Banffiversario, 8 de octubre de 2014

La narración del 8 de octubre del año pasado es breve porque fue un día de mucho caminar (aunque en mi anotación no digo que estaba cansadísima, ja). Por cierto, la piña que menciono por ahí… todavía está conmigo :D

 

Y dice:

 

8 de octubre

 

En la mañana platiqué por skype con Alberto, tomé el nutrimeal y llené varias postales. Luego vine al estudio un rato y me fui a una caminata con Ronna, una guía de por acá. Costó cinco dólares y estuvo mega. Me gustó que Ronna nos contó la historia de Mary Schaffer Warren, una acuarelista que anduvo por acá y que, a principios del siglo pasado, se aventó a viajar por la zona con una amiga. Fueron las primeras mujeres en andar por acá con dos hombres ¡que no eran sus esposos! Y ella se dedicó, luego de las acuarelas sobre la flora de acá, a contar hitorias. Buenísimo, caray.

Mary_Schaffer1

También nos contó de Leighton, un pintor que hacía carteles para la CRP (el tren) a cambio de comida, hospedaje y viajes. Que este cuate luego dio clases de pintura en el Centro Banff y que decía que el primer paso para escribir bien pintar bien es encontrar un sitio cómodo para sentarse.

 

leighton

Lo más raro/loco/lindo fue que esta chava, Ronna, hizo mucho énfasis en la necesidad de dejar que Banff se meta en uno y lo transforme. O algo así. Me movió algo. Creo que no sé describirlo bien pero tiene que ver con el cambio, el Mago del Tarot y una piña que me encontré :P

 

Una foto de ese paseo se usó como publicidad para siguientes excursiones. ¡Ahí salgo! :)
Una foto de ese paseo se usó como publicidad para siguientes excursiones. ¡Ahí salgo! :)

Por cierto, se me ocurrieron ideas para un curso de guión en Chignahuapan (Aguzar los sentidos y tal).

Luego, acá en el estudio, vi pasar a una marta, un mink o una comadreja. ¡Qué emoción!

Terminé un cuento. Al rato iré a ver a los mexicanos en el café de acá, qué nervios!!!

 

Resumen del día 3
Resumen del día 3

 

A un año de Banff

Hoy, 6 de octubre de 2015, se cumple exactamente un año de que me fui al Centro Banff a hacer una residencia artística. Mi intención era escribir diez cuentos usando de protagonistas a personajes secundarios de mi primera novela, Ojos llenos de sombra. El viaje fue lo que esperaba y muchísimo más: dicen que hay experiencias que se convierten en putnos de inflexión y que nos hacen organizar nuestros recuerdos en un antes y un después, y la ida a Banff fue precisamente una de esas experiencias (aunque yo creo que puede haber muchos puntos de inflexión en cada vida).
Hoy, para conmemorar el aniversario de mi viaje a Canadá, voy a transcribir aquí la entrada correspondiente de mi diario. No sé si me anime a transcribir, día a día de aquí al 27 de noviembre, todas las entradas (y es que soy poco disciplinada y, a diferencia del año pasado, mi agenda de este apenas tiene tiempo para que me ponga a escribir por gusto cosas que me interesen) pero podría ser.

Entretanto, les contaré que el diario me ocupó una moleskine y media. Usé unas chuladitas edición especial de El Hobbit (muy adecuadas, ya que yo también iba a escribir sobre una ida y una vuelta) y seguí escribiendo aún tras mi regreso, pero ya menos regular. Me detuve el 16 de febrero, en Tixtla; pero la causa de la interrupción es otra historia.

En fin: así que, al menos hoy, transcribiré la entrada correspondiente de mi diario aquí. Ya veremos si la nostalgia de 2014 y el frenesí de 2015 me permiten hacerlo por más días.

 

Y dice así:

 

libreta banff

06. oct. 2014

Hace rato decía mi papá: no hay plazo que no se cumpla. Y sí: luego de meses de nervios ya estoy en la sala 33 del aerupuerto (terminal 1) para irme a Banff. Son las seis de la mañana.
El vuelo sale a las 6.30, vía Vancouver. Ahí estaré cerca de dos horas y hago la conexión a Calgary. De ahí el Banff Transporter y al fin llegaré. Creo que hoy será día de trayectos.
Tengo calor –> traigo una playera térmica muy delgada pero muy efectiva. Me duele un poco la pierna izquierda –> me ha estado doliendo desde hace algunos días, es como dolor muscular en el muslo. Y no tengo hambre –> ayer desayuné, comí y cené como marranito.

Pensé, en algún momento, en comprar una almohada de viaje –> supongo que la idea vino de pasar por el interminable duty free (¡de veras larguísimo el pasillo! ¡y casi todo cerrado, excepto algunos delis y tienditas para turistas!). ¡Cuestan más de 500 pesos! Es una locura, y más para un objeto que, después del vuelo, se convertirá en un estorbo.

¡Ahora inicia el abordaje! Espero volver a escribir luego :)
[laaaa dramática…]

 

***

 

¡5 horas, 50 minutos va a durar el vuelo! -nomás de Mx a Vancouver, claro. Por cierto, son 6:25 y ya estoy en mi asiento.
Hace un momento avisaron que Air Canada lleva cinco años consecutivos como la mejor aerolínea de Norteamérica y que van a hablar en inglés, francés y español. Eso me late. Para mejor, el lugar junto a mí está vacío :D
Creo que va a ser un buen vuelo.

[un rato más tarde]
Ya llené la forma de migración y ayudé a otra persona a llenarla. No tenía la intención de pagar comida pero ya me dio hambre. Tendré que pedir algo para desayunar, ni modo :)

 

***

 

Me ha tocado conocer mucha gente que se queja de la comida de avión y de la comida de hospital. La verdad, mi experiencia con ambas siempre ha sido satisfactoria. Ya sé que nunca voy a brillar en sociedad y que soy lo contrario a una gourmet, pero suelo disfrutar mucho la comida de avión -y también la de hospital, lo que es altamente reprobable, ya que implica robarle a un enfermo :P
En cualquier caso, si fuera de la banda que se pone loca porque la comida del avión le parece un insulto al paladar, tendría que estar doblemente conflictuada, ya que pagué por ella. Y no es barata: 5.50 dólares canadienses por un sandwich de desayuno tipo el muffin de desayuno de lomo canadiense de MacRoñas (que, por cierto, también me gusta un montón, ay).
la buena noticia es que el breakfast sandwich me gustó mucho. Lo acompañé con jugo de naranja y estamos esperando que pase la turbulencia para que me sirvan un café.
Todo bien.

[El lomo canadiense del sandwich, pienso ahora, ¡debe ser canadiense de verdad! –> o sea que es mi primera comida típica canadiense (a pesar de que el jugo era jumex, lo que me hace dudar del lugar de origen del lomo, pero en fin. Ah, y ya encarrerados en la reseña, tenía queso amarillo fundido y huevo que, al horno, es una delicia -al horno y revuelto, y estrellado y de todos modos menos tibio y crudo, creo].

