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Varia invención

Dedos tiesos

Regreso, por fin, luego de vacaciones tan movidas que me hacen falta vacaciones para descansar de ellas. Me gustaría contar cada vivencia desde el momento en que salí de casa (hace ya doce días) y hasta el momento en que regresé, pero me queda bien claro que es una tarea titánica. De la gente que comienza a narrar vacaciones en un blog, ¿alguien ha podido terminar su historia con el mismo entusiasmo, con la misma meticulosidad con que empezó? Me parece que no.

Y es que, en vacaciones, se demuestra eso de que el tiempo es relativo. Once días es poca cosa, pero a mí me parece una eternidad, y de pronto no recuerdo si lo que pasó en tal lado fue el mismo día que lo que pasó en tal otro.

Pero bueno… en resumen, fue un viaje maravilloso, sin un sólo detalle desagradable (muchos tristes, pero la tristeza no tedría que ser desagradable).

Entre las cosas más remarcables están las siguientes.

1. Disneylandia puede ser un sitio ñoño y kitsch, pero también es muuuuy divertido. Y ya quisiera yo tener un sponsor que me permitiera hacer las loqueras que hacen algunos de sus artistas.

2. Ya que hablamos de Disneylandia, me llevé una agradable sorpresa en la Mansión Embrujada: tuvieron el buen gusto de olvidarse de Eddie Murphy y dedicar el sitio a los diez años de vida de Jack Skellington (y les quedó pocasumadre!!!)

3. Mi papá se divierte mucho recordando cuando mi hermano y yo éramos chavititos.

4. Soy una buenaza con los mapas. Yo, que vivo perdida en el DF, me oriento con sorprendente facilidad en ciudades con calles rectas. Me volví fan de Yahoo maps.

5. Entré a la red estrictamente para hacer mis rutas mapeales. Nada de blog (excepto uno que otro saludo en tags ajenos). No me costó tanto trabajo, supongo que soy menos adicta de lo que imaginaba.

6. Esta vez no pude ir a Haight (el barrio beat que luego se volvió hippie en San Francisco). Cosas de la democracia, yo era la única que tenía ganas. Pero a cambio, paseamos por la playa y fuimos al acuario de la bahía.

7. El acuario de la Bahía, en San Francisco, es una cosa maravillosa. Hay un momento (y me temo que es uno sólo en toda la vida) en que parece que los peces flotan en el aire en torno a uno. Es como ir en medio de un sueño. Y dan ganas de llorar (bueno, a mí me dan ganas).

8. Las medusas son seres de otro planeta, digan lo que digan los zoólogos.

9. Después de dos días de caminar intensamente, me duelen las plantas de los pies. Al cuarto día, duelen los tobillos. Al sexto, duele media pantorrilla. Llega el momento en que duele un tendoncito detrás de la rodilla. Me pregunto cuántos días tendrían que pasar para que el dolor cese del todo.

10. Hasta el sexto día, más o menos, caminé todo lo que cuento con un par de botas de plataforma (por babas, fue el único par que llevé desde acá).

11. Todo mundo fue amable con nosotros. Hasta los señores de migración.

12. Me dolió la cantidad de sueños rotos que hay en San Francisco. Si uno no camina con cuidado, puede pasar encima de las expectativas frustradas de alguien que llegó pensando en ser artista y se convirtió en homeless.

13. La mayor parte de la gente, en San Francisco, camina entre los homeless sin mirarlos, como si no existieran. Yo tengo la maldita manía de mirarlos a los ojos y decirles que no tengo dinero, o de darles lo que tengo y sentir que, de todos modos, fue demasiado poco.

14. El barrio chino es una maravilla. El japonés es más bien snob. Prefiero, por supuesto, el chino.

15. Fuimos a ver Cats, aprovechando que anda de gira (de Broadway para el mundo… o por lo menos, para la Unión Americana, I guess).

16. Castro es un barrio sorprendente. Y su historia es más sorprendente aún.

17. El homeless de nuestra cuadra (de la cuadra de nuestro hotel, pues) es maravilloso: si le dan dinero, sonríe con su boca chimuela (dientes blanquísimos, piel negra, maravillosa). Si no le dan, abraza al ‘cliente’. Nunca saca una navaja, una pistola, una mala cara. Todo el tiempo está riendo.

18. En el museo del cómic hay una tienda. En la tienda, todo lo que uno podría imaginarse. Alberto y Bef habrían sido felices ahí.

19. Oh, sí. San Francisco me gustó mucho. Más que la última vez, si eso es posible.

20. Volvamos a Los Angeles y sus alrededores: el centro de la ciudad es igualito al eje central Lázaro Cárdenas. Sólo que con menos problemas de tránsito.

21. Hollywood ha cambiado mucho desde la última vez (y son sólo dos años los que han pasado). Lo están conviritiendo en un lugar más presntable. ¿A dónde se habrán ido todos sus freaks?

22. Atravesamos la zona guatemalteco-nicaragüense de Los Angeles. ¿Qué es una pupusería?

23. Knott’s Berry Farm es un lugar extraño. Se parece a lo que era Reino Aventura, pero sin Cornelio. A cambio, presentan obras de teatro al estilo del viejo oeste. Wonderbarrr!

24. Nada como un chocolate con chantilly. Yummy.

25. Me quedé con las ganas de comer en un restaurante de comida mexicana.

26. Vi a una chavita disfrazada de Frodo. Qué pedo con esos freaks del señor de los anillos? No se enteraron de que el Único fue destruido (aparentemente, ella no: traía su capa verde, con su broche de hoja, y su anillo ‘único’ colgado al cuello de una cadena de oro. Era Froda, pues).

27. Hacía mucho frío, pero luego de caminar un rato, se olvida.

28. Las vacaciones no son, no pueden ser, una evasión. Nos enfrentan a otras situaciones, nos ponen en disyuntivas no cotidianas, pero seguimos siendo la misma persona que nos mira desde el espejo. Y en casa nos esperarán, fieles, los estados de cuenta.

29. Sobre las personas sin hogar (que, señores, no son todos negros, viciosos y malvivientes. Hagamos a un lado los clichés, ¿por favor?) va esta liga.

30. Me dio tanto gusto emprender el viaje, como estar de vuelta. En la próxima ocasión, creo que iré a Haight, a Mission y a Castro con calmita. Y al cine, yessss! (Pero eso será cuando mis fieles estados de cuenta vuelvan al balance neutral de ‘cero deuda’).

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