandwiches
* Baby shrimp and granny smith apple salad on a baby french croissant, green onion, red pepper, celery

* horseradish cucumber and gingered carrot on saffron bread, ginger puree, cream cheese

* deviled ham on spinach bread, Black forest ham, relish, dijon mustard

* classic egg salad on sundried tomato bread, green onion, dill, parsley, horseradish

* smoked salmon and herb cream cheese in peruvian corn bread, green onion, dill

Buttermilk scones
devonshire cream, strawberry preserves and lemon curd

Homemade pastries and sweets
* chocolate cream mousse
decadent chocolate mousse in a pastel chocolate cup

* matcha profiterole
light pastry filled with matcha green tea cream

* raspberry opera cake
almond sponge layered with raspberry cream, milk chocolate glaze

* fresh fruit tart
seasonal fruit, custard, chocolate cookie shell

* beet palmier
flaky puff pastry glazed with beet sugar

Yo: Cascade peppermint tea
Alberto: Kyoto cherry rose

Todo delicioso

 

 

Banffiversario: 15 de noviembre de 2014

Estoy abriendo esta segunda libreta de anotaciones por primera vez desde febrero de este año: continué usándola, después del viaje, hasta el día que fui a Tixtla y Ayotzinapa. Creo que no escribí estando allá por falta de tiempo; pero que no la continué a la vuelta porque llegué a DF para enterarme que Alberto se había lastimado el pie. Uff. Ahí empezó el caos de 2015.
Veo, también, que mi llave del cuarto en Banff está entre las páginas de la libreta. Se me hizo un nudito en la garganta, caray. Y veo, también, que no hay anotación del 14 de noviembre. Culpo de eso a la llegada de Alberto a Banff: mis días de loba solitaria dieron pie a los días de compañía, donde los tiempos había que compartirlos. Pero que conste que no es queja.
En todo caso, la entrada que toca dice:

15nov2014

1. Empecé a escribir la segunda parte de este diario en un cuaderno que compré aquí en Banff pero, aunque el papel está padrísimo, el tamaño era medio incómodo. Y Alberto me donó amablemente esta libreta, así que será la que use.

2. La anotación del 13 de noviembre está aquí, doblada, en una hojita suelta. Es decir, está aquí, en una hojita suelta, doblada.

3. Ayer, viernes 14, fue el primer día de Alberto por acá. Dijo que quería vivir la rax-experience, así que nos levantamos a las 8, tomamos café y una galleta de usana, fuimos al gym, nos bañamos, fuimos al lunch, a community services por dos cartas que llegaron, al estudio a trabajar un rato. De ahí fuimos a front desk a que reprogramaran mi keycard que se había quedado con el cel :P
Fuimos a través de los Leighton para bajar por la carretera y ¡oh! ¡oh! nos topamos con ¡13 antes! A la primera, la vio Alberto. Yo, ciega de mí, ni en cuenta. Luego ya la vi. Wow, enorme. Y se fue dando saltitos. Con eso ya me daba por bien servida pero adelante estaba la manada completa, tomando el sol. ¡Qué grandotes! ¡Qué bonitos! ¡Qué bueno que no había ni un macho porque, la verdad, qué miedo!
Camino a Front Desk vimos un venadito. Así que fue un día de avistamientos.
Luego bajamos al pueblo, por la carretera. ¡Qué impresión! El río está casi todo congelado. WoW! De veras, súper impresionante. Y el frío, aunque menos intenso que el día previo, también tremendo. Fuimos a la biblioteca del pueblo, a Cascade mall a comprarle un cinturón a Alberto (y unos analgésicos porque trae un dedo lastimado, qué raro). Luego a comer a eddie’s Burguers. ¡Poutine! ¡Al fin! Y me encantó. Oh, sí. (Y una chela local de trigo y miel que se llama Grumpy Bear) (y una hamburguesa, claro).
De ahí pasamos a la thriftstore para buscarle a A unos pantalones y una chamarra, pero la tienda estaba arrasada, supongo que por el frío de los días previos. Así que nomás un pants y algunas playeras de manga larga.
Salimos de ahí y ya era de noche. Regresamos al Centro Banff entre el mucho frío.
Pasamos al cuarto a dejar las compras y luego fuimos a Maclab a cenar un pecan pie y un chocolate caliente (y una ensalada y yo un rye and ginger).
Nos regresamos al cuarto, vimos en netflix the IT crowd y a dormir :)
Son las 9 am y ya nos tomamos el licuadito. A ver qué tal el día.

banff dia 39

Veo ahora que, por lo visto, cambié la hora de la anotación: en vez de que sea en la noche, es temprano por la mañana para contar lo del día anterior. Qué desmadre… Por lo menos, pondré la foto que corresponde al día narrado y no a la fecha. Por eso acá arriba está la foto del viernes 14.

Banffiversario: 13 de noviembre de 2014

Y seguimos atrasadines, pero acercándonos, creo. Esta entrada está en una hoja suelta, arrancada de una libreta que iba a usar. Es una libreta bonita, tamaño italiano, de papel muy grato para la escritura; pero al final no la usé porque Alberto me donó su moleskine del hobbit. Por cierto, esa fue otra particularidad de mi viaje a Banff: al final de mi estancia, me visitaron, primero Alberto, y luego mi papá, mary y Fabien. Fue lindo, como que me sirvió para reacostumbrarme a la gente. Y sirvió, también, para compartir con mi gente querida esos espacios que fueron mi casa los treinta y tantos días previos. En fin, que la entrada en cuestión dice:

13 nov 2014
¡Hoy llegó Alberto!
Y empiezo nuevo cuaderno.
Y tomé el taller de manejo del estrés.
Pero, por partes:
Me levanté no tarde, tomé una leche con chocolate y una barra de usana, escribí unas cartas y me fui al tal taller. La instructora se disculpó por no llevar copias para todos, por no llevar la musiquita que tenía que llevar, por no saberse todo de memoria. Mal.
Empzó bien: la parte fisiológica del estrés, causas y efectos, formas de tratarlo mediante ejercicio, alimentación, agua. Actividades. Luego empezó lo uincool: chakras. Reiki. Ángeles. Digo, meditar para desestresar suena bien pero ¿ángeles? Chale. No, no me encantó. Luego fui al lunch. El chef del stir fry me dijo «oh, llegaste tarde. Pensé que no vendrías». Ji ji. Fue de tofu con brócoli. Tilapia con limón. Crema de zanahorias con coco y harta verdura. Cuadrito de cheesecake y té. Luego fui al estudio pero no pude trabajar, estaba a la espera. Fui por Alberto a frontdesk, yes! Cuarto. Cena. Bisteces de cerdo, puré de papa, espinacas. Cheesecake de chocochip, yumi. Y mousse de chocolate. Fuimos a la biblioteca, luego al estudio. Le hice un chocolate a Alberto y comimos galletas. Y ya estamos de vuelta en el cuarto :) Un día de tránsito.

banff dia 38