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  • Día de aeropuerto

    Muy temprano fui a dejar a Alberto al aeropuerto. Se fue a Colima y regresa el sábado. Ojalá que le vaya bien.

    Lo curioso es que, luego de que se fue, me puse a hacer tiempo en la librería y de pronto sentí que alguien jalaba mi bolsa. No era un ladrón. Era… ¡una caja de cartón con matasellos de Islandia!

    Debí suponerlo: Alberto es cómplice del pingüino y todo su viaje es una mascarada para que YO fuera a recoger al animalillo. Está bien, se les perdona. A ambos.

    Pero luego siguió una persecusión terrible por todo el aeropuerto, porque alguien les pasó el tip a los mafiosos. Nos estaban esperando, vestidos de monja en smoking. D. y yo corrimos a toda velocidad (es un eufimismo) y 30 centímetros después de empezar a correr a toda velocidad, caimos extenuados. Estuvimos a punto de ser ejecutados, pero en eso, un taquero salido de dios sabe donde les ofreció a los perseguidores una muestra gratis de taco al pastor. No bien se la acabaron, no se la acababan: es decir, comieron la muestra y se enfermaron de la panza. Yo creo entonces que la noticia que recibió cin es cierta.

    Deíctico me llevó a paquetería, y sacó un estuche de violonchelo. Me puso a mí a cargarlo, claro. Y ya que llegamos a casa (después de ir a canal once y a la UVM), me permitió abrir el empaque…

    ¡Dioses! ¡Es Bjork! ¿Y ahora qué hago con un pingüino y una cantante, uno perseguido por la mafia y la otra raptada por el pingüino? ¿Qué diantes está intentando hacer Deíctico? ¿Por qué de pronto se comporta como pelota de playa? Si alguien sabe, dígame…

  • Cuando un Pingüino mueve al mundo

    Desperté hoy en la mañana porque una mirada penetrante estaba fija en mí. Medio abrí los ojos y vi un pico anaranjado.

    –¡Ah, Deíctico, regresaste! –iba a decir, pero tenía la boca pastosa. Así que primero di un trago al agua que tengo siempre junto a la cama. Me gustaría tener una cama de agua, para no tener que bajar por botellas. Le pondría un popote directo al colchón como me enseñó tío Groucho. En fin.

    En todo caso, fue muy útil amanecer con boca de Mun-ra: mientras tomaba el trago de agua, me di cuenta de que el Pingüino que me miraba con fijura y fijancia no era Deíctico. Vestía un traje gris a rayas y tenía una cicatriz en la cara. Ah, y su expresión era maligna.

    Me acordé de la aventura que tuvo Chema hace unos días y entendí que era uno de los Pingüinos Mafiosos. ‘¡Malditos!’, pensé. Pero yo no les diría nada, aunque me torturaran.

    El Pingüino me tendió un papelito con un recado. Lo leí: ‘Mamá: vamos a llegar tarde a cen…’

    El Pingüino me lo arrebató y me dio otro recado. Este era el bueno. Decía: Entrega al traidor o serás pescado frito.

    Para mis adentros pensé: ¿Deíctico traidor? ¿Cómo me van a convertir en pescado frito? ¿De qué va todo esto?

    –Yo no sé de qué me hablan– dije.

    El Pingüino me miró con torvamiento y sacó una foto. La vi. Era de Thalía. El Pingüino tuvo un ataque de sonrojismo y me arrebató la foto. Sacó otra. Era de Deíctico junto a un trailer lleno de cajas de atún. El trailer estaba cerrado, pero sé que era atún por el olor de la foto.

    –Yo no sé nada– insistí. Y para dar énfasis a mis palabras, comencé a recitar la tabla del siete, pero en su versión libre, que siempre ha sido mi favorita:

    siete por una, siete

    siete por dos, diecisiete

    siete por tres, veintiunsiete

    siete por cuatro, zapato

    siete por cinco, treintaycinco

    siete por seis, cuarenta

    siete por siete, san francisco

    siete por ocho, x a la cuarta

    siete por nueve, sesenta y tres

    siete por diez, sesenta

    El chiste es que suene bonito, aunque no rime, o aunque el resultado no se parezca del todo al que aprendimos en la escuela. Es divertido porque cada vez que la recitas, salen resultados diferentes:

    siete por una, diente

    siete por dos, tose y tose

    siete por tres, veintitrés…

    Cuando iba en la quinta recitancia de la tabla (siete por uno, perruno…), el Pingüino se desesperó y se fue. Mi papá entró a mi recámara para llamarme a desayunar y al verme recitando las tablas suspiró, apesadumbroso. Seguramente creyó que, de nuevo, soñé que estaba en un salón de clase recitando la tabla del siete ante un grupo de hipopótamos adictos a la alfalfa. Es un sueño recurrente que tengo desde que mi papá me quiso enseñar la tabla del siete la primera vez. Azares de ser hija de un maestro de matequesis. Matebásicas. Mate…eso. Creo que antes de enseñarle a recitar las tablas me debieron enseñar a pronunciar la palabra esa. Ni moros.

