Banffiversario: 10 de octubre de 1014

Ahora toca una entrada chiquitina:

 

10oct2014

Un día tranquilo: en la mañana me quedé hasta las 11.30 o 12 viendo tele (vi un poco de HITYM y un programa tipo CSI) y luego me fui al estudio. Acabé un cuento, leí un rato, fui al correo del Centro Banff )me dijeron que cuando tengan algo ellos me avisan), platiqué por skype con Alberto y, en la noche, fui un rato al Open Studio de Jacques. Me caen bien los paisanos, pero no los acompañé a cenar por lo cansada que ando. El corto que leyó Jacques me gustó, por cierto. Y me ivnitan a ir mañana al lago. Suena bien, creo :)

 

banff 05

Nota de 2015 –> Como la entrada del diario es tan cortita, se me ocurrió buscar mi otra bitácora, la del trabajo en el estudio (sí: llevaba, además de mi diario, mi bitácora de trabajo. Laaaaaa obsesivaaaaaa).

Y dice:

 

10 – oct- 2014

Llego a medio día (me puse a ver tele un rato). Pongo a Delgadillo en el estéreo: toca la historia de Mauricio.

[con otra letra, así que fue horas después] ¡La acabé en primera versión, yei! Mañana debería intentar con «Chicles».

 

diario trabajo banff oct 10

 

Nota de 2015 —>La canción que usé para la historia de Mauricio fue, finalmente, «Lejanías», que cantaba el grupo Seimus, al que pertenecía Delgadillo. La rola es de Enrique Soria y sigue suiendo una de mis favoritas. Por si no la conocen, es esta:

Banffiversario: 9 de octubre de 2014

Creo que no había comentado acá un pequeño detalle del ejercicio que estoy haciendo: sí, hace un año escribí en mi diario todos los días (o casi) durante mi estancia en Banff; pero la siguiente parte del experimento es que me propuse no leer las notas antes de pasado el año, y cumplí. Estoy sorprendida de cómo varían algunas cosas en la libreta de como las tengo en la memoria: por ejemplo, yo creía que había pasado tipo una semana antes de coincidir con los otros mexicanos en Banff. Y ño. otra cosa que me parece rarita de ver (incómoda, casi) es notar en el diario mi dificultad para las relaciones sociales: no está ni tantito maquillada y me da como penita ajena pero propia. Pero me da gusto ver cuando, pese a lo ranchera que soy, me sobrepongo y, con mi mantra aprendido en la ENEP Aragón, tomo valor, como pasa en esta entrada que sigue:

 

 

banff dia 4

9 de octubre

Pues ayer cené con Carlos, Jacques, Jimena y Camila -parte de la banda mexicana que anda acá. Quedamos de 7 a 7:30. llegué 7:15… y no estaban. Platiqué un poco con el responsable del bistró Maclab (el lugar de la reunión) y se nos unió otra mexicana, Gaby, que también los estaba esperando. Me ganó la ranchera y me despedí. Pero a la media hora me mandó mensaje Jacques, que ya estaban ahí. ¿Qué somos, hombres o payasos?, pensé, y me lancé.

Gaby ya no estaba, el resto sí. me cayeron bien y me dieron tips interesantes (si la lavandería es interesante). Btromeamos sobre el Fonca y su desorden. Luego me vine a dormir.

Ahora son las 8.18 am. Planeao escribir un par de postales, desayunar (sí, nutrimeal) y lanzarme al estudio. Quiero ir a CS (Community Services) para ver lo de una tarjeta de larga distancia (compré ayer un servicio por internet y resultó una bazofia). Quizá baje al correo, no sé.

