10 prendas de vestir (o calzar, pues) que he amado

  1. Una sudadera azul, benetton, que se suponía que era para mi hermano, pero que le quedó grande. Yo la usé y la usé hasta que mi papá pensó que era un trapo inservible. Cuando encontré la sudadera en una cubeta, lista para ser utilizada en el lavado del coche, la rescaté, la lavé… y la seguí usando algún tiempo más.
  2. Mis primeros converse, comprados en Tepito. La suela estaba tan sucia que parecía gris de origen, además de que estaba llena de dibujitos hechos a pluma (por mí y mis amigos de la prepa). Los dejé ir cuando la suela se desprendió. Sniff.
  3. Unos tenis de franela de cuadritos que adoré y que se quedaron en la basura en Tolantongo: ya no tenía caso que volvieran a casa luego de ese viaje.
  4. Un vestido de ropa de paca, negro, corto, línea A, que tenía un dibujo de flores y encima forro como de tul. Era lo máximo. Se lo robaron en una ida a la tintorería (le abrieron el coche a mi papá y se llevaron todo lo de la cajuela, ay).
  5. Un vestido de franela, a cuadros, sin mangas, que yo simplemente adoraba y que casi se pierde en una (otra) ida a la tintorería).
  6. Mi vestido «de voltéame a ver»: negro, largo, terciopelo, de agujetas. Acá lo tengo aunque es obvio que ni de broma quepo ya en él.
  7. Un suéter negro, enoooorme, cuello v, que me agencié en la paca y que usaba con pants y un top sin mangas cuando quería verme «sport dark».
  8. Un pantalón acampanado, de mezclilla, que se veía genial con zapatotes de tacón ancho.
  9. Mis botas rockport altas, de cuña y charol negro, super buenas para días de lluvia. Las sigo extrañando.
  10. Mi suéter peludo, negro, actualmente en uso :D
  11. Pilón: la única prenda de color café con amarillo que he amado, una falta como de porrista, tejida (no sé si por mi abuela o por mi tía Amparo), que usaba sin parar cuando tenía unos tres años, creo.