El pobre conejo

Esto de Semana Santa vuelve loca a la gente. Lo juro. Ahora resulta que en una iglesia de Pennsylvania, un grupo de actores presentó una obra que se llama ‘No existe el Conejo de Pascua’. El show consistía en ‘mostrar los sufrimientos de Jesucristo’. ¿Y qué mejor manera, que latiguear al Conejito de Pascua, y romperle los huevos? (No, no era un grupo de teatro de judiciales: me refiero a los huevos de chocolate que el conejo lleva en una canasta para regalar a los niños).

Total, que la gente salió del espectáculo ofendidísima. Los niños, en shock total, luego de ver cómo le daban en la madre al dulce y tierno conejito. El pastor de la iglesia dice que son unos exagerados, que no era para tanto, y que no tuvo nada de ofensivo (yo me atrevo a pensar que fue kinky, pero eso no me ofende), ni siquiera porque entre los personajes había un borracho y un mujer auto-mutilándose (quiero pensar que eso era actuación y no un performance gore).

En fin. Que la gente se puso como loca porque, además de todo, los huevos que rompieron los estos muchachos eran los que la congrregación iba a usar el próximo domingo en la famosa ‘cacería de huevos’ (beh).

En mi casa, lo que había era ‘cacería de levadura’. (¡Mi abuela era más criptojudía…!) Pero, por supuesto, nunca se nos ocurrió darle de latigazos a los panecitos que mi abue guardaba con llave en su closet (No era coda: era sobreviviente de la revolución).

Descansar de la pasión

Cuando yo era niña, mi abuela se tomaba muy en serio la Semana Santa: teníamos que ir a la Iglesia todos los días, estaba prohibido prender radio o tele, incluso se usaba luto el viernes y ropa blanca el domingo.

De todos los servicios religiosos, el que menos me gustaba era, precisamente, el del viernes santo. Consistía (supongo que aún consiste, pero no he ido en años) en un sermón eterno (más de tres horas) compuesto a su vez por siete sermones tamaño regular: uno por cada frase soltada por Jesús en el Calvario. Entre sermón y sermón, cantábamos himnos alusivos. Todos bien fúnebres y tristes, excepto uno que según yo decía:

Junto a la cruz don Jesús murió

Yo decía: ‘ah qué don Jesús. No esperó a que lo treparan a la cruz y se murió a un lado… del susto, yo creo.’ Y mucho tiempo le dije ‘don Jesús’. Ya luego mi madre me explicó que era ‘do’ y no ‘don’, y que era un apócope (creo que esa es la palabra) de ‘donde’, como ‘pa’ lo es de ‘para’. (Mi mamá, recordarán, era maestra de lectura y redacción, y salía con sus esnobadas muy seguido. Y más esnob era yo, que me encantaba escucharla hablar de retórica, onomatopeyas, deícticos y palabrejas semejantes).

Bueno, con lo de que era ‘do’ y no ‘don’, la cancioncita perdió todo el chiste. Tan bonita que estaba…

***

No ha sido la única ocasión en que me pasa algo así (de que mi duro oído musical convierta las canciones en cosas más interesantes de lo que son en la vida real). En la primaria nos enseñaron a cantar ‘Mamá Carlota’. A mí me encantaba. Era una canción mágica. Y es que decía:

Alegre el marinero

con voz pausada canta

y el ancla se levanta

con extraño rumor.

La nave va en los mares

botando cual pelota.

Adiós, mamá Carlota;

adiós, mi tierno amor.

Y yo, quien un día habría de ser guionista, pero aún no lo sabía, imaginaba el cuadro: un marinero viejo, vestido a rayas, cantando muy despacito, suave. Y que por efecto de su canto (mágico, sin duda) el ancla, sin ayuda humana, pesada y grandota, comienza a levitar, hasta quedar como un papalote por encima del barco. Todo esto mientras el ancla suelta un sonidito, como un murmullo en otra lengua (el extraño rumor).

Entonces, y de repente, el barco comienza a botar como pelota sobre las aguas: ¡boing, boing, boing! pegando brincos gigantescos, todo mientras el ancla flota en el aire.

Y mamá Carlota, una mujer gorda y chapeada, se asoma a la cubierta del barco. El marinero le hace señas de despedirse de ella. Y ella, enamorada, le responde ‘adiós mi tierno amor’. Y, claro, se va en el barco mágico.

Ahora que me la han explicado, la canción perdió mucho encanto. Ni modo. (Por cierto, recién m entero que la letra es de Vicente Riva palacio. ¿qué tal?).

¿Cómo resistirnos a la tentación de la pasión?

Dos notas tomadas de un periódico sudafricano:

CON GRAN PASIÓN: «De acuerdo con los oficiales presentes en el lugar de los hechos, ella les dijo que estaba tratando de revivir una escena de la película», dijo el sargento Darren Pearson. La película: La pasión del Cristo (claro). La mujer anónima, casada y en sus cuarenta, manejó su Chevrolet Lumina hasta un estanque en el parque de la ciudad para bautizarse ella misma, dijeron los oficiales. Fue llevada a un hospital para evaluación mental.