Más noticias luego :)

 

PD. la hamburguesa de Maclab se ve deliciosa!!! :O

PD2. El sendero de ayer fue, creo, Hoodoos Trail. — Y Ronna nos contó también de la danza secreta del búfalo, y otras historias :)

 

9:15 pm

Pasé la mayor parte del tiempo en mi estudio. En la mañana, en el cuarto, escribí algunas postales más. En el estudio quise trabajar el cuento de Peach y no me salía. Fui al pueblo: al correo, a comprar más postales y a babosear en la tienda de la iglesia. Sorpresa: ¡fueron más de cien dólares en el correo! Horror cósmico. Compré un libro sobre mujeres exploradoras. Espero que esté bueno. De la tienda de a dólar y de la de la iglesia salí como entré. Me aplaudo :)

Compré la tarjeta para llamar, por cierto. Y la usé. Me costó trabajo entenderle, ouch. Y es caro :/ Pero al menos no me quedé con las ganas :)

En la mañana, por cierto, me llamó Deborah. Que irían por unas bocinas que dejó olvidadas el inquilino anterior. Pensé que serían las que hestaba yo usando pero no: eran unas bocinotas que no entiendo cómo olvidó, je.

Luego del pueblo regresé al estudio y, al ritmo de Gogol Bordello, acabé por fin el primer borrador del cuento de Peach. Hablé con mi papá y con Alberto en la mañana, con mi papá y con Mary hace rato. Anduve un poco chípil pero ahorita estoy contenta. Fiu.

Veré un rato netflix y me iré a dormir. ¡Ando súper cansada!

 

 

¡Fresas!

fresa portada

Hoy fui a desayunar con mi papá, mi tía Estela y mis primas Marysol y Lilián. Hacía mucho que no nos reuníamos así y me dio mucho gusto que se diera el chance. Pero lo mejor de todo fue el regalo que me llevó mi tía: un ejemplar de El fresa, fenómeno de nuestra sociedad, la primerísima cosa que me publicaron en la vida (bueno: antes había publicado cositas en revistas, pero este fue el primer librito mío mío). De entrada es algo muy simple, una plaquette de edición independiente de la que hubo, creo, 500 ejemplares.

Debo confesar algo: durante mucho tiempo, incluso desde su hechura, me causaba una vergüenza muy grande, y a la fecha no sé exactamente por qué. A lo mejor porque yo lo había escrito en plan de juego; o tal vez porque la idea inicial había sido, en equipo, mía y de una amiga de la secundaria, y yo sentía que me estaba apropiando de algo; quizá porque en la adolescencia lo que uno quiere es encajar y no tanto destacar. A saber. Lo que sí sé bien es que me daba tanta pena que no usé mi nombre sino un seudónimo. Tanta, insisto, que no me quedé con ejemplares del cosito de 32 páginas. Hasta hoy.

¿Ana Rebeca, dice?
¿Ana Rebeca?

Acabo de releerlo. Primero, sintiendo que las mejillas me ardían, a pesar de que estaba yo solita. Y luego empecé a verlo con otros ojos, digamos que con cariño. O con respeto a la chavilla que fui, esa que disfrutaba con mirar a la gente y escribir desde el humor lo que veía. Es muy curioso. Por una parte, me doy cuenta de sus muchas fallas. Siendo amable, podría decirlo así: he mejorado muchísimo en redacción, lo que es un gusto (vaya, de algo tenían que servir los años de escuela, los cursos de edición, el blog, la escribidera diaria). También me concentro más y puedo escribir textos más largos (aunque eso lo escribí a mano y luego lo pasé en limpio, corregido, también a mano, ouch. De solo evocarlo me duele la muñeca). Pero por otra parte debo reconocer que tiene sus aciertos. Por ejemplo, debo admitir que mi ortografía ya era bastante buena (¿está mal que yo lo diga?); y, lo que me parece más interesante, el estilo, el humor, los temas, las obsesiones, son ya un asomo de los que tengo ahora.

El mejor ejemplo de esto es el tema del coso: es una descripción de los chavillos fresas que había en mi secundaria, de su forma de hablar, sus intereses, sus defectos y sus hábitos. Mi parte favorita, hace rato, fue cuando habla (¿hablo?) de la rivalidad entre chicos fresa y chavos banda (el encontronazo entre mainstream y underground sigue siendo uno de mis temas predilectos).

