Sábado por la mañana. Dormí hasta las diez (ya me hacía falta) y soñé que viajaba en un crucero, pero que éste chocaba con algo (un iceberg, un platillo volador sumergido, un banco de coral… no lo sé) y comenzaba a comprimirse como si fuera un acordeón. Yo estaba en la cubierta más cercana al fondo del mar (y más lejos de la superficie) en una orilla del barco, por lo que sólo podía ver como a la puerta se le sumaba otra puerta y otra y otra (como en las caricaturas) y lo mío era un abridero de puertas encimadas (con la intención de llegar al hall, que no tenía puertas, y subir a cubierta y no morir apachurrada o ahogada). Finalmente, no sé qué ocurrió. Tal vez apareció Di Caprio y del horror tengo bloqueada la parte final del sueño. Guácala. Por su las dudas, me voy a hacer una lavativa cerebral (¡cómo…! nunca se han hecho una lavativa cerebral??? Mi doctor recomienda hacer una al menos cada tres semanas… al rato les explico cómo).

Y bueno, es sábado. Por la mañana. Habrá que resolver algunos pendientillos y por la tarde, obligarme a salir para ver el aire fresco y sentir el sol entrar por mis pulmones y todo eso.

Ah… perdí la inspirancia. Luego que haya un ratillo libre, le sigo (seguro es que todavía traigo jaboncito en el cerebelo, es lo malo de no enjuagarse bien luego de la lavativa cerebrosa).

Blogmanía atípica

No quise que sonara a burla de la neumonía. La verdad, por momentos resurge mi educación apocalíptica y me da por pensar que estamos en los fines de los tiempos, con guerras, pestes e infomerciales. Pero ese es otro tema, y ya en otra ocasión podré hablar de mi miedo al Rapto del Fin del Mundo (era yo una chiquilla influenciable, en un medio psicotizante).

En lo que estoy pensando es en la cantidad de gente conocida que se está dejando seducir por los blogs.

Ahora justamente acabo de añadir a Cinthya. Seguro tendrá mucho que contar :)

Y ayer fue Erika

Antes de eso, Eugenia y Chema… y Bef… (curioso. todos ellos, amigos de Alberto -bueno, Erika es más amiga MIA y la quiero mucho y no la presto. Bueno. La comparto con sus otros amigos. Incluido Alberto. Qué remedio).

Y antes aún, descubrí que Edgar tenía también un blog (y Edgar es alumno de Alberto, hmmm). Por eso creo que hay un virus que flota en el aire… La gente se contagia y le da por escribir. A mí, Alberto me pasó esta afición. Creo que Nito (el microbio que compartimos Alberto y yo) debe tener que ver con esta infección masiva; por lo menos de este lado del mundo (y creo que va siendo hora de ver a mis cuates, porque si ninguno está infectado, quiere decir que no hemos estado en contacto suficiente en últimas fechas…)

Eso es bonito. Espero que no encuentren la cura.

Aunque bien pensado…

Parece que no en todos los casos prende igual: Edgar dejó su blog hace un rato; lo mismo parece suceder con Eugenia. Será que hay una inclinación genética? O que hay quienes sí tienen anticuerpos para este virus?

Misterio…

Moví un poco los mensajes, para que quede abajo el chorote con el cuento de Pescetti. Por cierto, ¿alguien lo leyó? ¿les gustó? Lo puse en un grupo de yahoo y nadie dijo nada, así que empiezo a pensar que mis gustos son extraños y nomás a mí me latió el cuentito…

Tenemos un nuevo link en los links (que crecen como familias de conejos, qué bonito). Es el blog de Erika Mergruen, que va empezando en esto de la blogueada, pero que seguro va a tener hartas cosas lindas: su grupo en yahoo es muestra de ello (es uno de esos grupos de rancio abolengo y mucho tiempo de aire. Además, su temática es mega.)

