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Varia invención

Tal vez si sé: es que se me están muriendo los escritores favoritos.

Mejor minuto de silencio y texto de uno de ellos –muerto hace mucho, pero yo, torpe y distraída, me enteré ayer–.

SOBRE LAS NUBES.

El poeta coreano Kim Sup dibujó en un rollo de seda fucsia un poema intraducible, cuyo sentido, sentimiento aproximado, quería decir: “Cuando el ave del arcoiris hiere con su pico la plata del corazón de una nube, la lluvia es sólo la lejana queja de un llanto irrepetible”.

Para el poeta africano Sennar Kareima, las nubes están compuestas de finísimas capas envolventes formadas de líquidos en los que predomina, con el lapislázuli y el nácar, el mercurio y las lágrimas de los amantes abandonados. Todos estos elementos protegen la debilidad de un núcleo de leche cristalizada, que no es más que el principio rudimentario de una perla artificial, o el lugar en el que reposan las almas de las doncellas muertas de desamor.

El poeta sueco Bertil Varmland, autor de un ensayo sobre los elementos naturales, escrito a modo de breves sentencias, ha dicho: “Nada impide pensar que las palabras que los amantes liberan en el juego de las proximidades sean principal ingrediente en la formación de las nubes”.

Rafael Pérez Estrada, Cosmología Esencial

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