Ándrés

Mi primo Andrés Morales era una oveja negra cuando yo cobré conciencia de que había otros en el mundo. Su cuarto estaba pintado de negro y escuchaba Pink Floyd cuando yo comenzaba a oir Parchís. Las tías hablaban de él entre susurros y ceños fruncidos.
Ah, pero tenía tantos libros… ¡tantos!
A mí me gustaba platicar con él. A veces se ponía en plan sabiohondo y me regañaba por no haber leído aún Cien Años de Soledad o alguna cosa de Ibargüengoitia… eso me gustaba, no me recomendaba libros para niños ni me trataba con condescendencia.
Me prestaba libros y por él conocí a Jean Genet.
Hoy, mi primo Andrés está en el hospital. Los médicos dicen que es cuestión de horas, y no hablan precisamente de darlo de alta.
Hmmm… no estoy muy inspirada para escribir.
Una disculpa

Ultraviolencia bíblica

Señores… ¿les espantó en su momento Ellis con su American Psycho? ¡Eso no es nada! Chequen esta bonita muestra de ultraviolencia, tomada del libro de los Jueces, capítulo 19 (sí, de esa bonita antología titulada «La Biblia»):

19:22 Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos.
19:23 Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad.
19:24 He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame.
19:25 Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba.
19:26 Y cuando ya amanecía, vino la mujer, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel hombre donde su señor estaba, hasta que fue de día.
19:27 Y se levantó por la mañana su señor, y abrió las puertas de la casa, y salió para seguir su camino; y he aquí la mujer su concubina estaba tendida delante de la puerta de la casa, con las manos sobre el umbral.
19:28 El le dijo: Levántate, y vámonos; pero ella no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre su asno, se levantó y se fue a su lugar.
19:29 Y llegando a su casa, tomó un cuchillo, y echó mano de su concubina, y la partió por sus huesos en doce partes, y la envió por todo el territorio de Israel.
19:30 Y todo el que veía aquello, decía: Jamás se ha hecho ni visto tal cosa, desde el tiempo en que los hijos de Israel subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto, tomad consejo, y hablad.

(En el capítulo 20 se lleva a cabo la venganza por la muerte de la concubina. No, no se cuelga de los huevos al jijo marido que la sacó a que la violaran por salvarse él mismo -¡caballeroso…!- sino que se comete un genocidio bárbaro contra los violadores, sus padres, sus primos, sus amigos y cualquiera que hable como ellos. ¡No se lo pierdan! La sangre sigue corriendo…)

Vino a mí palabra del Señor diciendo…

Ah, la Biblia… ¿qué sería de nosotros sin ella? En especial, ¿qué sería de nosotros sin sus profecías, chistes, historias de ultraviolencia y poemas eróticos?

En esta ocasión hablaré de algunas de las profeciías de Isaías, profeta mayor. Hay quienes piensan que sus discursos sólo se relacionaban con la liberación del pueblo judío en tiempos de Nabucodonosor, pero yo he descubierto que en sus textos hay premoniciones de mucho de lo que hoy es cotidiano para nosotros.
Por ejemplo, chequen esta predicción de Las bebidas energéticas y el velcro:

No habrá entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus sandalias. (Isaías 5:27)

¿O qué tal esta otra, acerca del gusto por las conspiraciones, tan de moda hoy en día?

No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. (Isaías 8:12)

Hay una, breve pero contundente, sobre las alarmas electrónicas:

Aúlla, oh puerta… (Isaías 4:31)

No podía faltar la predicción de los problemas ecológicos. Y ésta es más larguita (pongo ahora al principio el capítulo y versículo, obvio que seguimos con Isaías):

19:5 Y las aguas del mar faltarán, y el río se agotará y secará.
19:6 Y se alejarán los ríos, se agotarán y secarán las corrientes de los fosos; la caña y el carrizo serán cortados.
19:7 La pradera de junto al río, de junto a la ribera del río, y toda sementera del río, se secarán, se perderán, y no serán más.
19:8 Los pescadores también se entristecerán; harán duelo todos los que echan anzuelo en el río, y desfallecerán los que extienden red sobre las aguas.

¿No queda claro? Pues chequen esto, sobre la contaminación:

24:5 Y la tierra se contaminó bajo sus moradores

Las vías de comunicación y la economía no pasaron inadvertidas para este profeta. Por ejemplo, los Congestionamientos de tránsito
dieron pie a esto:

22:7 Tus hermosos valles fueron llenos de carros…

Véase, además, la siguiente admonición sobre las supercarreteras y los tratados de libre comercio :

19:23 En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria, y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria;

Por supuesto, «asirios» y «egipcios» son metáforas. Él no sabía de gringos, argentinos, mexicanos, rusos… Creo que «asirios» significa «paisanos» y «egipcios» significa extranjeros, como puede dilucidarse en esta profecía sobre los strippers importados :

20:4 así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y los deportados de Etiopía, a jóvenes y a ancianos, desnudos y descalzos, y descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto.

