El día mundial de Internet

Me entero, no sin sorpresa, de que hoy es el día mundial de Internet (cabe la posibilidad de que me haya enterado el año pasado, y se me haya olvidado, así que la sorpresa sigue siendo válida). Esta noticia me puso a pensar en mi propia relación con la red. A fin de cuentas, somos amigas desde hace ya muchísimo tiempo y es parte importante de mi cotidianidad. Y me pareció un bonito modo de conmemorar la fecha metiendo una entrada sobre el tema en mi pobre blog, tan abandonado que está. (Y sí: ésta es esa entrada).

Mi relación con Internet empezó en 1996. En esos entonces, yo no tenía computadora en casa (¡nunca había tenido!) y mi único curso sobre el asunto había sido en segundo de secundaria, para aprender logo, un programa para hacer gráficos. Ah, y a diferencia de mi amiga Heidi, que se volvió buenaza para las compus desde entonces, yo deserté del curso.

Pero volvamos a 1996: en esa época, Angelito, un amigo de la universidad, nos pasó a varios el tip de que podíamos meternos a Internet en el centro de cómputo de la escuela (entonces se llamaba ENEP Aragón). Sólo había que pagar el servicio, decir al encargado que sí, que sabíamos usar las computadoras con red y listo.

La noticia me cayó de lujo: yo, sin computadora en casa, sabía lo que era Internet porque era muy fan de la revista Colors de Benetton, que desde años antes incluía en su directorio hipervínculos a visitar. Así que pagué mi acceso al centro de cómputo, reuní mis revistas Colors y me apersoné a mentir descaradamente al responsable del servicio.

—¿Sabes usar Unix? —me preguntó, mirándome con desconfianza. Tenía yo todo para estar mintiendo: era de la carrera de comunicación (que apenas llevaba una materia de «introducción a la computación» y otra de «introducción a word y a excel» en su plan de estudios), era mujer (bueno, sigo siendo) y era del grupito de darketines que se sentaba en un pasillo a ver pasar a la gente en vez de entrar a todas las clases y hacer tareas y esas cosas. ¿Cómo se podría suponer que yo hubiera aprendido Unix?, parecía decir su cara.

Mientras, yo ponía mi mejor cara de póker (no es por presumir, pero sigo siendo excelente para poner esa cara inexpresiva), aunque por dentro tenía ganas de correr. Antes de que lo hiciera, el tipo se dio por vencido.
—Llena esto, firma aquí, firma acá, ven mañana por tu clave.

Al día siguiente me dieron mi clave de ingreso, que era también la de mi primer cuenta de correo: raqcm@hp-720.aragon.unam.mx y el password, que no recuerdo pero que cambié por rasha1 (no: ese password ya no lo uso para nada). Y entré a la sala llena de computadoras hp720, unos maquinones grandotes, de pantalla gigante-pera-esos-tiempos. Ahí llegó mi primera desilusión: ¡no sabía prender una computadora! Suponía que tenían un botón o switch o algo, pero ¿dónde estaría? Busqué y busqué. Estaba a punto de darme por vencida cuando se levantó de otra compu un tipo gordito y fodongón (¡mi primer acercamiento con un nerd!), se me acercó, y se ofreció a ayudarme. El cuate (en este momento acabo de recordar que se llamaba Arturo y que era estudiante de ingeniería en computación) se convirtió en mi mentor: me enseñó no sólo a prender la compu, sino también a usar pine y elm para revisar mi correo; a abrir netscape desde el sistema operativo; a imprimir (el comando es ls, creo recordar) y a saber cuánta otra cosa. Yo era buena alumna: le pedí prestado un libro a mi primo Marco (ay, todavía tengo el libro… y de repente, todavía lo leo!) y tips diversos para una más feliz navegación (en esos tiempos, mi primo estudiaba una carrera computosa en el Tec de Monterrey).

A los pocos meses yo ya me metía hasta al autocad, nomás por ociosa; tenía amigos virtuales en el tec, en el poli y en otros países (sobre todo, amigos góticos y fans de les luthiers); cotorreaba en chatrooms .html, jugaba MUDs y pasaba horas bajando fotos a diskettes.

Al semestre siguiente me prohibieron entrar a la sala de las hp-720, pero a cambio me asignaron a una de pc’s. Yo instalé el icq (un programita de mensajería instantánea, para quien no lo sepa) en varias de ellas y me convertí en la Guía-Oficial-Para-NoIngenieros que pagaban su clave y llegaban al centro de cómputo sin saber cómo prender una máquina.