 

***

 

Me gusta que haya pantallas con mapa, mostrando nuestra ruta. Ahorita estamos a 76 millas de Hermosillo, todavía en territorio mexicano. –> Ahora a 126 millas de Hermosillo.
Ahorita son las 7:07 en Vancouver y faltan tres horas para llegar…

 

***

 

He dormitado la última hora. Hubo turbulencia por ahí de Phoenix y vamos ya por los rumbos de Las Vegas pero más al este. El Gran Cañón está a 18 kilómetros.
En Mx son las 10. ¿Cómo estarán mis humanos y mis gatos?
[El baño del avión tiene jabón que huele rico].

 

10.22 en México. Vamos sobre el desierto Escalante. Salt Lake City quedó atrás. Esto del mapa en la pantallita es lo máximo :)

 

Creo que desde niña aprendí a disfrutar los viajes en avión. O los viajes en general, excepto que no, los trayectos en auto nunca me fueron disfrutables. Pero me acuerdo de la emocipon de levantarnos de madrugada, estrenando una piyama que haría las veces de pants (¡cuánta transgresión!), la exploración del baño del avión (algunos tenían vasitos de cartón con asas plegables)… Me acuerdo de los jaboncitos de Eastern, que venían envueltos individualmente, y de que siempre teníamos (o mucho tiempo tuvimos) en casa.
Los cubiertos de metal, los platos de cerámica. Y de todo eso tuvimos en casa. Supongo que entiendo por qué las aerolíneas dejaron de usar esos objetos :P
Pero recuerdo esos momentos como parte de la aventura del viaje y, si me apuran, probablemente son de las cosas que mejor recuerdo de aquellos viajes. Curiosamente, no recuerdo ni la documentación de maletas ni las filas en migración o.O Creo que esa forma de viajar se la debemos a mi mamá. Todavía ahora, cuando llego a un cuarto de hotel, lo primero que hago es explorar el baño y alegrarme si tiene tina. «Qué suerte tienen los que no se bañan», pienso o exclamo -así como lo exclamaba mi mamá. Y me da um gusto sincero, a pesar de que ya no me baño en tina -al menos no con la frecuencia de entonces.

 

***

 

Estamos a una hora de llegar a Vancouver. Leí el periódico. Es tan tierno leer un periódico que se refiere a cosas tan locales como un tipo que demandó a la ciudad por el ruido de las motocicletas :)
Estamos pasando por una zona montañosa, Monts Warner. Al oeste está el desert Black Rock (al suroeste, para ser más específicos).
En Mx son las 11:07, en Vancouver las 9:07.
Me gustan los mapas :)

banff mapa avion

 

 

***

 

11.54 tiempo de México y… ¡hay internet en el avión! (por 4 dlls). caí en la tentación, claro, y le mandé un mail a mi papá, otro a Karen y platiqué tantito con el Albert (¡ay, ya lo extraño!)

¡2470 millas viajadas!

También cambié mi foto en FB. Pensé en no usarlo más desde hoy, pero… ¿y si mejor desde mañana? ¿Esto cuenta como adicción? Ay.

Me llevo el periódico que me dieron para leer en el avión. Voy a necesitar unas tijeras y un pritt, por cierto :)
Y bueno, estamos a diez minutos de aterrizar. Iba a hacer un chiste tipo «si esta es mi última anotación en esta libreta—» pero ñé. Mejor digo: «pasando migración escribo de nuevo» (Esta libreta es como un blog analógico. espero no abandonarla).

Ah, por cierto: en Canadá, al lomo canadiencie no le dicen «lomo de acá»: le dicen «back bacon». Oooooooh…

[Todavía no aterrizamos. 4131 kilómetros hasta acá. ¡Estamos aterrizando!] :D

 

***

 

11.42, tiempo de Vancouver.

Ya en el segundo avión.

Según yo iba a tener tiempo suficiente para migración, aduana, ver las tienditas y comer algo. Nada de eso. Pedí instrucciones tres o cuatro veces (pero es que mejor preguntar de más que perderse) y, la verdad, fue sencillo. ¿A qué va? A escribir un libro. ¿A dónde? A Banff. Bueno, dije de la beca y tal. Luego, a las bandas por la maleta. El asiento 19 es la de emergencia!!!
Entregar el formato en la aduana. Pasar a dejar la maleta en la otra banda. Tomar un elevador. Formarme en una fila de 20-30 mins (eso decía la pantalla). Pasar el punto de revisión. Sabe por qué, decidieron revisar entera mi maleta azul. Qué risa:

      • una linterna (porque me da miedo salir de noche del estudio en Banff)
      • un cargador de teléfono
      • un kindle
      • un periódico y una revista
      • un monedero de gato
      • una libreta
      • otra libreta
      • otra libreta
      • un libro de gatos
      • una agenda
      • un cable para kindle
      • cables para laptop
      • ventilador para laptop
      • gorro y bufanda
      • pluma fuente desechable
      • pluma atómica desechable
      • chicles
      • ipod
      • cable para ipod

 

 

Ya que pasé, a guardar de nuevo la laptop en la mochila y otra vez a caminar: la sala para ir a Calgary estaba al otro extremo (sala 42, creo). Llegué apenas a tiempo para cargarle batería al cel, avisar a Alberto que ya estaba ahí y en eso nos llamaron para abordar.

 

Fotos que no tomé:

      • Una fuente con esculturas tipo arte nativo canadiense
      • una mesa con todas las botellas y vasos con diferentes cantidades y tipos de líquidos, acumulados en el punto de revisión
      • la pantalla onda disneylandia que avisa cuánto tiempo va a tardar la revisión
      • las maletas tipo bolso de dama gigante con rueditas y manija.

 

Cosas que no hice:

  • tomar fotos
  • comer algo

 

Ah, pero sí hice otras cosas:

  • Ir al baño :)
  • Arreglar el reloj de mi fon al horario en Vancouver.

 

Y ahora estoy en el avión a punto de despegar (son las 12:03)

 

***

 

12.35 tiempo de Vancouver :)

Tomo café, agua natural y como una bolsita de pretzels. Como despecito porque sí tengo hambre pero no creo que haya comida en este vuelo (y si hay, no muy se me antoja pagarla). Leo en la revista de a bordo un reportaje sobre Tulum. Qué curioso. :)
Curioso y cruel: el texto habla de tacos al pastor y sopes de pollo. Bu. Claro que se me antojan. Pero al menos fue un paro la bolsita de pretzels (60 calorías) :)Estamos a media hora de llegar a Calgary. En el mapa de la pantalla frente a mí ya se ve con precisión Banff. ¡Qué emoción!
(En Calgary son las 13.50 y se calcula que llegaremos a las 14:10. ¿Trato de tomar el airporter de las 14:30 o me espero al de las 15.30? Dependerá de lo que tarde en salir la maleta. En todo caso, prisa no hay).

685 – 51 kms de Vancouver a Calgary.

En Columbia Británica hay un lugar que se llama Dawson’s Creek.

