Entra la Cuca con un ratón en el hocico. El animalito me mira con ojos húmedos y siento un escalofrío. El ratón -lo acabo de descubrir- es un ser inteligente, siente, duda, y en este caso, se muere de miedo.

Tampoco entiende por qué no lo salvo de las fauces de mi gato.

Pero entonces la Cuca me mira, y sus ojos también tienen esa chispa. Sólo que en su caso también hay amenaza: No te metas

De pronto me doy cuenta de que no sé nada del mundo que me rodea. Y corro al espejo, pero en mis ojos no alcanzo a descubrir ese brillo…

Esto es muy raro. Parece que estoy usando un diario reciclado, vaya.

Creo que este va a ser mi diario secreto. Ja.

Es curioso que Luisito Martignon y Francito Ilich le hagan a estas cosas. Le voy a proponer a Alberto que hagamos uno en común :D

Tiene algunos meses que Alberto me pasó esta dirección, justo cuando estaba yo investigando acerca de los ciberdiarios de las chicas anoréxicas. Sin embargo, en esos momentos no le encontraba sentido a esto (aún no lo hago). Cómo es posible, me pregunto, que ahora resulte deseable publicar un diario a ojos de todos, cuando hace diez años (diez, d’s mío, como pasa el tiempo) era tan importante mantener la intimidad?

No hay respuestas.

Tal vez la única forma sea experimentándolo.

Además, parece que es de lo más ‘in’ (puaj).

***

Alberto se va el martes a Canadá, estará por allá cuarenta y nueve largos y fríos días de otoño. Espero que le vaya muy bien, espero que nos vaya muy bien. Todavía no se va, y ya lo extraño.

Creo que me gusta más escribir a mano…