Mi primo Andrés Morales era una oveja negra cuando yo cobré conciencia de que había otros en el mundo. Su cuarto estaba pintado de negro y escuchaba Pink Floyd cuando yo comenzaba a oir Parchís. Las tías hablaban de él entre susurros y ceños fruncidos.
Ah, pero tenía tantos libros… ¡tantos!
A mí me gustaba platicar con él. A veces se ponía en plan sabiohondo y me regañaba por no haber leído aún Cien Años de Soledad o alguna cosa de Ibargüengoitia… eso me gustaba, no me recomendaba libros para niños ni me trataba con condescendencia.
Me prestaba libros y por él conocí a Jean Genet.
Hoy, mi primo Andrés está en el hospital. Los médicos dicen que es cuestión de horas, y no hablan precisamente de darlo de alta.
Hmmm… no estoy muy inspirada para escribir.
Una disculpa