Iiiineeeeeeeeeeeeeeeés…. me voy a desmayar

1. Empecé a ir al Festival Cervantino antes de que me instalaran la tarjeta de memoria: desde que recuerdo íbamos, año tras año, a ver los Entremeses Cervantinos y lo que hubiera de cool y de bonito.
Mi mamá organizaba la excursión con al menos cuarenta personucas de donde estuviera trabajando (secundaria o vocacional, principalmente) y nos hospedábamos en un internado (primero era para niños, después ya fue mixto; ahora ya no es internado).
Me enamoré, así, del arpista Marcus Klinko; soñé con montar mi propia versión de «Sueño de una noche de verano»; quise aprender a bailar son afrocubano. Cada año era mejor que el anterior.
Y cada año, lo mejor de todo eran los Entremeses. En particular el de Los Habladores. Me gustaba cuando la Esposa (una mujer terriblemente parlanchina) era bloqueada en su afán comunicativo por el Hablador y entonces, presa de la histeria, llamaba a su criada, Inés.
«Inéeeees», gritaba ella, arrastrando mucho la e. Inés, pachorruda, tardaba su buen rato en llegar: «Voooy, señora… voy». Y ya que llegaba, la ñora desfallecía: «Me voy a desmayar».

¿A qué viene esto? A que me siento como la ñora en cuestión: con harto que bulle dentro y afán de desmayar porque no sé ni cómo ni dónde ni cuándo decirlo. Tampoco sé exactamente en qué consiste lo que quiero de cir… en una de ésas, es pura indigestión.

En todo caso…

Inéeeeees…

Iiiiiiiineéeeeeeeeees…

Me voy a desmayar.

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