Todo cambia II (y ni cuenta nos damos)

Más sobre el mismo asunto de la última vez:

Más o menos por qué fecha…

¿comenzó la tele a transmitir las 24 horas?

¿dejaron de pulular los taxis amarillos?

¿inauguraron la línea 8 del metro?

¿descontinuaron los confitones?

¿dejaron de existir las toallas «ella»?

¿aparecieron las «always»?

¿dejó de ser competencia real la pepsi para la coca?

¿apareció el primer descabezado en México?

¿comenzó el «hoy no circula»?

¿quitaron los árboles del zócalo?

¿desapareció «París Londres, la gran boutique»?

¿dejaron de existir los «detodo»?

¿se acabó Chespirito los lunes a las ocho por el dos?

¿quitaron a Rogelio Moreno?

¿comenzaron las barras de «supervacaciones» en el 5?

¿dejaron de presentar las chaparritas en botella de vidrio?

¿comenzaron los dulces del maguito sonrics?

¿se acabaron los juguetes lily ledy?

¿dejaron de estar de moda los garbage pail kids?

¿se acabaron los comics de Novaro?

¿dejó de salir el VideoRisa?

¿aparecieron los videocentros?

¿se acabaron los videocentros?

¿cambiaron los teléfonos de disco por los de teclas?

¿comenzó la moda de los autos con cd en vez de cassette?

¿inició el boom de los anuncios espectaculares?

¿comenzamos a comprar boletos en ticketmaster?

¿apareció hotmail?

¿el messenger le ganó la batalla al icq?

¿terminó la moda de las camisas de franela amarradas a la cintura?

¿se acabaron los flecotes con crepé?

¿dejó de costar 17 pesos el sangre de Cristo?

¿se le acabó lo sexy a Christian Bach?

¿a Gonzalo Vega?

¿a Elba Esther? (jaja, ésta es capciosa)

¿dejaron los adolescentes de jugar a ser los de Beverly Hills?

¿salió el último disco de Locomía?

¿cancelaron Siempre en Domingo?

¿se acabó el Doctor Cándido Pérez?

¿quitaron del teatro «Once y doce»?

¿dejó de salir Luis Jimeno en los comerciales de Ariel?

¿cuándo dejaron de anunciar «Easy-off»?

¿se acabó la moda de cantar «es muy fácil / tener gato / con gatina /de purina…?

¿dejó de ser «cool» ir al News, al Magic, al Baby O’?

¿tuvimos que cambiar las dinotriples por las whooper?

O bien:

¿cómo se veía la alameda cuando estaba el Regis?

¿cómo era el eje central antes de su ampliación?

¿qué juegos había en Chaputlepec antes de que fuera «La Feria»?

¿Qué fue de Cornelio y Reino Aventura?

¿Y de los comerciales del Gigante Verde?

¿Quién puede cantar aún la rola de Blanco, Blanco, Blanco, abarata la vida…?

¿Y quién se acuerda aún de su continuación paródica?

Hay premios :)

Todo cambia

1. El jugo que ya no es.
El domingo pasado se me antojó un jugo, pero no cualquier jugo: uno de uva, «de esos que vienen en botella de cristal de forma curveadita», le dije a la empleada de la tienda. «Creo que es del valle, o del valle redondo», insistí ante su mirada entre confusa y vacía (sí, como de zombie, ya sé: pero que conste que ahora no lo dije).
Me dijo que de esos no hay pero que tenía el Del Valle en tetrabrick. Traté de explicarle que el sabor no es igual cuando el envase difiere, pero vinieron a preguntarle otra cosa y la dejé ir, ya qué. Total, si regresa es mía, etcétera.

El chiste es que me quedé pensando en cuánto tiempo hace que no bebía de ese jugo y, más importante aún (de alguna manera), cuánto hace que lo descontinuaron. Lo ignoro. Y es que el mundo cambia y, generalmente, cambiamos con él y ni cuenta nos damos. y supongo que, en parte, es bueno: caso contrario seríamos como Funes el memorioso o como mi tía Lulis, con su peinado afro y sus pantalones acampanados de poliéster porque se quedó atorada en los ayeres de la música disco que aún es lo únco que baila (y que escucha en su coche -una combi como la de scooby doo).

