Autor: Raquel

  • Narices

    Parte dos

    Imaginemos, por un momento, que desaparecieran todas las narices del mundo: las de los elefantes, las de la gente, las de las estatuas. También las de las fotos y las pinturas.

    Imaginemos que es la Esfinge quien lo hizo, sólo porque ella perdió la suya hace mucho tiempo y decidió que ya basta de discriminaciones, de películas que se burlen planteando accidentes tontos que expliquen su pérdida.

    Imaginemos, ya que en eso estamos, lo que sufrirían las personas que han gastado buenas sumas en modificarse, limarse y respingarse las narices, y el alivio a medias de Michael Jackson al verse acompañado en su dolor.

    ¿Nos acostumbraríamos rápidamente? ¿Se volvería sexy la cara más lisa, y detestable la que tuviera rastros del apéndice? O, como los vikingos, ¿crearíamos narices de oro, plata y joyas diversas para mostrar nuestro status pese a la pérdida?

    Probablemente la Esfinge se aburriría de tener guardadas tantas narices: después de probarse una distinta cada día, llegaría el momento en que perdería el interés y las devolvería todas, con lo que la gente quedaría muy desilusionada, tan contenta ya con su cara plana o su joyería nasal de diseñador.

    Ahora sí: dejemos de imaginar.

  • Van a dar las siete…

    Tengo frío, tengo flojera. Ayer llovió todo el día, por la mañana era una llovizna invisible pero constante; por la tarde un aguacero descarado: como que la humedad se salió del clóset.

    Días así no queda sino encerrarse, tomarse un café y, por ejemplo, ver Gosford Park –eso es lo que Alberto y yo hicimos. Me gustó la película, además de que el clima fuera de la pantalla le añadía un toque multimedia. Y hoy… algo de trabajo pendiente, muchas cosas qué hacer (se casa mi tía en dos semanas; me toca hacer una crónica para su despedida; soy algo así como la cronista familiar).

    Me duele la cabeza. Quiero ponerme a escribir, pero al mismo tiempo no tengo ganas. Alberto está en Toluca y lo extraño.

    Van a dar las siete…

  • No tan abajo

    Voy de nuevo: un día en el que me siento no especialmente abajo, pero tampoco muy activa. Veo que Alberto lucha por desligarse de su blog, sin mucho éxito. No entiendo por qué la desligazón, le preguntaré al rato que lo vea.

    Rax

  • Maravilloso Rodari

    Acabo de leer un cuento –buenísimo– de Gianni Rodari. Uno de esos cuentos que, cuando lo terminas, te quedas pensando «¿Cómo no se me ocurrió a mí?»

    Maravilloso Rodari, una sorpresa en cada párrafo.

  • Años más tarde…

    Años más tarde… Tal parece que sólo escribo cuando el ánimo está a la baja. O no tengo disciplina. O ambas cosas. No importa, creo…

    Es viernes y tengo que ponerme a trabajar, pero tengo uno de esos ‘bloqueos creativos’ -fácilmente traducibles, en mi caso, como flojeras cósmicas

    Pero algo hay que hacer al respecto, supongo…