Despierta, mi bien despierta

Van a dar las siete. Estoy despierta (más o menos) desde las seis, pero no he podido comenzar a trabajar (me pesan los ojos, me arden las orejas, me tiemblan los dientes, me lloran las uñas).

(Exageré un poco en el paréntesis anterior: sólo tengo un poco de sueño).

(Minimicé mi caso en el paréntesis anterior: tengo más que un poco de sueño porque ayer fue día pesado y hoy se deja venir similar).

(Fui bastante exacta en el paréntesis anterior, por lo que puedo ya prescindir de los paréntesis).

(A menos que tenga que usar de nuevo los paréntesis, claro: no es cosa de erradicarlos porque sí).

(A fin de cuentas, ellos no tienen la culpa de nada).

En fin. Van a dar las siete (faltarán ocho minutos cuando lea usted el *beep*) y no me siento lista para empezar con el trabajo pendiente *BEEP*. Así que me estoy tomando un coctelito de productos de dudosa procedencia (omnilife tm), que desde mi lejana adolescencia ha obrado milagros en mi estado de alerta (se trata de una madre que se llama magnus, que se supone que es energizante; de una que se llama optimus, que se supone que levanta al cerebro; y de una que se llama fiber’n’plus, que es pura fibra, pero disfraza el sabor de los químicos con un sabor a químico menos desagradable).

Dicen que no causan adicción, ni efectos secundarios (aunque contienen fenilalanina). Yo no sé. Lo que sí sé es que funciona la madrola. Y a las siete estaré suficientemente despierta como para hacer el guión nuestro de cada día (no, queridos, las pociones éstas no se inyectan ni se inhalan: se diluyen en agua).

(Por otra parte, me lavé la cara y me despejé la nariz -estaba tapada- para ver si entre el agua y el oxígeno mis neuronas se avivan un poquito más)

(Que tengan un buen día)

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