 

***

 

Diez de la noche

Ah, qué día más largo. Bajé del avión y la primera maleta en caer a la banda transportadora fue la mía. Caminé a donde el camioncito Calgary – Banff y me pudieron subir en el de las 2.30 (estaba agendada para el de las 3.30). Así que llegué al centro Banff sin problema.
En el camino, me llamaron la atención varias cosas que no pude fotografiar pero que, a cambio, guardaré en la cabeza:

  • Una yegua negra, con su potrillo, todo torpe, caminando hacia ella.
  • Caballos echados en el pasto.
  • Unos chavos haciendo esquí sobre ruedas :)
  • Aves echadas en un campo de beisbol.
  • ¡Los colores! El azul del cielo, los árboles verdes y amarillos y rojizos, las montañas, el pasto… todo es technicolor.

 

Llegué al Centro Banff y un señor de la recepción me trató lo máximo: me regaló un cuernito, me trajo en auto al edificio, me ayudó con la maleta y no me aceptó la propina. Mañana lo buscaré para ver cómo se llama y darle un beso indio (suena terrible, ya sé).

Estoy en el piso 6. Tengo cama king size pero no le hallo el modo al aire acondicionado y se escuchan muchos ruidos. Usaré tapones.
Descansé un poco y fui a tramitar la ID del centro. Luego fui al pueblo, compré postales, un prit, tijeras. Y mi real Simple.
Regresé apenas a tiempo para cenar en el restorán no-caro, el Vista. Comí sopa de pollo con pasta, sopa/crema de papa con brócoli y roastbeef con puré. pero ya tengo hambre :(
Ah, cuando venía del pueblo, al pasar por el cementerio, ¡me encontré dos venados!
Me emociona porque camino de Calgary me preguntaba cuántos días habrían de pasar antes de topar animalitos. Y que haya sido hoy, wow. Además, al verlos me quedé zonza pero un tipo que venía en sentido contrario en el mismo sendero me dio tips. ¡La gente ha sido súper amable! Y bueno… creo que me voy a dormir…

banff resumen

¡Fresas!

fresa portada

Hoy fui a desayunar con mi papá, mi tía Estela y mis primas Marysol y Lilián. Hacía mucho que no nos reuníamos así y me dio mucho gusto que se diera el chance. Pero lo mejor de todo fue el regalo que me llevó mi tía: un ejemplar de El fresa, fenómeno de nuestra sociedad, la primerísima cosa que me publicaron en la vida (bueno: antes había publicado cositas en revistas, pero este fue el primer librito mío mío). De entrada es algo muy simple, una plaquette de edición independiente de la que hubo, creo, 500 ejemplares.

Debo confesar algo: durante mucho tiempo, incluso desde su hechura, me causaba una vergüenza muy grande, y a la fecha no sé exactamente por qué. A lo mejor porque yo lo había escrito en plan de juego; o tal vez porque la idea inicial había sido, en equipo, mía y de una amiga de la secundaria, y yo sentía que me estaba apropiando de algo; quizá porque en la adolescencia lo que uno quiere es encajar y no tanto destacar. A saber. Lo que sí sé bien es que me daba tanta pena que no usé mi nombre sino un seudónimo. Tanta, insisto, que no me quedé con ejemplares del cosito de 32 páginas. Hasta hoy.

¿Ana Rebeca, dice?
¿Ana Rebeca?

Acabo de releerlo. Primero, sintiendo que las mejillas me ardían, a pesar de que estaba yo solita. Y luego empecé a verlo con otros ojos, digamos que con cariño. O con respeto a la chavilla que fui, esa que disfrutaba con mirar a la gente y escribir desde el humor lo que veía. Es muy curioso. Por una parte, me doy cuenta de sus muchas fallas. Siendo amable, podría decirlo así: he mejorado muchísimo en redacción, lo que es un gusto (vaya, de algo tenían que servir los años de escuela, los cursos de edición, el blog, la escribidera diaria). También me concentro más y puedo escribir textos más largos (aunque eso lo escribí a mano y luego lo pasé en limpio, corregido, también a mano, ouch. De solo evocarlo me duele la muñeca). Pero por otra parte debo reconocer que tiene sus aciertos. Por ejemplo, debo admitir que mi ortografía ya era bastante buena (¿está mal que yo lo diga?); y, lo que me parece más interesante, el estilo, el humor, los temas, las obsesiones, son ya un asomo de los que tengo ahora.

El mejor ejemplo de esto es el tema del coso: es una descripción de los chavillos fresas que había en mi secundaria, de su forma de hablar, sus intereses, sus defectos y sus hábitos. Mi parte favorita, hace rato, fue cuando habla (¿hablo?) de la rivalidad entre chicos fresa y chavos banda (el encontronazo entre mainstream y underground sigue siendo uno de mis temas predilectos).

Obviamente, el librito es más una curiosidad, un juego, que una obra literaria. Está muy ligado a su momento (habla del crusli y de la telenovela Quinceañera; ¿quién se acuerda de esas cosas?) y se termina abruptamente, como que me empezó a dar flojera y le puse el punto final para dedicarme a alguna otra cosa. Pero bueno, tenía trece años (dieciséis cuando lo imprimieron) y no era niña genio, así que… paciencia pa la Rax de entonces :)

En fin. A lo que voy con todo esto es… que me da gusto que mi tía haya guardado todo este tiempo este ejemplarcito y que haya sido tan generosa de regalármelo. Y me da gusto poder verlo con simpatia. Digo, está bien que nos exijamos mucho y que seamos capaces de ver nuestros errores del pasado, pero… a veces también es sanador ver lo que hemos hecho bien. Y, en especial, se siente padrísimo confirmar que hay pasiones que se traen desde siempre y que no se pierden aunque uno se distraiga veinticinco años :P

Fierritos en los dientes

brackets

Tenía doce o trece años la primera vez que me sentenciaron a usar brackets. Que mis dientes estaban chuecos, dijo el dentista. Que podrían quedar derechitos si me ponían frenos. Yo no dije que no, pero tampoco me entusiasmé. Y no sé por qué, pero mi mamá tampoco se entusiasmó (quizá, pienso ahora, por la crisis: eran tiempos difíciles). Luego se nos vino la vida encima: cumplí quince, murió mi mamá, hubo cosas más importantes que traer fierritos en los dientes (siempre había algo más importante) y el tiempo se fugó a una velocidad sorprendente.

Ya era el siglo XXI cuando mi boca se puso en huelga: de pronto me di cuenta de que mis encías estaban inflamadísimas y mi paladar se lastimaba con cualquier cosa. Lo peor fue un día en que, al inclinarme para secarme el cabello después del baño, un sabor a fierro me inundó la boca. No, a fierro, no: a podrido. Podrido leve y ferroso. Y no era un sabor, era un olor. Pero sabía. Osh, ni siquiera puedo explicarlo, pero estaba de la chingada. Así que me asusté y fui con un dentista que dijo que mi mandíbula inferior no había crecido al ritmo del resto de mi cuerpo (¿por qué la mandíbula inferior y no, digamos, la cintura? ash). Que por eso mis dientes de abajo estaban apiñaditos. Que él proponía fracturar en dos zonas la mandíbula para hacerla cuadradita en vez de triangular, acomodar los dientes y cortar las encías que estaban sobrececidas. Que sería un año jodido, pero que luego estaría yo fantástica y feliz.

