Sitio personal de Raquel Castro, escritora mexicana
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Banffiversario: 19 de octubre de 2014

Un día en el que hablo de un problema que me aqueja con frecuencia, Banff o no Banff… (y es entrada larga)

19 oct

Son las 12 del día y voy despertando. Por segunda vez. hoy. Y es que estaba molida. Pero vamos por partes: ayer, luego de escribir aqupi, me fui al primer piso (planta baja) de Lloyd Hall, que es donde quedamos de vernos con Carlos. Llegué unos diez minutos tarde y no había nadie.
Luego llegaron Pascale y Anna. Pascale es artista visual de Quebec. Llegó con un ucraniano, Alex, que se presentó como “just a random guy”. pero luego resultó que hace música y explora bosques y trabaja en una compañía constructora, creo. Anna es sueca y es pianista. Luego llegó Adrien, que es alemán y vive en Nueva zelanda y es compositor. Mucho después llegó Carlos, crudísimo. Y entonces nos fuimos, primero al súper y luego a carretera. No nos pararon por no llevar el permiso forestal. Nos detuvimos en Lake Louis Village al baño y seguimos al lago. Estaba chispeando y hacía frío. Y el lafo se veía increíble. Una pareja con paraguas paseaba en el embarcadero, era una imagen hermosa y nostálgica.
Empezamos nuestro paseo a un lado del hotelazo de Lake Louise (el Fairmont) y caminamos primero al lado del lago, luego por una especie de puente de madera junto a un mini-lago (del otro lado estaba un poco de lecho de lago: supongo que en verano crece), por una ladera rocosa, por un bosque y por un caminito al lado de una pared rocosa imponente. Finalmente llegamos al lugar en donde está la casa de té -estaba cerrada, bu. Ahí un pajarraco y unas ardillas le robaban (bueno, mendigaban) comida a la gente. Comimos algo de lo comprado en el súper (yo compré almendras y un chocolate que no me gustó) y volvimos al camino. ¡Qué cosa, el glaciar! Es realmente impresionante. Y el frío que hace no te lo crees. El viento pega con fuerza en la cara, pero sólo a ratos.
Como el caminito final, un sendero de unos 50 centímetros, estaba todo lleno de nieve pisada, era un camino resbaloso y muy preocupante (había rocas sueltas de un lado y una pendiente muy inclinada del otro) pero llegamos al final. Desde donde estábamos se veía, muy a lo lejos, en la cima de una de las montañas, una cabañita. [El lugar se llama Plain of the Six Glaciers y, ahora me entero, es zona de muchas avalanchas. Muchas. Tipo que en verano se pueden escuchar cada hora o algo así. En invierno es un camino cerrado. Creo que nos tocó una de las últimas idas del año].
Al regreso me caí. Nada grave, un sentón por la nueve resbalosa del sendero de 50 centímetros. Así que continuamos por las piedras, que a ratos estraban cubiertas de nieve blanquísima. En el camino platiqué un rato con Anna y Pacale (Alex se regresó por el otro lado del lago) y me sentí un poco fuera de lugar. No sabría decir por qué, pero me sentí vieja y torpe. Así que tratpe de cambiar mi ritmo para no ir con ellas ni con Carlos y Adrien, que venían atrás. Y no es que hayan sido groseras o que me hayan tratado mal. Pero, haciendo memoria, concluí que con mucha frecuencia me siento así, como que no pertenezco, que no encajo con la gente a mi alrededor, que me toleran pero que no soy una compañía grata. Sé que tiene mucho de malviaje pero es una sensación frecuente y desagradable.
En fin.
Llegamos al Fairmont y quisimos tomar el té ahí, pero pasaban de las cuatro y el té es de 12 a 3. Bu. El restaurante les pareció fuera de rango a Pascale y Alex (¿o fue sólo a Pascale?) así que nos fuimos al deli (despupes de esperar 15 minutos por una mesa y estar ya sentados viendo la carta. oso.).
Ahí pedí un té de menta y me quemé la boca bien gacho.
Y de ahí regresamos a Banff. Salió en 7.50 por persona. Como yo pagué la coca de Carlos en el deli, nomás le di cuatro dólatres. usé los dlls gringos que traje de Mx, no creo necesitarlos acá. Y como era su último día en Banff, ¿para qué quería dinero canadiense?
Le pusimos gas al auto y lo entregamos. Pascale y Alex se quedaron en el súper. Adrien y Anna se adelantaron para alcanzar la cena en el Vistas.
llegando al Centro Banff nos topamos con una venada con dos venaditos. Aw. ternurita. Nos despedimos Carlos y yo y llegando al cuarto, mensaje de Camila: Maclab a las 8. Eran 7:30. Así que descansé media hora y bajé al lugar. Comimos pizza (una buenísima de blue cheese con queso de cabra y champiñones) y papas dulces (camotes) a la francesa. me tomé dos cervezas y media y acabé molida.
Me la pasé bien, eso sí, aunque pasado un rato me dio la inquietud, esto de no encajar, de estar con demasiada gente. Porque estaba un compositor taiwanés (Wei Chie Jay Lin), Adrien, anna, Carlos, Alejandro, Gaby, Jimena, y varios más. Y sí, me dio el engente.
llegué al cuarto a la una de la mañana y dormí mal, con pesadillas de mucha gente en casa de mi tía estelita. En el sueño hablaban y hablaban y no me dejaban dormir. Le pedía a mi tía que me cambiara de cuarto y me mandaba a uno donde un gatito jugaba con un rascador con pelota (los llaman turbo)y no me dejaba dormir.
Desperté a las siete, luego platiqué un rato con Alberto, Mary y mi papá, que fueron a desayunar al italiannis, y me volví a dormir. Luego sigo, porque ahora iré al pueblo con Camila. Brb.

(1 am)
Pues fuimos al pueblo. Compré verduras y sopas. Ella, unos cigarros. Pasamos por una dulcería y Camila me invitó un chocolate con maple y macadamias delicioso. Regresamos al Centro y nos vimos de nuevo a las 3.30 para comer.
Luego, Camila y Jimena se fueron a caminar y yo me metí a la biblioteca. Saqué los tres libros de Alberto que tienen acá y devolví el de Juan José Rodriguez. Comencé el de Mothertalk y me encantó. Está genial. Es una especie de testimonial de una mujer nacida en Japón que emigró a canadá. Me está gustando mucho. Leí un rato en la biblioteca y otro rato en el estudio. A las 9 fui ooootra vez a Maclab: la despedida de Camila. Papas dulces y un café. Y luego, a eso de las 10, a la habitación. Platiqué por Hangout un rato con Alberto. Y ahora muero de hambre :(
Pero más bien creo que es hora de dormir.
Antes: ¡cómo me gusta la biblioteca! ¡Y qué sorpresa encontrar un libro de cómo envolver regalos y varios de Luis Felipe Hernández -quien, por cierto, le copió la dedicatoria a Alberto, hmmm.
Tamañana!

banff dia 13

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