Luego tomé un curso de diseño de páginas web e hice la mía, en geocities (q.e.p.d.); me volví adicta a los clubes -y luego a los grupos- de Yahoo; abrí mi primer blog (este mismo, pero entonces estaba en blogspot.com); tuve páginas favoritas como Dark Side of the Web, Hecklers (RIP) y Numancia, ciudad virtual (RIP); pero, sobre todo, hice amigos. En esa época, para mí, la red fue sobre todo una herramienta social que estaba íntimamente ligada a la mal llamada vida real: por ejemplo, amigos españoles me mandaron vhs con shows de Les Luthiers. No es poca cosa: Nancho, un amigo de Valencia, tenía los videos en casa de sus padres. Tuvo que ir a visitarlos, buscar las cintas, transferirlas de PAL a NTSC y mandarlas en un envío transoceánico, sólo porque éramos amigos. Si eso no es real, entonces no sé qué es.

Para cuando perdí mi cuenta raqcm@hp-720.aragon.unam.mx, ya tenía acceso a Internet en casa (y computadora, claro). Desde entonces he tenido montones de cuentas de correo (en hotmail, yahoo, excite, raqmail en zzn, fatalespejo, etcétera) y perfiles en blogger, myspace, orkut, hi5, linkedin, goodreads, facebook, twitter y a saber cuántos sitios más. Algunas las conservo por nostalgia; de otras no recuerdo el password; otras murieron cuando el servicio correspondiente fue desconectado (ay, como mi página en geocities).

Me gustaría hablar de los trolls, del modo en que el anonimato de la red afecta a algunos, de la manera en que la publicidad se ha ido metiendo a la red; pero hoy, día mundial de Internet, mejor me quedo con el buen sabor de boca del lado solidario, lúdico y gozoso de la vida virtual. Que siga por mucho, mucho tiempo.

5 comentarios sobre “El día mundial de Internet”

  1. Estimada Raquel, yo creí que era el único loco que sabe usar Unix (y tuvo que usarlo en esos ayeres noventeros del Internet); yo recuerdo esa página de geocities «Baja…baja más…» sólo que ya no sé si estaba en español o inglés :P. No’más…ls lista el contenido de un directorio (como dir) y para imprimir, era lp si estaba basado en System V y lpr si era BSD.

    Saludos.

    Bloodbat

  2. ¡Mi estimadísimo don Bloodbat! ¡Qué gusto leerlo por acá, hombre! Y sí, tienes toda la razón, lp era para imprimir, je.
    La página aquella (está acá linkeada, ¿viste? puse la liga a la primera versión que guardó en el Internet Archive) era en inglés. De hecho, me acuerdo que tú y yo al principio cotorreábamos en inglés hasta que descubrimos que los dos estábamos en el Mex, dah :P ¿te acuerdas?
    Oye, pero ¿cuándo nos volvimos tan serios de decirnos «Estimada Raquel» y «Estimado don Bloodbat»?
    Un abrazo
    Rax
    (o Ardie, para firmar en onda retro, jojo).

  3. Hola Raxxie!

    Entrañable, como sólo usted sabe lograrlo, su evocación de la relación que ha guardado con la Internet. Me hizo recordar la mía propia, que ni de lejos se aproxima a las profundidades técnicas que usted alcanzó. Sin embargo, recuerdo con particular cariño la lúdica etapa de los foros y grupos… y el inolvidable Ático con todo lo que enmarcaba…

    Parafraseando la críptica y no menos profunda última frase del Freak, después de la hecatombe: «Qué buen desmadre»…

    Un abrazo!

    G.

  4. ¡¡¡Su Malignidad!!!
    Justo ayer comentaba con Mme Mergruen que ya va siendo hora de poner por escrito las crónicas de aquel desmadre. ¿Cómo ve?
    O cuando menos, veámonos de nuevo para otra comidita o algo, ¿no? Como que ya toca…
    Abrazote,
    Ersze (pa seguir con lo retro) ;)

  5. La verdad me acabo de dar cuenta que tiene un chingo de links…eso me pasa por leer el blog después de chupar, aún así no encuentro el enlace a la página vieja de geocities…aunque la recuerdo…seguramente distorsionada…
    ¿A poco hablábamos en inglés? De eso tampoco me acuerdo…
    Y sobre la serieda’…¿viene con la eda’?

    Bloodbat (¿para firmar en onda retro :P?)

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