La verdad, me dio culito (una forma de miedo que no tiene que ver con los fantasmas). Así que le dije que yo lo llamaba luego y huí. Me dediqué a la negación mientras mi boca seguía su camino a la perdición. Un par de años después fui con otro dentista. Me dijo que si no me atendía YA, en cinco años empezaría a perder dientes. Su propuesta era separar la encía, raspar el hueso y volver a coser la encía. Por supuesto, me dio culito. Menos que la propuesta del quebrantahuesos, pero igual dije «ái luego le hablo». Y volví a mi negación.

Volvieron a pasar los años. En 2011, en plena fiebre del group-on (fiebre mía, no sé cómo funcione con el resto de la gente), un día que estaba buscando masajes o manicures con descuento, encontré un paquete dental con rebaja de 70% o 50% o algo %. Suficiente porciento como para animarme. Era limpieza y  diagnóstico, con radiografías incluídas. Me latió la idea y lo compré. Fui a consulta con la doctora Astorga, toda recelosa yo, y me encontré con la dentista más dulce y paciente a la que le haya confiado mi boca (y miren que no son pocos, de verdad). Me puso anestesia tópica sabor a fresa antes de ponerme la inyección de anestesia a la hora de limpiar los dientes. No me regañó. Me sacó las radiografías antes de hacer un diagnóstico. Me dijo que había que limpiar dientes y encías pero por etapas, conforme se fuera desinflamando la hinchazón iríamos bajando hacia la zona más jodida. Y dijo, claro, que había que poner fierritos. Sin fracturar, cortar encía o raspar hueso. Pero que sí había que enderezar los dientes, no por vanidá, sino para que me pudiera yo limpiar las zonas que entonces eran imposibles de alcanzar con el cepillado normal.

Le apliqué la del son de la negra: dije que sí, pero no dije cuando. La limpieza empezó de inmediato y, meses más tardes, volví a tener encías normales. Pero nada de fierritos.

Mientras siguió la vida: terminé una novela y luego otra y otra y otra; me titulé; etcétera. Un día me di cuenta de que ya no era yo la simpática posponedora que dejaba todo inconcluso. Ahora soy una persona que termina lo que empieza, me dije ante el espejo, y me sonreí. La sonrisa que me devolvió el espejo me hizo recordar el gran pendiente desde que tenía doce o trece años. Madres. Si de verdad soy alguien que termina lo que empieza, debo enfrentar al demonio de los fierritos, me dije.

Así que, desde julio, mi sonrisa tiene una buena cantidad de acero inoxidable o algo parecido. Hay días que duele mucho, pero en general ha sido mucho menos terrorífico de lo que imaginaba. Cuando estoy en la silla de la dentista para que me ajuste los cables siento un poquitito de miedo (seee, me da culititito) pero nada que ver con lo de antes. Y no he perdido un solo diente, ja.

Obvio, es pronto para cantar victoria: si todo sale como está planeado, será hasta 2017 que me quiten los fierritos y tenga la sonrisa que he aplazado desde 1990. Pero está bien: por una parte, no tengo prisa; por otra, estoy segura de que voy a llegar al final (del tratamiento o de la vida, pero de que acabo, acabo).

En fin. Ya ni siquiera sé por qué empecé a contar esto, si lo que quería hacer era una crónica de los hechos interesantes del último medio año. Y ni siquiera hay moraleja o final sorpresivo… Pero creo que quería compartir en este blog, que me acompaña desde 2002, el último gran pendiente de la época en que dejaba yo todo inconcluso. A lo mejor sería cotorro, como en plan irónico/metafórico, dejar esta entrada a medio

Pirañas del mundo ¡uníos!

 

PIRANAS_DEL_MUNDO,_UNIOS_-_RAQUEL_CASTRO

 

Estaba yo en la prepa cuando empecé a dibujar mi cómic «La saga de la piraña humaña». Estaba segura de que sería un exitazo, pero me topé con un obstáculo inesperado: no sé dibujar. No sabía entonces, sigo sin saber. Más o menos me salía mona la cara de la Piraña Humaña, pero hasta ahí. Así que la saga quedó inconclusa hasta que decidí intentar de nuevo, esta vez como cuento. La versión más temprana de esa historia debe andar por aquí, en este blog. Pero no me satisfacía del todo, así que la retrabajé mil ochomil veces y finalmente quedé satisfecha :)

Por otra parte, fue una sobredosis de pelis de zombis lo que me hizo escribir «Historia de amor», un cuento que, cuando apareció en mi cabeza la primera vez, fue una pesadilla tremebunda. También es ya un cuento con el que me siento más o menos segura (la verdad es que siempre que veo a alguien leyendo algo que yo escribí me entra la peor de las inseguridades, pero esa es otra historia).

Otra historia mía, «La saga de P. Espín», apareció primero en este blog una vez que estaba yo bien enferma. Se me hace que con fiebre. Pero luego hice lo que con las otras dos: me arremangué las mangas, me apoltroné las poltronas y me puse a trabajar hasta que quedó un cuento que me gustó.

Les cuento esto porque esas tres historias son ahora un libro de cuentos. Mi primer libro de cuentos. Es decir, ya hay cuentos míos en libros, pero nunca habían tenido un volumen para ellos solos. Como si tuvieran su primer depa sin roomies. No es un libro impreso, sino electrónico, lo que me hace la mar de feliz, porque yo soy tan fan de lo impreso como de lo electrónico (empecé a suspirar por los ebooks desde el siglo pasado, imagínense). Por si fuera poco, la idea de este libro no fue mía sino de Salvador Luis Raggio, quien es autor intelectual de la muy bonita colección Absurdia & Suburbia, que vendría a ser el residencial exclusivo donde mis cuentos consiguieron su depa sin roomies. O sea, hay varios motivos para sentirme emocionada y feliz.

Por supuesto, sería todavía mayor mi felicidad si ustedes, que me leen desde hace tanto tiempo (y ustedes, que cayeron por casualidad en este blog buscando otra cosa -capaz que fue el destino el que los trajo acá-), se animaran a descargar el libro. Yo misma acabo de hacerlo, así que les puedo hacer el tutorial paso a paso.

 

Tutorial paso a paso

 

1. Entran a esta liga de Book Marketplace. (La dirección a la que están dando click es http://books-marketplace.com/fiction/collections/coleccion-absurdia-and-suburbia-editada-por-salvador-luis/piranas-del-mundo-unios-en.html) y se van a encontrar con la opción «add to shopping cart». Le dan click. (Sí, primero pueden leer la sinopsis tan bonita que hizo Salvador Luis o la foto tan favorecedora que me hizo mi hermano. Pero luego de eso, anden, sin pena, denle click a «add to shopping cart»).

