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  • Preocupada. Muy. Muy preocupada

    Quizá se acuerden de la muerte espantosa de los peces de mi hermano (justo cuando estaban bajo mi responsabilidad, los infelices). Bueno, pues el caso me parecía extrañísimo, y no era cosa de dejarlo así. Así que contraté a un afamado investigador internacional (de esos que trabajan para la Interpol y el Liverpul y vaya dios a saber qué mas) para que resolviera el caso. Fue una decisión difícil, porque esos investigadores de fama internacional cobran carísimo; pero la verdad no tiene precio.

    De acuerdo: exagero un poco: no contraté a un afamado investigador internacional, sino que convencí a mi gato Beakman de que, en sus ratos libres (cuando no tiene que comer o dormir) buscara datos al respecto a cambio de latas de whiskas. Para quienes no lo conozcan, abajo hay foto del gato detective.

    Gato Beakman

    Pues el afamado gato internacional se dedicó a investigar y encontró, en el cuarto de mi hermano, la pecera del crimen… casi vacía. ¿Casi? Oh, sí. Sólo con un poco de agua, aparentemente.

    Tuvimos que interrogar a mi hermano. ¿Dónde estaban los peces sobrevivientes y los nuevos peces que le regalamos de cumpleaños? El amasado gatective interdenominacional clavó sus uñas en las piernas del hermano sospechoso y yo clavé los dientes en una quesadilla. Al poco rato obtuvimos una confesión: mi hermano había pasado los peces a una pecera nueva que le regalamos, también, de cumpleaños (se me había olvidado, je).

    De todos modos, el afelpado gatactivo plurifuncional decidió mirar de cerca la pecera vacía. Y decubrió (horror)… que había seres vivos en ella!!!!!!!

    LOMBRICES!!!!!!

    No como las que puso mi hermano la fatídica ocasión en que se petatiaron sus mascotas… o bueno, sí como esas en cuanto al color y al diámetro. Pero mucho, mucho, MUCHO más largas.

    Y tenían tan poblada la pecera, que parecía que a las piedritas del fondo les había salido cabello…

    El abarcado radiactivo plurinominal renunció en ese momento y se fue a dormir. Mi hermano y yo nos quedamos horrorizados: después de todo, las lombrices SÍ pueden haber sido la causa de la desgracia: si se les ocurrió crecer dentro de las panzas de los péceses… ay, horror, no quiero imaginarme.

    En fin. Obligué a mi hermano sospechoso a lavar la cosa esa. Tiró el agua por la coladera, tiró las piedras a la basura, prometió no volver a darles lombrices a sus mascotas (en especial a los gatos), prometió que si otro pez muere, yo no seré responsable. Fiu.

    Pero anoche, soñé que de la coladera salía una lombriz gigante dispuesta a devorarme. Y el apelmazado duditativo centesimal ni siquiera quiso despertar para consolarme…

    PD: Y luego, en mi sueño, el acalambrado fedecitive infederanacional tenía goggles y se metía a la pecera mientras yo trataba de quitarme de los calcetines unos gusanitos de maguey chiquititos, pero que se reproducían a toda velocidad y que amenazaban, también, con devorarme, mientras un escarabajo gigante me miraba, curioso, desde una ventana….

  • Un último comentario

    Exigentina sabía que en sus manos estaba que el Monstruo dejara de serlo y volviera a su estado principoso. Sólo que no sabía cómo lograrlo. En todo caso, estaban lejísimos de la acción, y sería mejor que llegaran antes que la hija de la bruja, o la bruja misma. Así que mientras estas seguían discutiendo, Exigentina tomó su frijol mágico y la llave, fue al tronco del árbol y sacó al monstruo, y huyó con él con dirección al castillo.

    Todavía no sé cuál fue el medio de transporte. Tal vez la bruja tenía un burro alado, o quizá un par de zapatillas mágicas. También puede ser que Laura Zapata les haya dado un aventón.

    Lo importante es que Exigentina llegó al Palacio.

    (Rax bosteza. Tiene huevita. Mañana le sigue)

  • Una revancha

    Cada determinado tiempo me da por buscar en la red a mis autores favoritos. Lo hago por pura ociosidad (como hoy, día patrio, que estoy en casa en vez de andar de fiesta) y por masoquismo: la cosa se va poniendo fea cuando empiezo la búsqueda de ciertos autores especialmente esquivos…

    Por ejemplo, Jorge Mejía Prieto. Me encantan sus cuentos de ‘Los hijos del smog’. Pero fura de ese librazazo y unas cosas bien raras de política e historia, no he encontrado nada de él. Caramba, ni siquiera sé dónde nació. O si vive. O qué pedo.

