Fábula del pollo vivo y el pollo muerto

Cierto pollo, cierto día,
paseando se encontró
en una rosticería
a un pollo que ya felpó.

El pollo muerto gozaba
del calor y de las vueltas;
y al otro lo torturaba
un hambre aún no resuelta.

«¡Ea, pollito!», le gritó
el pollero divertido;
«si vienes acá al calor
te daré comida y nido.

Mira al que ya adopté,
subidito en el tiovivo.
Tan contento lo dejé
que ya no dice ni pío».

El pollo vivo fingió
estar entusiasmadote
pero para sí pensó:
«Me quiere hacer guajolote».

Así que voló cual pollo
(pollo vivo, por supuesto)
y se alejó en buen rollo
de aquel negocio funesto.

Aquí termina la historia,
que tiene su moraleja:
mejor es vivir sin gloria
a que te hagan pendeja.

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