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2. (Este es el botón. Arriba pueden ver que son sólo 3.99 dólares, o sea, como 60 pesos al tipo de cambio actual -y esperemos que pare ya el desliz del peso, sniff).

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3. Les va a aparecer un pop-up con dos opciones: seguir comprando («keep shopping») y hacer el check out («check out»). Si quieren comprar más libros de Absurdia &  Suburbia, padrísimo, de verdad. También pueden buscar ahí la novela de Erika Mergruen «La casa que está en todas partes»: no se van a arrepentir, de verdad. Es más, les dejo la liga acá. Pero si por esta vez no quieren comprar nada más, hagan click en «check out».

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4. Si ya han comprado antes en The Book Marketplace no ncesitan el resto de este instructivo. Pero si no, hagan click en «register» para registrarse como cliente nuevo.

 

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5. Van a tener que llenar un formatito pero de verdad que es sencillo y rápido. Yo tardé menos de dos minutos, y eso que al mismo tiempo estaba tomando estas fotos y jugando candy crush :P

 

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6. Como es libro electrónico, verán que no hay gastos de envío, sin importar en qué lugar del mundo estén (¡yei! ¡ventajas del ebook!)

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7. Ahora viene la parte que suele ser más dolorosa: el pago. Pero como son sólo 3.99 dólares, y como los cuentos son relindos, y como ustedes me quieren mucho (¿verdad? ¿verdaaaaad?), no lo va a ser tanto. Además: se paga con paypal, que es facilísimo y segurísimo (yo pago con paypal montones de cosas desde hace años y años y nunca he tenido un solo problema, se los jurito). Si no tienen cuenta de paypal, no hay problema: de todos modos pueden pagar usando este servicio gratis y seguro (eso sí: van a necesitar tarjeta de crédito). [Nota: La flecha roja señala la opción de pago con paypal. La verde señala la instrucción en caso de que no se tenga paypal, pero en cualquier caso se da click abajo, en donde dice «submit my order» -es el botón rojo que olvidé poner en un círculo, pero no hay pierde]

 

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8. No voy a poner fotos de la transacción en paypal pero les juro que es fácil, rápida y en español. Cuando la terminan, les aparece el recibo, que pueden imprimir si quieren.

 

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9. Entonces les va a llegar un mail de The Book Marketplace (bueno, les van a llegar tres: el que dice que bienvenidos como nuevos usuarios, el que  dice que su orden ha sido procesada y el que nos ocupa, que dice el número de su orden y que el acceso electrónico está habilitado («access to electronically distributed product is granted»). Lo abrimos…

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10. …y ahí estará la liga de descarga, en epub y en mobi, que son los dos tipos de archivo de ebook más utilizados (ya de ahí lo pueden pasar a su kindle o leer directo en su pc usando un software especial para ello, como el que pueden bajar acá.

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OJO: También lo pueden bajar directo desde la página de Books marketplace después de haber hecho el pago en paypal. Para ello, la cosa es así:

 

9 del mundo paralelo: Paypal los redireccionará a Book Marketplace (y les dará una liga que dice «si no te redirigimos en automático en diez segundos, da click acá). Cuando regresan, llegan al resumen de la compra. Ahí dan click en «My order details».

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10 del mundo paralelo: Llegarán a otra página donde está la liga «Download page». Click ahí.

 

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11 del mundo paralelo: Les aparece la liga para bajar el libro en epub y en mobi.

 

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En serio que es fácil y bien rápido. Y en serio que me encantará que lo lean y que me cuenten qué les pareció :)

 

 

La elfa enamorada

NazgulEowyn

ADVERTENCIA: SI NO HAN LEÍDO EL HOBBIT NI VISTO LAS PELIS, AQUÍ HAY SPOILERS.

Estoy regresando de ver en el cine «El hobbit 3», que viene con el subtítulo de «La batalla de los cinco ejércitos», aunque bien podría ser «O cómo tirar a la basura al personaje principal porque el director no logra entenderlo». Hay montones de cosas que no me gustaron y unas poquitas que sí. Pero lo que me quedé pensando que quizá valdría la pena compartir acá es que no entiendo cómo hacen las adaptaciones dizque «de cuota de género». Es decir: entiendo que en esta peli (y las dos anteriores) sale Galadriel (que ni al caso) y le agregan una elfa guerrera para que nadie diga que son misóginos. Pero ¿de veras lo consiguen? La respuesta es que no. Porque Galadriel nomás parece parodia de El Exorcista y la elfa enamorada del enano no deja de ser la típica monita enamorada y bleh. Si de todos modos se iban a meter con la historia en vez de entender su contexto y su momento histórico, ¿por qué no hicieron algo más arriesgado? En vez de meter a la elfa, yo habría convertido a Bard en mujer. Imagínense: una madre soltera, que además es buenaza con el arco y la flecha, que desciende de los que rifaban long time ago en la ciudad pero que, por ser mujer (y madre soltera) no puede acceder a un puesto así (de hecho, la pondría al principio medio apestada). Y luego resulta que mata al dragón y se vuelve gobernadora y es la que trata de evitar la guerra tanto como sea posible. Y NO SE ENAMORA. No porque tenga yo algo en contra del amor, que conste, sino porque en esta historia no hace falta. También podrían hacer que Fili y Kili fueran Pili y Mili, enanas guerreras. O si de plano no conciben la vida sin amor, pus que uno de los enanos tenga un crush con el mismísimo Thorin (si les espanta mucho la onda gay, pues que sea una enana, pues. Quizá Balin – Balina, que estuviera enamorada desde su mocedad de Thorin pero ps no había podido ser porque así es de cruel la vida enanil).

O si de plano era indispensable meter a la elfa, pues mínimo que sí se de sus besos con Fili y que al final no resulte que ella indirectamente ocasiona su muerte (qué es eso de ir a un rincón lleno de orcos gritando «Jelou, mai loooove! Anser miiiiii!»? Obvio que lo distrajo y ps pasa chueco lo que en el libro pasa tan bonito).

En fin. Y la verdad es que Tolkien sí tiene personajes femeninos chulísimos. Por ejemplo, la hermosa y valiente Eowyn (nomás que es en El Señor de los Anillos y no en El Hobbit). Para muestra, un botoncito en versión animada:

 

 

Los amigos Begbie

Uno de los personajes que más terror me han dado en la vida es Francis Begbie, amigo de Mark «Papacito» Renton en la peli Trainspotting. Y me parece terrorífico porque creo que, en un momento u otro de la vida, todos llegamos a tener un amigo así: irascible, incontenible, inestable y antisocial. Tanto, que el resto de nuestras amistades nos preguntan por qué seguimos aguantando a ese (o esa, que también hay mujeres así) amigo (o amiga, pues). Y nos encogemos de hombros y decimos Bueno, es que ya que lo tratas no es tan malo, aunque en el fondo sabemos que es una gran mentira. Que nos ha metido en sinfín de broncas y que todavía vendrán más.

