Sitio personal de Raquel Castro, escritora mexicana
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Camioneta roja

A. Llego a las 9 de la mañana a las inmediaciones de mi trabajo. Me estaciono en una calle de tránsito local, lejos de la esquina, sin estorbar a ninguna entrada de automóviles (hay muchas en esta calle).

B. salgo a las seis de la tarde, llego a mi coche para encontrarlo dos metros adelante de donde lo dejé, estorbando a un garage y con una multa en el parabrisas.

C. Descubro que la parte de atrás del coche está hecha acordeón, madreadísima pues. Le dieron un llegue monumental.

D. El dueño de la casa se asoma, dice que fue una camioneta roja y que la conductora dejó un papelito en mi parabrisas. Pero que al no poder sacar él su auto de la cochera llamó a la policía. Que llgaron, pusieron la multa y se llevaron el papelito.

E. La dueña de una cerrajería cercana se acerca y me da un post it en el que anotó el modelo, la marca y la placa de la camioneta roja.

F. Llamo al seguro. Viene el ajustador. Tengo dos opciones: pagar el deducible o ir al ministerio público, levantar un acta y esperar que localicen a la conductora de la camioneta roja para que pague.

G. Llega un señor muy amable, que se identifica como el marido de la señora de la camioneta roja. Dice que sabe que la culpa fue suya, que van a pagar, y que ha estado dándose sus vueltas, esperando la llegada del dueño del coche siniestrado (es decir, yo) para ponerse a sus órdenes y tal.

H. El esposo de la señora de la camioneta roja llama a su seguro. Llega su ajustador. Firmamos papeles y nos retiramos, mientras los ajustadores se encargan de todo.

I. Me sorprendo de la buenaondez del esposo de la señora de la camioneta roja: podrían haberse dado a la fuga y ya; pero luego me sorprendo de mi propia sorpresa: ¿no es así como deberíamos comportarnos todos en una situación similar?

J. Por lo pronto, a andar a pie…

13 comentarios
  1. Qué extraña la buenaondez; es malo que resulte extraño.

    Vi un artículo tuyo en una revista “oscura”, es que no recuerdo el nombre (jeje). Pero no era mia y no pude leerlo.

    Qué bueno que vuelvas a escribir acá, a veces visitab el otro blog y seguía con lo de Loaeza jaja.

    Saludos!

  2. Esa si es toda una historia… btw.. tienes messenger?

  3. Claro. Uno espera todo lo contrario en el cliché de la “Selva de asfalto”… A un amigo le sucedió algo similar y a el si le abandonaron a su suerte. Te comienzo a leer aquí. Un saludo

    K.F.

  4. Fernando:
    La revista ha de ser Legión, o algún número perdido de Generación. Las dos las tengo, si quieres te las presto, pero… en realidad no son los mejores artículos, creo ;)
    Luego pego alguno acá.
    La buenaondez es la neta. Me encanta que pasen estas cosas, porque me dan elementos para combatir el cinismo; sin embargo, en el fondo la sigo viendo como milagrosa, y eso es lo triste :(
    De lo otro… ¡qué irónico que justo la Loaeza haya sido quien se quedó a cargo de mi blog tanto tiempo! :P Cosas veredes, o coces veredas, no estoy segura de cuál es la buena :D
    ¡Gracias por venir!

  5. señor padre del hijo tonto (¿sí era así? ¿o era el hijo feo?):
    un placer cotorrear con vmd sobre los chismes craqueros :P
    Ya mismo voy a su blog y le dejo mi contacto en msn.
    Mientras, saludos desde el piso 7.

  6. ¡Qué tal, Karina! Gracias por la visita. Justo estoy abriendo en otra ventanuca tu blog, orita leo y te dejo un saludín.
    Mal plan lo que le pasó a tu amigo. Hay conductores más bestias que las bestias de las selvas de no-asfalto :(

  7. Debería ser así.
    Pero asombra.
    De todos modos la Sra. de la camioneta se merece un par de insultos por lo hecho.

  8. Caracol, totalmente de acuerdo. Y si vieras la calle donde fue el ‘siniestro’, dirías que se merece al menos cinco insultos. Dice que fue por no atropellar un perro. o creo que venía con exceso de velocidad, distraída y -tal vez- pintándose las uñas. En todo caso, chido que su marido es cool. Ojalá la haya regañado :)

  9. ¿Estás segura de que esta historia no es una ficción? Guau, vaya que estas cosas no suelen pasar, tal como dices: cualquiera se habría dado a la fuga… así que, dentro de todo, tuviste “suerte” :O) Esperemos que el carro pronto quede bien, y ojalá más personas actuaran como esa banda de la camioneta roja… ¡Saludos!

  10. Saludos, Gina, y gracias por caer por acá.
    Te lo jurito que no es ficción, aunque parece. Y es una pena que parezca. Pero -bueno- podemos convertirlo en cadena de buenaondez: cuando yo tenga una camionetota, si choco a toda velocidad contra un coche estacionado en una calle de tránsito local, me quedaré a hacer frente a mi responsabilidad :)
    (Ya en serio, sí: ojalá más personas fueran así. Creo que sería una ciudad más cool).

  11. hola.
    Vaya, solo me quedan estas conclusiones:
    – Si la sra. de la camioneta roja tuviera seguro, dudo que se ubiera quedado alguien a esperar tu llegada. (Aunque se vale soñar)
    – Disculpa, pero, ¿qué pasó con la multa que tenía tu carro?

    saludos.

  12. Yolanda: La ñora de la camionetá roja sí tenía seguro. ¿O lo que dices es que si no lo tuviera no se habría detenido? Tal vez nunca lo sepamos. En todo caso, hubiera sido peor para ella, porque hubo quien anotó su placa y no es tan difícil rastrear y mandar a un par de gorilas a romper rodilas (ja, una parte de lo dicho es broma… adivinar cuál) ¿La multa? Cinco días de salario mínimo, pero si se pagan este mes, se reduce a la mitad. Podría ampararme y exigir que la anulen, pero no le veo mucho caso.

  13. Ups, camioneta no debía llevar acento. Ni modo.
    Y faltó decir, Hola, Yolanda, bienvenida por acá :)

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