Reinaguración

Hoy declaro reinagurado mi cerebro. Está un poco herrumbroso por la falta de práctica durante el tiempo que duró la huelga.
Pero espero que, poco a poco, vuelva a recuperar su condición.
Por cierto, espero que 2007 sea un gran año para todos (siempre y cuando el concepto de «gran año» no implique joderle la vida a los demás, o lograr beneficios propios a costa de otros).

cerebro en huelga

1. Primero llegan los piojos. Se da uno cuenta porque la cabeza pica aún si no se trae un gorro de lana. Uno tiene la opción de usar ddt, o un shampoo especial, o matar piojo por piojo (liendre por liendre); pero… ¡son tan pequeños, tan indefensos! ¡Se ven tan tiernos con su ropita de colorcitos y sus bufanditas! (Ok, no es que se vean, pero así se los imagina uno).
2. Surgen los primeros campamentos. Se percata uno porque, de pronto, la cabeza se llena de tiendas de campaña. Es un poco un exceso, pero ¿no es cierto que el cuero cabelludo es de quien lo trabaja? Y la verdad es que los piojitos, así vestiditos de mineros, con sus picos y palas y cubetas y linternas, se esfuerzan muchísimo. Dale, que vivan en paz.
3. Fundan los primeros pueblos, con cantina, burdel e iglesia. Es preocupante, pero meterse con un piojo sheriff no suena a buena idea. Además, siguen ocupándose de una zona de la cabeza que jamás empleamos: la de afuera (no es que la de adentro sea muy utilizada, pero…)
4. Pasan mil cosas más, que uno ni siquiera nota por andar pensando en otras cosas. Nos acordamos de los piojos cuando, cierta noche, las luces de sus ciudades y el ruido de sus aeropuertos no nos dejan dormir. Una sola palabra viene a nuestras cabezas (en la parte de adentro): infestación.
5. Decide uno que es tiempo de actuar porque los piojos han entrado por las orejas y comenzado a urbanizar la parte de adentro de la cabeza. Pero es demasiado tarde: ya han interrumpido las sinapsis para aprovechar esa energía eléctrica en otras cosas. Al final, nos dejan con un 25% de funcionamiento cerebral, suficiente para las actividades fundamentales. Decide uno coexistir en paz con los nuevos amos de nuestros pensamientos.
6. Lo malo es que las diferencias sociales entre piojos comienzan a ser tremebundas. Entonces, los mineros-piojos, obreros-piojos, electricistas-piojos, campesionos-piojos y demás oprimidos, hacen una huelga. Apagan el switch de las sinapsis. Uno se queda con cara de estúpido y la reserva eléctrica sólo alcanza para escribir una nota breve en blogspot y chatear el resto del día.

Claro, los demás no ven la civilización pioja que se colapsa en la jungla de cabellos. Y uno prefiere decir que tiene flojera, a admitir que un problema de higiene se le fue de las manos.

OFERTONONÓN

Como algunos ya saben, nos acaban de instalar librerosa nuevos. Nos hemos dedicado los últimos días a poner libros en orden, tarea gratificante y muy polvosa, je.
Bueno, pues resulta que me encontré entre la manada de libros salvajes que pastaban en las cajas de la mudanza (¡ya hace dos años de la mudanza!) algunos de Alberto, mismos que puse en paquetitos… la cosa es ésta: el año no ha sido especialmente malo, pero tampoco especialmente bueno. Así que, con el permiso de Alberto, estoy vendiendo dichos paquetitos de libros. La mejor parte es que irán autografiados por el autor, je.
No, esa no es la mejor parte: la mejor parte es que, de regalo, incluyo un librito de edición super limitada (200 ejemplares), mega artesanal, de un cuento navideño (o mejor dicho, invernal) que nunca estará en venta: Alberto lo escribió para sus amigos, pagó la edición de su bolsillo, y accedió a regalarme tres. También irán autografiados y van numerados por su santa mano :)
Igual y ustedes dicen: ¿y a mí qué? Perro igual les interesa, o conocen a alguien que le interese. Les pego el link del coso: está en Mercado Libre.
Creo que no está nada mal, considerando que son libros nuevecitos, no son saldos, son de los que compramos cada vez que Alberto sale a presentar libro jueras (en caso de que la editorial no lleve su propio stock).
Bueno, ya está dicho. :)

Ay, la lengua….