2. Pero también está canija la desmemoria.
Porque no es seguro que todo esté mejorando (nótese el optimismo al ponerlo así, como que en duda) y si se nos olvida cómo eran las cosas antes, ¿dónde queda el punto de referencia?

Y si bien hay cambios que abrazamos con gusto (las vacunas, según dicen algunos un poco mayores que yo, fueron el novamás) y otros que se meten en nuestras vidas de forma que parecería que nacieron con nosotros (sí, la red, por ejemplo), hay otros muy chafitos. Como los celulares en el cine. Como los comerciales en la tv de paga. ¿Se acuerdan, se acuerdan cuando la tv de paga nos ofrecía su programación de corrido, sin comerciales? (de eso trataba la paga, ¿no?)

3. El lado sangrón de la nota.
Me costó mucho trabajo dejar de escribir «obscuro» para adoptar el más moderno «oscuro»; pero pensé que la RAE sabe por qué hace las cosas. Mutar, adaptarnos, cambiar el atari por el nintendo por el supernes por el gamebox; dejar el unix y el monitor blanco y negro, cambiar la plantilla del blog, todo eso.

Pero ahora me salen con que los pronombres pueden ir sin acento y que «evento» se puede usar en el sentido de «Suceso importante y programado, de índole social, académica, artística o deportiva». Y bueno, parece que ya encontré mi tope. Me niego a usar la k en vez de la q y la c y me niego a usar anglicismos cuando hay palabras en español que describen adecuadamente lo que se nombra (excepciones: Internet, blog, fax, ya saben, ese tipo de palabrillas).

No me molestan las palabras de reciente invención o el juego con el lenguaje, pero -chale- hay cambios con los que no juego. Supongo que en treinta años alguien hablará de mí como yo hablo hoy de la tía Lulis: «Mi tía Raxxie, que habla como se hablaba cuando el español aún era una lengua independiente del inglés, qué retro», dirá.

Sufro. Y lo único que podría consolarme sería un vaso jaibolero lleno de jugo de uva frío, pero de ese jugo de uva que venía en botella gorda, de vidrio.

La tía

Perdón, perdón, es que ya estoy viejita. Y, la verdad, de pronto sentí que la historia de la tía era más grande que yo, que me iba a comer.

Curiosamente, hoy que venía camino a la chamba me pude acordar un rato de ella. No de la hermana perdida/encontrada de mi abuela, porque a fin de cuentas, eso yo no lo viví; sino de la tía abuela que sudaba a chorros, que era incansable y voluble y supersticiosa. La quería mucho, aunque me daba algo de miedo.

Y es que la tía, mucho antes de que yo naciera, se fue a vivir a Washington. A trabajar como sirvienta, porque no tenía muchas opciones. Pero era vigorosa, limpia, inteligente, y pronto estaba trabajando en pura casa de ricos.

Mi mamá, estando soltera, fue a visitarla alguna vez. Me contaba de las casas con albercas (las albercas en las que ella nadaba y junto a las que tomaba el sol -y fotos- mientras la tía limpiaba todo, a gran velocidad.

Así, limpiando casas (y luego, como ama de llaves de artistas y embajadores) mi tía se hizo de su departamentito. Estaba contenta, creo.

Pero un día el departamento ardió, junsto con el edificio completo. Mi tía estuvo en coma, con 80% del cuerpo quemado. Y un día, como quien no quiere la cosa, abrió los ojos. «Estuve con San Martín de Porres, y no lo reconocí», me contó muchos años después, con el tono entre triste y avergonzado de la fan que pasó junto a su ídolo en el aeropuerto -y sin darse cuenta.

«Estaba yo como perdida y de pronto llegué a una iglesia. Y afuera estaba un negrito, barriendo, barriendo. Yo le dije que quería entrar a la iglesia y él me dijo que todavía no era hora de que se me abrieran las puertas» (palabras más, palabras menos, fue su historia de la experiencia comatosa). Y bueno, que platicó con el hombre en cuestión y éste la convenció de regresar al mundo, aunque le iba a doler un chingo e iba a tardar mucho en recuperarse. «Pero vas a volver a caminar y a correr si quieres», le dijo el Sanmartín de pobres.

Y ella despertó y supo que le tenían que cortar carne de allá para ponérsela acá y que los doctores no creían que pudiera caminar de nuevo -tan jodidas habían quedado las piernas.

