Hay ausencias que matan…

Y otras que no. Como ésta. Y lo que pasa es que he sido tomada como rehén, vendida al mejor postor y esclavizada. Todo aquí, en México, donde se supone que esas cosas no ocurren.

Es chistoso: cuando estoy en el trabajo principal (canalito once) hasta la panza me duele. No me gusta estar ahí. Ya no. Pero me pongo a hacer los guiones y se me olvida donde estoy. Si por lo menos no fueran tantos los que hay que hacer, si por lo menos pudiera descansar un poco…

Estos últimos cinco días: cuatro me levanté antes de las 6 y uno (hoy) a las siete y media. Y de los cuatro anteriores, dos antes de las 5 y dos antes de cinco y media.

Estadísticas jodidas, en realidad.

No estoy bien.

Oh, no. Pero no queda mucho por hacer.

En fin. Otro momento en el que me siento radiante es cuando doy clases. Me encanta, es otro mundo. Pero al final quedo tan drenada que es imposible sentarme a escribir más guiones.

Esta es una de mis peores notas. Lo sé. Lo confieso. Y es que, más que escribir algo bonito, estoy vomitando las angustias.

(***)

Como no tengo cosas bonitas qué decir, mejor les comparto un link sumamente lindo. Es acerca de la mejor caricatura que ha conocido el mundo (el mío, al menos): La Pantera Rosa.

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