De Luis María Pescetti

Los derechos son del señor Pescetti, así que no me metan en problemas haciendo cosas indebidas con su cuento. El cuento viene de un libro muy muy muy bonito, Historias de los señores Moc y Poc. Disfruten. Los dejo con Pescetti, yo me voy a la cama (ya le puse a Alberto el chip, muahahaha).

El chiste

– ¿Me permite que le cuente un chiste?

– Sí, claro.

– Verá, se lo diré tal como me lo refirieron, aunque no me quedó claro por qué se rió la persona en un momento dado.

– De acuerdo.

– Esta persona me contó que venía alguien…

– ¿Alguien que él hubiera visto?

– No, al parecer es una historia inventada.

– Entiendo.

– Sí, bien, venía una persona por una gran avenida, conduciendo en sentido opuesto…

– Un peligro…

– Fue lo que yo dije, pero él me comentó que me esperara hasta el final…

– Curioso…

– Bien, este conductor imprudente enciende la radio de su automóvil y oye que un locutor, sumamente exaltado…

– …alterado.

– Exacto, alerta sobre que, precisamente en esa avenida, venía un coche en contramano, entonces el conductor exclama uno no son miles y ahí la persona que me contó el chiste se rió mucho hasta que vio que yo lo miraba con sorpresa…

– Ajá…

– A lo cual comenzó a alegar que yo no había entendido el chiste…

– Una tontería, por supuesto…

– Es lo que yo sostuve, que el relato era muy simple y fácil de comprender…

– ¿Y él qué le dijo, entonces?

– Que lo que yo no había entendido era la gracia.

– ¿La gracia?

– Sí, la parte graciosa del chiste.

– ¿Cual era?

– Supongo que esa en la que él se rió.

– ¿Podría repetirla?

– Cómo no… uno no, son miles… que ahí es dónde se rió.

– Ajá…

– Sí…

– Pues, a decir verdad, yo tampoco le encuentro la gracia.

– ¿Verdad que no?

– ¿Usted está seguro de que era esa cantidad, así, miles?

– Caramba…

– ¿No recuerda si le dijo uno no, son 459… o alguna otra cifra?

– Podemos confirmarlo, tengo su tarjeta ¿me permite que haga una llamada?

– Sí, claro… (espera).

– … (disca, espera, atienden) … buenas noches, mire soy el señor Moc, la persona a la que esta tarde usted le contó un chiste y acá, con mi amigo el señor Poc, tenemos una duda… ah, entiendo… estaba durmiendo… mire, en realidad es una pregunta muy simple, no necesita despertarse del todo ¿cuántos eran los que iban en contramano? … ¡oh!

– ¿Perdón? ¿qué pasó?

– (cuelga) Cortó la comunicación ¿lo habrá molestado la llamada?

– O la pregunta…

– ¿Le parece?

– No estaba seguro de la respuesta y eso lo puso violento, lo cual es una manera muy cobarde y poco social de pretender ocultar la ignorancia.

– Sin embargo esta tarde se mostró muy seguro del final, me lo repitió varias veces.

– Entonces vuelva a llamarle y dígale que no se trata de que lo estemos examinando, sino sólo de confirmar nuestro dato.

– Buena idea, disculpe un momento.

– Sí, claro… (espera).

– … (disca, espera, atienden) … buenas noches, soy el señor Moc, quien le acaba de hablar hace un momento… ah, me recuerda, mire, decíamos con mi amigo que no debe sentir usted que estamos dudando de la cifra… ¡oh!

– ¿Nuevamente?

– Sí, cortó, luego de unas expresiones muy poco corteses.

– No tiene idea y teme haber sido descubierto en una mentira.

– Pero, era tan sólo un chiste, no lo voy a denunciar.

– Quizás eso es lo que teme.

– Tal vez está en su casa, nervioso, sin poder dormir.

– Moc ¿no me dijo, usted, que estaba durmiendo?