Pero la tía sabía algo que ellos no: San Martín, con su mecate amarrado a la cintura y su escoba en la manita, le había dicho que sí iba a poder caminar. Así que dejó que le hicieran los injertos y sufrió muchísimo en las tinas de agua donde le quitaban la piel muerta y al final volvió a caminar (y a correr, a veces).

Siguió trabajando un buen rato, hasta que se enamoró y casó con un barman ecuatoriano. Remigio Baque, se llama. Se casaron (ella usó un vestido azul, poque ya se había casado de blanco) y pusieron una casita monísima, con sótano y patio trasero, en Maryland. Yo pasé un par de temporadas largas ahí con ellos, mucho tiempo después.

Mi tía Laura había sido cocinera en un campamento de la compañía de luz, atendiendo a nosecuantos hombres. Desde entonces era ruda, firme, no se dejaba amedrentar tan fácil. También era espiritista y medio adicta a lso esteroides (se los empezaron a dar cuando se quemó y le gustaba que le daban vigor). Tenía un bigotazo (seguro por los esteroides) que se quitaba con cera y el pelo corto.

Mi tía Lala se burlaba de que mi abuela siempre usara vestido («tan cómodos los pantalones», decía) y de que no escuchara música de mariachis («es una mocha»). Pero se querían mucho, yo sé.

Y cada verano esperábamos con emoción la llegada de la tía Lala, con las valijas llenas de cuantamadre (ropa usada, juguetes, maquillaje, cosas que sus amigas ricas le regalaban para nosotros, sus parientes pobres). Nunca me ofendió que me dijera «tienes cuerpo de limosnera» (porque todo lo que traía me quedaba perfecto) ni que usara conmigo ese lenguaje de carretonero que mi abuela jamás, ni en defensa propia, habría utilizado.

Y sus historias de fantasmas eran la onda.

Cuando se dio cuenta de que se le acababa la fuerza ingresó por voluntad propia en un asilo (antes, por voluntad propia y sin recato comenzó a usar la silla de ruedas; y, a diferencia de mi abuela, disfrutaba el uso -y a veces el abuso- de las ventajas para personas de la tercera edad y con capacidades diferentes). La extraño. Y, ahora que lo pienso, entiendo por qué no sé con qué apellido estaba registrada antes de ser Laura Baque.

Pero, en cambio, sé que «Ella» era su canción favorita, y los dejo con la historia.

Laura era joven y bonita. Tenía un novio al que quería mucho (creo que era torero) y pensaba que la cosa iba en serio.
Pero un día él se fue a una fiesta a la que ella no lo podía acompañar. «Me portaré bien», supongo que le dijo. Pero como suele suceder en estos casos, al final ella sí pudo ir… y llegó a la fiesta para encontrar al galán en besazo con otra.

¿Qué hizo Laura? Bueno, pues fue a donde los músicos y les pidió que tocaran «Ella», dedicada a ella, Laura, de parte del fulano. Acabó la rola en turno y el vocalista anunció, ya saben:

«Rola para Laura, de parte de Fulano». Y que ella, escondida, veía como el tipo la buscaba con la mirada, soltando a la otra, todo sacado de onda. Y que cuando llegó al «pero ya estaba escrito que aquella noche perdiera su amoooor», Laura se salió del salón de fiestas.

Que hizo su maleta, que se fue del lugar, que nunca lo volvió a ver. pero aún anciana, cada que escuchaba «Ella», la tía ponía cara de pícara, de estar, de nuevo, disfrutando la venganza.

La tía Lala

No sé por qué me acordé de mi tía Laura. Quizá porque en agosto, el 17 o el 18, no estoy segura, era su cumpleaños.
La historia oficial es que no era mi tía, ni nada.
Pero ¿quién le cree a la historia oficial, cuando existen las historias familiares?

Cuentan que, cuando la Revolución, en la escuela le perdieron una hija a mi bisabuela. Tal cual: tenía tres, hubo disturbios, tras los tiroteos le devolvieron dos. Y nunca supo qué fue de la otra, dicen.

Pero siendo adulta mi abuela conoció a Laura, huérfana, parecidísima a ella en tantas cosas (y distinta en tantas otras) -y la adoptó como hermana.

Todos creemos que era realmente la hermana perdida. Porque resultó haber sido criada en los mismos rumbos; porque compartían de forma misteriosa algunos recuerdos.