Claro, hay versiones de Begbies más discretas, donde la agresión es pasiva y no se termina nunca en una campal con heridos o detenidos por la policía, pero que igual está presente, en forma de traiciones o chantajes o chismes varios, y de todos modos la gente nos pregunta por qué seguimos aguantando a esa persona (e invitándola a las reuniones que, horror, se disuelven en cuanto llega nuestro Begbie). Y nuevamente mentimos con todos los dientes. Decimos que en sus ratos buenos es generoso, simpática, divertido o astuta, aunque lo cierto es que también nosotros nos preguntamos qué demonios tenemos en la cabeza o en el corazón, porque muchas veces el aprecio por nuestro Begbie es real.

Hay Begbies que llegan casualmente a nuestras vidas (se sientan a nuestro lado el primer día de clases y se quedan por una eternidad a nuestro lado), Begbies mutantes (que no se portaban así al principio pero que de repente se llenan de odio o amargura, o que poco a poco van dejando escapar a sus demonios, pero que cuando nos damos cuenta ya nadie los aguanta más que nosotros) y Begbies heredados (que eran amigos de alguien más y uno los detestaba, pero el Begbie en cuestión nos adopta y no hay modo de darle el esquinazo).

La parte más macabra de todo el asunto es que, fuera de su característica antisocial, el Begbie es una persona más o menos común (o sea, no está para el manicure), por lo que siempre puede atacarnos la desazón de pensar: ¿y si yo soy el Begbie de alguien más?

Yo he tenido varios a lo largo de la vida. La primerita fue una niña que se llamaba Gloria, era mi compañera en tercero de kinder y le gustaba meterse bajo el escritorio a morderle las piernas a la maestra. Era odiosa y me daba miedo. La regañaban todo el tiempo, me jalaba el cabello, me robaba las cosas bonitas que me daban mis papás para llevar a la escuela (un lápiz de hello kitty, unos kleenex decorados, cualquier cosa que me llamara la atención). Y lo peor era cuando los otros niños me decían ¿pero por qué la invitas a jugar? Yo no la invitaba, pero se me hacía horrible darle el cortón. Me quedaba claro que yo era la única persona que ella tenía. Y, peor, su mamá le había dicho a mi mamá, un día que nos esperaban a la salida de la escuela, que Gloria hablaba de mí todo el tiempo y que ella, la mamá, se sentía muy feliz de que su hijita al fin tuviera una amiga. Cuando pasamos a primero de primaria nos tocó en salones distintos y supongo que Gloria adoptó a alguien más. Pero con los años tuve ocasión de experimentar la amistad Begbie varias veces, en carne propia o por interpósita amistad.

Hubo uno en especial que yo a l u c i n a b a gachísimo porque era soberbio, malmodiento, malacopa, feo y acosón. Para colmo, a ratos era novio de mi mejor amiga y era el Begbie del fulano que me gustaba, así que me lo topaba todo el tiempo sí o sí. En las fiestas largas, cuando su novia y su amigo se dormían, y sólo quedábamos más o menos sobrios él y yo (él, gracias a la coca; yo, porque en esos entonces tenía un aguante portentoso, y no es presunción, ¿eh?) me empezaba a tirar la onda o a querer demostrar su sapiencia o a hablar mal de los dormidos. Otras veces se peleaba a golpes con alguien o se hería solo o se deprimía y se sentaba en un rincón a llorar. En serio, nunca lo quise ni me sentí cómoda cerca de él, pero cuando me dí cuenta ya lo contaba entre mis amigos, como cuando cuenta uno entre sus rasgos personales las enfermedades crónicas: están ahí, nos gusten o no, y no se van a ir. Al menos no pronto.

En años recientes me han tocado otros tipos de Begbies: más civilizados, menos intensos, pero no por eso menos tóxicos. Y entonces me regresa el terror que me daba cuando Gloria me abrazaba del cuello (lastimándome un poco, sí) y decía: Raquelito y Gloria son amiguitas y no se van a separar nuncamente (y yo odiaba que me dijera Raquelito).

Y entonces me pregunto cosas: ¿Sabe un Begbie que lo es? ¿Se da cuenta de que los demás apenas y lo toleran por deferencia a la persona que ha tomado como amigo-rehén? ¿Habrá posibilidades de que un Begbie se reforme? ¿Será que una persona puede ser Begbie con alguien pero normal con otros, es decir, que no es una condición del individuo, sino de la relación que establece con alguien? ¿Sufrirá el Begbie cuando llega a su casa? ¿Tendrá miedo de perder a su Renton?

Ooooooh, Begbies, cuántos misterios esconden, y cuánto terror me inspiran…

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La médium, la mesera y el humorista

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A veces pienso que el trabajo del creador (escritor, músico, pintor, cineasta) es similar al del médium: que consiste en darle cuerpo (con ectoplasma o con una obra, según el lado del símil) a elementos etéreos e inasibles, fantasmas o emociones humanas. Cuando se consigue, cuando el espíritu del muertito habla a través del médium (es decir, cuando un lector, escucha, espectador, etc se identifica con la obra) la satisfacción es enorme. De verdad. Y a veces no sabemos muy bien cómo lidiar con satisfacciones enormes, por lo que es fácil perderse y cometer burradas.

Me explico: en la escuela no nos enseñan a lidiar con el éxito, el diez es nuestra obligación y cualquier calificación inferior a esa se tolera mal o bien (dependiendo del profesor y los padres) pero no se festeja. En las justas deportivas se espera que aplastemos al contrario o que inclinemos la frente si perdemos y que aguantemos vara («ser buen perdedor») pero no se nos enseña, por lo general, a ser buenos ganadores también: a ser generosos con el contrario o con la porra que fue a aclamarnos por pura buena onda. Es más: para muchos de nosotros todavía es una bronca complicada aprender que no todo en la vida es competencia: que si X publica un libro no me está arrebatando a mí la publicación, y que si a Y le gusta el libro de X no significa que mi libro haya perdido un lector (eso, para poner el ejemplo literario, pero pasa en todos los niveles: desde los asesores telefónicos hasta los ministros religiosos).

Esa actitud me incomoda mucho. Para empezar, si alguien nos dice «me identifiqué con tu libro», yo creo que tendríamos que sentirnos agradecidos de que la persona le dedicó tiempo y nos concedió el voto de confianza necesario para quitar sus barreras emocionales y tender un puente de empatía. Sí, fue un chingo de trabajo, yo sé; pero es un chingo de trabajo que no vale de nada si no hay alguien que se le acerque y le dé vida con sus ojos (y/o sus oídos, manos, corazón, cerebro), ¿no?. Vamos, que sí tenemos mérito, pero también el muertito que se manifestó y también la persona que nos dice «¡ey! ¡esa es la voz de mi muertito!». Un espíritu que habla y habla pero al que nadie quiere escuchar es una condena para un médium, pensaría yo…

Claro, también puede ser que me equivoque y que estas ideas les parezcan absurdas a más de dos. Si fuera el caso, me disculpo: como les decía, no es algo que nos enseñen metódicamente y no hay una guía. O hay guías contradictorias: nos dicen que hay que ser modestos pero también nos dicen que hay que cacarear el huevo. Nos dicen que lo importante no es ganar, y nos dicen que la victoria sobre el oponente es lo único que cuenta. Nos dicen que somos parte de un todo y nos dicen que hay que ver por uno mismo y que todo Otro es nuestro contrincante en una lucha inmisericorde por la supervivencia. Está complicado.

