Poe y mi espalda

Hace varios días que no escribo acá. Son los mismos varios días que el dolor de espalda me ha mantenido alejada de la compu o, por lo menos, alejada de mis propios pensamientos. Suena muy gacho y lo es: me duele la espalda desde que amanece y hasta que me acuesto; me duele el cuello y se me duerme el esternocleidomastoideo (¡en serio!) y me baja el dolor y me sube y qué flojera leer a alguien que nomás se está quejando, ¿no?

Por eso, el sábado fui al doctor. Y me recetó medicinas y calorcito y unas placas (no, no de coche).

Por eso, también, hoy no vine a escribir para quejarme -eso fue nomás de pasadita- sino para festejar el cumpleaños de super Edgar Allan Poe: hoy se cumplen 200 años de su nacimiento. Ahí nomás: doscientos años del papá del cuento moderno, del horror y el miesterio y del dark :)

Y bueno, Alberto Chimal le está dedicando un gran esfuerzo gran a este festejo virtual, por lo que les recomiendo que lo visiten acá.

:)

Si te descuartizaran en miles de cachitos…

Fue hace muchos años. Yo estaba en la prepa y mi maestra de italiano era buenísima. Paciente y clara para explicar, tenía, además, un excelente gusto musical. Cada cierto tiempo nos ponía rolas para aprender vocabulario y tal. No de Gianluca Grugnoni, no, no:más bien, con ella conocí a Claudio Baglione, francesco di Gregorio…, Fabrizio de André. Mi favorito.

Pero eran tiempos de no internet. Así que pasaron años con las rolas sólo en mi cabeza 8porque, además, perdí contacto con la maestra). En especial, recordaba con nostalgia una de don Fab: Se ti tagliassero a pezzetti. Llegué a pensar que la había soñado, o que la tenía idealizada. Pero no: conforme la red dejó de ser sólo gringa, fui encontrando más pistas de que no era sólo mi imaginación. La mejor señal, la letra (que está aquí, demostrando no que soy repetititva, sino que soy constante en mis gustos).

Y luego pude bajar una versión de algún lado (probablemente algo entre napster y ares, pero no recuerdo cuál fue la herramienta). Feliz feliz, alegre alegre.

Y hoy se me ocurrió buscar de nuevo, pero en youtube. ¡Gran sorpresa! Hartos videos de jóvenes suonatores di chitarra interpretando mi rola. Me habría sentido un poco como el principito cuando descubre que su rosa no es única, pero fue mayor el gusto. Conque mi canción rarísima y difícil de hallar es de las básicas del trovero italiano… ¡padrísimo! Más oportunidades de escucharla y en más versiones ;)

Vaya, pues, como muestra de mi entusiasmo, algunos de los videos que se pueden encontrar en el tubo (si ustedes no son obsesivillos como yo, vean nomás el primero, maravilloso, de 1981, con el mismísimo De André. La instrumentación es medio pop -hay otras más chirindongas- pero es ¡él! Él, que murió en 1999, por lo que jamás podré verlo en un escenario –>como no sea en el tubo, sniff).

Los videos


Este de arriba, la primera versión que hallé que nos obsequia al mismísimo Faber, interpretándola en vivo.


Esta de arriba tiene una instrumentación mejor, pero no es video (pónganla mientras hacen otra cosa, por ejemplo, leer la transcripción de la letra, jeje).


La de arriba, una versión con acordeón, en un plan un poco más folk que la original (más tarantelosa).


Acá arriba, un cover casero, sorprendentemente bien ecualizado. Zemo le da un aire nostálgico que le queda muy bien a la canción.


¡En este caso, el timbre es muy parecido al de Faber! Al inicio suena como rola de bar, pero luego se compone. Una de mis favoritas.


Para terminar, sobre estas letras tienen otro cover, muy bien cantado. Lástima que no tenga video (es una foto y ya).

Se me hace que voy a intentar hacer una traducción al español de la rolita. A ver qué tal queda ;)

todos los días pasa algo bueno…

…o por lo menos, eso quiero pensar yo. Por ejemplo, hoy me tocó un taxista que lee a Jodorowsky. Está chicles, ¿no?
Y ayer, mi clase de guión estuvo muy chida, tuvimos una charla amena sobre pelis.
Ah, además, ayer nació la nena de Bef, ¡qué gusto!
Supongo que algo bueno pasó también antier, y que podemos dedicarnos a ser pollyannas por un rato…

Por cierto, sigo atenta a las recomendaciones literarias. ¡Gracias!

