Sitio personal de Raquel Castro, escritora mexicana
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Dammit, Janet!

El Show de Terror de Rocky empieza asì: Janet y Brad van a una fiesta y, poco después, quedan varados en un camino desierto, en una noche oscura y tormentosa. Brad y Janet se bajan para pedir ayuda en un castillo y ¡madres! empieza la locura.

rocky locura

Anoche, Alberto y yo tuvimos nuestra propia versión de eso: de regreso de un compromiso ineludible (yo, comenzando a enfermare de gripe; Alberto, más o menos saliendo de una bronquitis), nos quedamos varados en la carretera. No era un camino solitario, pero como si lo fuera: sólo una vez se detuvo un vehìculo para ofrecernos ayuda -y les dijimos que no, gracias, pero ahora llego a eso.

Eran casi las ocho de la noche. El auto decidió no funcionar más y, solo por suerte o buena onda del universo o alguna cosa así, logramos llegar a la entrada de un camino de terracería en el que nos pudimos hacer a un lado para no estorbar al flujo vehicular. Ya deteniditos, abrimos el cofre y…

–¿Le notas algo raro? –preguntó Alberto.
–No veo una rata decapitada, lo que ya es ganancia –dije yo, recordando la última vez que habíamos abierto el cofre (*). Tampoco es que sepamos mucho de coches.

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Nos regresamos al auto e hice lo que toda persona adulta, madura y bien ajustada hace en un caso así: le llamé a mi papá (**). Le pregunté a mi papá si era buena idea llamar al servicio de asistencia vial que pago mes con mes, me dijo que sí.
Así que llamó Alberto al servicio en cuestión y prometieron mandar una grúa en diez minutos.

A los diez minutos…. no, no llegó la grúa. Llamaron para avisar que la grúa tardaría entre 45 y 60 minutos más. Nos pidieron datos precisos de nuestra ubicación.
–Estamos aquí, esquina con acá. O sea, sepa dónde. O sea, esto no aparece en nuestro mapa de google. Pero vamos de A hacia B y ya pasamos por TalLugar.
–Con eso los encontraremos, somos súper chipocludos. ¡Esperen un poco! –nos dijo el operador (***) y colgó.

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Una hora más tarde…
Estaba muy oscuro.
Hacía mucho frío.
Llovía a madres.
Si abríamos el vidrio del auto nos congelábamos, si lo cerrábamos se empañaba todo.
Temíamos que se acabara la batería.
Yo, que no tolero muy bien la inectividad, comencé a golpearme la frente contra el volante (****).

–Podemos pedir un uber y te vas a la casa –sugirió Alberto.
–¿Cómo crees? De aquí sólo nos iremos juntos.
–Puedo ir a pie al puente peatonal que pasamos hace media hora y cruzar y caminar para ir a la gasolinera y comprarte algo…
–¡Nooooo!
Me daba miedo que una nave extraterrestre se lo robara, la verdad. (*****)

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Así que tras varias llamadas y una hora más, al fin llegó el de la grúa, que nos buscaba del otro lado de la carretera porque Chipocludo NO ENTENDIÓ dónde estábamos y le dio mal los datos. En el ínter llegó el vehículo que nos ofreció ayuda (*6): una patrulla municipal. Pero como creìamos que ya merito llegaba la grúa les dijimos que todo bien y se jueron.

Total que llegó la grúa, trepamos el auto a la grúa, nos trepamos nosotros a la cabina de la grúa (junto con el chofer y su copilota) y dos horas más tarde, o quizá tres (perdí la cuenta) llegamos a casa de mi papá. Cansados. Hambrientos. Adoloridos. Ateridos.
Pero en realidad no nos fue tan mal. Si lo piensan, ni siquiera es una historia emocionante. A lo mejor habría sido distinta si nos hubiéramos ido a buscar un castillo desde dónde llamar a la grúa, pero nuestros celulares tenían batería y señal. Ni modos. Así es como la tecnología arruina una buena historia de terror, pero no me quejo (*7)

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* Esto es una exageración para darle sabor a la narración. Favor de no venir a decirme que la culpa es mía por no abrir nunca el cofre, osh.

** Esto quizá no sea una exageración, en el sentido de que quizá efectivamente lo hice. Pero sé que no toda la gente recurre a mi papá cuando tiene un problema con el auto, no hace falta que me lo aclaren, osh osh.

*** Quizá no usó esas palabras, pero sí dijo que con esos datosa nos encontrarían. Osh osh osh.

**** De nuevo exagero un ppquito. Ningún volante resultó lastimado. Oshx4

***** Una nave, un narco, un policía, un tráiler. Hay muchos peligros en la carretera. Y no quería que se expusiera al frío, así enfermito. Y no me quería quedar solita. Cinco oshes.

*6 La ayuda nos la ofrecieron los tripulantes del vehìculo, por supuesto. ¡No sean puristas, muchachos! Muchos oshes.

*7. Aunque sí me hubiera gustado bailar el baile del sapo, osh al infinito.

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