Cuando estuve dando clases en el Beth Yaakov (digamos, mejor, «Cuando estuve cuidando a las niñas de segundo de primaria en el Beth Yaakov»), me tocó la semana de Shmirat HaLashon, o cuidado del habla. Desde entonces pienso que si hay una cosa realmente difícil es refrenar realmente la lengua. Yo lo he intentado, palabra, pero no he logrado cumplir a cabalidad las 9 reglas, ni un día de mi vida, me temo. Uff, pa que entiendan de qué hablo, chequen esto:

Nueve Reglas De Shmirat HaLashon / Cuidado del Habla (tomado de SerJudío.Com)
El lashón hará es el discurso que hace daño, la invención de observaciones perjudiciales o despectivas que pudieran causar un daño físico, psicológico, moral o financiero a una tercera persona.

Es lashón hará es cuando una persona se involucra hablando o escuchando habladurías.

Aquí están nueve reglas a recordar:

1. Es lashón hará es dar una imagen despectiva de alguien incluso si esa imagen es verdad y merecida; es calumnia o difamación (motzi shem ra) cuando la imagen dada es falsa. (Uy…)

2. Es lashón hará dar información sobre una tercera persona que puede causarle daño físico, moral, psicológico o financiero (¿O sea que si hablan de un banco pidiendo referencias…?)

3. Es lashón hará hablar para desconcertar a la gente, incluso en broma, o para decir cosas embarazosas de los que no están presentes. (Demoños)

4. El lashón hará no se limita a la comunicación verbal; la palabra escrita, el lenguaje del cuerpo, la insinuación, y modos similares pueden también ser canales que hacen daño.

5. Es lashón hará hablar contra una comunidad, una raza, un grupo étnico, un género, o una edad generalizando y en su totalidad. (Ésta me parece la mejor de todas)

6. No se permite el lashón hará incluso entre los esposos, con amigos, allegados o parientes.

7. No repita el lashón hará incluso cuando es conocimiento común.

8. Evite el rejilut (chisme). No relate cosas negativas de la gente que otros pueden decir sobre ellas, porque esto puede causar conflicto innecesario.

9. No escuche el lashón hará o el rejilut. Dé a cada uno la ventaja de la duda. (¡Tengan, oh fans de Ventaneando!)

Advertencia: No es lashón hará advertir a una persona sobre peligros potenciales, sean espirituales, morales, personales o económicos.
Tenga cuidado de decir solamente lo que usted sabe efectivamente que es verdad; no exagere; no pase el rumor estando exaltado; que esté claro que su intento es ayudar al otro y no a causar daños a inocentes.

¿Comete usted lashón hará?

¿Cómo se puede evitarlo?

Viviendo en el borde (de la banqueta, claro)

