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  • Toma tu cruz y sígueme…

    Dijo en algún momento Jesús. Yo, obediente, hoy traigo una cruz tamaño familiar. La culpa es de los amigos que no se dan cuenta de que jueves no es lo mismo que sábado (y de Raquel, que no se da cuenta de que cerveza no es lo mismo que sidral). Y bueno… tuvimos una plática de machines, que ya nos hacía falta, y me la pasé cool con mis amibitos; pero ahora traigo un dolorcete de cabeza que para qué les cuento…

    Y toca clase. Y luego taller. Y no he mandado el argumento que me encargaron, ooops

  • Más mensajes crísticos

    Cuando yo era una linda darketita, hice una bonita traducción sobre un texto divis divis: Jesus was gother than thou.

    Hoy, por casi milagro, encontré la liga a dicha traducción.

    Para ustedes, con todo mi cariño, Jesús fue más gótico que tú. Faltan imágenes, pero en general, el documento se deja ver. (Y es que perdí el password y nunca podré actualizar la página).

    Que aproveche…

  • Requerimientos de Hacienda

    Ayer llegó. Ni siquiera es un sobre: apenas es una hojita doblada, con los bordes pegados entre sí, listos para ser cortados. Adentro, letras chiquititas, alusioes a no sé qué artículos de no sé qué ley, y, al final, -horror de horrores- la petición de que vaya y pague, aunque no dice qué hay que pagar o dónde me puedo enterar.

    Maldita sea.

    ¿No podrían mandar una carta más amena, con dibujitos, claridad y un FAQ?

    ¿Me irán a meter a la cárcel? ¿De veras debo dinero? Yo creía que no…

    Ahora sí urge encontrar al contador. Tengo 15 días hábiles a partir de ayer. Bujú.

  • La última tentación de Raxxie

    Más de 20 años asistí puntualmente a la iglesia en Semana Santa. Más de 20 años de sermones de 3 horas sobre ‘Las 7 palabras’ (en viernes), de jueves santo de comunión, de servicio a las seis de la mañana el domingo de resurrección.

    Es decir: ya me sé bien la historia, y como el gore sólo me gusta cuando trae zombies, no voy a ver ‘La pasión de Cristo’, porque aunque el protagonista vuelve de entre los muertos, no lo hace como zombie. Demasiada sangre para un filme ‘serio’.

    Además, se muere la gente en el cine. Y se siente culpable y llora. Y sale y se flagela. (¿Se han dado cuenta, por cierto, que vayas a ver la peli que vayas a ver, los empleados del cine te dicen ‘bienvenido, sala tal, que se divierta’? Como si fuera una diversión ver eso.)

    En fin. No iré.

    En cambio, fui ayer con Alberto a ver ‘La última tentación de Cristo’. Menos sangre, claro. Y trata de ver el bisne desde otro punto. Me gustó, sips.

    Pero me dejó con una duda. ¿No hay más historias en la biblia? ¿Por qué siempre hacer películas de eso -y bueno, la que hubo sobre Moisés?

    Podría hacerse una cinta tipo ‘Vengador Anónimo’ basada en la violación y muerte de la Concubina (ver Libro de los Jueces) o un chick flick basado en la historia de Ruth.

    Podrían hacer un melodrama amodovariano con base en Esther, o un super peliculón del fin del mundo apoyado en Apocalipsis 13 y nada más.

    Ya se están tardando con la biografía de Pablo; no han hecho una serie de cortos animados de las parábolas de Jesús.

    Uno de mis libros favoritos es Jueces. Tiene muchas historias de aventuras. Algunas protagonizadas por mujeres. ¿Por qué nomás películas sobre Jesús?

  • Nota de antes de empezar semana

    Después de ochocientos años de silencio, Sandrágoras se sacude la modorra y vuelve a su blog. Valdría la pena ir por allá a darle abrazos o jalones de orejas, eso al gusto del lector. Ah… y exigirle que no vuelva a ausentarse de ese modo…

    Ahora sí:

    Primer día después del fin

    Ayer no se acabó el mundo, pero soñé que sí. Fue un sueño raro: iba en automóvil, camino a mi casa desde algún punto ignoto (o no me acuerdo), cuando enormes discos de color anaranjado (eran similares a elipses, pero eran como burbujas de plasma, pero eran sólidos y metálicos) comenzaron a flotar en el cielo, a poca distancia de los autos.

    No eran naves espaciales, ni rayos gama, ni pedazos de universo. Pero eran muy tristes de ver, al menos para mí: a otras personas les causaba miedo.

    La gente gritaba, dejaba los autos vacíos, corría en todas direcciones. Mientras, las esferas elipsóidicas (en mi sueño, sabía que se llamaban así) flotaban sin prisa, como si gozaran el panorama. Todos sabíamos que era señal del fin del mundo. Yo sabía que tenía menos de media hora para llegar a casa, comer (je) y despedirme de los míos. Cuando me daba cuenta de que faltaba más de media hora para eso, considerando el tráfico, me daba más tristeza, pero de todos modos pisaba el acelerador hasta no poder más.

    Desperté, y las esferas elipsóidicas flotaban en el cielo, perezosas, como asomándose a mi ventana. Pero sólo yo las vi, y esta vez no me dio tristeza, ni miedo, ni nada: demasiada prisa para desayunar y alistarme para el trabajo.