Volviendo al tema de la política, Isaías supo ver en el futuro nuestros actuales cambios de trabajo sexenales:

22:19 Y te arrojaré de tu lugar, y de tu puesto te empujaré.

No tan actual, pero vibrante por su exactitud, es esta profecía de la prohibición del alcohol de 1929 :

24:11 Hay clamores por falta de vino en las calles; todo gozo se oscureció, se desterró la alegría de la tierra.

Mis favoritas, sin embargo, son las profecías que AUN NO se cumplen. Por ejemplo, ésta, maravillosa, acerca de un futuro ataque zombie

26:19 Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán.
26:21 …y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos.

Otro día le seguimos con la predicción de la tarjeta de crédito, las teleconferencias y muchas otras. Mientras, una muestra de bonito humor, también tomada del libro de Isaías:

39:5 Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová de los ejércitos:
39:6 He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová.
39:7 De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia.
39:8 Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en mis días.

Hasta aquí por hoy y ¡felices días santos!

La nueva superioridad

Hoy me enteré de que, en algunos restaurantes, se han dado casos de que no-fumadores se levanten de su mesa y les apaguen los cigarrillos a los sí-fumadores. También se han dado casos de insultos, cólera mal reprimida y otras formas de violencia… todas iniciadas por los no-fumadores. Tal cual.
A mí me entristece, me espanta y me indigna: durante años y años han coexistido los sí y los no fumadores en restaurantes, antros y demás; y fuera de casos extremos (un espacio muy pequeño y sin ventilación, un puro gigantesco con olor concentradísimo) la molestia era, creo yo, casi inexistente. Es decir, yo jamás me he cambiado de mesa porque en la de junto fumen tanto que me moleste. Mi papá tiene asma y nunca se ha desmayado o tenido un acceso de tos o se ha muerto ni nada por ir a un restaurante donde la frontera entre fumar y no fumar sea un letrerito (je, frontera psicológica).
Fuera de un par de señoras sangronas, no me había tocado ver un drama relativo al cigarro.
Ay… pero ahora hay una ley que dice que los no fumadores somos superiores a los fumadores. Los nuevos arios. Los elegidos. Los que pueden burlarse, despreciar, denunciar a los que están en una situación menos cómoda.
Hoy se paran a apagarles el cigarrillo, haciendo gala de su mayor calidad moral. Mañana ¿qué? ¿Ir a romperles los cristales de sus casas y sus negocios?
Hay multas muy fuertes para quien «encubra» a un fumador. ¿Qué sigue? ¿Campos de trabajo?
Pero aunque la ley en cuestión es tremendamente idiota y nos tacha de pendejines sin libre albedrío, lo peor no es la prohibición en sí, sino el entusiasmo con el que la acogen los que nunca antes habían tenido problema con el humito ocasional.
(Y pensemos, con honestidad, que en esta ciudad el humito del tabaco es probablemente el menor de nuestros males contaminantes: ¿qué con el ruido, con los espectaculares, con el río de los remedios, con los microbuses?).
Me da horror. ¿De cuándo a la fecha uno es peor o mejor por morderse las uñas o tener diabetes o sudar cuando escucha un módem que se conecta (ooooh, la dosis de internet de hoy…. sí, sí, ¡más!)? ¿Y cómo es posible que tan fácil, tan sin reflexionar, haya quien se siente tan puro que va a una mesa ajena a ejercer el terror?
Si ya lo habían dicho los sociólogos: los peores nazis no eran los SS… eran los ciudadanos de a pie «cumpliendo con su deber» (y disfrutándolo perversamente).
Qué pena, qué pena.

Inicios de novela que no van a pegar

1
Fue el mayordomo. Lo supe nada más entrar a la sala y verlo con la pistola humeante en la mano.
–Me has descubierto–dijo con voz cavernosa–: vas a morir.
En el momento en que me disparó abrí los ojos: todo había sido una terrible pesadilla.

2.
Ella vestía de blanco y su sonrisa era tan pura como su atuendo. En el instante mismo en que me sonrió sentí que mi corazón se detenía. Qué suerte que es enfermera, pude pensar antes de desvanecerme.

3.
Uno piensa que la vida es sencilla, que todo es cosa de nacer, crecer, reproducirse y morir, que basta con avanzar día a día para llegar al final. Pero uno se equivoca. Y Franz Schmidt-Jones lo descubrió del modo más doloroso, aquella mañana que decidió ir a pasear por la orilla del Rhin sin un paraguas.

