Maru

Hace varias semanas que murió María Eugenia Tamés, Maru, que fue mi jefa cuando trabajé en el Canal Once en el programa Diálogos en Confianza. También fue mi maestra y mi amiga. Todo el tiempo que nos conocimos seguí aprendiendo de ella.

He estado demorando el escribir largo y tendido sobre Maru. No he podido hacerlo. No podré hacerlo hoy. Creí que ya hoy tendría palabras para despedirme de ella, pero no, siguen agolpadas acá adentro.

Ya fue su velorio, ya fue su funeral; ya hace una semana que algunas de sus amistades más cercanas fuimos a la que fue su casa, invitadas por Sandra, su hija. Gracias a su generosidad pude despedirme del estudio de Maru, donde tantos proyectos trabajamos juntas, de donde siempre sacaba alguna película imposible de conseguir.

«Te la presto», me decía. «Me la devuelves, ¿eh? Vela, es una chingonería.» Y sí: era siempre una chingonería y siempre se las devolví.

De hecho, el sábado que fui llevé de vuelta las últimas tres películas que Maru me prestó, para que compartan lo que el destino le depare a esa colección exquisita, formada a lo largo de décadas de pasión por el cine.

Ay, Maru, ¿qué vamos a hacer sin ti?

Una parte de la colección de películas de Maru.
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