1. Fin de semana largo, aprovechado para poner clósets y libreros nuevos (dos años de espera rinden fruto). Sin novedad.
2. El coche vuelve a casa mañana, o el lunes, o despuecito, pero dicen que pronto.No es lo más esperado, pero… sin novedad.
3. La clase, ayer de 7 a 10, cansada, pero nada fuera de lo común. Podriamos decir que sin novedad.
4. Salgo de la clase y elijo la opción a: caminar al metro, tomarlo, luego un micro (opción b es tomar un taxi; no me encanta). Y comienza la novedad. No porque todas las faroles sobre onterrey estuvieran apagadas y pareciera aquello boca de lobo a la media noche; ni porque adelante de mí una pareja peleaba a gritos y jalones. La cosa ocurrió llegando a Insurgentes:
4.1 Estoy a 10 pasos de la esquina. Un coche negro viene sobre Monterrey a GRAN velocidad y toma mal la vuelta en Insurgentes. Se trepa a la banqueta, se baja de la banqueta, se le poncha una llanta y desprende un trozo de banqueta, que cae a mis pies.
4.2 Yo sólo atino a decir su puta madre, mientras siento polvo de banqueta pulverizada en las pestañas y veo el pedazo que cyó cerca de mis pies y no en mi cara o cabezota. El coche se detiene, ya sobre Insurgentes y baja un escuinclito de unos 18 años. Corre hacia Tonalá, pero no alcanza a quien quiera que estuviera persiguiendo (No, señor Grissom: yo no vi que estuviera en persecusión con otro auto, o tras un peatón. Pero vea, hay huellas de polvo en mis pestañas, lo que demuestra que… uff, que tengo que ver menos seguido CSI).
4.3 ¿Su puta madre? ¿Es todo lo que se me ocurre decir cuando estoy a punto de morir (un poco exagerada, pero bueeeeno)? Por lo menos no fue un grito agudo, o un llanto desconsolado. No es tan cool como me hubiera gustado(hubiera querido ser impasible, mostrar cero emoción, sacudirme el polvo y acercarme al chavo, decirle con voz grave, estilo Garbo, eh, muchacho, ¿estás bien?), pero al menos fue una reacción no tan pandedulce.
4.4 Y luego pienso que soy una exagerada, que en realidad no fue pa tanto… pero ¿por qué estas cosas me pasan a mí? ¿dónde queda la verosimilitud, la vida cotidiana sin sobresaltos?

El día de no comprar nada

¿Eres consumista? No es lo mismo que ser consumidor, creo. Dicho de otro modo, es de lo más cool saber que podemos obtener lo que necesitamos sin tener que hacerlo con nuestras propias manitas, y que nos podemos dedicar a una actividad x o y, que nos gusta o para la que somos buenos, o para la que es más fácil que nos contraten, que recibiremos una paga más o menos justa y que con lo que ganemos podremos comprar todas las cosas que no podemos producir directamente y que necesitamos para vivir: comida, ropa, libros, vajillas, secadoras de pelo, miniaturas de porcelana, perfumes, televisores, dvd’s, ipod’s, zapatillas que nunca vamos a usar, muñecos de peluche, plumas de barbie, mochilas de jack sparrow, tangerinas de chile, ¡eeeeeeeeeeey, momento! ¿De veras necesitamos todo todo todo eso que no producimos nosotros pero que compramos cuando nos pagan? Entiendo lo de tener unos tenis, unos zapatos de vestir y unos muy cucos para ocasiones especiales. Pero ¿quince, veinte, cuarenta pares? ¿Ocho chamarras, trece abrigos, catoce jeans idénticos -aunque sepamos que cada uno tiene un detalle muy muy especial-?
Y lo otro: ¿podemos ir a la tienda y apegarnos a la lista del mandado? Si no, ¿por qué no? ¿Por qué tenemos que traer mil recuerditos de cada viaje de vacaciones?
Estoy sonando sentenciosa y aburrida, me temo.
Pero es que el sábdo 27 será el día de no comprar nada. Creo que hay que participar por varias razones.
La más lúdica, para ver qué tan capaces somos de subsistir un día entero sin tener que andar comprando.
La más seria, porque no podemos permitir que nos anestesien de esta forma, haciéndonos comprar por estrés, ansiedad o deseo de status. ¿Cuánto tardamos en ganar el dinero? ¿Cuánto tardamos en derrocharlo en cosas que realmente no nos hacían falta?
Ojo, no estoy en contra de que compremos ropa bonita, o películas o libros que queremos; no propongo que todos usemos el mismo uniforme y satisfagamos sólo las necesidades primarias. Es más: ni siquiera estoy en contra de tener alguna colección de alguna cosilla inútil pero querida.
Lo que creo es que no está nada mal reflexionar acerca de nuestros hábitos de consumo y aprovechar el reto para hacer cosas distintas. Mientras pienso opciones, los invito a leer (en inglés) la página del día de no comprar nada.