– … tal vez recurrió a algún barbitúrico para poder conciliar el sueño…

– ¡Esas cosas pueden ser dañinas! ¡llamémosle inmediatamente!

– Sugiero que le hable Usted.

– … (disca, espera, atienden) ¡deténgase! ¡no tome esas pastillas! ¡puede poner en peligro su vida y acá mi amigo le da su palabra de que no hará ningún tipo de denuncia… ¡oh!

– ¡Cortó!

– Sí…

– …

– …

– ¡O se le cayó el teléfono porque ya están haciendo efecto las pastillas!

– En su tarjeta está su dirección ¡vayamos a salvarlo!

– Llevemos algunas herramientas por si hay que romper una puerta o una ventana…

– ¡Bien pensado! ¡no perdamos tiempo!

No tengo sueño, y son casi las dos de la mañana. Alberto duerme: tuvo un día pesado y me estuvo ayudando en un proyecto hasta hace un rato. Es que cuando los proyectos dejan de ser juegos y se vuelven ‘cosas serias’ me descontrolo un poco. Me hace falta eso, que me guíen, que no me dejen volverme loca y saltar de un tema a otro.

No tengo sueño… qué raro. Tal vez alguien con insomnio me está robando mis ganas de dormir. Seguramente me pusieron un chip que absorbe los bostezos y ¡ZUUUUUP! se los manda vía satélite al Malo de esta Historia, un millonario que tiene todo, menos sueño.

Va a llevarse una gran sorpresa cuando sus médicos le inyecten el líquido ambar-azuloso en que convirtieron mis sueño-bostezos transmitidos vía satélite por el chip: porque seguramente le dará sueño, sí… pero soñará mis historias!!!! MUAHAHAHAHA

Y entonces sí, verá lo que es bueno: pollitos de colores bailando tap; vacas azules con ojos en los cuernos, como caracoles; cuentos de Luis María Pescetti recitados por Marcos Mundstock…

En fin, morirá loco o aburrido, según como mire mis sueños.

Mejor hablemos de Pescetti.

Es buenísimo. En estos días he leído, de él, unos cuatro libros (y dos mails, pero cortitos. en todo caso, es muy chido establecer esos puentes). Mucha imaginación, mucho humor. De esas cosas que nos hacen tanta falta en este mundillo. Es curiso, especialmente, que al leer su libro Natacha me acordé de cómo era yo cuando niña. Y hasta pensé que no ha de ser tan malo, después de todo, el asunto de la crianza y todo eso. Seguro que esa parte es culpa del chip que me roba los sueños!

Son las dos y cuarto. Alberto sigue durmiendo (le voy a poner un chip). Me gusta verlo dormir (también me gusta verlo despierto). Me gustaría verlo dormir más seguido, o -para variar- que él me viera dormir de vez en cuando (oh. sí: le voy a poner el chip).

Voy a tratar de dormir yo también.

Ah, una más, del día: me corté el cabello, pero no me atreví a raparme.

Estoy trabajando (!) en un cuento. Uno de a deveras, sin extraterrestres ni cosas raras (bueno, hay monstruos, pero poquitos). Lo malo es que debería estar trabajando en un guión. Siempre me pasan estas cosas. Ni modo…

Diez horas de sueño, un desayuno ligero pero consistente (?) y ¡lista! estoy como nueva.

El viaje a Buenos Aires sigue siendo el tema (ahora extraño no sólo la comida, sino la tranquilidad de andar a pie y no en auto). Y bueno, qué puedo contar. Supongo que lo extraño del viaje, porque si espero más tiempo, ya no voy a saber si realmente ocurrió o si me lo inventé.

Y es que desde el primer momento ocurrieron cosas raras. Rarísimas.

Va como va.

