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Varia invención

ya somos mayores de edad

Ayer vi a Maribel, mi amiga de tantos años. Haciendo cuentas, descubrimos que tenemos ¡18 años de amistad! No es poca cosa. Sobre todo, si consideramos que seguimos tan amigas como antes (cosa que no me pasó con nadie más de esos tiempos, ni con muchos de tiempos posteriores).

Nos conocimos, por supuesto, en la escuela. En 1985. Yo llevaba ya una eternidad en el Colegio de las Vizcaínas (Vizcaburras, nos decían) y Maribel llegó porque su escuela anterior se había lastimado mucho en el temblor. Así que fue noviembre, más o menos. Creo que nos sentaron juntas.

Así que compartimos salón durante ese año (4o de primaria) y los siguientes (5o y 6o) y luego los tres de secundaria. Nos sentábamos juntas. Yo le ponía caritas en sus cuadernos, ella me tenía una pluma siempre lista (porque tenía el mal hábito de ir sin pluma a la escuela). Inventábamos loqueras. Planeábamos (y hacíamos) travesuras. Nos animábamos mutuamente tanto en cosas de escuela como en otras. Nos gustaba el mismo escuincle (hoy, hombre casado y respetable); pero eso jamás significó un problema, una competencia, una amargura. Nos gustaba porque teníamos gustos similares, y ya.

Con Maribel estuve en la escolta de la bandera, y con ella me escondía para no entrar a clases. Nos portábamos bien y mal. Una vez la ticher de inglés nos pasó al frente de la clase, «si tanto se ríen, vengan a reir al frente», o algo así. Pasamos y nos reímos. Y nos reímos. Y nos reímos.

Había, claro, diferencias: Maribel era buenaza en el volleyball. Yo era (y soy) una completa inútil para esas cosas. Ella no iba a la escuela en días de lluvia (jejeje), yo andaba sin suéter en las mañanas heladas. A mí me gustaba Edgar Guerra; a ella, Alberto Gómez (que espero que no nos lean, porque es un secreto).

A las dos nos gustaba (y nos gusta) Candy Candy.

En fin: al acabar la secundaria, cambié de escuela. Pero seguimos amigas. Y luego, universidades distintas, claro. Pero no importa…

Digo: en noviembre nuestra amistad cumplió la mayoría de edad. Son pocas las relaciones tan largas y duraderas que tengo. Y la quiero mucho.

(Mi papá lee esto y me dice: «eso no es nada, mi amigo Cano y yo somos amigos desde 1956». Pues sí, pero este blog es mío y no suyo, así que esa historia no será contada aquí, por lo menos no en esta ocasión).

Para terminar: gracias por el rato de ayer, Maribelita!

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