Sin embargo, por complicado que esté, tengo la sospecha que uno de los chistes de este asunto es que no hay una verdad absoluta: que lo que le funciona a uno no tiene que funcionarle a otro y que si uno elige la soberbia y la lucha inmisericorde no quiere decir que yo tenga que seguir el mismo camino a la de a hueivo (Claro, tampoco me voy a poner de tapete para esas personas, pero eso es por comodidad, dignididad e instinto de supervivencia). Y si opto por otro camino tampoco tendría que despreciar a quienes no creen en él o que se van por otro lado. Que cada quien lidie con sus poderes mediúmnicos como mejor le resulte.

Ah, pero eso no quita que cuando uno encuentra ciertas guías se sienta inspirado y emocionado. Por ejemplo, ayer me tocó escuchar una anécdota sobre Alice Munro que me encantó: que había una cena de gala, de esas benéficas, y que uno de los asistentes le dijo a la mesera que lo atendía: «Me dijeron que la gran escritora Alice Munro es voluntaria en este evento. ¿Será aquella dama de allá, la del vestido de noche, el cabello esplendoroso, el mentón altivo?» Y que la mesera contestó, amable y sonriente: «Sí, ella debe ser». Luego la mesera terminó de levantar los platos sucios y se fue con ellos a la cocina. Y sólo después se enteró el comensal de que la famosa escritora, que sí era voluntaria, era precisamente aquella mesera que le recogió los platos.

Me gusta esa historia más que todas las historias que me cuentan de escritores ácidos, listos para humillar al pobre mortal que no supo reconocerlos o todas las otras historias de bullying de escritores a sus lectores.

Alguien me dijo que no me confunda: que Munro podía portarse así porque vivió otra época, una era anterior a las redes sociales. Que en la edad de la hiperinformación hay que cacarear el huevo, tomarle foto y subirla a instagram, compartir en youtube el video de cómo lo hicimos tortilla española, pagar un anuncio en facebook para «promover» el comentario de un amigo nuestro sobre qué buen huevo y qué rica tortilla y que luego hay que retuitear cada vez que alguien comparta la foto, el video o el comentario. Yo respondí que seguro habrá a quien eso le funcione, pero que a mí me abruma. Tampoco digo que hay que tirar a la basura el huevo, que conste. Pero ¿no se podría que nomás le compartiera la noticia del huevo a mis amigos para alegrarme con ellos, que si pongo el huevo en venta avise, sí, por si alguien quiere comprarlo, pero que luego pase a otra cosa, por ejemplo a preparar mi siguiente huevo?

No sé, pues. Pero justo hoy en la mañana acabo de recordar un texto buenísimo de Ephraim Kishon acerca de la postura de los escritores ante la actitud de los lectores. Y como está divertidísimo y no lo encontré en la red, lo transcribí para compartirlo acá. Sé que mi choro ya estuvo larguísimo y soporífero, pero de veras, échenle un ojo, no se van a arrepentir):

(Sin título, aparece como introducción a Arca de Noé, clase turista, de Ephraim Kishon)

Estoy sentado en la sala de espera de la estación ferroviaria. Mi mirada escrutradora —la mirada del escritor nato— se pasea sobre las multitudes aglomeradas a mi alrededor. Estoy particularmente interesado en un caballero sentado frente a mí, que lee el diario del día. A la verdad, sólo lo observo a él. Lo que lee es la edición del viernes donde apareció ese relato olvidable que si no me equivoco es creación de mi intelecto.
Por esta vez, experimento una curiosidad auténtica. Conozco cada línea impresa de ese ejemplar y sigo con ansiedad las maniobras que realiza con su diario el lector desconocido. Según lo que escoja en primer término, podré descubrir su nivel de educación, su opinión política y, hasta cierto punto, sus problemas biológicos. Algunas personas empiezan por las noticias, otras por las críticas de cine, otras, en fin, por los suicidios. El lector es para mí como un libro abierto. Hélo ahí: el caballero ha llegado a mi cuento. Salta a la página siguiente…
Este hombre, por ejemplo, es un idiota.
Claro que no espero que lea mi cuento; nadie puede obligarlo a hacer semejante cosa. Algunas personas han sido agraciadas con un sano sentido del humor, otras resultan ser débiles de entendederas, como ésta que tengo frente a mí. ¡No lo lea! Por favor, no necesito favores…
Tengo la penosa sensación de encontrarme en presencia de un individuo cuyas exigencias intelectuales no están por encima de las de un niño de tres años. Debe ser algún pequeño comerciante o mercachifle. Les doy mi palabra de que me inspira compasión. Ahora está hojeando el diario en sentido inverso. Derecho… derecho… hacia mi cuento. ¿Y qué con eso? ¿Ello bastará acaso para que cambie la opinión formada que tengo respecto a él? ¿Sólo porque ha consentido magnánimamente en dedicar un poco de atención a mi cuento? ¿Es así como ustedes creen conocerme? No, damas y caballeros, para mí sigue siendo el mismo tipo repulsivo que siempre ha sido. No me dejo impresionar lo más mínimo por su talento, su excelente aspecto, sus ojos inteligentes…
Naturalmente, no le guardo rencor. Al fin y al cabo, ¿qué daño me ha hecho? Se limitó a hojear con atención todo el diario para volver luego directamente a la sección más escogida del mismo. No hay nada de malo en ello. Por el contrario, revela un juicio metódico y una notable madurez ideológica.
Aunque llegado a este punto debió haberse reído ya.
En la décima o undécima línea está ese chispeante juego de palabras: allí por lo menos debió haber sonreído. Pero se limita a permanecer sentado, con su enorme cabezota calva, como si estuviese en un velorio. Un vulgar vividor. Lo único que le interesa es el dinero. ¡El dinero! ¡El dinero! ¡El dinero! ¡Repugnante! Yo no confiaría ni un centavo a sus manos peludas. ¡Vaya, ahora bosteza! Culpa de estos sujetos padecemos una inflación desenfrenada. Y las autoridades no mueven un dedo. Lindo estado, digo yo.

