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  • Antes del guión…

    Anoche soñé que escribía en mi blog. Qué tal. Sólo en mis peores momentos de adicción internética me soñaba frente a la compu (tuve un sueño que era puros mensajes de ICQ, qué cosa espantosa), así que no sé bien si reírme o preocuparme.

    En mi sueño escribía acerca de los examores. Para conjurar el sueño, voy a escribir más o menos lo que escribía ahí…

    Decía, más o menos, lo siguiente…..

    no, no puedo ser su amiga

    La novia de mi ex es buena gente. Simpática, divertida, todo eso. Y según mi ex (con quien somos buenos amigos ahora que el tiempo ha pasado) ella quisiera ser mi amiga. Yo… bueno, la verdad es que no puedo. Lo he pensado bien y creo que es absurdo, de mal gusto, fuera de lugar, poco ético… o algo así.

    Puesta a reflexionar, creo que no puedo ser ni amiga de la novia de mi ex, ni amiga de la ex de mi novio, ni novia del amigo de mi ex, ni exnovia del exnovio de mi examiga ni ninguna otra combinación por el estilo.

    Una mala experiencia: cuando cierto ex me presentó a su novia, yo no estaba preparada para verlo con alguien más. No es que lo amara con pasión: es sólo que uno no se entrena para imaginarse a sus querencias queriendo a otras personas (con todo lo egoísta que esto suene). Traté de superar el asunto, poner buena cara, pero cuando ella se me acercó a preguntarme cómo sorprender al fulano (es que me contó que tú eras muy detallista con él, me dijo ella) me di cuenta de que no, no puedo.

    No me gusta la idea de imaginarme a mis exparejas con sus actuales parejas, ni a mis parejas con sus exparejas; entiendo bien que agua pasada no mueve molino… pero hay tanta gente en el planeta, que creo que perfectamente puedo prescindir de la amistad de gente que, en algún momento, podría decirme cosas como «¿Que no le gusta que lo abraces? ¡Si conmigo todo el día quería abracitos!» (por lo menos). O de otras con las que la indiscreta podría ser yo.

    No me malinterpreten, no es que sea yo mala bestia (que quizá lo soy, pero no se ve en esto). Lo que pasa es que el morbo es parte de la naturaleza humana, y tarde que temprano alguno de los implicados caería en la tentación de sacar algún tema incómodo, que podría llegar incluso a lastimar o yo qué sé.

    Ahora bien: las cosas cambian cuando una amistad PREVIA se hace pareja de un ex, o algo así. En esos casos, por supuesto que pesa más la amistad….

    ***Ya no me acuerdo qué tanto más decía el post del blog soñado. Solamente quiero aclarar una cosa: el tal ex y su tal novia, por más que trato de hacer memoria, creo que no existen en la vida real. Pero fuera de eso, creo que estoy de acuerdo con el blablabla de mi alter-ego del mundo de los sueños ;)

  • Agh

    Me costó mucho trabajo solucionar lo del cerebro y el hermano zombie. Por eso no había escrito, pero ya volví. Los días han estado raros, contrastantes, y eso sí: muy cansados. Por eso me cayó de perlas el viajecito a Oaxaca (estoy en Oaxaca): resulta que invitaron a Alberto a un Coloquio Internacional de Imaginación Literaria (eso significa, hartos escritores que leen 10 minutos cada uno, y luego preguntas de la gente); y como ser la novia del escribidor tiene sus privilegios (qué bueno que las exnovias no se enteraron, porque entonces seguiría yo formada en la fila de solicitantas, ja), pues acá ando, gorrona todo pagado :)

    El viaje, en avión. Recepción con edecanes y toda la cosa. Hotel bonito, comida sabrosa, y lo que me ha tocado escuchar de las lecturas (la primera mesa fue ayer, hoy tocan otras dos) ha estado muy muy bien. Me gustó en especial un cuento de Felipe Garrido, quien es, por cierto, una persona simpática y cálida.

    Creo que de todo el grupo de escritores, escritoras y acompañantes, Alberto y yo somos de los más mocosos. Bueno… hoy llega Jair Cortés, quien es más joven, y eso va a estar cool :)

    Espero con especial entusiasmo la lectura de Eliseo Alberto… acá entre nos, de Caracol Beach leí UNA frase que me encantó. Hay libros que me gustan mucho enteros, pero esa frase supera sola a muchos liros enteros, así que creo que se vale ;)

    Ahora tengo que hacer un guión: venir de colada no implica darle la espalda a las propias responsabilidades.

