La verdad es que no he regresado al dentista. Me da miedo. Además, los tambores ya dejaron de sonar. Creo que la chica escapó con el galán y el resto del pueblo se resignó. Creo esto porque, muy cerca de las anginas, tengo una comezón como de que están construyendo una choza. Una choza pequeña, de dos o tres habitaciones, con vista al acantilado; donde la chica podrá mirar a través de la ventana cuando su valiente hombre regrese del sembradío de piñas. O algo así.