Los mejores libros del año

Quería hacer una lista de los mejores libros de 2008, pero no necesariamente de los publicados en 2008, sino de los leídos por mí este año.
Sin embargo, a los pocos minutos me hice bolas, porque hay libros que no estoy segura de haber leído este año; porque hay otros que no me gustaron al leerlos pero después me quedé pensando en ellos días y días (lo que habla de cierta efectividad); porque algunos son de gente cercana y querida y va a sonar a comercial vil; porque tengo mala memoria y hoy, en particular, una migraña medio perra.
Así que, en vez de eso, ¿qué tal si me recomiendan libros para ir armando mi lista para 2009?

Ay papás: esos nombres…

Caso 1
Mi hermano, de chico, odiaba su nombre: nadie lo pronunciaba correctamente, se lo cambiaban, lo escribían mal. ¿Javier? ¿Javién? ¿Fabián? ¿Fabién? Siempre le estaban preguntando. Y él respondía, en el límite de la paciencia: Fabien. Como Fabián, pero con e, y el acento en la primera sílaba.

A mi hermano casi le da el patatús el día que se enteró de que, en francés, «Fabien» se pronuncia… Fabián. «¡Me hubieran puesto Fabián!», se quejó.
Pero, nada. Mi mamá era fan de Antoine de Saint-Exupery y como no le iba a poner a su hijo «Principito», «Borracho» o «Asteroide 2XL», pues le tocó Fabien.

Bueno, no: más bien, mi mamá era medio snob y no le iba a poner «Principito» a su hijo porque ése es el libro más conocido de don Antuán. Así que se fue por un libro menos conocido del francés, «Vuelo nocturno», y bautizó al hijín con el nombre del protagonista.

Bueno, no: más bien, «Vuelo nocturno» era uno de los libros favoritos de mi mamá y le cayó en gracia que el protagonista se llamara como su marido, nomás que en francés. O pensó que era choteado ponerle al hijo el mismo nombre del papá y le varió una letra, inspirada por su libro favorito. Vayan ustedes a saber.

El chiste es que mi hermanín sufrió su nombre por años y hace unas semanas me dio la sorpresa de que ya le gustaba «por original». Qué bueno. Era eso, o sufrir por siempre, o entablar un juicio para cambiar de nombre. Y mi experiencia con los registros civiles me dicen que es mejor no meterse en eso…

Caso 2
Mi mamá y mis tías nos cuentan de la vecina que tenía dos hijos: el niño era Arsubanípal Nabucodonosor y la niña era Bimbo Querubín. Me tocó conocer a doña Bimbo Querubín cuando tenía ya sus cuarenta. No hablaré del contraste entre nombre y apariencia para que ustedes se lo imaginen (pero piensen en Ninón Sevilla en telenovela de los 80’s).

¿De dónde sacó la mamá esos nombres? ¿Por qué lo hizo? Misterio.

Caso 3
Alberto fue miembro del jurado de un concurso juvenil. ¡Ay, los nombres de los participantes! Hay nombres clásicos con ortografía «moderna» (yo diría «salvaje») como Joebanna (sí, es variación de «Giovanna», que no es sino «Juana») o la aberración esta de «Yahír» (el nombre árabe es Khahir, así que la KH se debería pronunciar como J. Seguramente así pasó al latín, pero al adoptarlo los sajones, convirtieron el sonido fuerte de la j en una y, y como nosotros somos siervos del imperio, preferimos pronunciarlo como ellos en vez de cuidar nuestro idioma. Pero no falta la secretaria del registro civil que pone la letra que mejor le suena -no para mexicanizar el nombre, sino para no pensar- y ¡tachán! tenemos Yahír, un muchachito que se gana un premio en un concurso de canto mediocre, es explotado por una televisora y al año siguiente, 20 de cada cien niños mexicanos que nacen, se llaman como él, con los mismos horrores ortográficos. Ora sí, respirar hondo, tranquilizarse…).