Y justo iba a contar las historias más interesantes de mi tía Laura, pero me entró dolor de espalda. Je. Lo haré en días próximos.

:P

¿Quién iba a decir que hay avecillas tan cultas?

Buscaba información sobre otra cosa (algún tema importante, de esos que suelen absorber mi tiempo) cuando caí a un link rarísimo. Era una página de periódico que, en tono derrotista, declaraba:

El 52% de los canarios no acude a actos culturales y el 24% no lee nunca

De entrada yo no entendí lo malo: «jijo periódico amarillista -pensé-. Es un descubrimiento increíble, que puede cambiar el rumbo de la civilización, y éstos prefieren ver el vaso medio vacío». Y es que, claro, no hace falta mucha imaginación para ver el otro lado de esa moneda: quiere decir que 76% de esos pajaritos canores lee, aunque sea de vez en cuando, y 48% de ellos incluso asiste a actos culturales. Wow!!! Y sólo hablamos de los canarios. ¿Qué será de los periquitos, los cenzontles, los colibríes?
«¿Habrá que crear bibliotecas con alpiste?», me pregunté.

Luego me preocupé un poco, porque jamás he coincidido con un avechucho de ésos en ningún acto cultural, lo que bien puede querer decir que asisto menos que ellos, o que mis gustos no son compatibles con los de semejantes gurruminos.

Pero ¡eran tantas las posibilidades! canarios en los actos culturales podría significar una nueva estrategia para atraer gatos a los actos culturales, y eso sería el novamás. Siempre he luchado por la promoción de la cultura en los felinos (por lo menos, me conformaría con que Primo leyera un libro cuando yo leo, en lugar de echarse encima del libro que trato de leer yo).

«Habría que revisar mejor las carteleras -me dije-. Buscar la sección para aves, o tratar de deducir qué tipo de actos culturales les pueden interesar». Porque debe ser LA onda ir a un acto cultural lleno de trinos y chifliditos («ojalá no cagoteen al resto de los asistentes», reflexionó la parte más abyecta de mi ser).

Emocionada, di click en el enlace, pa ver si había más información sobre el asunto («debe ser muy divertido cuando les caen mal los presentadores», insistió esa parte abyecta de mi ser). Y… ¡oh, desilusión! olvidemos el gran salto cultural que esperábamos. Adiós al Palacio de Bellas Artes lleno de bigotes. No más cagotizas a los presentadores insulsos. La nota, aburrida y poco periodística, se refiere a un grupo de isleños. ¿Por qué iba a interesarme? ¿Se creerán que soy pariente de Gilligan?

Regalos que no

1. Primero que nada, mil gracias a todos los que dejaron allá abajito su felicitación del cumple. No hubo globos ni pastel porque se los comió un zombie, pero se agradece de veras muy muy mucho que se hayan acordado :)

2. Ahora bien: el tema de los cumpleaños da para muchas escribiciones; tantas, que incluso se me pueden ocurrir algunas a mí, que ando sin creatividad. La que me viene a la mente en este preciso instante es la relativa a….

(fanfarrias)

Los regalos chafas de cumpleaños

Y es que, tarde o temprano, todos hemos metido la pata a la hora de dar un regalo. Puede ser la prisa, la falta de tacto, un lapsus de tontera… cualquier cosa. ¿Como de qué regalos chafas estamos hablando?

De los que me ha tocado recibir, me acuerdo de los siguientes:

– Útiles escolares (el drama infantil de los que nacimos en agosto)

– ¡Uniformes escolares! (feliz cumpleaños, ten estas calcetas y este suéter con escudo)

– Un kit para limpieza de lentes de contacto (no, no uso lentes de contacto)

– Una chamarra color durazno-nuclear, con un gatito pegado en la espalda (suena bonito, pero era un verdadero horror)

– Un audiolibro de cómo hacer millones de pesos

– Una blusa en tela brillosa, con hombreras gigantescas y moñitos… y no, no estábamos en los 80

– Un suéter tejido sin una manga (en serio!!!)