Comentario al margen: Claro, ¿quién podría olvidar la emotiva escena de Jesús manejando su chevy para zambullirse en un lago?

PASIÓN PERDIDA: Un hombre de Somerset, Vt, aparentemente trató de suicidarse: construyó una cruz en su sala de estar y trató de crucificarse él mismo: clavó una de sus manos a un brazo de la cruz. El hombre, de 23 años, se encontró entonces con un problema logístico: «Cuando se dio cuenta de que no podía clavar su otra mano, llamó al 911», dijo el sheriff Barry DeLong, quien añadió no estar seguro de si el hombre llamó para que lo liberaran o para que lo ayudaran a clavar su otra mano.

Comentario al margen: ¿no se dio cuenta de que Jesús tuvo achichincles que se encargaron de ese trabajo sucio? supongo que estaba demasiado clavado en la historia para darse cuenta… jejeje.

Toma tu cruz y sígueme…

Dijo en algún momento Jesús. Yo, obediente, hoy traigo una cruz tamaño familiar. La culpa es de los amigos que no se dan cuenta de que jueves no es lo mismo que sábado (y de Raquel, que no se da cuenta de que cerveza no es lo mismo que sidral). Y bueno… tuvimos una plática de machines, que ya nos hacía falta, y me la pasé cool con mis amibitos; pero ahora traigo un dolorcete de cabeza que para qué les cuento…

Y toca clase. Y luego taller. Y no he mandado el argumento que me encargaron, ooops

Más mensajes crísticos

Cuando yo era una linda darketita, hice una bonita traducción sobre un texto divis divis: Jesus was gother than thou.

Hoy, por casi milagro, encontré la liga a dicha traducción.

Para ustedes, con todo mi cariño, Jesús fue más gótico que tú. Faltan imágenes, pero en general, el documento se deja ver. (Y es que perdí el password y nunca podré actualizar la página).

Que aproveche…

Requerimientos de Hacienda

Ayer llegó. Ni siquiera es un sobre: apenas es una hojita doblada, con los bordes pegados entre sí, listos para ser cortados. Adentro, letras chiquititas, alusioes a no sé qué artículos de no sé qué ley, y, al final, -horror de horrores- la petición de que vaya y pague, aunque no dice qué hay que pagar o dónde me puedo enterar.

Maldita sea.

¿No podrían mandar una carta más amena, con dibujitos, claridad y un FAQ?

¿Me irán a meter a la cárcel? ¿De veras debo dinero? Yo creía que no…

Ahora sí urge encontrar al contador. Tengo 15 días hábiles a partir de ayer. Bujú.

La última tentación de Raxxie

Más de 20 años asistí puntualmente a la iglesia en Semana Santa. Más de 20 años de sermones de 3 horas sobre ‘Las 7 palabras’ (en viernes), de jueves santo de comunión, de servicio a las seis de la mañana el domingo de resurrección.

Es decir: ya me sé bien la historia, y como el gore sólo me gusta cuando trae zombies, no voy a ver ‘La pasión de Cristo’, porque aunque el protagonista vuelve de entre los muertos, no lo hace como zombie. Demasiada sangre para un filme ‘serio’.

Además, se muere la gente en el cine. Y se siente culpable y llora. Y sale y se flagela. (¿Se han dado cuenta, por cierto, que vayas a ver la peli que vayas a ver, los empleados del cine te dicen ‘bienvenido, sala tal, que se divierta’? Como si fuera una diversión ver eso.)

En fin. No iré.

En cambio, fui ayer con Alberto a ver ‘La última tentación de Cristo’. Menos sangre, claro. Y trata de ver el bisne desde otro punto. Me gustó, sips.

Pero me dejó con una duda. ¿No hay más historias en la biblia? ¿Por qué siempre hacer películas de eso -y bueno, la que hubo sobre Moisés?

Podría hacerse una cinta tipo ‘Vengador Anónimo’ basada en la violación y muerte de la Concubina (ver Libro de los Jueces) o un chick flick basado en la historia de Ruth.

Podrían hacer un melodrama amodovariano con base en Esther, o un super peliculón del fin del mundo apoyado en Apocalipsis 13 y nada más.

Ya se están tardando con la biografía de Pablo; no han hecho una serie de cortos animados de las parábolas de Jesús.

Uno de mis libros favoritos es Jueces. Tiene muchas historias de aventuras. Algunas protagonizadas por mujeres. ¿Por qué nomás películas sobre Jesús?