Pero también hay nombres de «nueva cuña» (no recuerdo ninguno, pero llevan hartas «w», «y» y «ll» que suenan como «l»), nombres bíblicos mal puestos («Areli», por ejemplo, bíblicamente es nombre de hombre) o las clásicas duplas telenoveleras: «Andrea Cristina», «Felipe Humberto», «Sandra Teresa».

Caso 4
Hay otros tipos de nombres que, por sí solos, no tienen nada de malo; pero que al ignorar el contexto se vuelven verdaderas afrentas: ponerle «Blanca» a una niña muy morena puede funcionar en una novela de Ibargüengoitia, pero en la primaria es un crimen; Yenifer Pérez suena tan mal como Xicotencatl Erreconerrechea; Herculano, Eloy, Penélope y Agapito sufrirán acoso sexual hasta la prepa.

Bianca Castro será llamada «Biancacas», Melitón será objeto de miles de rimas tontas, América siempre tendrá que fingir una sonrisa cuando le digan «Y yo me llamo Guadalajara». Mejor ni hablar de lo que sufrirá Anodis.

Si el apellido es Beteta, ¿seguro quieren que el niño se llame Clodoveo o Ramiro? Nunca una niña debe tener un nombre terminado en «uta». Bueno, un niño tampoco debería llamarse, digamos, Canuto: ella siempre será, en las rimas escolares, puta (y él, por supuesto, puto).

-De acuerdo, hay apellidos que en sí mismos son terriblemente crueles. Pero ahí sí, ni qué hacer, excepto evitar potenciarlos con nombres feos o que se presten al chiste-.

Exhorto

Papases y mamases: Si somos realistas, llegaremos a la conclusión de que cualquier nombre puede ser deformado por la chaviza en la primaria y la secundaria, y que es mejor enseñarle a los hijines a ser asertivos y todo eso. Pero también se les puede ayudar. Piensen tantito antes de ponerles el nombre. Díganlo en voz alta, con todo y sus dos apellidos. Escríbanlo.

Piensen que «Bubi» puede sonar muy tierno cuando «Bubi» tiene dos o tres años, pero que a a los cuarenta nadie le tomará en serio (sea hombre o mujer). Que «Osiris» era un dios todopoderoso y bien acá, por lo que su nombre es poco apto para una chiquilina que no medirá más de uno cincuenta. Que el primer exnovio ardido cambiará el nombre de Rita por el de «Zorrita» (o que si Rita es grande y con sobre peso, le dirán «Rota»).

Que si quieren un nombre de la biblia, hay algunos hermosísimos (como Raquel, claro), por lo que no es necesario ponerle a un niño el nombre de un lugar (Mahanaim no es nombre de persona) o de objeto (Kehilá Zohar significa «Comunidad del resplandor»… ¡y no está en la biblia!)

Antes de ponerle el nombre de la abuela, pregúntense: ¿la abuela era feliz llamándose Romualda? ¿de veras? Y si quieren ponerle dos nombres, ¿no podrían ser los dos bonitos, y de una extensión que permita al niño -o niña- pronunciarlos?

Uno de mis primos se llamaba Kennedy (si, por el primer marido de la Jackie), una de mis tías era Amparo Rafaela. He visto el dolor de cerca así que los conmino a poner nombres bonitos y clásicos. En la sencillez está la elegancia.

Y para que se decidan… una leyenda

Según algunas escuelas de pensamiento, el nombre que se pone al bebé influye en el alma que habitará el cuerpo. Por eso el afán de ponerle el nombre del familiar recién fallecido. Según estas teorías, al usar un nombre «ajeno» o «inventado» traería almas de otras latitudes (¿le gustaría tener al alma de Hitler en el cuerpo de su bebé, señora? ¿o la de Marilyn Monroe en su -ahora- inocente pequeña?

Según esto, el mundo anda tan mal porque, como la humanidad se expande tanto, ya se acabaron las almas humanas y ahora los cuerpecitos de los bebés son tomados por ¡seres extraterrestres! Lo que se potencia al usar nombres como Iyaricupé o Izavelle.