– Un juego tejido de blusa, falda, suéter y calcetas… en estambre que pica

– Unas zapatillas de altísimo tacón, del no. 5 (calzo del 6 y no uso tacones)

– Un libro: Juventud en éxtasis

– Un muñeco de peluche que parece estar a medio camino entre un gorila y un extraterrestre. Si le levantas las barbas, se le ve el pirilín (este fue de intercambio)

– Un póster de chava a medio encuerar

– Un dvd rayado («límpialo y, en una de ésas, te sirve», me dijeron)

– Una playera decorada con pinturas inflables que no combinaban

– Una falda en caja de Palacio de Hierro, con etiqueta (precio visible y toda la cosa) de Suburbia

Y bueno, yo he dado:

– Dos gallinas, vivas (era una bromita, jeje)

– Un libro que me habían dado a mí (con dedicatoria y todo, qué pena)

– Un VHS pirata (es una historia muy triste)

– Un condón de figurita (lo malo no fue el regalo, sino que mi amiga lo abrió enfrente de sus papás, ja)

¿Se les ocurren peores regalos recibidos? Y ya entrados, ¿qué otros malos regalos podríamos dar, si fuéramos sádicos? :P

Pieza única

Mientras sigo sin ideas propias me dedico a leer. O sea, pongo la mejor cara ante una mala situación.

Y ni siquiera debería quejarme tanto: estoy leyendo «Pieza única», de Milorad Pavic. Estoy maravillada y feliz -y eso que aún no lo termino. Pero ¡está excelente! (hasta donde va).

Sequía

Varios días sin escribir. Lo siento.
Tan sólo abro la página de blogger
y se me olvida todo:
Las ideas, los pesares, las historias.
Todo.
Y me quedo
inmóvil como zombie
(como zombie calmo, que son los mejores)
sin teclear, sin pensar
sin respirar…
Gruñendo
hostilmente gruñendo
mientras devoro el cerebro de un coworker.

Me muerdo los nudillos

Como se habrán dado cuenta, desde que dejé Canal Once apenas hablo aquí del trabajo. Y es que, como todos sabemos, en el trabajo (como en todos los trabajos) hay días padrísimos (pero si uno los cuenta con detalle suena a presunción) y días horribles (y si uno los cuenta a detalle, corre el riesgo de que lo corran).
Hoy, por ejemplo, me gustaría echar pestes sobre un libro que se presentará en una sala de un palacio (no diré nombres ni fechas): me indigna que cosas tan pero tan malas sean, no digamos presentadas, sino publicadas.
Hago berrinche porque hay que encontrarle el lado bueno y para eso hay que respirar profundo, muy profundo. Muy. Profundo.

Así que mejor cambio de tema. Porque no queremos que los importantísimos invitados a reseñar tan chafa libro se encuentren de repente con lo que opino del libro y de que se presten al juego (seguro les importará un carámbano lo que yo opine, pero al ser coso laboral se complica un poco la situación).

Decía, cambio de tema: hmm… hmm… no se me ocurre nada. Así que, entonces, en vez de cambiar de tema…

a) sigo con lo mismo
b) me callo

b.

Releyendo a Rafael Pérez Estrada

Estoy, una vez más (es un libro al que se puede volver una y otra vez) con Cosmología esencial de Rafael Pérez Estrada. El libro es una delicia, desde la dedicatoria de mi amigo Fran, hasta la ilustración de la última página. Entiendo que no es fácil de conseguir. Por eso, aquí les dejo una probadita:

Crónicas

Dice un tratado coreano de cosmología que las nubes enloquecen si se coloca bajo ellas, y durante algun tiempo, un espejo horizontal. Y que de su miedo nacen las tormentas.

Las doncellas de Sumatra, en los inicios de la primavera, suelen encender en los montes más altos infinitas hogueras para que las nubes se tuesten y devuelvan a la tierra el maná de la lluvia.

Nube, pájaro y estrella eran en la antigua Caldea sinónimos de misterio, olvido y muerte. El hombre que sueñe con una nube será algún día arrebatado en carne mortal por los dioeses, y el que vea un pájaro volar la medida de su noche, vivirá eternamente la proximidad desesperante del amor. Sólo quien descubra el significado de la estrella será sabio, pues el destino ha escrito la palabra geométrica en su frente, y sus labios permanecerán cerrados.

En el Códice de Addis-Abeba, o segundo Evangelio de la Infancia, el verdadero milagro de Jesús no estriba en andar sobre las aguas, sino en descansar toda una noche sobre una nube.

(Busquen a Pérez Estrada. Lean, cuando menos, esta entrevista que le hicieron en 1996, cuatro años antes de su muerte.