Autor: Raquel

  • Blogmanía atípica

    No quise que sonara a burla de la neumonía. La verdad, por momentos resurge mi educación apocalíptica y me da por pensar que estamos en los fines de los tiempos, con guerras, pestes e infomerciales. Pero ese es otro tema, y ya en otra ocasión podré hablar de mi miedo al Rapto del Fin del Mundo (era yo una chiquilla influenciable, en un medio psicotizante).

    En lo que estoy pensando es en la cantidad de gente conocida que se está dejando seducir por los blogs.

    Ahora justamente acabo de añadir a Cinthya. Seguro tendrá mucho que contar :)

    Y ayer fue Erika

    Antes de eso, Eugenia y Chema… y Bef… (curioso. todos ellos, amigos de Alberto -bueno, Erika es más amiga MIA y la quiero mucho y no la presto. Bueno. La comparto con sus otros amigos. Incluido Alberto. Qué remedio).

    Y antes aún, descubrí que Edgar tenía también un blog (y Edgar es alumno de Alberto, hmmm). Por eso creo que hay un virus que flota en el aire… La gente se contagia y le da por escribir. A mí, Alberto me pasó esta afición. Creo que Nito (el microbio que compartimos Alberto y yo) debe tener que ver con esta infección masiva; por lo menos de este lado del mundo (y creo que va siendo hora de ver a mis cuates, porque si ninguno está infectado, quiere decir que no hemos estado en contacto suficiente en últimas fechas…)

    Eso es bonito. Espero que no encuentren la cura.

    Aunque bien pensado…

    Parece que no en todos los casos prende igual: Edgar dejó su blog hace un rato; lo mismo parece suceder con Eugenia. Será que hay una inclinación genética? O que hay quienes sí tienen anticuerpos para este virus?

    Misterio…

  • Peor que zombie

    Me voy a dormir. Luego del desvelón de ayer, ando peor que zombie. Y para colmo, chípil y sentida. (Entre hormonas te veas…)

  • Gustos raros

    Moví un poco los mensajes, para que quede abajo el chorote con el cuento de Pescetti. Por cierto, ¿alguien lo leyó? ¿les gustó? Lo puse en un grupo de yahoo y nadie dijo nada, así que empiezo a pensar que mis gustos son extraños y nomás a mí me latió el cuentito…

  • Nuevo link

    Tenemos un nuevo link en los links (que crecen como familias de conejos, qué bonito). Es el blog de Erika Mergruen, que va empezando en esto de la blogueada, pero que seguro va a tener hartas cosas lindas: su grupo en yahoo es muestra de ello (es uno de esos grupos de rancio abolengo y mucho tiempo de aire. Además, su temática es mega.)

  • Pescetti

    De Luis María Pescetti

    Los derechos son del señor Pescetti, así que no me metan en problemas haciendo cosas indebidas con su cuento. El cuento viene de un libro muy muy muy bonito, Historias de los señores Moc y Poc. Disfruten. Los dejo con Pescetti, yo me voy a la cama (ya le puse a Alberto el chip, muahahaha).

    El chiste

    – ¿Me permite que le cuente un chiste?

    – Sí, claro.

    – Verá, se lo diré tal como me lo refirieron, aunque no me quedó claro por qué se rió la persona en un momento dado.

    – De acuerdo.

    – Esta persona me contó que venía alguien…

    – ¿Alguien que él hubiera visto?

    – No, al parecer es una historia inventada.

    – Entiendo.

    – Sí, bien, venía una persona por una gran avenida, conduciendo en sentido opuesto…

    – Un peligro…

    – Fue lo que yo dije, pero él me comentó que me esperara hasta el final…

    – Curioso…

    – Bien, este conductor imprudente enciende la radio de su automóvil y oye que un locutor, sumamente exaltado…

    – …alterado.

    – Exacto, alerta sobre que, precisamente en esa avenida, venía un coche en contramano, entonces el conductor exclama uno no son miles y ahí la persona que me contó el chiste se rió mucho hasta que vio que yo lo miraba con sorpresa…

    – Ajá…

    – A lo cual comenzó a alegar que yo no había entendido el chiste…

    – Una tontería, por supuesto…

    – Es lo que yo sostuve, que el relato era muy simple y fácil de comprender…

    – ¿Y él qué le dijo, entonces?

    – Que lo que yo no había entendido era la gracia.

    – ¿La gracia?

    – Sí, la parte graciosa del chiste.

    – ¿Cual era?

    – Supongo que esa en la que él se rió.

    – ¿Podría repetirla?

    – Cómo no… uno no, son miles… que ahí es dónde se rió.

    – Ajá…

    – Sí…

    – Pues, a decir verdad, yo tampoco le encuentro la gracia.

    – ¿Verdad que no?

    – ¿Usted está seguro de que era esa cantidad, así, miles?

    – Caramba…

    – ¿No recuerda si le dijo uno no, son 459… o alguna otra cifra?

    – Podemos confirmarlo, tengo su tarjeta ¿me permite que haga una llamada?

    – Sí, claro… (espera).

    – … (disca, espera, atienden) … buenas noches, mire soy el señor Moc, la persona a la que esta tarde usted le contó un chiste y acá, con mi amigo el señor Poc, tenemos una duda… ah, entiendo… estaba durmiendo… mire, en realidad es una pregunta muy simple, no necesita despertarse del todo ¿cuántos eran los que iban en contramano? … ¡oh!

    – ¿Perdón? ¿qué pasó?

    – (cuelga) Cortó la comunicación ¿lo habrá molestado la llamada?

    – O la pregunta…

    – ¿Le parece?

    – No estaba seguro de la respuesta y eso lo puso violento, lo cual es una manera muy cobarde y poco social de pretender ocultar la ignorancia.

    – Sin embargo esta tarde se mostró muy seguro del final, me lo repitió varias veces.

    – Entonces vuelva a llamarle y dígale que no se trata de que lo estemos examinando, sino sólo de confirmar nuestro dato.

    – Buena idea, disculpe un momento.

    – Sí, claro… (espera).

    – … (disca, espera, atienden) … buenas noches, soy el señor Moc, quien le acaba de hablar hace un momento… ah, me recuerda, mire, decíamos con mi amigo que no debe sentir usted que estamos dudando de la cifra… ¡oh!

    – ¿Nuevamente?

    – Sí, cortó, luego de unas expresiones muy poco corteses.

    – No tiene idea y teme haber sido descubierto en una mentira.

    – Pero, era tan sólo un chiste, no lo voy a denunciar.

    – Quizás eso es lo que teme.

    – Tal vez está en su casa, nervioso, sin poder dormir.

    – Moc ¿no me dijo, usted, que estaba durmiendo?

    – … tal vez recurrió a algún barbitúrico para poder conciliar el sueño…

    – ¡Esas cosas pueden ser dañinas! ¡llamémosle inmediatamente!

    – Sugiero que le hable Usted.

    – … (disca, espera, atienden) ¡deténgase! ¡no tome esas pastillas! ¡puede poner en peligro su vida y acá mi amigo le da su palabra de que no hará ningún tipo de denuncia… ¡oh!

    – ¡Cortó!

    – Sí…

    – …

    – …

    – ¡O se le cayó el teléfono porque ya están haciendo efecto las pastillas!

    – En su tarjeta está su dirección ¡vayamos a salvarlo!

    – Llevemos algunas herramientas por si hay que romper una puerta o una ventana…

    – ¡Bien pensado! ¡no perdamos tiempo!