4.
La máquina que estaba frente a mí era portentosa.
–Es bellísima–dije.
–¿Bellísima?–respondió el doctor–. Eso es poco. Es portentosa: tan sólo mira su soporte.
–¿Qué tiene de particular?–pregunté, confesando así mi ignorancia.
–El soporte D.S.D. es un soporte de gran elasticidad radial y axial. Es muy
apropiado en las suspensiones elásticas de máquinas que presentan vibra-
ciones de componentes horizontales. Está constituido por dos armaduras planas. La armadura superior es circular y lleva un agujero pasante o tuerca para el atornillamiento o sujeción a la máquina o bastidor. La armadura inferior tiene forma elíptica con dos orejas en las que van taladrados los agujeros de fijación al suelo.
Las dos armaduras paralelas están unidas mediante una masa de caucho adherida a las mismas, en forma de cúpula.
–Wow.

5.
Terminé de violarla y prendí el horno. Lo calenté a 300 grados F y me relamí, pensando en el banquete que me esperaba. Ella lloraba quedito, sabía que iba a morir en manos de un gourmet.

Fábula del pollo vivo y el pollo muerto

Cierto pollo, cierto día,
paseando se encontró
en una rosticería
a un pollo que ya felpó.

El pollo muerto gozaba
del calor y de las vueltas;
y al otro lo torturaba
un hambre aún no resuelta.

«¡Ea, pollito!», le gritó
el pollero divertido;
«si vienes acá al calor
te daré comida y nido.

Mira al que ya adopté,
subidito en el tiovivo.
Tan contento lo dejé
que ya no dice ni pío».

El pollo vivo fingió
estar entusiasmadote
pero para sí pensó:
«Me quiere hacer guajolote».

Así que voló cual pollo
(pollo vivo, por supuesto)
y se alejó en buen rollo
de aquel negocio funesto.

Aquí termina la historia,
que tiene su moraleja:
mejor es vivir sin gloria
a que te hagan pendeja.

De fantasmas

Un hombre es invitado a casa de un amigo. Cenan y platican hasta entrada la noche. Comienza una tormenta y el amigo invita al otro a quedarse, le ofrece la recámara de una de sus hijas.
Durante la noche, el hombre despierta porque escucha el llanto de una niña: es la hija dueña de la recámara. El hombre consuela a la muchacha, que dice que donde la mandaron a dormir pasa mucho frío. Pidse que la deje dormir con él.
El hombre duda, pues la niña tiene ya sus buenos doce años y comienza a tener sus buenas «turgencias»; pero cae en la tentación y la recibe en su cama.

Efectivamente, la chica está helada. El hombre le da calor y se agasaja, pero nomás un poquito. Cuando se levanta a desayunar, ve en la mesa a varios chicos y chicas, pero no la que pasó con él la noche. Pregunta por la dueña de su cuarto, haciéndose un poco el disimulado, y le dicen con tristeza que murió un año antes.

El hombre no es cualquier tipo, así que, en vez de aterrarse, les sugiere poner en la tumba de la chica un aparato de calefacción. Sin embargo, la familia no le ve caso al gasto y lo ignoran.

Había una vez

Cuentan los hombres de ciencia (pero Isaac Asimov sabe más) que en un lejano reino vivía una joven de no malos bigotes y no buenos sentimientos. Era tan hermosa que todo el que la veía quedaba prendado de ella, pero era tan mala que a ninguno hacía caso, con todos jugaba y no había corazón entero a mil kilómetros a la redonda.
Por supuesto, las otras mujeres la odiaban, pues la que no era solterona era dejada, o sabía que su marido estaba con ella por resignación y no por gusto.

Un día, un anciano brujo y su hijo pasaron por el poblado. Sólo iban de camino, pero tuvieron la mala fortuna de encontrarse con la mujer, a quien todos en el pueblo llamaban la Malabella. Y, claro, fue cosa de ver a la Malabella y caer enamorado de ella el hijo del brujo. Tan grande fue su amor que de inmediato ardió en fiebre, y deliraba y suplicaba a su padre que le trajera a esa mujer.

El brujo fue a hablar con ella y le expuso su caso. Ella fingió ser muy comprensiva, pero en realidad quería burlarse de los dos hombres, o enemistarlos, o causarles cualquier mal. Así que, en cierto momento, le dijo al anciano:
-¿Y por qué habría de casarme con tu hijo y no contigo? ¿No sería más honor a tu familia que fuera yo esposa tuya que de él?
-Mi hijo ha puesto en ti sus ojos y en mí su confianza. Por eso vine a pedirte por esposa suya, y poco honor habría en contrariarle.
La Malabella hizo entonces todo lo posible por conquistar al viejo, pero avanzaba la tarde y él se mostraba tan indiferente como al principio.
-¿Pero es que no te gusto ni tantito?-preguntó, desesperada.
El anciano se encogió de hombros: -He visto mejores.
La Malabella, furiosa, se aventó de cabeza en un barranco y se murió, sin llegar a enterarse de que el viejo era brujo, con gran poder de concentración y capaz de mantenerse ajeno a los placeres de la carne. Y que cuando no se alejaba de dichos placeres, prefería la compañía de jóvenes efebos.

Así que el brujo volvió al lado de su hijo, le dio dos aspirinas y en cuanto le bajó a éste la fiebre emprendieron de nuevo su camino.

Tantán.