¡Se sonrió!
¡No me cabe la menor duda de que se sonrió! Vi claramente cómo se estremecía la comisura izquierda de sus labios. Es obvio que estos aristócratas son verdaderos expertos cuando se trata de ocultar sus auténticos sentimientos. Tiene un maravilloso dominio de sí mismo. Pero finalmente incluso él debió rendirse a la seducción del buen humorismo. Cada uno de sus movimientos destila dignidad y nobleza. Sabe tanto. ¡Es fabuloso lo que sabe!
Aunque pensándolo mejor, me parece que no se sonrió nada, sino que se limitó a hurgarse los dientes amarillos con sus dedos manchados de nicotina. ¡Santo cielo, qué pedazo de bestia! ¡Un carnicero! Sí, eso es lo que es, un carnicero.
¡Tu lugar, miserable engendro, está en tu tenebrosa covacha, entre las medias reses de las que chorrea sangre inocente! Te imploro que dejes en paz el fruto de mi trabajo, que no lo contamines con tus ojos…

Eso, suponiendo que sepa leer.

¿Por qué no? ¿Y si sólo estuviese simulando leer? Acaso no sea ésta más que una pantalla para disimular el crimen escalofriante que se dispone a cometer. Un tipo de tal especie es capaz de cualquier cosa. Fíjense en sus ojos. Hay algo siniestro en ellos. Su nariz… un pico de buitre. Sus orejas reflejan crueldad. Su cuerpo fofo y rechoncho está podrido hasta la médula. Y ahora que lo pienso mejor, ¿qué estará haciendo en una estación de ferrocarril? ¿Qué estará tramando su cerebro morboso? ¿Será acaso… un espía? Es muy posible. Cualquiera que sea capaz de leer mi cuento, el cuento que yo he escrito, son semblante tan lúgubre… ¡no es judío! ¡Te has disfrazado muy bien, muchacho, pero no podrás engañar a mi instinto! Debo presentar la denuncia a la policía: un sujeto sospechoso está rondando por la estación y no se divierte con mis cuentos; por favor, envíen en seguida un auto patrullero…

¡Epa, se está riendo!
Está siendo literalmente sacudido por las carcajadas. Lo más probable es que hasta ahora no haya concentrado bastante sus pensamientos. Al fin y al cabo también él es humano, ¿no es cierto? Quizá se trata de un profesor distraído, con la cabeza llena de ideas sobre cuestiones nucleares. Aunque, para ser sinceros, su aspecto no es el de un profesor. Me recuerda más a un Juez de la Corte Suprema, o a un almirante, o a alguna otra cosa.
Pero sea lo que fuere, cualquiera que pueda reírse con semejante entusiasmo al leer un cuento tan excelente es un honesto ciudadano, que Dios lo bendiga. Sólo ahora comprendo hasta qué punto pueden ser engañosas las primeras impresiones. ¿Dónde es posible hallar en nuestros días unas facciones de corte clásico como las suyas? Ojos perspicaces, plenos de generosidad y comprensión. Sus dientes inmaculados resplandecen a la luz del sol. Es un poeta. Ser humanitario de corazón ardiente, bienhechor, lector mío, me gustaría besar su frente singularmente ampliar. Quiero a este hombre. Me encanta su risa perlada. Porque es una personalidad. Dicho del país que tiene hijos como él y como yo. Estimado caballero, permitir que os llame Padre…

Se acaba enero

Estaba la Raquelita muy mona en su compu cuando de repente le cayó el veinte: hoy se acaba enero. Quién sabe por qué falla cerebral la Rax pensaba que todavía quedaba como una semana o dos de este mes y la noticia le cayó tan de peso que véanla, hablando en tercera persona. Oso mil. Pero ahorita lo arreglamos y seguirá la nota como se debe:

*ruido de maquinaria que se reinicia, tuercas que chocan, entrada de windows 2.1*

Pues eso, que el fin de mes me cayó de sorpresa porque yo pensaba que todavía quedaba un montonal de días antes de pasar a febrero. Pero pues no, se nos termina enero y, con él, el experimiento de tratar de publicar diario acá en el blog. No cumplí la meta al 100: faltaron dos días. Mi pretexto (o razón o motivo, no sé) es que la última semana he estado primero enferma, luego triste y siempre desorientada (al punto de creer que todavía le quedaba una semana al mes). Pero creo que dos faltas en 31 días no está mal, así que en mis registros personales aparecerá como «prueba superada». Ahora tengo de aquí a mañana para decidir cuál será el quebradero de cabeza para febrero. Mientras, diré que publicar diario en el blog no es una empresa satisfactoria, así que no creo mantener el hábito. Acaso, procuraré publicar una o dos veces a la semana -creo que con eso será suficiente para tratar de mantener la costumbre sin agotarme o hartar a los hipotéticos lectores.

Pues eso. Y para cerrar, una foto de gatos, claro. Es Morris, el sorprendente gato escuadra.

gato escuadra

Autoempleada, autojefa

Eso sí, con elegancia aunque sea en casita ;)
Eso sí, con elegancia aunque sea en casita ;)

A partir de mañana tendré que ponerme a trabajar en serio si quiero completar mis pendientes a tiempo. La verdad es que me da un poco de vértigo pero creo que si me organizo bien sí lo voy a lograr. Uno de los principales problemas que he tenido en los últimos diez meses es que no tengo un jefe que me diga qué hacer y qué no hacer, o que se disguste si hago o no hago. De esta forma, la vida ha sido un poco china libre y, si bien he logrado cumplir con mis deadlines, la verdad es que he tenido momentos de mucho estrés por no administrarme bien.

Anoche, mientras escribía mi nota sobre los empleados que le hacen bullying a los consumidores para que el único que gane sea el dueño de la empresa para la que trabajan (la pueden leer aquí), me cayó un veinte en algo: si soy capaz de trabajar responsablemente para un jefe externo, si siempre me he jugado el todo y he dado mi mayor esfuerzo para instituciones a las que en realidad no les interesa qué tanto me esfuerce y me ponga la camiseta siempre y cuando cumpla con mis metas, ¿no debería trabajar con muchísimas más ganas cuando el resultado de ese esfuerzo me va a beneficiar a mí? Mi respuesta fue que sí, que debo respetar a este jefe buena onda y cariñoso y comprensivo que debería ser yo misma y cumplir sin tratar de robarle tiempo al trabajo (porque sería robarme tiempo a mí misma). También, claro, pensé que si he sido (porque, neto, lo he sido) una jefa amable, comprensiva, paciente y razonable con la gente que ha estado a mi cargo, debo ahora serlo también con esta persona que está bajo mis órdenes: yo misma.

Ya sé que suena un poco psicótico, pero es que esto de ser el propio jefe de uno tiene su lado de personalidad dividida y todo eso (además de que, recordemos, soy hermana de mí misma, como pueden leer acá, y eso siempre genera algunos trastornos sin importancia).

En resumen, que a partir de mañana trataré de ser mejor autoempleada y mejor autojefa, todo con miras a terminar a tiempo el siguiente proyecto de escritura que, acá entre nos, me tiene muy entusiasmada. Me muero de ganas de contarles al respecto pero por políticas de la empresa (ja) sólo platico de las cosas cuando son un hecho, así que mejor me apuro a convertirlas en un hecho y ya luego les cuento :) -En todo caso, si me ven menos en Facebook, Twitter y similares, ya saben que es porque hice un trato con mi jefa ;)