    El chiste es que bajé a desayunar. No hay noticias de Deíctico. Pero seguro, seguro, seguro que anda metido en cosas bien gruesas. Méndigo pingüino. Porque para colmo, me quedó a deber 20 pesos. Pero ya volverá. Y la mafia pingüínica será asunto de risa comparada con mi furia si no me paga mis 20 pesos.

  • La saga de un pingüino conflictivo

    Claro, yo ando en huelga de escribición –no me he sentido bien, sorrys– pero eso no impide que Deíctico haga de las suyas. E incluso que se internacionalice.

    Para muestra, esto salió recién en el blog de Incannus, Bahamut y Chema, a quienes les agradecemos el fragmento para pegarlo acá aprovechando mi pasajera huelga escritorial:

    En busca de Deíctico

    No, no es la nueva entrega de Volpi, es el pingüino de la Rax. Resulta que lo andan buscando unos pingüinos italianos. ¿En qué andará metido? nadie lo sabe. Pero me sorprendió que justo ayer, uno de esos mafiosos de frac me abordara en el metro Zócalo. Iba yo con Eugenia y entrábamos en el metro, cuando uno de esos mafiosos se me acerca y con dulce voz me dice, no sin antes metamorfosearse en una monja pequeña y regordeta, «¿Sabe dónde puedo encontrar a Deíctico?». Estuve a punto de decirle: «claro, con Rax», pero una señal emitida por algún aparato radiofónico averiado, único vestigio de la cultura pingüinica de los remotos hielos perpetuos de R-5096, mejor conocido como Escabaraescabara, cuyos habitantes perecieron debido a una guerra entre pingüinos normales, pingüinos metamorfos y pingüirenas, salvo algunos que lograron escapar en cetaceos voladores [los cuales obviamente se esconden en el distribuidor vial de San Antonio], llegó a mi cabeza y me obligó a decir que: «el Diéctico que yo conozco, lo han mandado en una misión especial al Singapur saturnino, algo del fin del universo y Christopher Reeves apocalíptico, pero dudo que sea el mismo al que usted se refiere». Ella me dice: «Debe de serlo, hay pocos Diécticos que sean pingüinos», yo le contesté: «¿Lo ve?, al que yo hago referencia no es mas que un leopardo de las sabanas intra australianas que ha sufrido una mutación debido a los rayos microcósmicos de expansión lunar, por lo cual ha quedado convertido en una pelota de playa» [?].

    Eugenia me jaló del brazo para apurar el paso y la mafiosa se nos quedó viendo con un dejo de duda en los ojos, mientras volvía a su forma pingüínica. Pido a los dioses, todos, que haya hecho bien.

    JM

    — posted by José at 11:14 AM

  • Conciliación y arbitraje

    Nop. No adivinaron, pero gracias por participar. Finalmente se terminó el trámite el lunes por la tarde. Me enfrenté a una de las caras más huevonas de la burocracia, y tal parece que era yo la que quería el fin del contrato con canal once, de tantas veces que aplazaron la ida a Conciliación. Me dieron dos cheques que traté de cambiar ayer y… sorprais, sorprais: no me los recibieron en el banco porque las firmas ‘no coinciden’. Espero que hoy me cambien los cheques y se termine este capítulo de mi vida.

    Ya sé, no es chistoso, pero es que tanta estupidez no me causa risa todavía. seguro que en unos días incorporaré todo el capítulo en mi número de stand up comedy. Pero mientras, mi hígado y yo lo resentimos.

    Para colmo: mi amigo Cliff me acaba de mandar un mail para explicar su repentina ausencia en la red. Leucemia. Puta madre.

  • Por cierto…

    Un, dos, tres por Maribel, que tiene un blog :)

    (Para quien no sepa, Maribel es mi amiga querida desde 5o de primaria y le tocó aguantar mis locurias toda la secundaria –nos sentábamos juntas en el salón de clases–. Debo decir que ella no está precisamente ‘cuerda’, así que también a mí me tocó aguantarle cosas, jajaja –aunque ella nunca me cortó con tijeras y yo a ella… pues… fue accidente, lo juro!)