  • Se busca: cerebro

    Ya saben: una semana lo tengo en el refri, otra en la cabeza. Bueno… esta semana tocaba el cerebro en la cabeza. Lo fui a buscar al refri, y ¡no estaba!

    –¿Qme bmfubscbas? –me preguntó mi hermano, con esa fea manía de hablar con la boca llena…

    Se me heló la sangre. Sí: mi hermano estaba desayunando huevos revueltos con… ¿sesos?

    Así que se comió mi cerebro. Es un problema porque ando sin ideas, babeando el teclado, lo que es muy antiestético. Y malo para el teclado. Y es doblemente malo, porque a los cinco minutos de terminar de comérselo, mi hermano comenzó a murmurar sabe dios qué cosas en qué idioma, pero ahora tiene enormes ojeras, mirada perdida, cuerpo rígido y sólo dice ‘yog sothot, dame más sesos’.

    Creo que se volvió zombie cuthuliano, o algo así. Y yo incapaz de pensar qué hacer al respecto…

  • ya somos mayores de edad

    Ayer vi a Maribel, mi amiga de tantos años. Haciendo cuentas, descubrimos que tenemos ¡18 años de amistad! No es poca cosa. Sobre todo, si consideramos que seguimos tan amigas como antes (cosa que no me pasó con nadie más de esos tiempos, ni con muchos de tiempos posteriores).

    Nos conocimos, por supuesto, en la escuela. En 1985. Yo llevaba ya una eternidad en el Colegio de las Vizcaínas (Vizcaburras, nos decían) y Maribel llegó porque su escuela anterior se había lastimado mucho en el temblor. Así que fue noviembre, más o menos. Creo que nos sentaron juntas.

    Así que compartimos salón durante ese año (4o de primaria) y los siguientes (5o y 6o) y luego los tres de secundaria. Nos sentábamos juntas. Yo le ponía caritas en sus cuadernos, ella me tenía una pluma siempre lista (porque tenía el mal hábito de ir sin pluma a la escuela). Inventábamos loqueras. Planeábamos (y hacíamos) travesuras. Nos animábamos mutuamente tanto en cosas de escuela como en otras. Nos gustaba el mismo escuincle (hoy, hombre casado y respetable); pero eso jamás significó un problema, una competencia, una amargura. Nos gustaba porque teníamos gustos similares, y ya.

    Con Maribel estuve en la escolta de la bandera, y con ella me escondía para no entrar a clases. Nos portábamos bien y mal. Una vez la ticher de inglés nos pasó al frente de la clase, «si tanto se ríen, vengan a reir al frente», o algo así. Pasamos y nos reímos. Y nos reímos. Y nos reímos.

    Había, claro, diferencias: Maribel era buenaza en el volleyball. Yo era (y soy) una completa inútil para esas cosas. Ella no iba a la escuela en días de lluvia (jejeje), yo andaba sin suéter en las mañanas heladas. A mí me gustaba Edgar Guerra; a ella, Alberto Gómez (que espero que no nos lean, porque es un secreto).

    A las dos nos gustaba (y nos gusta) Candy Candy.

    En fin: al acabar la secundaria, cambié de escuela. Pero seguimos amigas. Y luego, universidades distintas, claro. Pero no importa…

    Digo: en noviembre nuestra amistad cumplió la mayoría de edad. Son pocas las relaciones tan largas y duraderas que tengo. Y la quiero mucho.

    (Mi papá lee esto y me dice: «eso no es nada, mi amigo Cano y yo somos amigos desde 1956». Pues sí, pero este blog es mío y no suyo, así que esa historia no será contada aquí, por lo menos no en esta ocasión).

    Para terminar: gracias por el rato de ayer, Maribelita!

  • Todo, nada, parte dos

    Ah… acabo de leer que una mujer hindú se encabronó porque su casi esposo le pidió que aumentara la dote: le pedía 37 monedas de oro y una motocicleta, además de las 30mil rupias que ya había dado.

    Pues nada: que la ñora dijo ‘ahora no me caso’, mandó a la chingada al novio y, como ya estaba todo listo para el bodorrio (esto sucedio MINUTOS antes de la ceremonia) le dio penita que se desperdiciara lo que, de todos modos, había sido pagado por su familia (la de ella).

    Tons, la mujer decidió que el espectáculo tenía que continuar, escogió a un invitado de la boda (uno que, supongo, le gustaba desde antes) y SE CASÓ CON ÉL.

    Y vivieron felices por siempre… o algo así.

    La nota, más completa pero sin el toque cálido y raqueloso que sólo yo le puedo dar (jojo) está aquí.