Por alguna razón que desconozco, soy muy buena para recordar chistes. Pero no sólo me acuerdo de la narración, sino que suelo registrar también quién me lo contó y más o menos cuándo o en qué circunstancias. Así, cuando empiezo a narrar uno, me cuesta no comenzar con «este chiste me lo contó tal persona en tal ocasión…» -y es que siento que dar el crédito correspondiente es un deber, aunque mi lado racional sabe que los chistes no funcionan así (no es que haya un copy right, sino que, por el contrario, los mejores chistes se vuelven parte de la colectividad y deja de ser importante quién los inventó o quién los hizo populares).
Por otra parte, según yo soy malona para recordar letras de canciones, aunque de pronto me sorprendo a mí misma conociendo porciones bastante largas de rolas que ni siquiera fueron de mis favoritas. Eso sí,hubo una época en que era buenaza para reconocer las que sonaban en la radio casi que con el primer acorde (y a veces con menos).
Ahora bien, en fechas recientes me ha ocurrido algo simpático: recordar de chistes que dependen de canciones. Todo empezó cuando era niña, cuando mi papá me contaba el chiste de Pepito y un fantasma que terminaba con el espectro diciendo/cantando «Pepito, mi corazón». Acá entre nos, yo no le encontraba la gracia. Pero hace un par de semanas escuché la canción por primera vez y ora sí que lo entendí todo. Y empecé a recordar otros del tipo:
Si en un edificio de tres pisos Juanita se encargó del aseo de la planta alta y Rosita hizo el del piso de enmedio, ¿quién hizo el de la planta baja? (Pista)
¿A qué hora Eduardo chifló como vaca? (Pista)
¿Qué le dijo el sismo a la torre latino? (Pista)
(Los dos primeros me los contó mi mamá y el último lo decían los niños en la escuela, en 1985).
¿Se saben la respuesta a éstos? (si no, chequen los enlaces en cada caso, a ver si logran resolver estos enigmas). ¿Conocen otros chistes del estilo?
Ahora bien: para otras cosas, mi memoria no funciona tan bien. Por ejemplo, al empezar esta nota tenía muy claro el por qué del título, pero ahora mismo, ignoro de qué gato iba a hablarles. Eso sí, la situación me recordó aquel chiste de «¿En qué se parecen una tortilla, un poste de teléfono y una familia?» Yo se lo escuché a un payasito en un restaurante. La respuesta era: «La tortilla detiene al hambre, el poste detiene alambre». Y alguien debía responder, intrigado: «¿y la familia?», a lo que el payasito decía «bien, gracias». Y pues así el gato de nuestro título.
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