    Otro ejemplo, José Vizcaíno Pérez. Tiene un par de cuentos que me caen rebién.

    Bueno. Pues hace rato lo busqué y… sorpresa: vi que había una página que hablaba de él. Horror. Era justamente ésta. Grr.

    Ya ni sé para dónde iba con este post. Se me hace que es hora de dormir.

  • Aún intimista: un mal recuerdo

    Tenía, hace algunos ayeres, una amiga a la que quería muchísimo. La gente nos pensaba siamesas: a ningún lado iba la una sin la otra. Yo creía conocerla completamente y, en justa retribución, me dejé conocer con mis paranoias y neurosis. Ella era la única persona en ese medio hostil que conocía cada una de mis debilidades.

    Creo que la amistad es una forma de amor. Porque yo estaba como enamorada: mi amiga no tenía defectos, mi amiga era lo único que me hacía falta para emprender grandes proyectos, mi amiga era Ley.

    No sé qué pasó exactamente, pero me di cuenta de que, por supuesto, las cosas no son como uno piensa. Mi amiga no me había contado todo. Y no me refiero a las cosas emocionantes y tontas (su amor imposible, su travesura límite). Yo no sabía qué la hacía enojar, qué la hacía llorar, qué esperaba realmente de la vida.

    Me decía una cosa, pero en sus acciones mostraba otra. Se enojaba por situaciones que a mí me parecían incomprensibles, se indignaba de que no me enojaran las mismas cosas.

    Pero -y eso era lo más desesperante- se callaba. Aún cuando fuera obvio que estaba más enojada que nunca, decía que no era cierto y se negaba a hablar del tema.

    Incompatibilidad de carácteres. Yo, bien en la vena de ‘hay que hablar de lo que nos molesta’. Ella, hermética, en la onda de ‘nada me molesta y no sé de qué hablas y déjame en paz’.

    Hubo intentos de reconciliación, pero la cosa se fue poniendo peor. Ojeta que es una, si no me decía que algo le molestaba, yo lo hacía más y más y más en un intento (idiota o sádico, no sé) de forzarla a hablar.

    Luego, simplemente nos divorciamos. Así, sin más. A la fecha ignoro la mayor parte de las preguntas de ayer (con respecto a ella), pero tampoco es que tenga muchas ganas de saberlo. No con ella. Creo que las intuyo, pero con ella todo en la vida era así: intuición, adivinar, tantear para no llegar al límite impuesto en secreto (por ella, claro). Pero los errores de los 13 años (por decir algo) no se deben re-cometer a los 27, creo.

    Por eso me entristece un poco cuando una amistad se basa en las listas de discos y libros (esos sí, me sabía el inventario de mi amiga tan bien como el mío).

    En fin. Hasta donde sé, ella está en un mundo tan distinto al mío que bien podría estar en otro universo. Me gustaría recordarla con cariño, pero al pensar en ella visualizo una especie de cáscara vacía. No supe que había adentro, así que no sé qué es lo que podría recordar, como decía, con cariño.

    ¿Será que no supe entenderla? (empieza la paranoia, me voy a desayunar).

  • Intimista

    De la gente a la que quiero me gustaría saber

    a) cuál es su momento más entrañable

    b) cuál ha sido su dolor más profundo

    c) cómo reacciona cuando se enoja

    d) qué la hace enojar

    e) que es lo que jamás me perdonaría

    f) qué es lo que más le gusta de sí misma

    g) cuál es su recuerdo más antiguo

    h) cuál es su miedo más profundo

    i) qué le gustaría que le regalara en su cumple

    j) qué le gustaría que le regalara en un día distinto a su cumple

    k) qué es lo más temerario que ha hecho

    l) que es lo que jamás se atrevería a hacer

    m) cuál es su juego favorito en six flags

    n) cuál es su comida favorita

    o) cuál es su muletilla más arraigada

    p) en qué piensa cuando ve el mar

    q) qué animal le gusta mucho mucho mucho

    r) si lloró cuando murió Anthony

    s) su poema favorito (el que se sabe de memoria y le hace suspirar)

    t) su pasatiempo más querido

    u) su pesadilla recurrente

    v) su canción más significativa

    w) su excentricidad más secreta, embarazosa, divertida

    x) su letra favorita del alfabeto

    y) el nombre que le hubiera gustado tener

    z) el apodo por el que jamás debo llamarle

    Si pudiera saber todo esto de cada una de las personas a las que estimo, me daría por bien servida.