Obviamente, el librito es más una curiosidad, un juego, que una obra literaria. Está muy ligado a su momento (habla del crusli y de la telenovela Quinceañera; ¿quién se acuerda de esas cosas?) y se termina abruptamente, como que me empezó a dar flojera y le puse el punto final para dedicarme a alguna otra cosa. Pero bueno, tenía trece años (dieciséis cuando lo imprimieron) y no era niña genio, así que… paciencia pa la Rax de entonces :)

En fin. A lo que voy con todo esto es… que me da gusto que mi tía haya guardado todo este tiempo este ejemplarcito y que haya sido tan generosa de regalármelo. Y me da gusto poder verlo con simpatia. Digo, está bien que nos exijamos mucho y que seamos capaces de ver nuestros errores del pasado, pero… a veces también es sanador ver lo que hemos hecho bien. Y, en especial, se siente padrísimo confirmar que hay pasiones que se traen desde siempre y que no se pierden aunque uno se distraiga veinticinco años :P

País de maravillas: La culpa es de La niña de los fósforos

Ilustración de Nell Fallcard
Ilustración de Nell Fallcard

Sé que había dicho que sería los lunes cuando pondría aquí, en diferido, las entradas de País de Maravillas, mi columna en La Jornada Aguascalientes. El problema es que los lunes pongo también los horóscopos bibliománticos en twitter, y siento que se encima un poco. A reserva de que encuentre el mejor día para poner cada cosa (¿miércoles la columna en diferido, dado que sale los martes en LJA? ¿Domingo quizá?), va hoy el texto que apareció en La Jornada el martes 27 de agosto:

 

País de Maravillas

La culpa es de la niña de los fósforos

Raquel Castro

 

1

Hubo un tiempo en que mi papá y mi mamá trabajaban en la tarde. Generalmente no era un problema, pero cierta vez rompí en llanto atroz: “Llévame contigo, mami, no me dejes sola”, le decía entre berridos, a pesar de que en casa estaban mi abuela y mi hermano y mi primo Ricardo. Mi mamá tomó el libro que estaba tirado junto a mí: eso siempre le daba una pista sobre mis estados de ánimo. Era un ejemplar de los cuentos de Andersen y, efectivamente, acababa de leer un cuento que me había dejado emotiva, por decirlo de alguna manera.

Mamá me preguntó cuál era el cuento que me había puesto chípil y le dije: era el de esa niña huérfana que vende cerillos y que extraña a su mamá y se muere de frío y no te vayas, mami, no me dejes sola. Ella suspiró y accedió a que la acompañara a su trabajo. Me llevé el libro de Andersen y lloré esa tarde con “La sirenita” y con “La pelota y el trompo”; pero eso sí: sentada junto al escritorio de mi mamá. Cuando su jefe me saludó y le preguntó a ella a qué se debía el honor de mi visita, la respuesta fue: “La culpa es de la niña de los fósforos”, y le contó nuestro drama previo. “Pero así se hacen sensibles”, concluyó mi mamá.

Sensible o chillona, lo cierto es que yo era muy fan de esos cuentos desgarradores: además de los personajes suicidas de Andersen me gustaban los atormentados de Wilde (“El ruiseñor y la rosa” y “El príncipe feliz” eran mis favoritos) y los cuentos desgarradores de un libro muy viejo que atesoraban en casa, Alma latina. Pura tragedia que hacía que la serie animada Remi pareciera comedia musical.

 

2

Hasta hace muy poco trabajé en una oficina de gobierno. Un día, una compañera llevó a su hijo y, luego de dejarlo correr frenéticamente por los pasillos durante unas horas, misteriosamente decidió que era tiempo de que el niño dejara de torturarnos. “¡Te me sientas aquí y te estás quieto! ¡Ten y ponte a leer!”, rugió la doña y le puso en las manos un libro del que alcancé a leer el título: Andersen para niños. Metiche que es una, le pedí al pequeño que me dejara ver su libro. Para calarlo, pues.