I. Llegamos al aeropuerto el viernes, con maletas y pasaportes y todo. No había fila en el stand (no es esa la palabra, pero no recuerdo la que sí es; si alguien la tiene raptada, por favor devuélvala). Preguntamos (a la gente de la aerolínea de junto, porque en LAB no había nadie) y nos dijeron QWUE LLOYD NO TRABAJABA ESE DÍA.

Pero yo tenía boletos… con esa fecha!

¿Estaría en un mundo paralelo? (No sería la primera vez que me ocurre que, al tomar un atajo al aeropuerto, doy una vuelta antes o después de tiempo y termino en el Mundo Alterno).

Verifiqué con mi realidómetro (es decir, consulté con Alberto) y vi que… no, no estaba en un mundo alterno. La aerolínea decidió tomarse el día porque les tocaba un solo vuelo y no había mucha gente… nos cambiaron para el atascadísimo vuelo del sábado (para que les valiera la pena trabajar) y… ¿avisarnos? ¿para qué? ¿no se supone que los superhéroes, además de volar, leen los pensamientos? (sí, claro, pero yo sólo vuelo en avión, así que no soy propiamente una súper-heroína (o una super-cocaína, o una super-mariguana…).

En fin, derrotados y sacados de onda nos volvimos a casa (vía casa de mi tío Abel, donde mi tía Pina nos dio de comer deliciosisisísimo).

II. Sábado en la mañana. Ya que no estábamos camino a Argentina, aprovechamos para ir a la boda de mi tía Estelita (70 años). Linda historia, pero para otro día. Mucha familia, todo bien, de ahí al aeropuerto y… esta vez… ¡sí hubo vuelo! (ya era hora, no?).

III. ¿Quién dice que TODO el mundo está automatizado? Lloyd Aeroboliviano no usa computadoras: tiene la lista de pasajeros impresa y va tachando los que van llegando, y luego dos empleados se dedican a buscar los que faltan por todo el aeropuerto. Servicio humano y personalizado. Lento, ineficiente, pero humano y personalizado.

IV. Sin novedad hasta Santa Cruz, Bolivia 8excepto que en la boda de mi tía Estela trataron de envenenarnos, o algo así, porque íbamos enfermísimos de la barriga los dos -aunque yo más. Debe ser por mi carácter dramático.

V (y última por el momento). En Santa Cruz esperamos tres horas, y con horror vimos que había un vuelo a Buenos Aires 8el nuestro) y… ¡UN CLON! Oh, yes. Nuestro vuelo era el 910, y con 20 minutos de diferencia salía otro (misma línea, mismo destino) con el número 1910! La gente estaba vuelta loca.

Y para colmo… la aerolínea sobrevendió boletos…

Y para doble colmo… la solución que se les ocurrió fue ‘cancelar la numeración de los asientos’, así que cada quien se iba a sentar donde pudiera, conforme fuera entrando. Estábamos lejos de la entrada pero hice gala de mis conocimientos eslamísticos (no que no sirve aprender a usar diplomáticamente los codos? no que no sirve de nada ir a los conciertos de Lacrimosa, Los Cadillacs, Sisters of Mercy, Offspring*?)

Así que entramos relativamente pronto y nos sentamos donde quisimos. Dos horas después de que salió el avión (luego de gente peleando por los asientos libres y sobrecargos tratando de embonar cuatro y cinco pasajeros por asiento**) llegamos a Buenos Aires y nos dispusimos a tomar un colectivo a Visha Elisa (se llama Villa Elisa, pero se pronuncia así, lo mismo que Fabulosos Cadishacs, La shama que shama y Mario Vargas Shosa).

Y esa, señores y señoras, niños, extraterrestres y clones… ésa, es otra historia.

* La falta de definición en cuanto a géneros musicales que frecuento en conciertos no tiene nada que ver con el tema de este blog.

** Ok, lo de las sobrecargos acomodando más de una persona por asiento es una exageración. Pero es la única en este blog. Todo lo demás pasó realmente, lo juro.