Sustos, 2

Contaba mi abuela que, de niña, cuando vivía en Real del Monte y afuera de su casa (en todo el país) había batallas y fusilamientos y todo eso, apenas oscurecía y su mamá cerraba con candado y toda la cosa. Era una mujer sola, su marido andaba peleando a saber dónde, y de las tres hijas le quedaban nomás dos: la chiquita se la habían perdido las monjas el día que tuvieron que cerrar la escuela por la entrada de la bola. Para colmo, aunque era pobre como la chingada (aún antes de que el marido se fuera a pelear), no podía esconder el acento gachupa ni los ojos verdes, suyos y de las hijas: crímenes suficientes para que un general resentido o un soldado borracho les hiciera juicio sumario y combo pack: violación y fusilamiento al mismo precio.
Así que mi bisabuela cerraba bien cerrado en cuanto se hacía de noche.
Y una de esas veces, cuando las tres ya estaban dormidas, alguien se puso a aporrear el portón, fuerte, con prisa. Mi bisabuela escondió a las niñas (no sé dónde) y fue a la puerta.
–Abra, señito, vengo de parte de don Luis.
(Luis era el nombre de mi bisabuelo).
Ella dudó: la última noticia era que don Luis andaba por Torreón, pero el hombre insistió.
–Soy Everardo, seño. ¿Sí se acuerda de mí?
Mi bisabuela se acordaba de Everardo, claro que sí. Era muy amigo de su marido, se habían ido juntos (eran federales, oh tristeza).
Mi bisabuela abrió una rendija y vio que de veras se trataba de Everardo, nomás que se veía viejo, acabado, muy cansado y sucio.
–Le traigo mensaje de Luisito, niña–dijo Everardo. Mi bisabuela luego luego se olió malas noticias y llamó a las hijas.
–No me diga nada con la panza vacía–le contestó mi bisabuela, altiva y brusca como era–. Deje le hago un taco.
Everardo negó con la cabeza. Que no tenía hambre y sí prisa. Eso le preció muy raro a mi bisabuela porque Everardo era, según recordaba, de muy buen comer y bastante gorrón. Así que las noticias no podían ser malas, sino peores.
El hombre ni siquiera se quiso sentar. Sacó de dentro de su camisa un paquetito envuelto en tela sucia y manchas como de sangre, y se lo dio a mi bisabuela.
–Luisito dice que las quiere mucho, que no hay día que no piense en ustedes–le dijo a las niñas y luego miró a mi bisabuela– y que usté, niña, vea lo de poner su restorán.
Luego se disculpó y se fue.
Mi bisabuela abrió el paquetito y se encontró en él las condecoraciones de su marido, su reloj y una llave, que luego resultó ser de un veliz viejo por el que no habría dado un cinco, embutido como estaba en un ropero, pero en el que, al abrirlo, encontró oro suficiente para poner el dichoso restaurante.
Lo importante es que mi bisabuela no entendía nada y siguió sin entender hasta que llegó la carta avisándole de la muerte de su marido junto con una disculpa por no mandarle sus efectos personales ‘penosamente robados en medio del caos reinante la noche aquella de la batalla en Torreón’, o algo así.
Y menos entendió mi bisabuela cuando supo que Everardo no estaba escondido por desertor, como imaginaba, sino que su señora también había recibido la cartita y todo eso.
Dice mi abuela que lo último que dijo su mamá sobre el asunto fue: «Ah, qué Luis; ni en la muerte se corrige: mandó a Everardo a que me dijera que quería casarse conmigo, y lo mandó a despedirse. ¿Qué no podía por una vez amarrarse los pantalones y hacer las cosas en vez de mandar a su pilmama?», y que nunca volvió a hablar de su primer marido (sí, se volvió a casar, y puso el restorán, y le fue más o menos bien).
Por su parte, luego mi abuela se casó con uno que estuvo también en Torreón con el bando contrario al de mi bisabuelo, que le contó que vio cómo un moribundo se quitaba su reloj y se lo daba a otro moribundo; y que él nomás pensó «ah, qué tonto este pelón, buscó guía y le salió calabaza».
Pero luego meneaba la cabeza -mi abuela- y nos decía que ella no creía ni en aparecidos ni en coincidencias, y que seguro todo había sido un mal sueño.