Lo que más me sorprendió no fue que pretendiera antologar a Andersen en un puñadito de páginas (no eran ni cien) ni que cada una de esas páginas sólo tuviera un par de renglones de texto. Tampoco fue que el resto del libro eran ilustraciones que parecían clones de las de Disney, muy similares a los dibujos que adornan puestos callejeros de tortas y tacos, en los que uno sabe que tal personaje en el cazo es Porky o La Sirenita (según si es puesto de carnitas o mariscos), pero si los mira de cerca descubre que tienen deformidades que van de lo vago a lo monstruoso, de acuerdo con la pericia del rotulista.

No: lo más sorprendente era que todos los cuentos estaban “retrabajados”: Sirenita no se disuelve en espuma de mar; Trompo perdona y rescata a Pelota; SoldaditoDePlomo y Bailarina se casan y son felices… ¡La niña de los fósforos logra meterse a la realidad alterna de los cerillos y se queda ahí a disfrutar de una cena deliciosa con su mamá y su abuela!

Yo me quedé con mil dudas: ¿Por qué ese miedo a que los niños conozcan historias desgarradoras? ¿Qué puede tener de malo que se nos ablande un poco el corazón, que conozcamos personajes capaces de dar la vida por otros o que viven en un mundo injusto? Más todavía: ¿Cómo entiende el concepto de “infancia” el editor que cree que estos cuentos son demasiado sórdidos y necesita hacer una versión “para niños” de algo que ya era disfrutado por la chamacada?

Al final sólo pude concluir una cosa: con razón el hijo de mi excompañera de trabajo prefiere correr como cabraloca que sentarse en un rincón con esos libros. Yo habría hecho lo mismo, supongo, aunque se habría visto muy mal una Raquel de traje sastre galopando entre las computadoras.

 

3

Hace poco una mamá me dijo que ella le evitaba a sus hijos “esos cuentos lacrimógenos” porque los ponía “demasiado sensibles” y yo pensé de inmediato en mi propia mamá y su paciencia ante mis brotes melodramáticos.  No sé qué tan sensible me habré hecho, pero sí creo que el daño colateral de esas lecturas, en mí y en otros, fue ejercitar la empatía, la capacidad de indignarnos ante las injusticias y hasta la tolerancia a situaciones frustrantes. La vida no siempre es fácil, parecían murmurar esas historias, pero no tiene por qué dejar de ser bella. Ya sé, soy una cursi. Pero la culpa es de la niña de los fósforos.

 

 

Ilustración de ArtBIT
Ilustración de ArtBIT

La ilustración es de ArtBIT y pueden ver su trabajo aquí.

¡Vámonos a Querétaro!

Damas y caballeros, niños y niñas:

Si están ustedes en la ciudad de Querétaro y/o sus alrededores, o tienen ganas de ir a conocer el acueducto, aprovechen esta bonita oportunidad: me encantará verlos en Twitteratura y tonos barrocos, actividad que organiza el Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, los días 26 y 27 de abril del presente (o sea, 2013). Estaremos José Luis Zárate, Alberto Chimal, Ruy Feben y quien esto escribe. Habrá presentaciones de libros, algún taller, charlas y más (por cierto: entre las presentaciones editoriales estará la de Ojos llenos de sombra, emoción y alegría). Aprovecho para agradecer a Ileana Cruz su interés (si fuera un crimen, diríamos que ella es la autora intelectual).

Y bueno, sin más parloteo, les dejo el cartel para que se les antoje muchísimo y se decidan a asistir:

 

CARTEL

Cordial invitación: «Ojos llenos de sombra» en Dada X

La verdad es que estoy emocionada: el 19 de enero, dentro de los festejos del XVIII aniversario de la Orden del Cister, habrá una presentación de mi novela Ojos llenos de sombra. Me emociona porque será uno de esos momentos raros en que la realidad y la ficción se juntan un ratito: algo así como si dos universos se tocaran, o como si se abriera una puerta dimensional, o vayan a saber ustedes qué. El chiste es que gente que sale en la novela estará en un lugar que sale en la novela y habrá chance de invocar a los personajes en una mini-lectura de un mini-fragmento (dicho así, suena a cuento de horror estilo Jean Ray, ya sé).

En resumen: si tienen chance de ir, será un gustazo verlos por allá. Acá les dejo la invitación:

Invitación XVIII Aniversario Orden del Cister
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