Ya sé, suena a argumento de dianética y yo tampoco me lo creo. Pero ¡pongan nombres bonitos a sus niños, caray!

London, entonces y ahora

1. London entonces

La primera vez que los vi fue en enero de 1997. Era su tercera visita a México y, si no me equivoco terriblemente, la tocada fue en Rockotitlán. Lo más impresionante aquella vez fue que, al terminar de tocar, los fulanos se bajaron del escenario a pasar el rato con la gente. Como que no se creían las grandes estrellas, y eso se agradece.

Entonces, lo más interesante de London After Midnight era que los tipos estaban buenísimos. Tal cual. Altototes, flaquísimos, super producidos: el sueño dark a todo lo que da. La vieja guardia decía no escucharlos por «posers» (les criticaban mucho que una rola empezara con lluviecita, o que otra se burlara de la otscuridá, o que otra tocara asuntos políticos): era una banda joven de darketines guapos que tenía que demostrar que había llegado para quedarse, y no para convertirse en agrupación de ska como alguna tristemente célebre banda ex-dark mexicana -de la que no hablaremos acá.

En todo caso, Sean (vocalista) y Michael (hombre en la guitarra) se veían más o menos así en esos entonces:

(La foto no es de mi archivo, sino tomada del sitio oficial de LAM. Sepa dios dónde estarán mis fotos de aquel entonces).

Luego los volví a ver en 2001. Dos veces. Una aquí y otra en Los Ángeles (pero no, no soy una de esas seguidoras psicópatas: fue la pura casualidad la que me llevó a verlos en el Whiskey Agogo un poco antes de que vinieran al Salón 21…

Esta es la propa del Whiskey, por cierto.

Y luego estuvieron en el Salón 21, como ya dije. Al terminar el concierto nos fuimos a Dadax y… ¡ahí fueron a dar ellos también! Ya dije que no soy seguidora psicópata, pero tampoco era cosa de desaprovechar la oportunidad de una foto como ésta:

(qué chaparrita me veo junto a Sean. También me veo gorda, pero eso no es a causa de la flacura del tipo: de veras estaba yo muy pasadita de peso (no como ahora, que soy una sílfide. ajá. jajá).

London, ahora

Y la noticia es que tocaron de nuevo en México, después de tanto tiempo (bueno, estuvieron acá en 2003, pero no fui a verlos, así que, para mí, no cuenta). Yo no pensaba ir, básicamente porque 380 pesos por un concierto me parece un dineral, pero fui convencida y financiada por mi querido amigo Memo (por cierto, hoy es su cumple, ¡muchas felicidades!). Así que fui. Y me la pasé bomba. Lo mejor de todo es que ahora London after midnight es una banda con sus buenos años (nadie los acusaría de newbies) y el tiempo les ha dado sustancia.

(Ya perdí el punto al que quería llegar, me choca cuando sucede esto. Así que los dejo con fotito de Sean de 2001 y me pongo a trabajar).

Tengo hambre y fantaseo con comida

Así que inventé en mi mente esta receta (a partir de algunas recetas ya existentes, claro) y me muero de ganas de llegar a experimentarla:

1 lata o tetrabrick de caldillo de tomate verde
1 pechuga de pollo, cocida y deshebrada (tip: puede ser de un pollo rostizado)
1 lata de frijoles enteros, bayos (o de alubia… ésas vienen en frasco)
1 tetrabrick de consomé de pollo (o una lata de consomé de res campbells)
1 bolsa de nachos naturales (o sea, tortilla dura)
Crema, queso.

¿Qué haría con todo eso?

1. Calentar el caldillo diluido en el consomé de pollo
2. Cuando hirviera, agregar el pollo y los frijolitos (escurridos)
3. Cocinar a fuego bajito unos diez minutos
4. Al servir, ponerle los nachos, el queso y la crema.


Variaciones

a) En vez de frijoles, usar habas o chícharos
b) en vez de consomé de pollo, usar caldo de verduras. O agua y consomé en polvo.
c) En vez de los nachos, tortilla, para chopearla (no viene de «chop» sino de «chopitas»)
d) Una rebanada de queso gouda y unos segundines en el micro, antes de la crema
e) Queso crema o cotija o parmesano


Me muero de hambre