Argumentos chafas 2: Es peor de lo que pensábamos

Cuando sugerí algunos argumentos chafas para películas ídem me enteré de que ya existía una cosa denominada Grease 3 (Vaselina 3), pero que no tenía nada que ver con las otras (es una disneypelícula de chavitos que cantan karaoke y que se enamoran).
Bueno: ahora me entero de que en 2003 se intentó llevar a cabo el proyecto de la verdadera Vaselina 3, con John Travolta, Olivia y Didi. Según informes, la cosa iba a ser así:
Danny y Sandy se reúnen por el 25 aniversario de la escuela Rydell. Ellos terminaron su noviazgo en la universidad y desde entonces no se han visto. Ambos son divorciados. Y el festejo de la escuela es en un crucero. (Vean la liga para más información).
Chale: mi argumento chafa y chacotero se parece EN EXCESO al argumento ‘serio’. Aunque hay que admitir que el de a devis es todavía peor.
Por cierto, Paramaunt contempla la posibilidad de un remake de…. ¡Vaselina 2! (The horror… the horror…) mientras que M. Manson anuncia que quiere producir y protagonizar el remake de The Rocky Horror Picture Show.
No cabe duda de que el fin de los tiempos está cerca.

Sustos

Vivíamos en una casa vieja, de esas de techos altísimos y paredes gruesas, que todavía abundan en el Centro Histórico. Tenía una historia larga y accidentada, una placa que la acreditaba como ‘Patrimonio histórico’ (lo que impedía hacerle cualquier tipo de arreglo/mejora/cambio) y una división caprichosa (hanbía sido una sola casa, luego la dividieron en dos, luego en cuatro y así).
Sí, era una vecindad, o algo así. Mi abuela se había apoderado, poco a poco, de toda la planta alta, así que podríamos decir que teníamos un ‘piso’. También había negociado con el dueño para quedarse en exclusiva con la azotea.
Yo era una niña miedosa. MUY miedosa. De día leía cuentos de miedo (y un libro delicioso de hechos inexplicables, supuestamente ‘de la vida real’) y de noche sufría, esperando que llegra un alien, se apareciera un fantasma o mi hermano comenzara arder de pronto hasta dejar un montoncito de cenizas.
También me daba miedo que me poseyera un espíritu maligno, que una secta destripara a mi perro, que mi mamá desapareciera inexplicablemente, que mi hermano se convirtiera en zombi.
Ya entrados en gastos, me daba miedo er víctima de un hechizo o protagonista de una coincidencia inexplicable; presenciar un asesinato, comer fugu, desarrollar cáncer, tener poderes sobrenaturales, ir al triángulo de las bermudas, usar una ouija… uff. Y muchas cosas más que ya no recuerdo.
Pero el Miedo Máximo, lo que me causaba un temor indescriptible, era… pasar de noche por la sala de mi abuela.
Ya dije que era una casa vieja y que teníamos a nuestra merced la planta alta. Las habitaciones se comunicaban como en típica casa vieja: puerta de entrada – habitación – puerta – habitación – puerta -pasillo – etcétera. Y entre la recámara de mis papás y el comedor había un pasillo que de un lado daba a una ventana y del otro a la sala de mi abuela.
Había un piano, muchos retratos antiguos, la mayoría de gente muerta, una alfombra con misteriosas manchas, un par de sillones en los que estaba prohibido sentarse («no se sienten en este sillón, es en le que murió su abuelo», nos decían). Lo peor de todo era que la luz estaba siempre apagada y que por la ventana entraba un rayito que se proyectaba contra la pared, dando lugar a caprichosas figuras, todas atemorizantes (en especial una que parecía señor barbón). El piso crujía. El piano había sido de mi tía Isabel, la que se murió de amor (y decían que la noche en que murió, mientras la velban en su cuarto, el piano sonó, tocando una escala musical, como en despedida o aviso).
Cuando nos llamaban a cenar yo sufría. Caminaba hasta la puerta, entre la recámara y esa sala, respiraba profundo y caminaba aprisa, sin voltear a la pared con sus sombras (correr no estaba permitido).
El regreso era más o menos igual.
Yo sabía que un día, cuando cruzara por la sala, estaría mi abuelo muerto en el sillón, con el libro abierto sobre el regazo (en casa coservaban el libro que tenía abierto en elregazo cuando lo encontraron muerto), o que mi tía Isabel estaría tocando el piano, o que alguna de las personas de los retratos se movería.
Nada de eso pasó, tal vez porque nos mudamos antes de que los fantasmas se decidieran. Pero de todas formas la casa me daba susto.
Me acuerdo mucho que, por las tardes, escuchábamos cómo se abría el portón del zaguán y luego se oían tacones cruzando el patio (clac, clac, clac, clac). Los pasos entaconados subían la escalera y luego se escuchaba perfectamente cómo se abría la reja de entrada a nuestro patio. Mi hermano y yo corríamos, felices, seguros de que mi mamá había llegado temprano. Y nos encontrábamos con que el patio, la escalera, el patio de abajo, estaban vacíos, el portón y la reja cerrados.
Pasó más de una vez, pero siempre caíamos. Ecos congelados, nos decían. Pero el susto era tan delicioso que preferíamos creer que eran los fantasmas. La diferencia era que mi hermano era valeroso y yo una cobarde total. Todavía ahora, veo mi libro de hechos inexplicables y me entra la sensación de hormigueo en la panza.

