Ayer discutía con alguien sobre la tan llevada y traída trascendencia humana: ¿sólo se consigue teniendo hijos? ¿todo mundo quiere trascender? ¿me arrepentiré cuando sea una anciana de no haber tenido trascendente descendencia? (¿llegaré a anciana?).

Tanto me quedé pensando en eso que soñé que descubrían el modo de ser todos inmortales; pero que, para controlar la cantidad de gente en el mundo, la opción era: o inmortalidad o hijo (sí, sólo uno/a por persona). Y en mi sueño, muchos que ya tenían hijos mentaban cuanta madre, diciendo que era injusto que les negaran la inmortalidad porque cuando tuvieron a los hijos «no sabían» que habría luego la posibilidad de no morir; otros, en cambio, preferían tener al hijo que vivir por siempre; y otros más planeaban el asesinato de sus hijos para ver si aplicaba la nueva ley a su favor…

Era una especie de fin del mundo, pues. Muy divertido, aunque sin zombies.