Blog

  • buen día, mala noche

    Desayunamos Erika, Luis Felipe y yo. Platicamos. Nos divertimos. Llegó Alberto un poco más tarde. Luis Felipe se despidió y nos fuimos, gorrones que somos, a comer a casa de Erika. Seguimos la platicada. Muy cool. Nos despedimos de Erika, a Alberto le tocaba presentar un libro en Casa lamm. Ahí se empezó a torcer el asunto: tráfico, lluvia… y la presentación, terrible. Mal organizada, exagerada en algunas cosas harto ñoñas, me la pasé con cara de ‘qué pedo’ y no pude ni decirlo porque pobre Alberto estaba en el banquillo de los exponentes.

    Para compensar el mal rato, nos fuimos a La Bella Italia. Resultado: mil tazas de café en un sólo día y un remate de frsas con crema y mucha azúcar.

    Por supuesto, tuve pesadillas. En la primera, estaba otra vez en la Liga de Jóvenes de la iglesia a la que asistuve, y tenía que dirigir el servicio religioso. Pero yo no quería y, además, nadie me hacía ni tantito caso. Y no teníamos predicador. Guácala.

    La segunda estuvo mil veces mejor: se estaba acabando el mundo, la gente explotaba de repente o desaparecía, edificios se caían, misiles acababan con blancos (y negros) específicos. Alberto y yo estábamos lejos de casa. Lo único que podíamos hacer era caminar, esperando que no nos tocara el turno de ¡puf! calcinarnos. Estábamos cansados y hambrientos. Llegábamos a un Vip’s que tenía gente adentro -el primer lugar público con gente adentro que nos encontrábamos.

    Yo le decía a Alberto que eso era lo bueno de vip’s: pasara lo que pasara, estaba ahí (cosa que en la vida real no creo ni tantito). Entrábamos. Yo, distraída, pedía una mesa. La ‘capitana’ de meseros me miraba raro, y entonces me daba cuenta de que estaba llorando, de que el resto de la gente ahí estaba llorando, que las mesas estaban arrinconadas y en un rincón había tres montoncitos de ceniza, que vagamente asemejaban siluetas humanas. Así que tres personas habían muerto ahí, calcinadas, y el resto eran sus deudos. Un velorio improvisado.

    Apenada, me salía con todo y Alberto. Y meta a caminar, buscando un refugio, un café caliente, una cama.

    Nada. Y el cielo gris, ni claro ni oscuro, amenazando con caernos encima…

    Moraleja: comer menos, tomar menos café, bajarle al azúcar. Y leer menos cuentos de Edgar, jeje. No me cabe duda de que fue en cierta forma autor intelectual de mi sueño.

  • Nada

    Desperté con la cabeza vacía. Es horrible. Especialmente, porque amaneció vacía por dentro pero también por fuera. Es muy raro de ver. No sé explicarlo, sólo que no hay ojos, ni boca, ni cabello, ni nada. Ni siquiera piel o hueso. Nada. Si me miran de frente, y posan sus ojitos en donde deberían estar los míos, verán una infinitud de color incierto (no es un color, pero sus mentes lo procesarán así, porque no están listas para enfrentarse al vacío absoluto).

    Es muy raro ver esa nada tan pequeña y a la vez tan infinita (infinita por ser nada, pequeña porque ocupa sólo el espacio correspondiente a la superficie de mi cabeza).

    Lo peor del caso es que no puedo pensar en algo qué escribir (nada adentro) ni puedo ver el teclado (nada afuera), así que me pregunto, retóricamente, claro está, quién está escribiendo esto. ¿Nadie?

  • por cierto…

    dos estupideces dos

    una: Paulina Rubio admira a Cleopatra, dice. Que le encanta la historia de amor que Cleopatra vivió con Napoleón, dice.

    dos: que el doctor Simi quiere ser presidente de Mx. Dice que se identifica con la figura del Ché Guevara. Que no sabe de su biografía ni de su ideología, pero igual se identifica con su figura.

    tres (pilón): rax olvida sus apuntes para la clase en canal once. terrible clase, sin apuntes, con dolor de cabeza, y un ligero malviaje.

  • dolorcito de cabeza

    Desde ayer noche tengo dolor de cabeza. Son las 11.37, así que ya va para sus 24 horas, más o menos. Y lo peor es que ni siquiera alcanzo a detectar la causa… ¿qué será, el calor, el sueño escaso, la vida atormentada (je)?

    Iré a dormir y esperemos que con eso se quite. Esperemos.

  • Mi dedo, mi pobre dedito.

    Ay, bien que lo sé: morderse las uñas, jalarse los padrastros, sacarse sangre del borde de los dedos es malo. Está mal. No hay que hacerlo, no corresponde a una persona segura de sí misma que quiere triunfar en los diferentes ámbitos de su vida (ja, ja, ja). Pero aunque lo sé, tengo el hábito, horrible, autodestructivo, adolescente y muy gratificante: primero, me muerdo las uñas. No me las como: les muerdo la orillita para crear una especie de ‘línea precortada’, como las que tienen los plásticos de los chicles o de los cigarros o de los cd’s: una ranurita para luego jalar y ?¡zum! queda la uña a ras, como de prestobarba.

    Luego, con la uña del pulgar, comienzo a rascar el borde lateral de la uña, de la punta hacia el dedo: ras, ras, ras. Sigo hasta que se separa ligeramente de la uña un pedacito de ella misma, un padrastro artificial. Entonces lo jalo con dos dedos. Y cuando tiene un tamaño adecuado, lo tomo con los mismos dos dedos (pulgar e índice), le doy de vueltas, torciéndolo, y ¡vámonos!, tiro de él. Con fuerza. Si no acaba de salir, o si es demasiado peque, me ayudo con los dientes, antes de la torcida o a la hora del jalón.

    Cuando sale todo cool, no queda sangre, ni nada. A veces algo falla y sale un poquitín de sangre. A veces, como la semana pasada, sale sangre y la cosa de infecta, y entonces hoy traigo el dedo medio de la mano derecha medio morado y palpitante, al doble de su ancho normal, dolorido y lleno de pus (oh, sí, es pus, lo séeeee).

    Bueno… ya no: me hice una curación extrema con alfiler, alcohol y alicatas. Ya salió lo que tenía que salir, ya no palpita el dedo, ni está morado, ni tiene cremita pastelera adentro, así que tendré que buscar una nueva diversión :(

    Nota: Profesora Mergruen, por supuestísimo que ya está el ánimo a la alta: gracias por los ratos de solaz entretenimiento.

    Nota 2: Frida: no estaría mal lo del barbietón :) Todavía no entiendo por qué, el día que cumplí 13 años, dije ‘ya soy grande’ y regalé todas mis barbies. Me doy de topes. Ahora tengo sólo dos, pero son cuquísimas: una es Morticia, y trae a su Ken Homero; la otra es Lili Monster y trae a su Ken Hermann. Pero los Kenes nunca me gustaron, así que no cuentan mucho.

    Nota 3: Saludos, Felpu!

    Nota 4: ¿Ya vieron la trivia en Fatal Espejo?