Cuando duele algo (la espaldalapanzaelriñónelpiederechoelalmaetcétera) y uno pone cara de damnificado, no falta una persona sabia y caritativa que venga a darnos un remedio casero para lo que nos aqueja.
La gran pregunta no es si el tal remedio es realmente efectivo, sino qué tan viable de llevar a cabo resulta.
Por ejemplo: para la tos se recomienda cortar en dos una cebolla y poner las dos mitades en un plato, sobre una cama de azúcar. Se dejan pasar algunos días y el jarabe resultante se toma a cucharadas, o en un té bien caliente con harto limón. Muy bien, claro, pero ¿realmente tenemos una cebolla justo el día que nos estamos muriendo de tos? ¿Podemos ir a comprarla o, en caso de sí tenerla, esperar los días que toma que el jugo de la cebolla se mezcle con el azúcar y forme el jarabe? ¿estamos en una situación tal que nadie podría llegar a limpiar el ‘experimento horroroso’ que está sobre la mesa? ¿vivimos suficientemente lejos de moscas, hormigas y otros bichos que podrían curiosear en nuestro medicamento hogareño?
Y luego: ¿seremos capaces de meternos a la boca semejante mezcla?
Lo más probable es que, si yo intentara realizar el experimento,
1. no encontraría cebollas en casa (día uno)
2. tendría que esperar al día siguiente para ir al super y comprar la cebolla (tarde/noche del día uno)
3. pondría la cebolla en el plato hasta la noche, o la mañana siguiente (noche del día uno o mañana del día dos)
4. esperaría impacientemente (levantando cada diez minutos las mitades de cebolla para ver ‘cómo va el guiso’) durante los días dos, tres y cuatro.
5. encontraría una hormiga ahogada en el caldo (día cinco). Me valdría madres, pero trataría de aparentar interés por la higiene y todo eso, así que tiraría el coso a la basura y empezaría de nuevo
6. tendría la mezcla lista para tomarse (día diez)
7. pensaría en la posibilidad de tomarla (días once, doce y trece)
8. intentaría tomarla en té, en cucharada, en una briaga, y justo antes de probarla me echaría para atrás (días catorce al dieciocho)
9. descubriría que ya no tengo tos (ha pasado casi un mes) pero igual recomendaría el remedio como ‘milagrosísimo’.

Pregunta a mis hipotéticos lectores: ¿cuál es el remedio más difícil de elaborar, más asqueroso, más impráctico o que más atente contra el sentido común que les han recomendado?

PREMIO PARA LAS TRES MEJORES RESPUESTAS (y es en serio).