(Otras) escenas en (otro) centro comercial

órdenes de la gerencia, según
órdenes de la gerencia, según

A lo mejor a Woody Allen le hubiera inspirado, pero a mí me sacó mucho de onda ver cómo los empleados se ponen bien pilas en contra de los clientes como si ellos -y no sus empleadores- fueran a sacar algo de ahí. Es más, pensándolo mejor, ni siquiera sus empleadores sacan algo de ahí: tratar mal a los clientes, tratar de verles la cara, ser jijos, pues, ¿podrá generar lealtad? Yo digo que no. Al menos yo ya decidi no volver a pararme en tres  lugares que me caían bien. Ahí les va la historia:

Primer acto
En cierto restaurante, pido un agua mineral.
—¿Perrier o San Pellegrino? —me pregunta el mesero.
Lo miro con seriedad un rato y le pregunto:
—¿Con cuál preparan la limonada mineral que viene en la carta?
No me sostiene la mirada cuando me responde:
—Con ciel.
—Pues ciel quiero, caray.
Obviamente, el agua ciel cuesta la cuarta parte que las dos aguas importadas. A lo mejor un día me nace tomarme un agua cara o disolver una perla en vinagre, qué se yo. Pero, la neta, no dar la opción del agua ciel a la hora de darme las alternativas del agua es querer ver la cara. Y lo gacho no es pagar algo caro, sino tener la sensación de que te quisieron ver la cara, grrr.

Segundo acto
En una tienda de ropa tienen un aparador darketón y muy mono.
—Ah, le voy a tomar una foto pa decirle a la bandera en FB que venga a echar un ojo —le digo a Alberto.
Apenas estamos tomando la primera foto, el ñor de vigilancia se acerca.
—Oigan, no pueden tomar fotos.
—Ok, ya no estamos tomando fotos. Pero ¿por qué? —le pregunta Alberto.
—No sé, a mí nomás me dio la gerencia la instrucción de no dejar que tomen fotos.

¿Qué tiene la gerencia en la cabeza? ¿Guano? Es un centro comercial, ni que los vayan a asaltar a partir de una foto de su aparador. Ni que les vayan a robar las grandiosas ideas (que se parecen harto a las de los demás aparadores, nomás tenían más tartán y más negro). Y en vez de escribirle a los amigos «eh, vengan, vengan», les escribiría: «ni se paren por acá, los empleados no tienen criterio. Ah, porque para colmo, eso de «yo no pienso, sólo sigo instrucciones» es de terror. Eso decían los nazis, justo.

Tercer acto
Otro restaurante donde hay refill en la bebida.
—¿Tienes coca zero o sprite zero?
—Sprite zero, sí —dice el mesero y luego murmura más quedito— y coca zero también.
Alberto no alcanza a escuchar que coca zero también y pide su sprite. Le traen uno de lata. Mientras yo pido una hamburguesa.
—¿Tus papas a la francesa, curly o en gajos? —me pregunta el mesero
—¿Algunas de esas vienen incluidas con el platillo?
—No.
—Ah, entonces no quiero, gracias.
Alberto pide su refill.
—Es que ese refresco es de lata, no tiene refill.
—¿Y no tienes de máquina?
—Sí, coca zero, pero sprite zero, no.
A ver: ¿por qué no empezar diciendo eso? ¿Qué gana él con hacernos pagar dos refrescos en vez de uno? ¿Por qué no dice desde el principio que las papas serían una orden adicional? Yo, que ya estaba toda erizoescamada, y que ya conocía el lugar (y sabía que las papas se piden aparte), pregunté si estaban incluidas nomás para evidenciar su forma de dar por hecho; pero me pregunto cuánta gente no caerá en la treta.
En lugares decentes te dicen: «¿Quiere una orden de papas para acompañar su hamburguesa?» y hasta te aclaran «Ese refresco es de lata y no tiene refill, ¿no hay problema?»
Y -¿saben qué?- creo que en esos lugares ganan más. Porque la gente se siente a gusto y regresa. Porque el mesero que se porta legal recibe mejores propinas.

Reflexión raquelesca
A menudo la banda critica a los granaderos por ponerse del lado de sus patrones. Pero ¿qué pasa cuando un mesero trata de robar para su patrón?, ¿qué ocurre cuando una cajera de banco finge que la firma de tu cheque no es, aunque obviamente sí es pese a que tenga ligeras diferencias, nomás para hacerte dar más vueltas?, ¿qué decir del vigilante que se niega a ejercer su criterio y te prohibe cosas porque supone que eso le gustará a su empleador?, ¿qué pensar de la empleada de gobierno que se tarda dos o tres días en mandar tus papeles a la tesorería para tramitar tu pago porque le da hueva pararse a sacar una copia o buscar un email en su bandeja de entrada?, ¿qué onda con los maestros que esconden la biblioteca de aula para que los niños no maltraten los libros que se supone están para ser usados por los niños? —¿para quién estamos jineteando ese dinero, reprimiendo a esa gente, atesorando esos recursos? No vaya a resultar que en ocasiones somos más granaderescos que los granaderos que criticamos…

2 comentarios sobre “(Otras) escenas en (otro) centro comercial”

  1. Acuso recibo de haber leido este y los anteriores posts, guan-tu-trui por mí… Me gustó. Hace como un mes tuve una pequeña discusión con una individua que contestaba el teléfono de una pizza, que no me la quería mandar a domicilio, y por último siempre sí… ¿pero qué chingaos se cree? O cuando compré unas hamburguesas para llevar y que hasta en la casa me doy cuenta de que no mandaron las papitas… pero bien que me las cobraron… etc., etc.

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