Nota de antes de empezar semana

Después de ochocientos años de silencio, Sandrágoras se sacude la modorra y vuelve a su blog. Valdría la pena ir por allá a darle abrazos o jalones de orejas, eso al gusto del lector. Ah… y exigirle que no vuelva a ausentarse de ese modo…

Ahora sí:

Primer día después del fin

Ayer no se acabó el mundo, pero soñé que sí. Fue un sueño raro: iba en automóvil, camino a mi casa desde algún punto ignoto (o no me acuerdo), cuando enormes discos de color anaranjado (eran similares a elipses, pero eran como burbujas de plasma, pero eran sólidos y metálicos) comenzaron a flotar en el cielo, a poca distancia de los autos.

No eran naves espaciales, ni rayos gama, ni pedazos de universo. Pero eran muy tristes de ver, al menos para mí: a otras personas les causaba miedo.

La gente gritaba, dejaba los autos vacíos, corría en todas direcciones. Mientras, las esferas elipsóidicas (en mi sueño, sabía que se llamaban así) flotaban sin prisa, como si gozaran el panorama. Todos sabíamos que era señal del fin del mundo. Yo sabía que tenía menos de media hora para llegar a casa, comer (je) y despedirme de los míos. Cuando me daba cuenta de que faltaba más de media hora para eso, considerando el tráfico, me daba más tristeza, pero de todos modos pisaba el acelerador hasta no poder más.

Desperté, y las esferas elipsóidicas flotaban en el cielo, perezosas, como asomándose a mi ventana. Pero sólo yo las vi, y esta vez no me dio tristeza, ni miedo, ni nada: demasiada prisa para desayunar y alistarme para el trabajo.

buen día, mala noche

Desayunamos Erika, Luis Felipe y yo. Platicamos. Nos divertimos. Llegó Alberto un poco más tarde. Luis Felipe se despidió y nos fuimos, gorrones que somos, a comer a casa de Erika. Seguimos la platicada. Muy cool. Nos despedimos de Erika, a Alberto le tocaba presentar un libro en Casa lamm. Ahí se empezó a torcer el asunto: tráfico, lluvia… y la presentación, terrible. Mal organizada, exagerada en algunas cosas harto ñoñas, me la pasé con cara de ‘qué pedo’ y no pude ni decirlo porque pobre Alberto estaba en el banquillo de los exponentes.

Para compensar el mal rato, nos fuimos a La Bella Italia. Resultado: mil tazas de café en un sólo día y un remate de frsas con crema y mucha azúcar.

Por supuesto, tuve pesadillas. En la primera, estaba otra vez en la Liga de Jóvenes de la iglesia a la que asistuve, y tenía que dirigir el servicio religioso. Pero yo no quería y, además, nadie me hacía ni tantito caso. Y no teníamos predicador. Guácala.

La segunda estuvo mil veces mejor: se estaba acabando el mundo, la gente explotaba de repente o desaparecía, edificios se caían, misiles acababan con blancos (y negros) específicos. Alberto y yo estábamos lejos de casa. Lo único que podíamos hacer era caminar, esperando que no nos tocara el turno de ¡puf! calcinarnos. Estábamos cansados y hambrientos. Llegábamos a un Vip’s que tenía gente adentro -el primer lugar público con gente adentro que nos encontrábamos.

Yo le decía a Alberto que eso era lo bueno de vip’s: pasara lo que pasara, estaba ahí (cosa que en la vida real no creo ni tantito). Entrábamos. Yo, distraída, pedía una mesa. La ‘capitana’ de meseros me miraba raro, y entonces me daba cuenta de que estaba llorando, de que el resto de la gente ahí estaba llorando, que las mesas estaban arrinconadas y en un rincón había tres montoncitos de ceniza, que vagamente asemejaban siluetas humanas. Así que tres personas habían muerto ahí, calcinadas, y el resto eran sus deudos. Un velorio improvisado.

Apenada, me salía con todo y Alberto. Y meta a caminar, buscando un refugio, un café caliente, una cama.

Nada. Y el cielo gris, ni claro ni oscuro, amenazando con caernos encima…

Moraleja: comer menos, tomar menos café, bajarle al azúcar. Y leer menos cuentos de Edgar, jeje. No me cabe duda de que fue en cierta forma autor intelectual de mi sueño.

Nada

Desperté con la cabeza vacía. Es horrible. Especialmente, porque amaneció vacía por dentro pero también por fuera. Es muy raro de ver. No sé explicarlo, sólo que no hay ojos, ni boca, ni cabello, ni nada. Ni siquiera piel o hueso. Nada. Si me miran de frente, y posan sus ojitos en donde deberían estar los míos, verán una infinitud de color incierto (no es un color, pero sus mentes lo procesarán así, porque no están listas para enfrentarse al vacío absoluto).

Es muy raro ver esa nada tan pequeña y a la vez tan infinita (infinita por ser nada, pequeña porque ocupa sólo el espacio correspondiente a la superficie de mi cabeza).

Lo peor del caso es que no puedo pensar en algo qué escribir (nada adentro) ni puedo ver el teclado (nada afuera), así que me pregunto, retóricamente, claro está, quién está escribiendo esto. ¿Nadie?