Sueño

L’alberto se fue a Tlaxcala a leer cuentos y yo no lo acompañé porque mi trabajo es frente a esta compu. Ni modo, es un trabajo rudo pero alguien lo tiene que hacer (pero si me ofrecen uno más creativo y más bonito, lo tomo; ya habrá quién se haga cargo de estar frente a esta compu).
Esoy alejándome de lo que iba a decir. El chiste es que como me tocó pasar la noche solapa, aproveché pa ver CSI (feo vicio, feo, feo) hasta tarde (¿de qué estoy hablando? ¡Incluso estando Alberto veo CSI! Pero dejen que me crea yo sola mi pretextote feote). En fin. El chiste es que me encanta ver CSI y me encanta todo lo que tenga que ver con zombis. Mala combinación. A eso de las tres de la madrugada, según yo desperté. Fui al baño, y me encontré con que no era el baño de mi casa, sino uno como de oficinas o cines. Yo me pensé: «ah, qué casa tan rara», pero igual me metí en uno de los privados… y qué sorpresa, había un dedo (un pulgar) flotando en el agua. Cero sangre, cero cadáver, cero herido, cero gritos: nomás un pulgar flotando en la taza del baño, en medio de agua azul azul azul, como la de los baños de los aviones.
Yo hice lo más lógico: hacer fluir el agua del depósito (jalarle, pues). Pero el pulgar nomás no se fue. Estaría a gusto. En todo caso, se me quitaron las ganas de hacer lo que iba a hacer en el baño. Salí. Y me regresé a mi cama. (?)
Ya en la cama, escuché el gemido del zombi que había perdido el pulgar. No me pregunten cómo lo supe con tan sólo escuchar el gemido. Así soy de chingona en mis sueños.
Lo más interesante es que, a las siete, desperté realmente. Fui al baño… y el pulgar no estaba. (¿Qué? ¿Pensaron que la historia terminaría con que el pulgar todavía estaba ahí? Pus nooooooo. Estaba en la caja de cereal, pero NO en el baño).